En la playa con un tremendo negro cubano

En la playa con un tremendo negro cubano
Esa tarde estaba tendida boca abajo en una hermosa playa caribeña, disfrutando de un sol ardiente. No era un lugar nudista; pero yo había guardado mi diminuta tanga en mi bolso.
No tenía intenciones de mirarme en el espejo para encontrar esas finas marcas claras en mi piel…

En un momento decidí que mi piel estaba demasiado expuesta y necesitaba un poco de protección solar. Busqué un tubo de gel dentro de mi bolso y estiré mi mano hacia donde debía estar sentado mi adorado esposo. Pero Víctor no estaba allí a mi lado.

Levanté la cabeza y pude verlo caminando por la orilla del mar, a mucha distancia. Entonces miré al otro costado, para encontrarme con un hombre negro gigantesco, sentado bastante cerca y todavía vestido con un short muy colorinche.

Lo llamé y me respondió hablando en castellano. Era de Cuba.

Le pedí si por favor podía untarme el gel en mi espalda y él accedió encantado; pero con una condición: que después le permitiera pasarme también por delante. Ningún tonto el cubano, aprovechando que yo estaba completamente desnuda…

Le respondí que no había problema, pero entonces le impuse yo mi condición. Si yo estaba desnuda, él tendría que quitarse el short…

Sonrió con cierta picardía y tomó el tubo de gel.
Yo volví a acostarme boca abajo y cerré los ojos.
Enseguida sentí sus gruesas manos que subían por mis pantorrillas, dándome un excelente masaje además.

Poco a poco fue subiendo hasta mis muslos y me pidió que abriera las piernas, para así darme por el interior. Cuando sus manos ya estaban casi llegando a mi culo, me pidió permiso para ponerse a horcajadas sobre mi cuerpo y así poder llegar más lejos.

Le dije que no lo hiciera. Ya sus manos me estaban poniendo bastante caliente; así que no quería pensar lo que pasaría si dejaba que el resto de su cuerpo se posara sobre el mío. Cerré mis piernas, porque ya la humedad de mi concha estaba aflorando y no quería que ese hombre lo notara…

Entonces se puso en cuclillas de frente, junto a mi cabeza y siguió poniéndome el gel protector, ahora comenzando por mis hombros y descendiendo por mi espalda.

Levanté un poco mi cabeza y entonces pude ver que, dentro de su short de baño, se asomaba algo oscuro que parecía una anaconda. Mi calentura pudo más y entonces sentí que mi concha se humedecía del todo. No podía creer el tamaño de la verga que cargaba ese hombre negro…

De repente no quise pensar más y me di vuelta boca arriba, diciéndole que ya podía pasarme gel por el frente de mi cuerpo.

Lo miré, exigiéndole que se quitara el short como me había prometido. No hizo y me dejó con la boca abierta: era una cosa enorme y gruesa, venosa y palpitante. Además, ya estaba tiesa.

El negro sonrió y me pidió disculpas por semejante erección, agregando que mi cuerpo lo había excitado de esa manera.
No le respondí y entonces él continuó masajeándome las tetas con sus manos untadas de crema.
Cuando quiso descender hasta mi ombligo, se estiró por encima de mí, pasándome todo esa enorme verga por mi cara. Sin poder aguantar mis ganas lo tomé con una mano e intenté metérmelo en la boca, pero no pude hacerlo. Tuve que conformarme con lamerlo y lubricarlo bien con mi saliva. Después engullí la gruesa punta…

Mientras tanto, el negro hundió un par de sus dedos en mi concha humedecida. Dejé escapar un agudo gemido y entonces noté que, si bien había poca gente alrededor, esos pocos nos estaban mirando con demasiada atención.

Entonces me incorporé y le propuse ir detrás de unas dunas cercanas, para echarnos un buen polvo lejos de miradas indiscretas.
Al llegar a ese lugar más o menos escondido, me encontré a mi esposo tomando fotos de lo que yo estaba haciendo con ese negro. Víctor me preguntó qué iba a hacer y yo simplemente le respondí que había encontrado una buena verga negra gruesa y dura para coger como me lo merecía…

Puse una toalla sobre la ardiente arena y tumbé al morocho con su formidable estaca apuntando hacia el cielo. Me puse a horcajadas encima de ella y empecé a pajearme, dejándome caer sobre esa verga conforme llegaba mi orgasmo. El primero de ellos coincidió con la entrada de esa cosa enorme dentro de mi concha, que ya estaba dilatada al máximo. Después de temblar y sacudirme jadeando, tomé aire y me dejé caer todavía más, notando que esa pija negra presionaba casi llegando hasta mi matriz…

Ya estaba a punto para un segundo orgasmo, cuando el negro me tomó por las caderas y me jaló hacia su cuerpo, metiéndome su anaconda por completo, hasta el fondo de mi vagina.

Su verga me estaba matando de gusto, cuando de pronto sentí una presión inusual en mi entrada anal. Giré mi cabeza, para ver que Víctor intentaba metérmela por el culo.
Protesté intentando resistirme, pero mi esposo fue muy insistente. El negro me aferró con firmeza, permitiendo que Víctor lograra su propósito. Su pija en mi culo me hizo delirar de placer y aceleró la llegada de mi segundo orgasmo. Enseguida Víctor se vació dentro de mi ano y se salió, para luego ir corriendo desnudo hacia el mar.

Mi amante cubano todavía seguía al palo y sin miras de acabar.
Lo cabalgué un poco más, hasta alcanzar mi tercer orgasmo, que me dejó desecha y rendida. Caí a un lado sobre la arena y me maravillé al ver esa verga negra todavía en erección.

El negro se acercó y me puso en cuatro sobre la toalla.
Aprovechando la dilatación anal que me había provocado mi esposo, el negro empujó suavemente la punta de esa verga enorme contra mi entrada trasera.
Aullé como loca cuando traspasó mi esfínter y continué aullando con cada embate violento que ese negro le dio a mi pobre trasero.
Me poseyó, me dominó, me bombeó salvajemente y me rompió el culo sin piedad, mientras yo gritaba a todo pulmón…

Cuando por fin acabó, sentí ríos de semen invadiendo mi cuerpo, haciendo que mi ardor interior se calmara un poco.

El negro volvió a colocarse su short para cubrir esa verga enorme todavía tiesa y se despidió alegremente. Antes de alejarse, me advirtió que podía presentarme un par de sus amigos, quienes eran mejores que él haciendo masajes y untando gel protector…

Bir cevap yazın

E-posta hesabınız yayımlanmayacak. Gerekli alanlar * ile işaretlenmişlerdir