Acorralada por los jardineros

Acorralada por los jardineros
Me encontraba acorralada en un rincón de mi propia cocina.
Me rodeaban los dos hombres que había contratado para que me cortaran el pasto en el jardín del fondo. Ahora maldecía el momento en que se me había ocurrido la mala idea de dejar entrar a mi casa a dos desconocidos.
Pero el jardín necesitaba un poco de cuidado y ambos hombres se habían presentado a la puerta con sus herramientas listas. Además los había visto un par de días atrás, arreglando los jardines y arboledas a otros vecinos…
Ahora estaba allí arrinconada, oliendo el sudor de esos dos tipos y viendo las miradas cargadas de lascivia que echaban a mi cuerpo.
Mientras uno de los hombres deslizaba una mano a través de mi pierna, volví una vez más a arrepentirme de mi error. Se trataba de un morocho con la piel bien bronceada de tanto trabajar bajo el sol.
Había sido él quien al terminar el trabajo entró insolentemente a la cocina sin golpear la puerta siquiera, para pedir un vaso de agua. Me dio miedo su presencia y su facha mal entrazada, pero mientras me dirigía a la heladera por un poco de agua fría, el segundo hombre apareció en el umbral de la puerta.
No hubo palabras de por medio. Los dos tipos simplemente se acercaron, lentamente, separándose entre sí, abarcando el mayor espacio posible, para evitar que yo pudiera escaparme.
Mientras intentaba retroceder, me veía atrapada en un espacio cada vez más reducido.
Mientras sentía la mano tosca y callosa sobre mi piel, me arrepentí además de estar usando ese vestido tan liviano. Así me sería difícil evitar que me desnudaran tan fácilmente. El ruedo se arrugaba hacia arriba mientras la mano impetuosa avanzaba con impunidad.
El miedo me había paralizado de tal manera que en ningún momento pensé en gritar para pedir auxilio. Ahora ya era tarde, mientras esos dedos sucios de tierra levantaban la falda buscando mi sexo.
Opté simplemente por bajar mi cabeza y mirar el vacío, mientras ese tipo comenzaba a escarbar mi vulva inflamada a través de la tela blanca de mi tanga de algodón…
De repente sentí un extraño frío entre mis muslos y los cerré por puro instinto. Eso sirvió para excitar más a ese hombre que, viendo mi resistencia, se puso más al palo todavía de lo que ya estaba.
Aunque esa mano estaba apresada entre mis muslos, sus dedos seguían acariciando mis labios vaginales con facilidad. El tipo me sonrió, notando que la humedad de mi concha comenzaba a manchar esos dedos traviesos…
De repente otra mano me rodeó el mentón, obligándome a girar la cabeza. Era el segundo hombre. Casi me había olvidado de él.
Deslizó su mano por mi cuello, apretándolo con sus dedos.
“Ya sabemos cómo va a terminar esto .Te vas a portar bien?”. Susurró a mi oído y yo asentí con mi cabeza…
Entonces este segundo tipo me hizo abrir los labios y metió suavemente un dedo en mi paladar…
El otro ya tironeaba mi tanga de algodón hacia abajo. Entonces supe que ya no tenía salvación…
El segundo hombre fue por mis redondas tetas, masajeándolas por encima de la tela del vestido. Enseguida mis pezones se pusieron muy duros, al punto de provocarme cierto dolor…
Pronto deslizó los breteles del vestido, que cayó al suelo arrebujado a mis pies.
Ahora estaba completamente desnuda a merced de esos hombres.
Mi cuerpo comenzó a traicionarme, cuando sentí que el primero se arrodillaba y metía su lengua entre mis labios vaginales. Sentí que me humedecía rápidamente y temblé levemente, tratando de evitar un primer orgasmo demasiado precoz…
Ese hombre realmente sabía usar su lengua y seguramente notó mi tremenda calentura. Dejó escapar un suspiro de placer cuando comprobó su éxito en mi hambrienta vagina.
De repente, mi cuerpo se estremeció al sentir la embestida de un dedo hurgando entre mis labios vaginales. Grité, pero fue más por placer que por dolor. Y ese hombre también lo notó…
Me tuvieron un buen rato así; lamiéndome la concha y acariciando mis pezones desde atrás. Finalmente ambos se desnudaron por turno, sin permitirme moverme para nada…
Las dos vergas ya estaban muy erectas; aunque por suerte no eran demasiado grandes. Yo ya sabía que me iban a dar por el culo también; al menos no me lastimarían tanto ninguno de los dos.
No podía quitar mi vista de esas dos pijas bien duras, que apuntaban hacia el cielorraso. Me costó mucho esfuerzo contenerme para no agarrarlas entre mis manos…
Si ambos iban a cogerme contra mi voluntad; pensé que debía estar cómoda para que me hicieran lo que se les diera la gana.
“Vamos al dormitorio…” Les dije, dejándolos sorprendidos…
Me tomaron por los brazos para evitar que pudiera escapar y nos dirigimos al dormitorio, mientras sus toscas manos me sobaban las nalgas desnudas.
La ventana daba al fondo y pude ver el pasto recién cortado…
“Viste qué buen trabajo te hicimos, rubia…”
Dijo sonriendo el primero, empujándome sobre la cama.
Ambos subieron junto a mí. El olor a sudor y tierra ya no me parecía tan desagradable ahora que se mezclaba con el del sexo.
El segundo hombre me tomó por los cabellos y tiró hacia atrás mi cabeza. Entendí lo que pretendía mientras me empujaba hacia abajo…
Abrí mis labios y empecé a chuparle esa verga endurecida. Sentí el viscoso líquido pre seminal en mi lengua. Me lo tragué para seguir chupando. El primero tomó una de mis manos y me obligó a pajearlo mientras yo se la chupaba a su amigo. De repente se pusieron de acuerdo entre ellos y me hicieron alternar mi boca entre ambas vergas; Me enfureció ver que esos dos tipos aguantaban sin acabar en mi boca mucho más que mi marido…
Finalmente los dos comenzaron a tensarse y me llenaron por turno la boca de semen caliente. Me lo tragué todo y los miré a los ojos, relamiéndome con cara de gata insatisfecha.
“Voy yo primero…” Anunció el segundo hombre a su compañero.
Sin darme tiempo a nada, me empujó sobre la cama, poniéndome en cuatro. Antes de que yo pudiera reaccionar, su verga erecta ya estaba hundida en mi concha, de un solo empujón, hasta el fondo.
Abrí mi boca para aullar de placer y ambos hombres rieron…
El tipo me bombeó violentamente la concha, sin importarle mis desesperados gritos de placer y dolor. Pronto me hizo acabar como a una perra en celo y luego su cuerpo se tensó, quedándose quieto contra mis nalgas. Entonces sentí su hirviente descarga invadiendo mi vientre…
Se salió de mi concha enseguida, cediéndole el lugar a su amigo.
El primer tipo me volteó boca arriba y se ubicó entre mis muslos abiertos. Metió su dedo en mi estrecha entrada trasera y sonrió al comprobar que estaba bastante apretada…
“Despacio por favor…” Supliqué, notando sus intenciones.
El hombre puso mis tobillos sobre sus anchos hombros y se deslizó hacia adelante, invadiendo mi culo con su larga y dura verga. Sonrió mirando mi cara de placer y dolor…
Me bombeó el culo muy despacio, disfrutando la estrechez de mi canal rectal y la forma en que su verga era apretada por mis músculos.
Finalmente acabó, vaciándose dentro de mi dolorido ano.
Ambos hombres quedaron satisfechos con un polvo cada uno y, mientras se vestían, me obligaron a masturbarme con mis dedos. Cuando acabé aullando de placer, ambos rieron a carcajadas.
Antes de salir de mi dormitorio volvieron a acariciarme el culo, diciéndome que les había encantado lo puta que yo había sido con ellos. El primero me dijo a modo de despedida:
“Vamos a estar por el barrio… volvemos cuando crezca

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