Personal shopper

Personal shopper
Aunque solo llevaba semanas en aquella nueva ciudad, los compromisos sociales parecían multiplicarse cada vez con más frecuencia.
Tal fue el caso, que una mañana en el trabajo uno de mis nuevos compañeros, con el que congenie bastante bien desde el principio, decidió invitarme a su propia boda.
Yo intente zafarme de esa invitación con todo tipo de escusas, pero él no se dejo convencer. Ademas de darme un racionamiento que prácticamente no admitía discusión alguna.
Alegaba que como llevaba poco tiempo residiendo allí, seria una buena forma de relacionarme y conocer gente. Que ademas el evento iba a ser bastante sencillo y que habría bastante gente joven ademas de otros compañeros del trabajo.

Así que termino por convencerme. El evento era el siguiente sabado, dentro de tan solo tres días.
Aun no habia terminado de hacer la mudanza, por lo que la inmensa mayoria de cosas, incuida la ropa aun la tenia empaquetada, por lo que decidi ir esa misma tarde a comprar alguna cosa.

Recorri varias tiendas, pero finalmente acabé como siempre en la misma franquicia de siempre.
Odiaba comprar la misma ropa que podria llevar cualquier otra persona, pero aun odiaba mas ir de tienda en tienda.
Al entrar en el establecimiento me percate de lo tranquilo que estaba, con tan solo una dependienta que hacia las veces de cajera.
No era habitual ver este tipo de establecimiento, pero supuse que era por la hora, por el día y por la epoca del año que era.

Miré varios trajes, decidiendome por uno de color gris claro y un par de camisas de diversos colores
para ver cual conjuntaba mejor.
Y con las manos llenas me dirigi a los provadores que se encontraban al fondo del local.

Al entrar observe a una joven esvelta y con el pelo rizado y moreno, que se encontraba en mitad del pasillo observandose en el espejo.
Llevaba un vestido de color verde agua, que la verdad le sentaba bien.
Y otro detalle era que estaba descalza, no fue eso lo que me sorprendió. Me sorprendió su altura
era una chica alta, casi de mi estatura.

Al pasar a su lado se giro y se me quedo mirando, yo la salude por educación con un ligero buenas tardes.
-Perdona. Podrías subirme la cremallera, es que yo sola no puedo. – Me digo ella, con una voz preciosa.
Deje toda la ropa que llevaba en las manos colgada dentro de un probador y le subí la cremallera de la espalda lentamente.
-¿Que te parece?, ¿me queda bien?- me preguntó.
-Si, la verdad es que te queda bastante bien, aunque un poquito holgado quizás en la cintura. -Le respondí prácticamente sin pensarlo.
-Lo se, pero es que si cojo otra talla menos, tengo miedo de que me aplaste las tetas como a dos tomates. – Me soltó de golpe.
Reparando en ese momento a que se refería, su pecho era muy voluminoso.

-Se que es pedir mucho, pero ¿podrías traerme una talla menos?, están fuera a la izquierda, es por no andar vistiendo y desvistiéndome.
No me importaba en absoluto, así que tras bajarle nuevamente la cremallera, volví a salir de los probadores y me fui donde ella me indicó. Tarde unos segundos en encontrar la talla y cuando lo hice volví a los probadores.

Me acerque donde supuestamente ella se encontraba y descorriendo la cortina le dije: “Toma guapa”.
No se quien de los dos se llevo mas impresión si ella o yo, porque cuando corrí la cortina del probador me la encontré prácticamente desnuda, solamente con un tanga blanco, mientra trataba en vano tapar todo lo posible sus enormes tetas con la manos.
-Lo siento, creía que me estabas esperando. No pensaba que te habías quitado el otro vestido. -Dije a modo de disculpa.
Le pasé el vestido por un hueco del probador. Y me metí en el mio deseando que me tragara la tierra.
Me había quitado la ropa y estaba solo con los bóxer puestos, disponiéndome a probarme el traje, cuando la cortina de mi probador se abrí de golpe.
-Me subes esta cremallera también. – Dijo con una sonrisa picarona.
-Ahora estamos empate. – Añadió.
-Entro en mi probador y se giro para que le subiera la cremallera.
-¿Que tal este?, te gusta ahora como me queda. – Preguntó.
-Si. – Le respondí
-Y no me aplasta las tetas, que es el problema que siempre tengo.
-Oye perdona lo de antes, no fue mi intención.
-No te preocupes, lo se. – Dijo intentando quitarle un poco de hierro al asunto.
-¿Te importa?. – Refiriéndose a la cremallera.
Se giró y le baje nuevamente la cremallera.
Lo que a continuación hizo, fue lo que me dejo atónito.
Se bajó el vestido completamente.
Esta vez no llevaba nada de ropa interior y girándose despacio, se coloco desnuda delante de mi.

-Lo siento, pero antes de que decidas continuar espiando mis vergüenzas, prefiero mostrarlas yo por mi misma.
Yo no sabia que hacer, me quedé inmóvil.
Pero no hizo falta, ella sabia que hacer.
Se arrodilló ante mí y me bajo los bóxer, hasta sacarlos por mis pies.
Inmediatamente comenzó a lamer mi polla, mientras la masajeaba con sus manos.
Parecía un sueño, algo que te cuenta alguien y nunca crees.
Pero esta vez era real y me pasaba a mí.
Coloco el taburete detrás de mí y me indicó que me sentara.
Obedecí.

Se coloco sobre mí agarrando mi polla con sus manos y la introdujo suavemente en su coño.
Yo no podía de parar de tocar y lames sus enormes tetas, mientras ella cabalgaba sobre mi siempre manteniendo el mismo ritmo.
Notaba el calor que emanaba de su entrepierna y como cada vez aquello estaba más húmedo.
De repente cambió la forma de moverse y empezó haciendo círculos sobre mi, con su vientre.
Estaba desvocada, follándome a su antojo y eso me enloquecía.
No se ni cuanto tiempo llevábamos, cuando note que su respiración se aceleraba, se agarro con mas fuerza a mi rodeándome con sus brazos .
-Me voy a correr, sigue follandome, aguanta. – Y aunque era su voz la que me hablaba, ahora sonaba bastante distinta.
Seguimos así unos minutos mas y ella termino corriéndose sobre mi.
Permanecimos abrazados unos segundos.
-Y tu, ¿ No te corres?. – Me pregunto.
-No me has dado tiempo ni a ponerme un preservativo. Pero no creas que faltaba mucho.
-No te preocupes tomo la píldora. – Soltó con la mayor tranquilidad del mundo.
-Bueno aun así prefiero no arriesgar.
-Vale, como quieras. Entonces follame por atrás. – Dijo mientras se levantaba de mi.
Coloco sus manos contra la pared del probador y dándome la espalda inclino su cuerpo hacia delante.
-¡Vamos, es tu turno!, follame chico.
Incorporándome rápidamente procedí a metersela lentamente por su culo.
En seguida no te lo mojado que estábamos los dos.
Así que ayudo a que entrara mucho mejor, aunque tampoco note que se quejara de algún modo.
A cada envestida que le daba y dado que ella estaba apoyada sobre la pared del probador, todos los demás probadores parecían moverse a nuestro ritmo.
Su tetas aun parecían mucho mas grades en esa postura, las veía danzar, asomándose por los lados de su cuerpo. Las agarre con mis manos y seguí follándomela hasta que me corrí así en su interior.

-Volvemos a estar empate. – Y se rió mientras recogía su vestido del montón de ropa que había en el suelo.
-¿Para que es tanta ropa?, ¿es que tienes pensado probarte todo lo que hay en la tienda?.
-Para una boda que tengo el sábado. Me ha invitado un compañero en el trabajo.
En ese caso ponte la camisa verde, es la que mas me gusta. – Y dicho eso abrió la cortina y examino si había alguien fuera.
-Perdona, ¿como te llamas?, y dame tu numero para que te pueda llamar y así quedar alguna vez. – Le rogué.
-Te prometo una cosa, si vuelves a verme, follaremos otra vez. – Dijo antes de salir corriendo y metiéndose en su probador.

Termine de probarme el traje, que me queda perfectamente. Seleccione la camisa verde que ella me había dicho y fui a pagar en el mostrador.
Ya no había rastro de ella. Había desaparecido.
Pregunte a la cajera por la chica, respondiéndome esta que ya se había ido tras abonar sus compras.
El sábado fui a la boda de mi compañero, me presente solo y fui de los ultimos invitados en aparecer.
Cuando llegue mi compañero al verme vino a recibirme, y me presento a su prometida.
Estuvimos hablando unos minutos antes de que empezara la ceremonia civil.
Deja que te presente a alguien, si no te importa te he puesto con ella, no tiene acompañante. Es mi hermana y ha venido para el enlace. Trabaja en Noruega. – y alzando la mano por encima de mi hombro hizo gestos para que alguien se acercara a nosotros.
Al volverme su vestido verde, su altura y sus grandes pechos, hicieron que la reconociese enseguida.

Y cumplió su promesa, y ademas varias veces esa misma noche…..

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