Dos Hembras en VillaMacho – Cap. 1

Dos Hembras en VillaMacho – Cap. 1
Una familia de cinco miembros (Padre, madre, hija, novio de esta, y dos hermanos menores de edad) se muda de la ciudad de Madrid al desértico campo de Villamacho, donde adquiere una finca con casa y terrenos enormes.
Lo que ellos no saben, es que en aquel pueblo hay muy pocas mujeres, siendo la mayoría hombres.
Estos hacen de la madre e hija de esta familia recién llegada presas, siendo ellos los cazadores. Dan inicio al torneo de caza, tiendo todos los participantes que cumplir de manera imperativa ciertas reglas.

¿Conseguirán la madre y la hija mantenerse integras?
¿Conseguirán los depredadores cazar a sus presas sin romper las reglas del torneo de caza?

Este capítulo NO contiene sexo, ya que es una introducción de la historia y de los personajes.

Capítulo.0

Del Pueblo a la Ciudad

Un camión seguido por un coche avanzaba imparable por una desértica carretera. El sol se hallaba en su punto más alto y ambos vehículos llevaban más de cinco horas conduciendo, parando únicamente para repostar y estirar las piernas mientras algunos de sus tripulantes aprovechaban para ir al baño.
El camión estaba cargado de las pertenencias tanto sentimentales como materiales de las personas que viajaban en el coche que lo seguía: Cuatro varones, dos menores, y dos mujeres mayores de edad que se dirigían, en época de mudanza, a su nueva casa en Villamacho.
— Vaya nombrecito -Se lamentó de nuevo Olivia, de veintiún años, la cual había dejado toda su vida atrás por capricho de sus padres, la única persona ajena a su familia que le acompañaba era su novio, Rob, de veintiséis años; por lo demás, todas sus amistades y conocidos muy a su pesar se habían quedado en pleno centro de Madrid, capital Española.
— Ahora que mama vivirá en el pueblo tal vez le cambien el nombre -La chinchó Jaume, el hermano más pequeño de los tres, con el cual ella tenía mucha rivalidad-… porque si fuera por ti, tata, seguiría llamándose igual.
— ¿Qué has querido decir con eso? -inquirió su hermana riéndose con él- ¿Me acabas de llamar hombre, enano? -Él le sacó la lengua para luego reírse.
— Niños, portaros bien -Su madre era la que conducía, una espectacular rubia con cuerpo y rosto de revista. A sus espaldas todo el mundo comentaba desde el desconocimiento que estaba operadísima tanto para ocultar su verdadera edad como para aumentar su belleza, pero no era cierto en absoluto, ella tenía cuarenta y un años recién cumplidos y no se había hecho ni una sola operación. Su cuerpo se había recuperado tan bien de los tres partos, que parecía como si nunca hubiese sido madre-. No me distraigáis al volante o os ataré con esparadrapo y cuerdas.

Pese a decirlo en broma, logró hacer que los dos hermanos varones que iban en la parte de atrás siguiesen jugando en silencio con su recién comprada Nintendo Switch, mientras que Olivia y su padre, este último iba como copiloto, continuasen con sus juegos de palabras. Tanto el padre, llamado Joaquin, de los tres hermanos como su madre, llamada Sandra, conservaban excelentemente su relación. Llevaban dieciocho años casados y nunca se habían arrepentido de este hecho.
Si dicen que las relaciones se desgastan con el tiempo, este matrimonio sería la excepción. Y a pesar de las discusiones inevitables provocadas por la convivencia, ninguno de ellos había pensado una sola vez en separarse, lo que ya era decir.
Y fue la intensidad de ese amor el motivo de la mudanza: la delicadeza en salud cardiaca de Joaquín, empeorada por la elevada contaminación de la ciudad, el estrés del trabajo y un acoso laboral de unos jefes que no sabían valorar los esfuerzos de un empleado laborioso y trabajador. Sandra renunció a todo lo que amaba y apreciaba, incluyendo a sus amigos y su trabajo de profesora, para irse a vivir a algún lugar donde su esposo pudiese hacer vida normal sin empeorar su estado.

Tras mucho buscar, encontraron una maravillosa finca en venta en un pueblo llamado Villamacho, ubicado en territorio Aragonés, pisando la frontera con el territorio Catalán, al noreste de España, justo por debajo de Francia.
Habían elegido ese pueblo por multitud de motivos, pero entre ellos se hallaba la desconexión de las máquinas, el internet y vivir de la manera más natural posible; y por ello no podían haber dado con un lugar mejor, pues Villamacho era un pueblo no con pocos habitantes, sino con prácticamente nula conexión a internet. Los dos únicos edificios que poseían esa tecnología, eran el ayuntamiento y el locutorio, ambos edificios unidos como si fuesen una sola edificación.
Los habitantes de ese pueblo, hombres en un ochenta por ciento según el último censo realizado, tampoco es echasen en falta el internet. Su vida era una representación perfecta de la España del siglo XVIII que, a pesar la modernización de las calderas de agua, los vehículos, la línea telefónica y otras innovaciones, no eran diferentes en estilo de vida.
No había impuestos abusivos ni tasas desproporcionadas a pagar, cada hombre y cada mujer trabajaban de lo que se les diese bien, y cuando alguien necesitaba algo, en pocas ocasiones se hablaba de pago en metálico, sino de trueque y favores.
El pueblo de Villamachos estaba constituid por: una escuela, un instituto, multitud de granjas y huertos, bares, un centro de atención básico de salud, una comisaría, una barbería, una piscina municipal y algún comercio familiar a modo de supermercado. El resto eran lugares de encuentro para los pueblerinos donde pasaban el resto de su jornada jugando a la petanca, escupiendo al suelo, tomando un litro o contándose batallitas.

Lo que para Sandra y Joaquín podía ser un paraíso, para sus tres hijos y yerno podía ser una verdadera pesadilla. Nacidos y criados en la era tecnológica, llegar a un lugar donde se carecía de conexión a internet, cines y zona de recreativos iba a suponer un duro golpe.
Pese a las cosas negativas, la finca en la que iban a residir era una auténtica mansión que habían podido conseguir de oferta, y mientras que en las ciudades y metrópolis prima la falta de espacio, en esos pueblos sobraba.

Cuando el camión y el coche llegaron a su destino final y los tripulantes bajaron, los tres hermanos se quedaron con la boca abierta tras ver desde fuera la que, a partir de aquel día sería su nueva casa.
— ¡Es un chalet! -exclamó Jaume, el hermano pequeño mirando ilusionado esta. Su hermano mayor, Pedro, y el cual era el mediano de los tres con dieciséis años, le soltó una colleja.
— ¡Idiota! Es una mansión. ¿No ves lo grande que es? -Olivia lo reprendió con otra colleja, haciendo que este último se llevase las manos a la cabeza.
— No pegues a tu hermano, y no le llames idiota. Idiota. Además, no es una mansión. ¡Es un palacio!

Joaquín y Sandra se miraron el uno al otro, se sonrieron claramente satisfechos por la reacción de sus vástagos, se acercaron el uno al otro y se abrazaron respectivamente por hombros y cadera, caminando juntos hasta donde estaban sus hijos saltando de alegría. Allí, en el portón de entrada que se encontraba a ambos lados de una valla enorme, a la cual solo le faltaba un foso y cocodrilos, se encontraba una mujer morena preciosa de cara y que se encontraba en una avanzada fase del embarazo.
Esta sonreía claramente nerviosa mirando a los niños y a sus padres, de una de sus manos colgaba las llaves que debía entregar a las personas que le habían comprado la casa.
— ¡Buenas tardes! -los saludó con un ademán de querer darles la mano.
— ¡Hola! Es usted Suzanna, ¿verdad? -pregunto el cabeza de familia, al tiempo que le daba la mano-. Está temblando. ¿Se encuentra bien?
— Perfectamente. Sí, soy yo -rió nerviosa-. ¿Les importa si entramos? Tengo que ir al baño.
— Claro, por supuesto -Esta vez fue Sandra la que respondió.
— Con cuatro niños, ya me imagino que deben saber la de veces que se va a orinar durante el embarazo.
— Ni te lo imaginas -le concedió Sandra mientras la anterior propietaria de la casa abría la puerta de la casa y los invitaba a pasar dentro-. Ah, y por cierto, el mayor de todos es mi nuero, no mi hijo. Se llama Rob -añadió riendo, este saludó con la cabeza mientras abrazaba por detrás a Olivia y le susurraba algo al oído, esta se sonrojó y se giró para besarlo.
— Bueno, como ya les dije por teléfono la finca tiene en total mil metros cuadrados, quinientos de terreno y otros quinientos de edificio -informó mientras cerraba la puerta como el último de ellos pasó, entonces comenzaron a caminar hacia la casa por un largo camino de piedra.
— Me sorprende que haya querido vender esta… finca a ese precio -dijo Joaquin, claramente sin fiarse del todo, ya hemos adquirido la casa, así que le agradecería sinceridad. No debe preocuparse.

Suzanna ni se detuvo ni le miró, sin embargo le contestó sería:
— Reconozco que es sospechoso que quiera venderla…
— Más bien es como si quisieses quitártela de encima -la atajó el patriarca.
— Cierto. Pero le prometo que no hay ningún problema con la casa o con la finca, sin embargo… -se detuvo en seco y lo miró a los ojos-. Esta casa donde la ven ya estaba construida así cuando yo llegué con mi pareja… -hizo una pausa-. Ex pareja, de hecho -hizo una mueca de dolor-. Y llegamos aquí hace ocho meses…
— Lo siento -se apresuró a disculparse Joaquín, claramente arrepentido por haber preguntado.
— No, está bien. Tienen tres hijos. ¿No? Es normal que sean precavidos -“A pesar de haber comprado la casa y venido a ciegas sin comprobar nada´´ pensó la embarazada. Entonces sonrió-. Pero no es el único motivo por el que quiero largarme de aquí… -hizo otra pausa, y claramente titubeó en la elección de cuáles serían sus próximas palabras:- Yo no vine demasiado convencida a vivir aquí. Sí, la casa y los terrenos son lo mejor que os podáis encontrar. Y es un ambiente natural para que se críen vuestros hijos… Sexopolis está relativamente cerca en coche y autobús, por lo que a pesar de la falta de comunicación con el exterior no es un problema reabastecerse. Y siempre pueden ir a pueblos más modernos que este y quedan bastante cerca… Pero yo aquí me estreso, no tengo nada que hacer. ¿Y qué iba a hacer en una casa tan grande como esta yo sola?
— Seguro que encontrarás a alguien -aseguró Olivia con una sonrisa maternal, tras haber sentido verdadera lastima hacia ella.
— No. No quiero hombres en mi vida… Tendré al bebe y seré una madre soltera. Iré a vivir con mis padres los próximos años hasta que normalizo mi vida -se lamentó ella mientras se enjuagaba las lágrimas que le habían surgido de repente-. Pero esos son los motivos por los que no quiero saber nada de esta casa ni del pueblo. Quiero irme lejos. Les aseguro que es un lugar… excelente para criar a sus niños -dijo sonriendo con los ojos aún llorosos, los cuales se clavaron tanto en Sandra como en Olivia, analizándolas de arriba debajo de manera tan disimulada que ni se notó- Ahora si no les importa… Voy al baño, y continuamos. ¡Que no me aguanto!

Una vez hubo ido al lavabo y vuelto, continuó la presentación y guía de las ubicaciones de la finca:
Sin contar con la parte de terreno (que incluía jardines, piscinas y hasta una pequeña zona de bosque, todo dentro de los límites de las vallas exteriores), la propiedad tenía tres edificios; el principal, el secundario y el garaje.
En el garaje había un montón de trastos que, según la anterior propietaria, venían con la casa. En dicho garaje había espacio para tres coches y, aún así, todavía les sobraría espacio.
El segundo edificio, o como ella lo llamó, la casa de invitados, estaba constituida por dos pisos y estaba conjunta al edificio principal. En su interior había una habitación de matrimonio, una pequeña cocina, un pequeño baño y una pequeña sala de estar.
Entonces llegaron al edificio principal, una verdadera bestia de la construcción e increíblemente enorme. Con cuatro habitaciones, tres baños, dos cocinas, dos salas de estar (ambas con chimenea), una guardilla (la cual constituía el tercer piso) y un sótano, donde se encontraban los plomos, la caldera, el pozo y una pequeña sala de almacén, pese a ello, el sótano estaba muy descuidado y poco iluminado.
El mayor punto negativo de la finca, tanto por los terrenos como por el interior, es que todo estaba muy descuidado, el polvo abundaba en suelos, paredes y todo tipo de superficies, las malas hiervas y la vegetación se habían comenzado a adueñar del exterior del edificio, pero por lo demás era una casa que, tras una buena limpieza, apostaba por ser muy reconfortante.
— Las noches frías es insoportable. Las chimeneas poco pueden hacer con las puertas abiertas, y les dejo aquí las estufas de butano que compré, pero les recomiendo que si pueden permitírselo, inviertan en eléctricas para ahorrarse lo evidente -explicó finalizando por fin.
— Estamos muy satisfechos con la casa. No parece haber ningún pero -dijo chinchoso Joaquin.
— Quizás la conectividad a internet sea un problema, o la disponibilidad de las cercanías -propuso Suzanna.
— ¿El internet? ¿Qué le pasa al internet? -preguntó el hermano mediano.
— ¿No lo sabes? No hay internet en todo el pueblo, a excepción del ayuntamiento y el locutorio.

Los ojos de Pedro y Jaume se abrieron como platos y amenazaron con salirse de sus cuencas, Olivia miró a su madre y la despedazó con la mirada y Rob suspiró.
— ¿Habría servido de algo que os lo dijese? -preguntó Sandra dirigiéndose a su hija.
— Las películas, las series y los juegos que habría podido descargar -se lamentó Rob, con una lagrimilla cayéndole por la mejilla.
— Que exagerado… ¡Con lo bien que se estará sin máquinas! -dijo Joaquin, y Rob se mordió la lengua.
— Siempre podemos irnos a casa de mi padre -propuso Rob.
— Por encima de mi cadáver -exclamó Joaquin, el cual tenía una clara enemistad con Jordi, el único padre vivo de este.
— Perdonad… ¿Puedo ir al baño? Y además… Estoy cansada. Me gustaría irme ya… Si todo está resuelto.

Suzanna fue al baño, contestó a las preguntas de la familia en referencia a que había en el pueblo, les dio las escrituras de la casa y las llaves, se despidió, marchándose hacia la parada del autobús donde según ella la dejaría en Sexopolis para hacer transbordo posteriormente hacia algún lugar… muy lejos de allí.
— ¡Bueno familia! Ahora viene lo mejor. A meter las cosas en casa… ¡Y en los siguientes días sanearemos el jardín! Quitaremos las malas hiervas y todas esas cosas…

Los cuatro se quejaron, yendo hacia el exterior donde había quedado estacionado el camión de la mudanza, vehículo donde había ido Rob, y donde había hecho amistad con los dos conductores del camión. Los cuales, por una modesta suma, accedieron a ayudar a la familia a meter todo en el interior.

Así fue como la familia recién llegada se instaló, sin ser conscientes de lo que había a su alrededor.

Donde hay presas, hay…

Villamacho, localidad de paletos con un ochenta por ciento de la población masculina. Pese a la existencia de mujeres, había un motivo por el cual existían tan pocas. No, no morían, pero existía un motivo por el cual la gran mayoría de hembras emigraba fuera de los límites de aquellas lejanas tierras.
Pero para poder explicar eso, primero hay que enseñar que clase de hombres son… ¡Los habitantes de Villamacho!

Si algo abundaba en Villamacho eran las granjas, los huertos, los campos de la petanca (Juego tradicional español propio de pueblos y ciudades, con un público de hombres y ancianos, donde se tiran bolas pesadas desde una distancia prudencial con la intención de que estas caigan cerca de las bolas ‘’base’’), y por último los bares.
Y en cada uno de los anteriormente realizados, cada pequeño espacio y propiedad eran buenos lugares para que un pequeño grupo de hombres se reuniese…
Sin embargo, a lo largo y ancho del pueblo había un bar, un mugriento y maloliente pero espacioso bar…
… un bar para reunirlos a todos. Un bar para atraerlos, tomarse algo y conspirar desde las… tinieblas.

Y era conocido coloquialmente como Erbar derPepe.

***

Se habían hecho las llamadas pertinentes… A grito pelao. Los rumores habían corrido como ratas, se habían arrastrado como serpientes y se habían desplazado como aves rapaces. Pueblerinos de todos los alrededores de la localidad fueron llenando el bar, provenientes de cada granja, cada huerto, cada petanca…
Había todo tipo de tribus urbanas: Los yayos de la petanca, los granjeros del maíz, los espantapájaros del huerto, los adolescentes del instituto Lamonjatuerta, camioneros, los tontos del pueblo, los hombres del alcalde y el mismo alcalde entre otros muchos.
Pocas veces había visto el posadero una reunión de tales características, y allí estaba él, tras la barra, tuerto de un ojo y con la mirada tan sombría como la mismísima muerte, lavando con un trapo un vaso de cerveza en silencio.
Puede que penséis que es un violador, un asesino en serie, un delincuente clandestino… y puede que tengáis razón, pero mientras miraba a la multitud que por momentos se incrementaban en el interior de su bar, el solo podía pensar una cosa: “Hoy m’hago l’Agosto´´ y sonrió, antes de empezar a atender a la clientela.

El ambiente era un verdadero caos. Todos gritaban, debido a que algunos estaban medio sordos y otros no oían por el alboroto, sin embargo, todos callaron al oír el escopetazo, el cual apuntaba al techo.
— ¡Pero que l’hases a mi tesho. ¡Joputa! ¡Ti voy a reventar! -exclamó el camarero soltando la jarra haciéndola añicos contra el suelo.
— ¡Silencio! -ordenó recargando el arma-. Abrid paso a Don Tomasino, el dueño y señor de Villamacho, al cual todos debéis obediencia y la gratitud por todo lo que ha hecho por vosotros -El alcalde se levantó del asiento y anduvo hacia colarse por detrás de la barra y alzar las manos.
— ¡Queridos paisanos y conciudanos! Estamos aquí reunidos, todos por lo mismo. La época de sequía en nuestras tierras… ¡Ha llegado a su fin! -Todos los presentes alzaron el puño o la jarra por encima de sus cabezas y dieron un rugido desgarrador-. Está todo dispuesto. Durante estos últimos meses hemos tenido que convivir con el hambre y la sed… -El alcalde hablaba en tono melancólico, como si quisiese compartir con los pueblerinos sus malas experiencias, que al mismo tiempo eran las de todo el pueblo; los oyentes asentían solemnes-. Somos demasiado depredador para tan poca presa… Hemos tenido que subsistir gracias a la amabilidad de algunos vecinos que nos han prestado a sus esposas… ¡Los más valientes en épocas de máxima desesperación fueron a buscar carnaza a los despreciables pueblos vecinos o incluso a la infame metrópolis…! ¡¡Pero eso ha llegado a su fin!! -exclamó lanzando ambos puños al techo, lanzando el rugido, el cual fue devuelto por todos los asistentes haciendo temblar el bar-. ¡¡Silencio!! Malditos perros inmundos. ¿¡Por qué gritáis!? La mayoría de los que estamos aquí seguirán sedientos>>

<<. Solo unos pocos tendrán el privilegio de satisfacer su sed y su hambre con las presas que han llegado a nosotros. — He oído que son bellísimas -grito uno sacando la lengua y riendo como un loco-. Sacadas de revistas porno. — Yo he oído que tienen unas tetas enormes, son ubres de vaca. Voy a mamar de ellas como si no hubiese mañana -rio otro entre dientes. — Seguro que se dejan y todo. ¡Seguro que son unas guarras! -añadió otra voz — ¿¡Qué edad tienen!? -preguntó con voz calmada uno del grupo de los yayos, un anciano de unos setenta años. — Yo las he visto -gritó uno del grupo de los adolescentes-. Llegaron esta tarde. Eran por lo menos ocho personas, y había dos mujeres. Una tendría mi edad, unos dieciséis o diecisiete años. — No, era mayor, seguro. Tendría unos veinte o veintidós años -le corrigió su compañero de instituto. — ¡Eso da igual! Lo importante es que eran madre e hija. Ambas tetonas… ¡Las tetas más grandes que he visto en mi vida! — ¿¡Qué dices, mocoso!? Si seguro que no has visto unas buenas tetas en tu vida -le replicó uno de los adultos. El alcalde, el cual era regordete, se subió con dificultad a la barra: — ¡Haya paz! Eso da igual. Solo quiero recordaros las normas -hizo una pausa y su puño en alto apuntó hacia el techo con el dedo índice:- ¡Primero! Las violaciones están prohibidas. El que se atreva a violar a esas hermosuras sufrirá el garrote vil -Su mano liberó otro dedo:-. ¡Segundo! Tenéis que respetar que os rechacen. En anteriores ocasiones ha habido accidentes por respecto a este punto… Sé que todos estáis hambrientos de hembra. ¡Pero esto es un torneo de caza! Aquí ganan los mejores. ¿Entendido? ¡¡Es la ley!! Sin la ley solo somos… ¡a****les! — ¡Solo a****les! -repitieron como si fueran eco todos los asistentes. — ¡Tercero! Prohibido acceder al recinto de esa familia -gritó el alcalde-. No se puede invadir, pues es terreno seguro. — ¡Seguro! -repitieron los asistentes. — ¡¡Cuarto!! – vociferó apuntando esta vez con cuatro dedos al techo-. Esta vez pondremos límites de grupo. No queremos que pase lo que sucedió con nuestra querida Suzanna ¿Verdad? -algunos rieron entre dientes-. Cuando haya un grupo de cazadores alrededor de las presas, el resto de grupos tendrá prohibido acercarse o intervenir. ¡¡Podéis usar las estrategias que queráis, pero siempre que sea de manera voluntaria!! ¿Entendido escoria? Todos gritaron antes de quedar en silencio. El Alcalde ya estaba dando fin a su discurso habitual: — ¡¡Cinco!! No esperar alrededor de la casa. No queremos que nuestros nuevos vecinos sospechen lo que sucede aquí. ¿Cierto? -todos alzaron el puño o la cerveza mostrando su afinidad al punto número cinco propuesto por el alcalde-. Asegurémonos de que lo hemos entendido. ¿Primero? — ¡¡No violar!! -berrearon todos al unísono. Los alaridos estaban sincronizados, nadie titubeaba y nadie se equivocaba, no era ni la primera vez ni la segunda que se repetía este ritual. Cada vez que llegaban nuevas mujeres al pueblo, estas reuniones se celebraban pese a que normalmente no había tantos asistentes. Estas se celebraban para acordar que términos se seguirían durante la temporada de caza. — ¿Segundo? — ¡¡Respetar el rechazo!! — ¿Tercero? — ¿¡Casa de hembra!? ¡¡Espacio seguro!! — ¿Cuarto? — ¡Quien llega primero… ¡Se la queda! -todos rieron esta vez. — ¿¡Y quinto!? — ¡No campear! — ¿¡Y sexto!? -Todos guardaron silencio esta vez. — Alcalde, no ha explicado cual es el punto número seis -dijo uno de sus subordinados. — Ya lo sé, maldito perro -dijo riéndose a carcajadas-. Estaba probando que estabais todos atentos. ¡Como alcalde de Villamacho, yo de claro iniciada… La temporada de caza del conejo! Todos berrearon de alegría, el alcalde había dado su visto bueno tras exponer sus condiciones. Aquello era como una lotería, pues muchos se cruzarían con sus presas, pero pocos podrían interactuar con ellas sin hacerlas sospechar, y menos aún conseguirían abusar de ellas. Había mujeres que habían llegado a Villamacho, y habían sido lo suficientemente fuertes, fieles e inteligentes para esquivar a todos los hombres que intentaban seducirlas y someterlas. Pero en su mayoría las mujeres caían, presas de todo tipo de estratagemas. La mayoría de veces, traicionadas por su propio deseo y lujuria. La regla más respetada en aquel pueblo era no violar ni agredir a las mujeres, pero… ¿Cómo conseguirían estos pueblerinos conquistar y seducir a tan hermosas y fieles mujeres? Ninguno en el pueblo lo sabía todavía, pues ninguno había tenido el privilegio de conocer a ninguna de las dos; sin embargo, puede que tanto las recién llegadas Sandra y Olivia, Madre e hija, fuesen las mujeres más conservadoras, fieles, fuertes y testarudas que se hubiesen llegado a su pueblo. ¿Tan poca presa tenía alguna posibilidad de salir victoriosa contra tanto depredador? ¿Tenían los cazadores alguna posibilidad con presas tan hábiles? El torneo de caza, no había hecho más que comenzar. Mientras dure la calma. ¿Para qué llamar a la tempestad? Había multitud de cajas repletas de ropa, enseres de cocina y de baño, trapos, juguetes de los críos como pelotas y consolas. Todavía les quedaba mucho por desempaquetar, pero tras más de seis horas habían logrado hacer que todo aquello pareciese un hogar. Joaquín había encontrado un hacha fuera, y había salido al exterior con Rob, Pedro y Jaume a buscar leña. Descubrieron que alrededor de su finca, estaba prácticamente todo rodeado de bosque, y no les costó encontrar árboles y arbustos pequeños que con un par de hachazos fueron trasformados en leña fácil. Mientras ellos iban y volvían, llevando cajas de la mudanza vacías para devolverlas llenas de madera; Olivia y su madre discutían acaloradamente en la habitación que pertenecería Joaquín y su esposa. — Te juro que no te entiendo, mama. ¡Lo teníamos todo allí! Todo tipo de comodidades. Todo tipo de establecimientos cerca de casa: El gimnasio, el cine, el supermercado, la universidad, todo tipo de restaurantes y discotecas, zona de tiendas… ¡Y todas las amistades que hemos dejado atrás! -gritó totalmente roja y con los ojos llenos de lágrimas. Sandra escuchaba pacientemente, sin alterarse, repitiéndole las veces que fuese necesario los motivos. — Tu padre necesitaba cambiar de ambiente -contestó mientras vaciaba otra caja y colocaba ropa y enseres en sus respectivos armarios y cajones. — ¿Y teníamos que irnos a más de cuatrocientos kilómetros de casa? Claro. No podíamos encontrar un ambiente más rural… — No es lo mismo -contestó ella poniendo énfasis en la última palabra. — Claro que no. No habría sido lo mismo lo que nos hubiésemos encontrado allí, que lo que no nos vamos a encontrar aquí. Aquí solo hay bares y… selva. — No hay selva aquí cariño, en todo caso sería montaña y bosque, y hay muchas más cosas que bares. Sé que te ha disgustado dejar la universidad… Pero era necesario. — Podría haberme quedado allí y alquilar un piso. — ¿Y a quien recurrirías cuando necesitases algo? ¿A mi querido consuegro? — ¡No es tan malo como lo queréis pintar! Sandra se rio amargamente, ya que esa acusación le hizo recordar una experiencia clandestina vivida con el padre de Rob. Nadie más lo sabía, ni siquiera su marido. — Jordi es un mujeriego borracho y ludópata -Olivia se quedó con la boca abierta-. Ah, claro. Eso no lo sabías -añadió con ironía-. No es que sea mala persona, es que es un bala perdida. Y os habría acabado perjudicando. Se hizo el silencio en la habitación, hasta que Sandra lo rompió. Dejando lo que estaba haciendo y yendo hasta donde estaba su hija, mirándola a los ojos. — En Sexopolis hay universidad. Sí quieres seguir estudiando, te compraremos un coche y haremos todo lo necesario para que puedas estudiar allí. Y si quieres trabajar… Pues perfecto. Pero vamos a vivir aquí, y eso no es discutible… -añadió acariciándole la cara-. Tu padre… estuvo a punto de fallecer de un ataque al corazón. Estaba en un punto de inflexión y yo tuve que decidir… Y decidí. Tenemos que intentar no dar disgustos a tu padre, por el bien de su salud. — Pero yo… -comenzó a decir Olivia, pero sus ojos solo se llenaron de lágrimas motivadas por el sentimiento de impotencia. — Yo amaba mi trabajo como profesora. Amaba a mis alumnos… Y amaba los amigos que tenía en Madrid, no te creas que eres la única que lo ha sacrificado todo para venir aquí. Pero aquí podremos comenzar desde nuevo… Si quieres irte, hazlo… pero cuando papa esté asentado, y cuando tu tengas unos estudios con los que puedas valerte por ti misma -Olivia no le replicó, se fue a su habitación y se limitó a llorar, sin desempaquetar nada. Sobre un colchón polvoriento y totalmente a oscuras. *** El cielo estaba inundado de estrellas. Tres linternas cuyos focos iluminaban nerviosos en la oscuridad. Los cuatro hombres habían recogido suficiente leña para las dos siguientes noches. — Espero que haya muchas tías buenas en este pueblo -declaró Pedro, el hermano mediano de dieciséis años, una vez su padre se hubo alejado con su linterna. Rob y Jaume permanecían cerca de él escuchándolo. — Seguro que las hay. Estos pueblos siempre están llenos de chicas desesperadas por liarse con chicos de ciudad -agregó Jaume, el hermano menor de catorce años, levantando bien alto la cabeza. — ¿Y eso donde lo has visto? ¿En las películas? -se burló Rob tirando un palo a la oscuridad como quien lanza un hacha. — Claro… Como tú tienes a mi hermana… Pero seguro que a la mínima te vas con otra -le chinchó Pedro. — Con tu hermana tengo suficiente, no me hace falta más. Satisface todas mis necesidades -Rob dijo aquello tras asegurarse que Joaquin, su suegro, no lo escuchaba. El novio de Olivia disfrutaba hablando de aquellos temas con sus dos cuñados, pues sabía lo mucho que les avergonzaba hablar de ellos. — Entonces… ¿Si aparece una tía buena y mi hermana lleva días sin hacer el amor contigo…? — Hombre. Entonces me lo pensaría -bromeó de nuevo Rob-. Es broma. Pero yo tampoco me haría demasiadas ilusiones… En estos pueblos solo hay viejos y viejas. — Suficiente por hoy, chicos. Volvemos a casa -dijo Joaquin volviendo con un puñado de leña. En las siguientes horas terminarían de desempaquetar, pasarían la noche frente la chimenea en la casa principal, mientras que Rob y Olivia decidieron instalarse en la casa de invitados tras una fuerte discusión, pero debido a que Olivia ya había tragado mucho por la mudanza, no iba a retroceder en aquello. Por lo tanto, y pese a la reticencia de Joaquín a dejarles una casa para ellos solos, Sandra acabé convenciéndolo de que sería lo mejor. — Mañana iré al pueblo con vuestra madre, a conocer un poco todo Villamacho y ver qué lugares hay, cuales son nuestros vecinos y como funciona todo aquí. Vosotros tendréis como deberes quitar las malas hierbas, y ayudar a Rob y a Olivia a desempaquetar. El resto del tiempo haced lo que queráis. Y así terminó la mudanza de la familia de Sandra y Joaquín. En los siguientes días: Sandra, Joaquin, Olivia y Rob buscarían trabajos tanto en el pueblo, como en Sexopolis, ciudad a la que iban ocasionalmente a comprar al supermercado. Sabían que no iban a tener problemas para encontrar trabajo, porque por aquellos lares les habían asegurado los amables y simpáticos vecinos que sobraba. Estos se mostraron muy interesados en contratar como granjeros y agricultores a Rob y Joaquin, entre otras profesiones, a los cuales invitaron a sus casas, mientras que a Sandra le propusieron trabajar puestos de trabajo como camarera, profesora en el instituto, socorrista y limpiadora. Los vecinos se mostraron muy interesados en esta familia, muy simpáticos y sociables, una maravilla. Descubrieron lo a gusto que se podía estar en un pueblo de aquellas características, la paz y la calma que se respiraba lejos de la ciudad. Sin embargo, la calma era traicionera, y rápidamente podía convertirse en un violento huracán. … Pero eso es paja para otro granero. Capítulo 1: El macho alfa Parte I: Blancas mueven primero 1.1 Demasiados motivos para negarse La familia de los cinco miembros llevaba un par de semanas instalada en VillaMacho. Los vecinos habían demostrado lo agradables y hogareños que habían resultado ser. Unos granjeros, invitaron a Joaquín y su yerno Rob a trabajar en sus tierras, los cuales aceptaron gustosos tras debatir cual sería el salario y el horario de trabajo. Encajaron bien, y no tardaron en hacer buenas migas con sus nuevos paisanos. El trabajo era tan variado como agotador, y al terminar su jornada en la granja y en los terrenos que rodeaban estas ambos junto con sus vecinos arBarderPepe a tomarse unas cañas, o bien a la petanca a echar unas rondas, o al parte que del ayuntamiento a tocar la guitarra, cantar y beber. Sandra y sus dos hijos varones, por el contrario, pasaban toda la mañana y parte del mediodía en el instituto Lamonjatuerta, ellos como estudiantes y la madre como recién contratada profesora. Olivia tuvo menos suerte, quedándose en su finca haciendo retoques en la casa y en el jardín. Le habían caído ofertas de trabajo como camarera en algunos bares del pueblo, pero ella se había mostrado escéptica a trabajar rodeada de hombres, y más si eran pueblerinos faltos de cariño. Hija y madre se encontraron a escondidas en un lugar apartado de su jardín, era de noche, pocos días después de llegar al pueblo. La matriarca, Sandra, había sacrificado su pasado y su presente para llegar a Villamacho a causa de la delicada salud de su marido, el cual sufría una enfermedad cardíaca que se había agravado por la contaminación, el estrés y la mala calidad de vida en la ciudad. Esto hizo que Sandra sin pensárselo dos veces, pidiese un enorme préstamo, que en aquellos días el banco regalaba con facilidad… Metiéndose en una gran deuda. La casa, por su tamaño y ubicación, había resultado ser una ganga para la madre, pero no para la hija. — Incluso si trabajamos los cuatro, iremos algo ahogadas pero… saldremos de esta -sentenció su madre oculta entre la oscuridad del jardín. Los otros tres miembros de la familia se encontraban dentro de la casa principal-. Tendrás que trabajar de algo, cariño. No queda otra. — ¡No me agobies! -suplicó con un grito Olivia. Sandra la premió a que bajase la voz. — Necesito que me apoyes con esto, no puedo yo sola. Nadie más lo sabe, y papa menos. — Ya es hora de que lo sepa -le increpó su hija. — Nos hemos mudado aquí para que papa no tenga que volver a sufrir ese estrés. ¿Lo entiendes? Si la ignorancia es la felicidad; papa tiene que permanecer ignorante ante esto. Su corazón no lo soportaría -Olivia hizo ademán de interrumpirla, estando a punto de increparle que todo aquello era culpa suya-. No, no discutamos otra vez. Lo que necesitamos son soluciones. Hazlo como quieras, si no quieres de camarera, hazlo limpiando en casas. Pero necesito que traigas el dinero que puedas a casa. ¿Sí? -Dicho esto, se dio media vuelta y se metió en la casa dejando a su hija sola. Olivia era orgullosa, pero sabía que llegado el momento haría lo que fuese para salvar a su familia. Pero por el momento, si podía elegir, prefería no estar rodeada de babosos… Ya llegarían otras ofertas; seguro que sí. *** Una voz masculina gritaba a lo lejos. Olivia salió de la casa en pijama, intentando ubicar de dónde venían aquellos gritos: — ¿Hola? ¿¡Hay alguien!? ¿¡Hola!? -La voz provenía de los límites de su terreno, donde se encontrada la puerta de entrada a la finca. Olivia bajó a trompicones las escaleras de madera, piedra y arena hasta llegar a donde se encontraba un hombre maduro de pelo canoso. No vestía como un pueblerino, su pelo era aceitoso y era bastante guapo. No le echaba más de cuarenta años y, si tenía más, no lo aparentaba-. ¡Buenos días! Soy tu vecino. Vivo a kilómetro y medio de aquí -Se presentó este al ver que la joven se acercaba, la miró de arriba abajo inquisitivo y ella hizo lo mismo con él. Olivia daba demasiada importancia a las apariencias, y acabó teniendo una muy buena impresión de él. Era alto y fornido, de hombros anchos y de rostro agraciado. Lo que más le llamó la atención de aquel hombre fueron sus ojazos. — ¿En qué puedo ayudarle? — Venía a presentarme y… A dar la bienvenida a tu familia. — ¿Y el segundo motivo? — Por ti. — ¿Por mí? -inquirió sorprendida llevándose las manos al pecho-. ¿Sabe acaso como me llamo? -Su alarma interior comenzó a chirrían como una loca; la confianza que ese señor se había ganado con apariencia la había perdido en la actitud. — No hace falta. Eres la hija mayor de los tres hermanos, hija de Joaquin y Sandra -Olivia asintió-. Yo soy Andres Calatrava, y mi hijo Satur me ha hablado de tus hermanos, los cuales van diciendo por ahí que… buscas trabajo. — Busco -Para no cerrarse puertas, intentó no sonar borde y antipática. — ¿Y por qué una joven tan inteligente y perspicaz no ha encontrado trabajo todavía? En este pueblo hay muchas ofertas, no ideales… pero trabajo a fin de cuentas. — No se adaptan a lo que busco -dijo sin querer entrar en detalles, pero tras una pausa añadió-. Demasiados hombres, no me gusta. — He vivido los últimos ocho años aquí. Pocas mujeres y demasiados hombres, te entiendo. Pero no quiero que presupongas nada porque seguramente te equivocaras -Advirtió el desconocido con picardía. — O tal vez no -aventuró con una sonrisa-. Los rodeos me aburren. ¿Quiere ir al grano? — Estoy buscando una fisiote****uta y… -Olivia tuvo que hacer un esfuerzo por no poner una cara rara, no consiguió evitarlo. ¡Hombres!-… En este pueblo no hay demasiadas mujeres, mucho menos las adecuadas o interesadas en hacerlos. — Que raro -ironizó. — Mira, pequeña -A la joven le chirrió que la llamase de esa manera, ya había perdido la oportunidad de convencerla diese el argumento que diese, pero le dejó terminar-. Sé como puede parecerte esto: Un viejo desconocido viene y te propone que le hagas un masaje. ¡Por favor! -Hizo una mueca divertida mientras se frotaba las manos-. Pero a mí me gustan los masajes, y el dinero créeme que no es problema. No hablamos de nada raro: Un simple masaje de hombros y espalda. No te obligaré a nada, y si insinúo algo que no te gusta… coges la puerta y te vas. Pero si todo va bien… Yo me llevo el masaje, y tú el dinero. Y si quieres, te conviertes en mi fisiote****uta personal. — Y seremos felices y comeremos perdices -se burló con una sonrisa sarcástica. Intentó no demostrar que lo que había escuchado le había gustado. El maduro se paseó frente a la verja, antes de proseguir. — No se trata de felicidad, se trata de sacar un beneficio. Tú necesitas un trabajo, y yo quiero que una chica me haga masajes. — No soy fisiote****uta. — Tampoco eres un pueblerino ni una vieja amargada -evidenció Andres-. Voy con la verdad por delante: Quiero una joven bonita, con manos suaves y cálidas que me de un buen masaje… y pago muy bien por ello. Olivia cruzó los brazos y titubeó sobre si dar una respuesta. Apoyó todo su peso sobre un pie, y luego lo pasó al otro; se mordió el labio. Hizo todo lo posible en buscar pegas y poder decir que no, pero no fue capaz. — Yo… -Su interlocutor guardó silencio. Muchas preguntas exigían respuestas en la cabeza de Olivia, pero solo una consiguió separar sus labios y emitir una palabra:-. ¿Cuánto? — Veinte y treinta euros es lo que suele cobrar un fisiote****uta por una media hora, ¿Cierto? Eliminemos el problema de la ecuación: Setenta euros la media hora -Al escuchar la cifra, a Olivia se le desencajó la mandíbula-. Sí, setenta euros la media hora -repitió aquel hombre. Olivia no habló de esto con nadie, ni con su novio. ¿Qué fue lo que le hizo aceptar? ¿La necesidad o la tentación de conseguir dinero fácil? ¿Intervino algún otro factor? Al caer la noche, la joven hizo el amor con su pareja sin apenas emoción, de manera casi rutinaria. Ambos eran unos sosos: La culpa era de los dos, de el por tener poca iniciativa y ninguna motivación para experimentar, y ella por consentir su pasividad. Aquello comenzaba a aburrirla, y más con el tema de usar siempre el condón, pero no era algo a lo que ella pudiese obligarlo. Se convenció de que no iba a pasar nada más, solo eran masajes de hombros y espalda. Si él intentaba cualquier otra cosa, ella rompería el trato y no volvería a hacerle más masajes. Por la mañana sus padres, su novio y sus hermanos se fueron a realizar su rutina diaria al trabajo y al instituto. Se enfundó el chándal viejo y la camisa blanca con pequeños agujeros para ir a casa de su vecino. Tras un paseo y tras cruzar el jardín picó a la puerta y este le abrió en bata; con una sonrisa la dejó pasar. *** Olivia se miró al espejo, intentando pensar como lo haría cualquier hombre. Intentó encontrar motivos como que por ejemplo iba demasiado provocativa, o que dejase entrever algo que diese lugar a malinterpretar algo. Llevaba puestos unos pantalones de chándal, no transparentaban sus curvas femeninas, pero no podía decir lo mismo de la camisa que, pese a estar vieja y agujereada (por eso la había elegido), no disimulaba el contorno de su silueta femenina, ni del escote imponente bajo esta. Se maldijo a si misma por no tener más ropa y más adecuada, pero no podía hacer nada. Entonces fue a la cocina, donde destapó la olla que había sobre el fogón en la cual se estaba calentando aceite de oliva. Andres le había pedido que así lo hiciera y, mientras se calentaba el aceite y este se duchaba, ella tenía que proteger el sofá con toallas que este le había prestado. Se dirigió al salón, donde frente al televisor se encontraba un sofá de piel de dos plazas. Colocó tres filas de toallas con el fin de proteger el mueble del aceite. Le sobró algo de tiempo, así que se puso a husmear por el salón. De fondo sonaba una relajante música de saxo, y más a lo lejos se escuchaba el ruido de la ducha; aprovechando esto abrió disimuladamente cajones y armarios, encontrando todo tipo de cosas, algunas tenían pinta de muy caras y, en el último de esos cajones, encontró cajas y cajas de condones, con multitud de estos fuera del envase. Aquel era el pretexto que necesitaba para mantenerse alerta a partir de aquel momento, quizás estaba siendo presuntuosa pero… ¿Para qué quería tener tantos condones en un lugar donde no había casi mujeres? ¿Tenía amantes? ¿Una pareja? ¿Quizás mujeres que lo visitasen desde otros pueblos o ciudades? El agua dejó de sonar a lo lejos, y Andres no tardó en llegar al Salón con el torso y el cabello húmedos. Se encontraba totalmente desnudo, excepto por una toalla que le tapaba los muslos y la entrepierna. — ¿Todo listo? — Sí -dijo con calma. Hasta que se acordó que había dejado el fogón encendido y corrió a pararlo. — Tranquila, pequeña. No tengas prisa, sería desafortunado que ocurriese un accidente con el aceite. — Lo siento. ¡Lo siento! -exclamó Olivia nerviosa desde la cocina mientras apagaba el fuego y apartaba la olla. — Hazlo con tranquilidad, esperaré aquí. No hay prisa -dijo el anfitrión desde el comedor. La hija de Sandra, agarró un cucharón sopero y traspasó dos cucharadas a un tazón de porcelana. Estaba tan caliente que casi se quema la palma de la mano-. Bueno, mientras tanto cuéntame. ¿Qué piensas de Villamacho? ¿Estás a gusto? — Está llena de hombres, lo que no sería un problema si hubiese más mujeres, o más establecimientos como bancos, cines, restaurantes… Pero para casi todo hay que ir a Sexópolis. — Te entiendo. Debes sentirte atrapada. Y encima, teniendo tan idealizada las relaciones… — ¿Perdón? -Cuestionó ella dándole la oportunidad de lanzarse o rectificar. — La fidelidad de pareja. ¿Tienes novio, no? — Por encima de todo -respondió la joven mientras llevaba el tazón hasta el salón. Andres suspiró. — Te envidio… Todos somos como tú en algún momento de nuestra vida, pero la experiencia desilusiona mucho a la larga. — ¿La fidelidad es una gilipollez? -preguntó maliciosa, pero Andres no hizo más que reír. — No. La fidelidad es esencial con la persona adecuada a nuestro lado, pero lo que es una gilipollez es ser fiel a alguien que no vale la pena -``El lobo empieza a mostrarme sus colmillos. ¿Eh?´´ medito para sus adentros. — El mío lo merece. — Por supuesto, eso se dice en la mayoría de casos -sonrió antes de continuar-. Yo tuve una esposa, la madre de mi hijo Satur, y los tres llegamos a este pueblo hace ocho años. Dejé de pertenecerle cuando me traicionó. — ¿Te fue infiel? -preguntó con curiosidad, apoyando su culo contra la mesa, esperando a que se enfriase un poco el aceite. ``O quizá fuiste tú el infiel´´ pensó. Andres no respondió. Se le ensombreció el rostro, se levantó y se retiró la toalla que cubría sus intimidades, dejando a la vista un enorme pene en reposo. Olivia apartó la vista avergonzada, su corazón empezó a martillearle el pecho. — Oh, perdona. Tendría que haberte avisado, para mi es natural la desnudez. — No importa -logró decir la joven al tiempo que intentaba mantener su mente en blanco sin tener demasiado éxito. Esa polla era dos o tres veces más grande que la de su novio. ¿¡Pero qué demonios!? El hombre se estiró boca abajo en el sofá, sobre las mantas y esperó. — Allí tienes un reloj. Media hora de masaje, quedamos. ¿Verdad? — Sí -no fue capaz de decir nada más. No se entendía a si misma… ¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Por qué le palpitaba tan fuerte el corazón? ¿Era por habérsela visto? Se sintió una guarra y tremendamente culpable. Pensar en su novio le alivió, y a los segundos de haber mojado sus manos en el aceite comenzó a esparcirlo por los hombres, remojándolas de manera ocasional mientras mantenía totalmente lubricada la espalda; tenía una piel muy dura, pero suave. Se concentró en hacer el masaje de diferentes formas, cambiando su patrón de movimiento, haciendo más y menos presión… — Una pena que tu madre sea profesora, seguro que se le da bien hacer masajes tan buenos como los tuyos. — ¿Por qué? Ni siquiera la has visto. — Sí que lo he hecho; llevo cada día a Satur al instituto, y como ya conozco a la directora… — ¿Te gustaría entonces que mi madre te hiciese un masaje? -inquirió falsamente juguetona. Le interesaba saber hasta dónde podía llegar, y mostrarse abierta podía abrirle muchas puertas. — Sí, me gustaría. No suelen verse por aquí chicas tan bonitas. Sois una alegría para la vista. — ¿Entonces le pedirías un masaje? — Estaría bien. ¿No? Teneros para mí solo haciéndome masajes. — Y yo que creía que tenías suficiente conmigo -le reprochó. Se preguntó si estaba yendo demasiado lejos, no quería darle una idea equivocada, pero gracias a su papel ahora sabía que estaba interesado en su madre también. — Tus masajes son buenos, pero me gusta la variedad. Igualmente… -añadió-. Solo era un comentario inocente. — Ya -Olivia estuvo tentada de insistir y ver hasta donde era capaz de llegar; sus verdaderas intenciones le preocupaban, y le encantaría dejarlo ahí colgado por haberse pasado de listo; pero había mucho dinero en juego, y no podía permitírselo. Al terminar el masaje recogió y recibió el dinero en mano. Setenta euros por poco más de cuarenta y cinco minutos en total, incluyendo todo lo que no era el masaje. Si durante este había tenido ganas de provocarle para ver sus verdaderas intenciones y no volver a trabajar para él, se le quitaron tras cobrar. Si lo hacía bien, y cobraba setenta euros cada día por poco más de cuarenta minutos… ¿Por qué iba a parar? 1.2 Esposa, madre y… ¿Profesora? Su esposo rodó sobre ella y cayó a un lado de la cama, soltando bufidos de cansancio mientras su tórax subía y bajaba debido al sobreesfuerzo. No había sido siempre así, pero la enfermedad cardíaca le limitaba mucho en el acto amoroso. — ¿Te tomaste las pastillas antes de hacerlo, cariño? -Joaquin asintió-. Hoy has estado genial -Mintió piadosamente mientras con una mano le acariciaba la sudorosa mejilla y con la otra se introducía dos dedos en el interior inundado con la semilla de su esposo. — ¿A qué sí? Hoy he durado más que de costumbre -presumió este con la cabeza bien alta, se inclinó y le dio una apasionado beso que ella recibió gustosa. — Lo he notado… — ¿Te has corrido, no? Lo he notado, estabas muy caliente… -susurró el hombre al oído. Eso excitó todavía más a Sandra, que se removió sobre su lado de la cama, se puso a cuatro y gateó sobre su marido. — Sigo muy caliente -aseguró mientras dejaba caer sus enormes pechos sobre la cara del padre de sus hijos. Se llevó dos dedos a la boca para luego llevárselos al clítoris. Se sintió muy sucia al masturbarse sobre su marido, y le encantó-. Bésame, idiota… Joaquin, hipnotizado y con la respiración más normalizada, obedeció mientras se concentraba en hacer que su miembro volviese a venirse arriba. Una vez lo consiguió, fue a metérsela. — Espera… Ponte condón -suplicó ella. Joaquín hizo caso omiso haciéndola caer de espaldas y metiéndosela. — A la mierda el condón, soy tu esposo y te follo como quiero. — ¡Sí…! Soy tuya. Hazme lo que quieras. ¡No pares! -suplicó ella clavando las uñas sobre sus nalgas, invitándolo a partirla en dos-. Sigue. ¡No pares! ¡¡Más fuerte!! -gritó sin contenerse. Ambos iban a llegar al punto de no retorno, pero él llego antes con una descarga de leche-. ¡No pares! Cariño, por favor… — Eso intento… ¡Eso intento! -gimió él cerrando los ojos e intentando alargar unas embestidas que ya no sentía. Su polla tardó un parpadeo en reducirse, y a pesar de seguir con unas torpes embestidas estas ya no producían ningún placer a su esposa; esta se mordió el labio frustrada. — Tranquilo, cariño. Me ha dado tiempo de disfrutarlo… — Lo siento, amor. Hoy ya no puedo más… -dijo exhausto mientras se llevaba la mano al esternón, condenando a su pareja a otra noche más de insatisfacción carnal. Se masturbó en silencio, desde su frio lado de la cama. Su esposo ya estaba roncando, y en poco más de cuatro horas debía levantarse. No iba a poder dormir con aquel calentón, y tardaría mucho en lograrlo, antes de quedarse dormida y medianamente satisfecha. Al sonar el despertador, le dolió abrir los ojos. Deseó seguir durmiendo pero se levantó; se encontró con su marido bajo el agua de la ducha, y poniéndose este cariñoso dándole besos con un contundente abrazo, le correspondió con una paja mañanera que no terminó en finalizar. Bajaron a desayunar, se vistieron y se asearon los dientes y los cuatros fueron en coche hasta sus destinos, primer dejando a Sandra, Pedro y Jaume en el instituto para luego Rob y Joaquin ir en coche hasta la granja. *** — Ya te he dicho que no quiero que vengas así al instituto -El dedo índice casi le sacó un ojo. La fea, obesa, vieja y amargada directora del instituto no la tragó desde que llegó, y continuamente la reprendía y amenazaba. Para esquivar el dedo, Sandra tuvo que ponerse bizca y echar la cabeza hacia atrás, intentando no perder el equilibrio-. Me tienes a los chicos revolucionados -dijo mirándola con un gesto de repugnancia desde los tacones hasta el peinado. La nueva profesora llevaba una minifalda negra muy ajustada, que cuando se inclinaba para recoger algo, el milagro era que no se partiese por la mitad; y el torso lo tenía cubierto por un top apretado por el ombligo y de generosa vista por la zona de los pechos, a los cuales dejaba libertad, pese a que estos estaban reprimidos por el sujetador. También llevaba el pelo recogido en una coleta, y unas gafas para ver de lejos que le otorgaban un aspecto de secretaria. Un mechón de pelo le caía continuamente desde la frente y tenía que soplar para apartárselo. — Pero… Pero… — No hay peros que valgan -inquirió sacando pecho la directora. — Es lo primero que he encontrado. — ¿Me vas a decir que todo ese modelito que llevas es casual? -inquirió con evidente envidia, incrédula-. Es indiferente. Eres una pervertida, una fulana, una sucia. Esto es un instituto, no un lupanar y tienes que venir a tono. ¿Me has entendido? — Sí, señora. — Bien. A partir de mañana vendrás con tejanos largos o chándal, falda larga si le prefieres, pero nada que sea sugerente. ¿Me has entendido? — Sí, señora. — ¡¡Y tápate ese escote!! ¡Ya! -sentencio antes de irse echa un basilisco. Solo le faltaban los cuernos, las alas y el tridente. El instituto de la monja tuerta era especial. En Villamacho había chicas de diferentes edades, sí. Pocas pero las había; pero debido a su escaso número y a los continuos problemas que habían surgido; el alcalde y los habitantes del pueblo, habían decidido confinarlas en un colegio femenino. No era más que un pequeño centro, pero que a la larga suponía más una solución que un problema. Lamonjatuerta contaba con ciento cincuenta y tres alumnos en total; alumnos con edades que oscilaban entre los siete el más pequeño y diecinueve, el más grande. El reducido número de estudiantes no evitaba dar las clases de una manera productiva. Si en el pueblo había seis maestros, entre los que ahora se encontraba Sandra. Solo tres de ellos acudían a enseñar al instituto masculino, mientras que los otros tres acudían al centro femenino. Habían decidido, que era mejor subir el nivel de los pequeños y bajar el de los mayores, a fin de mezclarlos por clases y no por edades. Esta era la mejor solución. Debido a que había tantos alumnos de edades tan dispares. Sandra tenía que dar clase cada día a al menos ochenta alumnos en total, y debido a esto, los niños pequeños la veían como una profesora, mientras que los adolescentes la veían como lo que era, una mujer. Pero los chicos no eran los únicos, los otros dos profesores también la acechaban como hienas hambrientas, aprovechando cualquier motivo para sociabilizar con ella. Sandra, al contrario que su hija, siempre respondía con amabilidad y entusiasmo sin desconfiar por un segundo en sus buenas intenciones. Se sentía muy arropada tanto por sus compañeros docentes como por sus alumnos, los cuales la adoraban. Mientras que los docentes buscaban cualquier signo de debilidad para explotarlo y lograr intimar con ella; los alumnos que habían alcanzado la madurez sexual, no eran tan considerados. Encontraron en Sandra la musa de sus sueños, la que los motivaba a ejercitar el brazo cada mañana, tarde y noche con cualquier excusa. Muchos de ellos, movidos por la picardía, habían propuesto a la profesora recibir clases particulares, pero esta se negaba debido al poco tiempo libre que le quedaba. Lo tenía, pero a su juicio era injusto dedicar unas horas de horas extraordinarias a unos alumnos y que otros se quedasen sin su oportunidad. — ¿No puede ayudarme? Es que esta lección no la entiendo… Podríamos quedar estar tarde para… — Oh, lo siento, cielo. Estos días no dispongo de tiempo para dar clases particulares… Una vez me haya adaptado al ritmo hablaré con la directora para establecer un horario especial para clases extraordinarias. ¿Sí? — P… Pero… Yo me refería a… — Sandra esperó pacientemente a que su alumno construyese la frase, el cual sudaba a chorros y no paraba de tartamudear con nerviosismo-… pudieses venir a… mi casa y… — Lo siento mucho. Encuentro halagador tu interés por aprender, pero tienes que tener en cuenta a tus compañeros. Muchos me piden lo mismo que tú, y no puedo dar un trato preferente a nadie… El decepcionado estudiante bajó la cabeza y se retiró lo más dignamente que pudo. Sandra continuó su camino por los pasillos del centro hasta que fue abordada por otro alumno: Satur, el hijo de Andres. Previamente este ya había contactado con ella mediante su hijo. — Profesora -su voz era baja y aguda, muy tímido. No era capaz de establecer contacto visual con ella. — Traes otra nota de tu padre -preguntó con dulzura mientras alzaba la mano para que le diese la carta. Satur se la dio. — Ya le he dicho a tu padre que no puedo darte clases particulares… — Y… Yo… -empezó a decir, pero no continuó. Aprovechó que su profesora estaba concentrada en la carta para echar un vistazo a su escote y quedarse hipnotizado con él. — Ya veo. Es tan insistente que tendré que decirle que no en persona; no puede ser que use a su hijo de esta manera. — Sí… -dijo asintiendo el chaval autista. Iba a marcharse, pero la mujer lo atajó. — Espera, quiero que le entregues algo a tu padre, acompáñame al despacho -dijo guiándolo hasta allí, donde agarró un papel cuadrado y le escribía un mensaje, seguidamente se lo dio-. Dile que no espero respuesta, que venga a verme a la hora que le he marcado. Satur se retiró sin despedirse, y a Sandra le tocó ir a la siguiente clase donde exhibió su cuerpo y sus conocimientos frente a la pizarra. Los más pequeños prestaban atención con interés, mientras que los mayores hacían crueles chistes y referencias sexuales hacia su profesora, sin embargo, nadie se atrevió a faltarle al respeto. Sandra era allí como una diosa, ya que pocas mujeres veían a diario, y ninguna como ella. *** Andres esperaba frente al despacho docente vestido con una camisa formal sencilla, cuyos botones superiores desabrochados exhibían un torso contundente. El laborioso trabajo en su huerto y gimnasio privados lo mantenían en forma, y eran muchas las mujeres que se volvían locas con solo ver su figura. Sin embargo, Sandra demostró ser inmune a sus encantos cuando lo recibió con un apretón de manos y le hizo pasar. No sucedió lo mismo con el padre de Satur, que se quedó impresionado al ver la mujer de cerca. — No se confunda. Mi respuesta es y seguirá siendo no -contestó con profesionalidad. Andres se sentó sin permiso alguno sobre la silla y colocó una pierna por encima de la otra mientras se cruzaba de brazos, intimidante-. No tendría problema en darle clases a su hijo, mas muchos de sus compañeros están solicitando clases particulares… por lo que no procede -el aludido hizo una mueca mostrando su desacuerdo pero no dijo nada-. ¿No va a decir nada? Tras unos instantes de silencio, Andres clavó su vista en los pechos de la mujer de manera descarada antes de hablar. Entonces liberó el cruce de sus brazos y junto las dedos de sus dedos, formando una pirámide con ellos. — Conozco bien a los hijos de mis vecinos. Son zopencos que están en plenas facultades y pueden estudiar por sí mismos. Mi hijo, por el contrario, no -argumentó sin andarse por las ramas, alzó una ceja inquisitivo; la pelota estaba ahora en su tejado. — Es cierto. Pero estaría dando la impresión equivocada. — ¿Cuál? — Favoritismo. Y no voy a dar preferencia a ningún solo alumno. — Yo no lo veo así. Una cosa son los derechos y privilegios de los alumnos, otra muy distinta es la capacidad y necesidades de cada uno. Y deberá excusarme, pero mi hijo es muchísimo más dependiente que cualquier otro en este centro. ¿Me negará eso? -Contraatacó el padre del autista con tranquilidad. Era una batalla que se desarrollaba en la calma en la paciencia; ella misma se iría quedando sin argumentos antes de acabar accediendo. Sandra se inclinó hacia adelante tras sentarse, incómoda. Después hacia atrás, pensativa y chasqueó la lengua antes de continuar. — Vera, señor… -la profesora no recordaba su nombre, seguramente porque se le había olvidado presentarse. — Andres, y puede tutearme. — Verá, señor Andres -insistió ella marcando territorio-. Es cierto que su hijo necesita clases extraoficiales. Tiene problemas de memoria, de concentración y absorción de conocimientos -irónicamente, Satur era uno de los pocos estudiantes de los que se acordaba debido al número repetido de veces que su padre le había hecho hablar con él-… También problemas para relacionarse, pero yo no estoy… — Está usted más capacitada que los otros profesores. — Hay otros dos profesores -insistió ella como si no le hubiese escuchado-. Y ninguno de ellos está recibiendo solicitudes por parte de los alumnos… entonces como entenderá, ellos tendrán más tiempo libre para… — Eso no será posible. En lo referente al profesor Ramírez, he tenido desencuentros con él. No es la clase de profesor que deseo para mi hijo -la atajó Andres, fingido estar dolido-. Sobre el otro profesor… ¿No cree usted que si los alumnos no quieren hacer horas extras con ambos será por algo? -Sandra guardó silencio-. ¿Será quizás porque no tienen vocación para enseñar? ¿No tienen paciencia para hacerlo? ¿No tienen empatía a la hora de tratar con los alumnos? Dígame usted, señorita. ¿Si cualquiera de esos dos, sino los dos, son los motivos por los que los alumnos no los quieren como profesores… ¿Cómo espera que yo los imponga a mi hijo? — Señor Andres -murmuró en un errado intento de interrumpirle. Pero autoritario, el padre se levantó mientras apartaba con suavidad la silla. — Mire, señorita. Quiero lo mejor para mi hijo, y es usted. Quiera o no quiera reconocerlo. Si tenemos que hablar de remunerar las horas que empleé, no hay problema. De hecho, merecerá la pena el dinero que tenga que invertir… No es como si hubiese profesores particulares por aquí cerca… ¿Me sigue? -Sandra se levantó, completamente derrotada y se dirigió a la puerta. — Si le parece, señor Andres… Dejamos la discusión aquí y ya iremos hablando sobre ello. — No me cabe duda… -contestó mientras abría la puerta y salía al exterior seguido de la profesora. En todo momento no dejó de marcar el ritmo de la conversación:-. Se nota que usted tiene vocación para enseñar, me conmueve. Espero que, a mi juicio, haga lo correcto -Hizo una pausa-. Mi hijo no puede asistir a esas clases fuera de horas que ha propuesto a los chicos, pero le vendría muy bien poder estudiar algún tiempo en casa. ¿Me sigue? A Sandra se le ocurrió una genial idea. — Quizá mi hija podría… — Con todo el respeto, yo quiero una docente -repuso con frialdad. Claramente m*****o por haber metido a su hija en la discusión-. Seguro que su hija está capacitada para dar clases a cualquier niño normal, pero dudo mucho que haya estudiado magisterio, y mi hijo necesita un trato… especial. — Ya lo hablaremos, entonces. Pero deje de usar a su hijo como mensajero. — Entonces nos veremos mucho, a partir de hoy. Por mi hijo hago lo que sea -añadió antes de apretar su mano en pos de despedida. Sandra ni se había dado cuenta de lo perversas que eran las intenciones de Andres. Solo supo malinterpretar su insistencia como amor desmedido de padre, algo que provocó en ella un sentimiento de ternura. Ambos sabían que aquella discusión ya se había decidido y solo quedaba fijar los términos. La profesora daría clases particulares a Satur en su casa. 1.3: Todo final feliz tiene su precio Andres ronroneó al sentir todo el peso de Olivia presionando contra su aceitosa espalda. La joven masajista se había sentado sobre este, clavando su culo contra la parte más inferior de la columna, en la zona lumbar. — Esas manos que tienes son mágicas, pequeña -susurró mientras gemía de placer, provocando en Olivia una sonrisa de satisfacción y de orgullo. — ¿A qué sí? — Deberías dedicarte a esto… — Me lo estoy pensando. Es un trabajo fácil, sin complicación y… bien remunerado. Bueno -hizo una pausa y remedió su error-, al menos contigo. — ¿Y qué te parecería cobrar más? -inquirió con curiosidad. Sondeó el terreno antes de lanzar una bomba que tenía preparada desde hace días. — ¿Más? ¿Más por qué? -Olivia hacía días que lo esperaba. Y demasiado había tardado en proponer algo que, seguramente, iba a ser indecente. — Masaje -aclaró con tranquilidad, como si no hubiese motivo para desconfiar. — ¿Me vas a pagar más por estos masajes? -Le cuestionó ingenua. —Por masajes como estos no. Por otros muy parecidos -le corrigió poniendo énfasis en la última palabra. — ¿Qué clase de masajes? -inquirió por puro postureo, porque la respuesta ya se la imaginaba. — Masajes con final feliz -concluyo. Era inútil andarse con rodeos; la hija de Sandra no se parecía en nada a su madre, y era muy perspicaz. Esta reaccionó deteniendo el masaje, levantándose y apartándose. — ¿Qué te has pensado que soy? ¿Una puta? Andres continuó estirado, sin inmutarse. Se esperaba aquella reacción, y otras mucho peores. — ¿Sabes lo que es una puta, pequeña? Una prostituta es una mujer que alquila su cuerpo a cambio de dinero, yo te estoy diciendo que alquiles tus manos, no tu cuerpo. — Me estás jod… — Te estoy invitando a aumentar la intensidad de los masajes, y un ligero cambio de localización. No que hagas nada indecente. — Vamos, que te haga una paja -Evidentemente, la labia del madurito no servía de nada con ella. — No vas a ser infiel a tu pareja. No vas a darme besos ni abrazos, no te voy a tocar -argumentó con frialdad. Olivia no reaccionó, no supo que decir-. Tampoco te vas a desnudar, y repito, no voy a tocarte. No me vas a pertenecer, ni voy a hacerte nada -Andres supo que ella estaba en su interior asimilando lo que estaba oyendo. Su temperamento era irascible y desconfiado; a pesar de eso, era una buena señal que no hubiese estallado todavía. — Eso que dices es de guarras. — Pequeña, ya te he aclarado lo que es una puta pero… ¿Sabes lo que es una guarra? Una guarra es una mujer infiel; de la misma manera que el guarro es infiel a su pareja. ¿Eres infiel? -Ella no reaccionó. — Sería infiel si aceptase esto… — ¡Claro que no! Has estado dándome placer desde que empezaste con los masajes. ¿Qué diferencia hay entre estos y los que te estoy proponiendo? — Obviamente lo sucios que son. Son… — Masturbación, pero masajes al fin y al cabo. Llegas aquí, lubricas la zona como lo has hecho hasta ahora y me haces un masaje. Cobras, y te vas. No tienes que hacer nada más. En el momento en el que yo te proponga algo que, a tu juicio, sea impuro o te ponga en una situación comprometida… Niégate. — Ya de por sí me pones en compromiso al pedirme esto -gruñó m*****a. — Míralo así: Me has estado frotando y acariciando la piel con tus manos… — ¡De tu espalda! -explotó furiosa, incapaz de comprender como Andres no era capaz o no quería ver la diferencia. — Y la única diferencia es que pasarías a masajearme otra parte del cuerpo. — Y hacerte una paja. — Sí, y cobrarías veinticinco euros más. Eso suman noventa y cinco euros por masaje. Evidentemente no serían solo treinta minutos, sino hasta que eyaculase… Pero si no quieres, no pasa nada. Puedes continuar haciendo lo que hacías hasta ahora… Pero piensa que no serías infiel, porque no sacarías placer de esto. El corazón de Olivia estaba a punto de colapsar, notaba verdaderos martillazos en su pecho. — ¿Qué tal si no hago más masajes? -Le amenazó, haciendo un amago de chantaje. En algún lugar de su cabeza surgió la idea de hacerle pagar los veinticinco euros más por seguir dándole el masaje en la espalda. — Tú misma. Si puedes prescindir de los setenta euros que cobrabas… -Olivia se paseó indecisa por el salón. — Debería decírselo a mi novio. — ¿Deberías? -Andres se rio-. ¿Le has dicho hasta ahora alguna vez que me estás haciendo masaje? — No -respondió a regañadientes. ``¡¡Qué idiota he sido!! Me he metido en un callejón sin salida yo sola´´ le dieron ganas de llorar de la impotencia. — No quedaría demasiado bien que se lo dijeses ahora, y no te estoy chantajeando. Eres libre de irte y no volver, de continuar haciendo lo mismo… o de subir la apuesta. — T… Tengo… Tengo que pensarlo -Estaba mentalmente agotada. No se podía discutir con aquel hombre, y la idea de ganar veinticinco euros más la seducía por completo. Eran casi cien euros por media hora… ¿Pero cuanta pasta tenía ese hombre?-. ¿Solo las manos? -preguntó de repente, mordiéndose el labio inferior mientras miraba a través de la ventana. — Solo con las manos -respondió desde el sofá sin dejar de mirarla-. Evidentemente hasta que me quede satisfecho, sin tiempo límite. Y si tienes que abandonar porque no consigues hacer que acabe… Cobras veinte euros, y ya está. El madurito sabía que no debía premiar los abandonos, sino castigarlos. Por muy injusto que fuese. Olivia ya había sido seducida por la idea; por lo que se levantó, se puso la toalla y le dio treinta y cinco euros por no haber terminado el masaje, invitándola a que se fuese a su casa y lo pensase donde llegó, se duchó y se fue a la cama. No pudo pensar en otra cosa; por la noche no se le ocurrió nada mejor que hacerle una paja a Rob, este se resistió, pues quería mucho más que aquello, pero ella insistió. ``En realidad, hacerle una paja a un hombre ni siquiera es tan complaciente para ellos. Es como estar hambriento y comer una manzana´´ pensó mientras veía pensativa a su novio disparar chorros de leche hacia la oscuridad de la habitación, ya lo limpiaría mañana. Iba a aceptar la oferta. Se prometió a sí misma no consentir nada más que pura masturbación: Ni desnudos, ni exhibiciones ni tocamientos. Simplemente un masaje… … con final feliz. *** No pudo dormir aquella noche. Esperó haciéndose la dormida hasta que su novio se fue, se duchó y bajó a desayunar. En silencio ordenó sus pensamientos mientras se comía unas deliciosas tostadas y estuvo viendo la televisión hasta la hora acordada. Entonces se vistió con una camisa sugerente, donde hacía énfasis a aquellos enormes pechos que había heredado de su madre y se dirigió a casa de Andres. Por el camino se recordó a sí misma todas aquellas promesas que se había hecho sobre lo que no iba a permitir que sucediera, y al picar a la puerta, Andres abrió ataviado con la bata blanca que acostumbraba a llevar. Estaba serio, y no sonreía, pero tampoco se mostraba antipático e intimidante. Su rostro transmitía tranquilidad y desasosiego, pero agradeció que no se burlase o se tomase aquello a broma. Olivia estuvo preparando el aceite, calentándolo como hacía siempre y lo llevó hacia el comedor donde Andres esperaba totalmente desnudo estirado boca abajo, con una toalla tapándole el trasero. No había música de fondo, ni tampoco había lugar para las palabras; ella se arrodilló con las manos impregnados en el caliente aceite y, una vez se dio la vuelta, Olivia metió la mano bajo la toalla para agarrar una enorme erección. — Veo que estás listo… -observó resignada mientras apartaba con la otra mano la toalla. Necesitó ambas manos para agarrar la enorme y sudorosa polla de color oscuro, era pesada y se le marcaban enormes venas. A su lado, la polla de su novio parecía de juguete. Intentó no pensar en aquello, y empezó a menearle el rabo a dos manos. El aceite caía en enormes gotas sobre la pubis del madurito, el cual se había llevado las dos manos a la nuca, con una ligera sonrisa al tiempo que respiraba con absoluta tranquilidad. No hizo falta demasiado tiempo, seguramente llevaba algún tiempo sin eyacular lo que evitó malgastar bastante tiempo innecesario. Sintió en las palmas de los espasmos, que eran una vibración más similar a la de un tambor que a la de un móvil si la comparaba a la polla de su novio. Estaba absorta en el movimiento de su mano, hipnotizada. Los espasmos se volvieron más violentos hasta que salieron disparados goterones de leche, los cuales le cayeron encima de la ropa, del sofá y del suelo. No pudo reprimir un grito de sorpresa, y posteriormente de rabia al ver que su ropa se había manchado. — Lo siento mucho… Tenías que estar preparada para recogerlo… — S…Se… Se me había olvidado -se excusó enrojecida. Se llevó una mano a la boca y posteriormente la apartó al acordarse de donde había estado-. ¿Y el dinero? -replicó con brusquedad mientras se disponía a recoger, presa del nerviosismo. — Te lo deje encima de la mesa y… Puedes irte. Recojo yo. No replicó. Fue la primera de muchas pajas, y lo sabía. Ya no había vuelta atrás para ella. Por la noche se destensó echándole un buen polvo a su pareja, pero a pesar de eso soñó con una enorme polla cerca de su cara. El pollón de su novio la partía por la mitad tras metérsela, matándola de placer con cada embestida. Cuando el sueño avanzó se dio cuenta de que no era la polla de su novio. No era su novio quien la estaba empalando. 1.4 Amantes del deporte — Eso no fue en lo que quedamos -gruñía malhumorada Sandra mientras apilaba los libros entre sus manos-. No podrás irte a tu cuarto hasta que completes al menos los dos últimos ejercicios. ¿Entendido? -Su joven aprendiz, la miró suplicante, desesperado cual conejito asustado-. No, no me mires así. Ponte con estos ejercicios y no tardaremos… Incluso pudiendo darle toda la atención, era un verdadero suplicio darle clases. No servía para aquello, y pese a ser siempre paciente y comprensiva con los alumnos, incluso con los más tozudos y desesperantes, no tenía la habilidad necesaria para tratar a autistas como él. Era consciente de que no era un alto grado de autismo, y con mucha paciencia se podía tratar con él, pero era como intentar abrir una caja fuerte sin saberse la contraseña. ¿Qué se podía? Eso habría que verlo. Satur no carecía de la capacidad necesaria para resolver aquellos ejercicios, no porque le faltase inteligencia, sino porque era superior a él dedicarles el más mínimo esfuerzo, por lo que encontraba cualquier motivo para abstraerse. Sandra se sobresaltó al oír exageradamente cerca la voz de su padre: — Satur, ves a tu habitación y descansa un rato. Después terminarás sin excusas lo que tu profesora te diga. ¿Entendido? -El aludido lo miró en silencia, se levantó y se fue sin dar a entender que estuviese de acuerdo. A la docente le m*****ó muchísimo que Andres no le hubiese consultado antes, en lo que a ella respectaba. Ella era la encargada del chaval, y por lo tanto era ella la que decidía, pero estaba demasiado agotada como para discutir. — Debería haberme consultado, si soy su profesora, el tendrá que aprender a respetar mi autoridad… — Mi hijo no funciona así, pero si quiere perseverar en su error… -rio entre dientes-. Usted es la profesional -se mofó-. ¿Quiere un café? ¿Una infusión? ¿Un refrigerio? -Sandra asintió agradecida. — Un café con leche estará bien -consintió. El padre del estudiante tardó muy poco en volver con una bandeja de plata, dos tazones y un plato con pastas- No he añadido nada al café, ni la leche ni el azúcar. Le he traído leche condensada por si es de su agrado; sírvase usted misma. Sandra no contestó, metió en el café dos tarrones de azúcar y un poco de leche, además de la leche condensada y esperó. — Creo que ya nos conocemos lo suficiente como para tutearnos. — Así es -replicó con una educada sonrisa. No apartó la vista, a pesar de ser intimidada por ella. Aquel hombre le producía una extraña sensación. — Sandra -musitó el nombre de la milf, saboreando ambas sílabas. Hizo una pausa antes de continuar-. ¿Has pensado en lo que te dije? — Es… Tentador -confesó sin mirar a ninguna parte. Absorta en sus pensamientos. Agarró la cuchara y la metió en la taza para remover su contenido. — Entonces… -sostuvo sin continuar, invitándola a llevar la iniciativa de la conversación. — Creo que… me vendría bien hacerlo -Sandra soltó una risita antes de agarrar la taza y llevársela a los labios, mirando fijamente a su interlocutor. A Andres le creció la polla bajo el pantalón, le encantaban aquellos juegos de indirectas; sobretodo cuando la otra persona no entendía el verdadero significado de sus propias palabras. Sonrió en consecuencia, agarrando y sorbiendo el líquido de su tazón. — Me alegra encontrar una compañera de ejercicio. En este pueblo no hay gimnasio; una pena. — Podrías ir Sexopolis. — Cierto, y agarrar el coche para tantos kilómetros, solo para ir allí a entrenar -explicó mientras agarraba una pasta y la mordisqueaba. Además… Está Satur, no puedo dejarlo solo -``Claro que puedo, autista pero no imbécil, ya ha demostrado que sabe hacer sus rutinas solo sin que le tenga que ir detrás´´ pensó mofándose en su interior. — Por una pequeña suma, yo puedo encargarme de vigilarlo. Así mataría dos pájaros de un tiro -propuso la madurita caminando peligrosamente entre la broma y la seriedad. A Andres no le interesaba el rumbo de aquella conversación. — ¿Y para qué voy a recorrer tantos kilómetros en coche, pudiendo entrenar aquí contigo? Nos ahorraríamos tiempo y mataríamos tres pájaros de un tiro. Sandra bebió el último sorbo del café antes de continuar la conversación. — Me propusiste hacer ejercicio como correr y estiramientos pero… No especificaste nada más. Ni qué tipo de ejercicio -añadió. La curiosidad le picaba, no la desconfianza. Realmente era totalmente opuesta a su hija. — Un poco de todo -atajó restándole importancia-. Un poco de futting por la montaña, yogas, pesas, máquinas… — Pero si aquí no hay gimnasio -le interrumpió riendo. — No hay gimnasio, pero yo tengo mi propia zona de ejercicio. — ¿Ah, si? -La madurita alzó una ceja soltando una risita condescendiente-. Me gustaría verla -Instantes después se encontraban ambos en un garaje modificado otro edificio independiente. El coche estaba metido, pero también había plataformas para entrenar diversas partes del cuello, entre ellas brazos y piernas, lumbares, y abdominales, hombros y un montón de pesas apiladas en el suelo. — Vaya… -musitó asombrada mientras se paseaba por el garaje. — Si te parece… Podríamos practicar antes o después de que des las clases a Satur. Giró sobre sí misma y miró al dueño de la casa aparentemente m*****a. — ¿Qué sucede? -inquirió este a la defensiva. — Cuando te registras a un polideportivo, puedes elegir las actividades a las que quieres participar. — ¡Es cierto! Que cabeza la mía -bromeó mientras exhibía una sonrisa sarcástica. Levantó brazo como si sostuviese un formulario y emuló escribir sobre él- ¿Qué desea la señorita? — Pues mire, me interesan el gimnasio, el yoga, el futting… — ¿Y la piscina? — ¿Tienes piscina? -inquirió sorprendida olvidándose de continuar con su rol. — Claro, hay piscina en la parte trasera de la finca. Y también ofrecemos clases de defensa personal… — ¡Nooo! ¡Siempre quise probarlo! — Yo soy el instructor. Prueba, y luego ya me dirás si te gusta. — Entonces en gimnasio, yoga, futting… También en piscina y defensa personal. Andrés estuvo a punto de proponerle un servicio de masajes, pero se lo replanteó y decidió que no era buena idea. — ¿Horario? — Entro a trabajar a las ocho de la mañana y salgo sobre las tres de la tarde aproximadamente… Y llego aquí sobre las ocho para dar clases a Satur. — Entonces tendrá que ser antes, porque después ya será muy tarde… — Sí, así es -afirmó ella. — ¿Qué tal de cuatro a ocho? -A Sandra se le formó una ``o´´ de exclamación en la boca. — ¿Quieres que muera de agotamiento o qué? -replicó cachondeándose. Andres malinterpreto esto último, pero no hizo caso. — ¿Y cuando empezamos? — ¿Qué tal si mañana probamos a ver qué tal? De momento vuelvo con Satur. Ya ha descansado suficiente. La madre de Olivia estaba entusiasmada. En Madrid, donde se hallaba su antiguo lugar de residencia, siempre había querido acudir al gimnasio pero por falta de tiempo y dejadez lo había ido dejando. Estaba ansiosa con la idea de poder hacer todas aquellas actividades y romper la rutina que se había adueñado de su vida desde que había llegado. Su marido y ella se amaban mutuamente, pero cuando llegaban por la tarde, casi entrada la noche, ya no tenía ganas de salir a dar una vuelva. Y aunque así fuese… ¿A dónde iban a ir? Los pueblos de alrededor eran igual de aburridos que este, y Sexópolis estaba demasiado lejos para ir; pasarían más tiempo conduciendo y aparcando que estando por allí, y no valía la pena si tenían que volver temprano para dormir, porque al día siguiente había que mad**gar. Sus hijos más de lo mismo, al llegar al pueblo se imaginó que pasaría más tiempo con ellos, pero no fue así. Y su hija pasaba más tiempo con su novio en el segundo edificio que en familia. Entonces apareció Andres, llenando ese vacío como solo un amigo podría hacer. Y puesto que en el pueblo no había mujeres de su edad con las que compartir tardes, solo tenía aquella opción. Además, se moría de ganas por hacer todo aquel ejercicio. Por parte de Andres, tenía en jaque a la hija con los masajes, y ahora también tenía la excusa perfecta en todos los sentidos para acechar y abusar de la madre: Deporte. Para él, no tardaría demasiado en tener a Sandra en Jaque. ¿Qué podía fallar? Tenía de sobra para las dos. 1.6 Traspasando límites Habían pasado dos semanas desde que Olivia había comenzado a hacer los masajes con final feliz al madurito de su vecino. Pese a que no había sucedido nada más que lo acordado, ella tenía la sensación de que se estaba empezando a obsesionar. Ya no era capaz de masturbar a Rob sin pensar en la polla de Andres, y la diferencias de tamaños le provocaba una preocupante insatisfacción. ¿Qué era psicológico? No era nada que ella no se hubiese dicho, pero saber eso no hacía que disfrutase más. No tenía intenciones de hacer nada más con Andres, pero sí estuvo sopesando seriamente la idea de terminar con aquello. No se sentía bien masturbando a otro hombre que no fuese su novio, por muy justificada que estuviese la causa de ganar dinero para su familia; tampoco le satisfacía pensar que solo usaba las manos, y la excusa de que ella no disfrutaba tampoco saciaba su culpabilidad. Estuvo pensando en contárselo a Rob, pero sabía que si lo hacía, se lo tomase bien, mal o peor; significaría el fin de la confianza entre el uno y el otro. Pese a esto, sí que se había notado más caliente y excitada que de costumbre. Era demasiado imponente ver a un hombre correrse, oír como se corría… incluso sentir sus espasmos de placer entre sus manos. En las últimas ocasiones, Andres le había pedido hacer un segundo masaje, al cual le pagaría la mitad de lo que le cobraba por el primero. Y evidentemente ella repetía, porque entre los dos se sacaba ciento treinta y nueve euros… ¿Cuántas personas podían cobrar aquello? Y durante el segundo masaje, mientras masturbaba aquella polla de aceitosa, pensaba en como se follaría a su novio cuando cayese la noche. Lo que no estaba segura es si esto lo pensaba porque realmente lo sentía, o lo hacía para no pensar en la excitación que empezaba a florecer. Durante más de una ocasión, tuvo que controlarse para no masturbarse durante aquellos masajes con final feliz, como la penúltima vez:>>
<< Olivia masturbaba con fuerza a Andres. Su polla estaba tan sudada y lubricada que hacía todo tipo de ruidos al subir y bajar la piel, lo hacía con una mano, mientras con el otro brazo se apoyaba sobre el pecho de Andres. — Tiene que ser muy duro -dijo él mientras colocaba la mano en su hombro. Ella no se la retiro. — ¿El qué? — Verme disfrutar tanto y no disfrutar nunca… Con malicia le devolvió la jugada. — Tranquilo, puedo sobrevivir unas horas. Cuando cae la noche mi novio me folla bien follada… Así se me quitan las tonterías -mintió con una sonrisa que impregnaba seguridad. — Estoy seguro. No creo que pudieses aguantar tanto si no fuese así. — ¿Qué no? -respondió picada, aquel día estaba tardando muchísimo en correrse y ella estaba agotada-. Claro que soy capaz. — No sé yo, no te lo tomes a mal pero… Se me a antojado… -dijo mientras llevaba sus dedos hasta los bordes de la camisa y tiraba de ella. — ¿Qué haces? -le increpó agarrándole de la muñeca sin dejar de masturbarle-. ¡Nada de tocar! — No te estoy tocando, solo quiero verte las tetas. — Eso tampoco. — El escote entonces -dijo levantando un poco la cabeza para ver a través del agujero que hacía estirando con sus dedos de la camisa. A Olivia se le veía todo, el sujetado, las tetas y el escote; rebotando por el movimiento masturbador. — Ufff… Vaya ubres que tienes. — ¿Te crees que soy una vaca o qué? -bromeó, halagada. — Como me encantaría mamar de esas tetas… — Sigue soñando -dijo sonrojada, se lo imaginó. — Y como me gustaría follármelas -se puso aún más roja, comenzó a notar los músculos de polla preparados para correrse. — ¿Te gustaría follármelas? Sí. Algún día tienes que dejarme -Olivia titubeó si seguirle el juego o cortarle, pero solo eran palabras. No tenía porque hacerse realidad, y parecía que funcionaba. Así que cedió. — Si te portas bien, algún día te dejaré follármelas… Ahora solo imagínatelo. ¿Qué harías con ellas? — Querría que me las envolvieses con tus ubres -``Mis tetas son grandes, pero sería imposible hacer una paja bien hecha a ese rabo…´´ pensó mirándolo hipnotizada de nuevo. Se lo estaba imaginando, se imaginaba aquella polla entre sus tetas, y ella lamiendo la punta. Escupiendo sobre ella para lubricarla. Sin darse cuenta, llevó su mano a su pantalón, y los dedos atravesaron la fina capa de ropa para acariciar su zona más íntima. ``¿Me estoy tocando mientras le hago una paja? ¿De verdad?´´ se reprochó mentalmente, pero a pesar de ordenar a su mano que parara y dejara de tocarse, esta se sentía muy bien y no quería dejar de hacerlo. Reprimió un gemido, estaba demasiado mojada, ni se había dado cuenta. ¿Cómo había acabado así? — Te estas follando mis tetas… Córrete en mí -Andres lo repitió, como si estuviese hipnotizado. La joven sintió como los espasmos acudían a la polla de Andres y este se corría. La adrenalina le hizo reaccionar, sacó su humedecida mano de su entrepierna, agarró un pañuelo y enterró el glande bajo él. Una enorme cantidad de semen hizo de esa servilleta algo parecido a la típica que se impregna de agua y jabón para tirar al techo de los institutos. Ambos respiraban muy rápido. *** Durante el último masaje que le daría; el que provocaría un punto de inflexión, Andres hizo algo intolerable a juicio de Olivia. Esta tenía las expectativas muy altas de ayer, pese a negarse a aceptarlo. Se le ocurrió que quizá podría masturbarse ella también sin que Andres se diese cuenta, pues el día anterior lo había encontrado tremendamente morboso. Y cuando estaban a mitad de la paja; Andres, en mitad de los gemidos y suspiros de placer que liberaba, agarró el culo a Olivia, y esta la apartó de un manotazo, enfadada. — ¡Eso ni lo sueñes! -bufó. — Vale, vale -se disculpó el aludido. La enfurecida mujer se levantó y se apartó de él, dejándolo a medias-. ¿Qué haces? No irás a dejarme así… -Nada podía producir más placer a Olivia en aquel momento que dejarlo empalmado y largarse tranquila, incluso si eso significaba no cobrar. Aquel manoseo no consentido, había sido la gota que rebasó el vaso. La excusa que necesitaba para dejar de hacer todo aquello. — Voy a dejar esto, Andres. No es por esto, que también. Llevo mucho tiempo pensándolo -Andres no hizo ademan de interrumpirla-. Esto no está bien. Yo no me siento bien haciendo esto. Andres se levantó sin m*****ar en taparse; cruzó el comedor con la erección buen arriba y sacó de su cartera un total de treinta y siete euros; lo que correspondía a la mitad de lo que ella cobraba por masaje. — No -murmuró retrocediendo un paso y alzando las manos, como dándole a entender que no iba a coger el dinero. — Si no quieres continuar, no pasa nada. Pero hoy has hecho la mitad de uno, y cobraras la mitad. Sus palabras sonaban amables, pero Olivia percibió en su voz un timbre de decepción. Le sorprendió lo bien que se lo estaba tomando, pues no esperaba que este insistiese y reaccionase de mala manera. — No… ¿No te m*****a? — ¿Por qué iba a m*****arme? No eres mi esclava, eres una empleada. Puedes renunciar cuando quieras -se mostraba preocupantemente comprensivo, pero no finalizó ahí y continuó-… pero me gusta la estabilidad. Mentiría si dijese que no estoy decepcionado. No creo haberte dado motivos para que decidas abandonar -intercambiaron una mirada intensa. — No quiero dejar esto por nada que hayas hecho tú… Haya hecho usted -se corrigió creyendo que lo mejor era marcar las distancias. — Puedes seguir tuteándome, hay confianza para ello -sonrió tristemente-. Pero responde. ¿Si no es por mí…? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no has terminado el último masaje? -preguntó con una evaluadora mirada inquisitora. — Yo… Me ha pillado por sorpresa tocándome, eso es todo… Tengo pareja. — Dijiste que no era por eso, que llevabas tiempo pensándolo -le recriminó. — No. Osea, sí. Llevaba tiempo pensándolo pero no me decidía -Olivia hablaba muy rápido, nerviosa-. Y al tocarme el culo… ¿Por qué me estoy justificando? -Olivia gruño m*****a. — Me debes una explicación. Entendería que hubiese sido por esto último, pero me m*****a que haya hecho cosas mal que te impulsen a… — No es por usted -le atajó Olivia decidida-. Es por mí, y no me siento bien haciendo esto -se sinceró-. Y evidentemente no me ha gustado que me toque. — Me dejé llevar, no pude evitarlo -dijo Andres fingiendo arrepentimiento; pero no iba a pedirle que se lo pensara bien, le interesaba que abandonase. — Lo… Lo entiendo -Olivia no mentía, lo entendió de verdad y no le culpaba. Demasiado se había controlado y demasiado había tardado en reaccionar así. Había sido una tonta al pensar que aquella situación duraría siempre. ``¿Lo entiendo? Serás estúpida…´´-. Quiero decir… Entiendo que no lo haya hecho queriendo, pero yo tengo pareja y no puedo consentir estas cosas. Estoy… Estoy masturbando a otro hombre, aunque sea por trabajo y sin beneficiarme -Olivia estaba confundida, de esto último no estaba tan segura. Tuvo la necesidad de coger el dinero, e irse de allí, sin más explicaciones. Se atrabancaba al hablar, tartamudeaba y se sentía estúpida e insegura con todo lo que decía, pero no quería acabar mal con Andres. En el fondo sabía que, si lo dejaba en ese momento, algún día volvería a querer recuperar ese trabajo, cuando hubiese aclarado sus ideas. Andres se dio la vuelta y se tapó con una de sus toallas. Se volvió en última instancia hasta la joven y antes de hablar carraspeó. — ¿Sabes qué, pequeña? Lo entiendo -Al oír esto, Olivia quedó aliviada, pero él no había terminado-. Pero espero que entiendas que en todo trabajo existe una responsabilidad. Y si tomas ciertas decisiones, por justificadas que estén… No puedes esperar que no haya consecuencias. ¿Entiendes? -Olivia asintió, indecisa. Tenía un mal presentimiento-. Eres libre de marcharte, y eso no cambiará ni empeorará nuestra amistad. Pero como ya te he dicho, me gusta la estabilidad y la confianza… Y me temo que si te vas, la perderás completamente -Olivia tragó saliva. Había sido muy ingenua al pensar que se podría ir sin esperar consecuencias-. Hablemos con sinceridad. Aceptaste mi oferta porque necesitabas dinero, y una de dos… O has conseguido la suma que te proponías ahorrar y ya no tienes la necesidad de trabajar. Espero que sea eso -Andres mentía con labia, como siempre, y sonaba tan convincente que Olivia se creía todo lo que este decía-. O bien te vas por lo que dices, y acabarás volviendo. La joven separó los labios, pero no omitió sonido alguno así que volvió a cerrar la boca. Le m*****ó que diese por hecho que iba a acabar volviendo, y le habría encantado decirle que se equivocaba, pero no era el caso. Andres hizo una mueca amable y comprensiva. — No quiero andarme por las ramas, pequeña. Si decides irte, y esto no es ningún chantaje ni amenaza, la oferta que te hice dejará de ser válida. — Si me voy será para no volver -Le contradijo intentando aparentar decisión, pero en sus entrañas rugían la inseguridad y la impotencia. — Eso espero, porque si te vas y con el tiempo necesitas trabajo… Tendré que pensármelo si te lo doy. Y seguramente lo haré, pero el sueldo no será tan generoso; y ni tan flexible la libertad que te doy ahora -Olivia ignoraba si había entendido bien lo que estaba insinuando, temía que así fuese. — Necesito tiempo para pensarlo. — No lo tienes -estaba decidido a no darle vía libre. — Necesito tiempo -insistió desesperada — No lo tienes -repitió, implacable. Su expresión seria se mostraba seria y amistosa, incluso su voz era tierna y dulce, pero el contexto de sus palabras demostraba una dureza que nunca antes había visto en él-. Simplemente responde. ¿Te quedas o te vas? — Dame un día para pensarlo… No, no puedo decidir -suplicó reprimiendo unas terribles ganas de llorar. — Está bien, un día. A esta misma hora tendrás que estar aquí y darme una respuesta, sino automáticamente daré por concluida nuestra… relación laboral. — Dígame qué pasará si lo dejo y decido volver. — Ya te lo he dicho -Andres pareció estar disfrutando de crearle tal sentimiento de incertidumbre; además, Olivia tenía la sensación de que llevaba mucho tiempo planeando eso, como si fuese diez pasos por delante de ella; incluso como si supiese lo que haría en un futuro cercano y como reaccionaría ante ello-. Pero prefiero no decírtelo, no quiero que te sientas presionada -mintió. Lo que él quería es que ella abandonase. — Quiero saberlo. — Hasta ahora he sido generoso con lo que te pagaba, y la libertad que te daba. Pero si abandonas, si algún día quieres volver… Ni te pagaré tan bien, ni te consentiré. Seguiré respetando tu derecho a decidir, pero te exigiré cosas, cosas que no te he pedido hasta ahora y que, si quieres seguir trabajando, tendrás que cumplir. Olivia se imaginó a ese hombre manoseándola mientras ella lo masturbaba; se tomaba la libertad de besarla, de morderla y lamerla… Se ruborizo; se dio media vuelta y se dirigió hacia la mesa donde había dejado el bolso; se puso la chaqueta donde guardó el dinero que le había dado previamente. — Mañana a la misma hora de siempre, volveré a trabajar. Si no vuelvo, es que ya sabes la respuesta -Andres asintió, mientras ella salía dando un portazo. Capítulo 1: El macho alfa Parte II / IV: Negras en jaque 2.1: Hacia el punto de inflexión Antes de dirigirse a su casa, Olivia paseó por los alrededores intentando mantener su mente en blanco. Los ruidos habituales del bosque y la montaña la relajaron, el bronceado del sol la animó antes de atreverse a volver a la soledad de su casa. Fue directamente al segundo edificio, donde se había instalado junto a su novio, y subió hasta la habitación. Agarró la caja que tenía oculta en un cajón de su armario, pero no llegó a abrirla; sacó los dos billetes, y unas monedas cayeron rodando hacia el suelo. Mirando el dinero en su mano quedó pensativa: No fue capaz de abrir la caja y meter el dinero; temía abrirla y ver la cantidad de dinero que hubiese dentro. Era consciente de que era mucho dinero, más de dos mil euros y, al pensar en aquella cifra comenzó a llorar desconsoladamente. ¿Cómo había sido capaz de hacer aquellas cosas? Al principio las justificó pensando que era por dinero, ni había sexo ni sacaba placer de ello. Pero esa era una mentira que se decía para estar bien consigo misma; y mentirse no hacía que todo aquello dejase de apestar. Continuase o no, como poco tendría un enorme secreto que guardarle a Rob hasta que un día fuese lo suficientemente valiente para contárselo o que este se enterase por otra persona. ¿Y qué haría entonces? Era consciente de que su relación y la confianza que tenían nunca volvería a ser igual. ¿Serviría de algo si lo dejaba? ¿Sería mejor si continuaba trabajando y ahorrando? ¿Se lo diría Andres a Rob como venganza si lo dejaba? Estaba completamente segura de que no lo haría, tenía otras intenciones y ya se las había dicho. Pensó de nuevo en su relación con Rob, y decidió que no tomaría ninguna decisión basándose en el dinero que había acumulado: Lo haría tras pasar tiempo con él. Así que esperó; se mantuvo entretenida hasta que sus dos hermanos, su padre y su novio llegaron en coche. Su madre se había ido a dar clases particulares, y no llegaría hasta las diez de la noche como muy pronto. Tras merendar sus dos hermanos y su pareja empezaron a jugar al parchís; pero ella no tenía ganas de perder en el tiempo con aquello. En repetidas ocasiones miró a su novio, intentando conectar con él; pero Rob no entendía o no quería entender el significado de aquellas miradas. Olivia estaba hambrienta y no podía esperar más. Así que dirigió el pie descalzo hacia la entrepierna de su novio; y mientras sus dos hermanos discutían ignorantes sobre cómo habían caído los dados, Rob se quedó absorto mirándola. Su chica se mordió el labio y sonrió; presionó la planta de su pie todavía más contra su entrepierna, provocando que en este creciese el rabo que ella tanto ansiaba. Ella estaba igual, muy mojada. No llevaba ropa interior, y estaba lista para follárselo en cualquier otro lugar de la casa; así que se levantó sin volver a mirarlo, se dirigió desde el edificio principal donde se encontraban al secundario, el cual les pertenecía por completo y al cual solo accedían ellos. Meneó las caderas mientras caminaba con la cara impasible hasta la puerta de salida. Rob la miraba pasmado desde la mesa, mientras Jaume y Pedro exigían que este hiciese su tirada de dados, pero él los ignoraba por completo. La lujuriosa novia echó la vista atrás, uno de sus dedos a la boca y se lo mordió con suavidad, al tiempo que sonreía y le guiñaba un ojo… Antes de abrir la puerta y salir, escuchó a lo lejos: — ¡Eh! ¡Eso no vale, tramposo! -Era su hermano pequeño el que gritaba, mientras escuchaba una silla arrastrarse y unos pasos corriendo hacia ella. Olivia sonrió, complacida mientras su chico claramente excitado le iba pisando los talones. — ¿Por qué tanta prisa? -le susurraba a la oreja mientras cerraba la puerta del edificio principal, juntos caminaron hacia el segundo edificio pero antes de sacar las llaves de su bolsillo, ella lo agarró y lo empujó contra la pared, besándolo apasionadamente. Esa fue su respuesta antes de abrir la puerta y meterse dentro. Rob cerró la puerta tras de sí, con todas las luces estaban apagadas, pero la luz de la luna llena entrando por las ventanas iluminaba lo suficiente. Olivia apareció desde algún lugar, y le cogió de la mano tirando de él hasta el piso de arriba donde tenían el dormitorio. — ¿Qué mosca te ha picado? -Rob estaba nervioso, ya que Olivia nunca se comportaba así. Siempre era ella la que guardaba la compostura, y él quien tenía la iniciativa. A veces ella rompía aquella rutina, pero de una manera mucho más sosegada… Aquella vez estaba descontrolada y la notaba desesperada. Olivia abrió la puerta de su habitación y se bajó el pantalón del pijama hasta los tobillos, mostrando un coñito totalmente rasurado para la ocasión. Se lanzó en plancha sobre la cama quedando boca abajo y con el culo en pompa, tal como se ponen las hembras en celo ante la presencia de sus pretendientes. Rob, temblando, agarró de su cajón una caja de condones y se posicionó frente aquel empapado coño. Ella meneó de un lado a otro sus caderas mientras soltaba una risa juguetona. — ¿Te va a hacer falta? -le cuestionó con voz melosa mientras echaba la vista atrás y le agarraba la polla, frotándosela. — Ni notaras que lo llevo -aseguró, siendo conocedor de que su novia era fetichista del sexo a pelo. Muchas veces le había dado a entender que ella no quería quedar embarazada, pero que si el hijo era suyo entonces no le importaba. Rob pensaba totalmente diferente, estaba aterrado con la idea de que ella se quedara embarazada… Y no se fiaba ni de las pastillas anticonceptivas. — Si no lo llevases puesto… -dijo mientras lo agarraba de la camisa y tiraba de él para plantarle un beso antes de continuar-. Tampoco lo echaré de menos -le sugirió mientras separaba mucho una rodilla de otra, arqueó la espalda y subió todavía más el culo. De los labios externos de su vagina colgaban diminutos pero numerosos hilos de líquido transparente, y sus muslos estaban totalmente empapados-. Ay, cariño… No sabes lo que te he echado de menos. No he podido parar de pensar en ti. Él no contesto. Era demasiado tradicional en el sexo, y no le gustaba tomar riesgos. No le gustaba hacer cosas raras ni probar cosas nuevas si no le hacía falta. A él con meterla, revolcarse con su novia y complacerse mutuamente, era feliz. Se quitó los tejanos de mala manera temblando, y los lanzó de una patada, y se lanzó sobre ella como cualquier bestia en celo sobre su hembra, posando su polla sobre su ano y frotándose como si estuvieren follando sin penetración. Le mordió el cuello y le olió el pelo, ella clavo sus uñas sobre él vello cabelludo de su pareja, tirando de él cada vez más excitada. — Hueles a… Huerto -No podía casi respirar de lo acelerada que iba su respiración. Olivia enrolló su brazo en torno a la cabeza de Rob, el cual estaba comiéndole la oreja, y siendo consciente de lo mucho que a él le ponía eso, le olió el cabello. — Lo siento por eso -se disculpó por educación, no pareció importarle demasiado. — Me gusta -la desesperada joven le besaba en el cuello desde aquella posición a cuatro patas. Su hombre le agarró ambas tetas y ella aprovechó para agarrarle la polla, la cual estaba sin condón. Sonrió maliciosamente, y se la pajeó tras ver el condón tirado sobre la cama. Se obligó a sí misma en no pensar nada que no fuese aquella polla, y en el que estaba sobre ella, Rob, su amado novio. Sin decir nada apuntó aquella polla que tanto deseaba a su empapado orificio de entrada, hasta que ambas superficies se tocaron. El glande produjo un sonido sucio de succión cuando besó la entrada a sus labios inferiores. — ¡C…Cariño! -gimió el dejando de besarle el cuello-. ¡El condón! Olivia puso los ojos en blanco y giró sobre si misma, desde la posición de cuatro patas a la de misionero. Se abrió de piernas, volvió a agarrar la polla de su novio y besó con su coño el glande de Rob. Lo pajeó en aquella posición, disfrutando de aquel delicioso preliminar sin condón. ¡Ya faltaba tan poco para tenerla dentro! Agarró con la mano libre a su pareja de la nuca y lo atrajo hasta su escote, ahogándolo entre ellas. El gimió, totalmente corrompido por el deseo y la excitación. — Tranquilo, cariño. Hoy es un día seguro -mintió: Si era de Rob le daba igual. Normalmente no correría el riesgo, pero aquella noche solo quería sentir su polla contra su coño, abriéndose paso dentro de ella. Siempre lo hacían sin condón, por eso la excitaba tanto convencerlo de lo contrario. Aquel riesgo la iba a volver loca, pero lo que más cachonda le ponía era que fuese él, voluntariamente, el que no queriendo hacerlo sin acabase siendo convencido para hacerlo-. Métemela a pelo, amor. Soy tuya… Su novio demostró su enorme fuera de voluntad al negar con la cabeza, la cual la tenía enterrada sobre sus tetas, y con la mano buscó a ciegas el condón. Eso la puso aún más cachonda, porque ya estaba en las últimas. Se acababa de negar, pero tampoco apartaba su polla de su coño, la cual ya tenía la punta metida y ella le seguía pajeando. — Deja el condón y empálame, cariño… — No… No… Desesperada, soltó la polla de su novio y lo agarró con ambas manos de sus nalgas, empujándolo para sí, pero él se siguió negando. — Amor… — ¡No! -dijo separándose finalmente de ella. Pero Olivia en aquel momento no era una mujer, era una fiera. Se levantó, rodeó rápidamente a su novio y lo empujó hacia la cama, que cayó de espaldas a ella con la polla sobre su ombligo, bien erecta. Se subió a la cama y gateó sobre él, con una sonrisa maquiavélica, agarró el sudoroso rabo de su pareja y lo apuntó hacia su coño. — ¡El condón! ¡Olivia no me jodas, el cond…! -pero ella bajó las caderas hasta que su coño besó el glande de su novio, y tras menearlo de arriba abajo para subir y bajar el glande a modo de preludio, se autoempaló sin piedad. Ambo gimieron, y ella, con los testículos y el vello púbico de su prometido acariciando múltiples zonas erógenas de su entrepierna, aprovechó para quitarse la camisa del pijama y dejar aquellos enormes pechos totalmente libres. Lanzó la camisa lejos y se inclinó hacia adelante, besándolo. Subía su culo y lo bajaba con fiereza, y en su mente se imaginó que este continuaba hasta correrse dentro. — Córrete dentro, Amor mío. Inúndame -suplicó mientras clavaba en el pecho de él sus uñas. Se iba a correr inevitablemente, y esperaba que él también. — Déjame sacarla. Quizás fue el gemido que soltó Rob, o tal vez le había llegado el momento; pero Olivia no pudo hacer más que abrazar a su pareja, ocultar su rostro contra el colchón y quedarse tiesa mientras experimentaba un brutal orgasmo. No era capaz de mover ni un músculo, y estos temblaban. Cerró fuertemente los ojos y mordió el hombro de su pareja para no gritar todavía más de placer. Rob, al sentir este conjunto de cosas y contagiado por la sobreexcitación de su pareja, explotó en consecuencia dentro de ella. El placer de sentir su semen dentro no era tan intenso como un orgasmo, pero llevaba tanto tiempo esperándolo que bien pudo contar como uno. — ¿Qué hemos hecho? -susurró incrédulo apartándola de un empujón. Ella quedó abierta de patas, apoyada de espaldas contra la cama y cubriéndose la cara con el brazo, extasiada — Ha estado genial… -contestó derrotada Olivia, intentando saborear hasta la última gota de placer, deseando que fuese eterno. Rob se levantó y se fue a la bañera, donde allí se quedó. Olivia lo siguió a los pocos minutos, no había tenido suficiente. El dinero seguía en su chaqueta, donde lo había vuelto a meter y no tenía pensado tocar la caja pronto. Pensó que quizás no necesitaba volver a hacer aquellos masajes y que podría encontrar cualquier otro trabajo, siendo feliz con su pareja. Recordó lo idiota que había sido al pensar tan negativamente, al creer que no había alternativa. Y que el único trabajo al que podía aspirar era a uno en el que ella recibía dinero fácil. Estaba preparada para dar el no definitivo al día siguiente, creyendo que nunca se arrepentiría de aquella decisión. *** Al día siguiente, Olivia fue a casa de Andres y le comunicó cara a cara su decisión de abandonar. Este no reaccionó mal; no se enfadó ni insistió. Se limitó a decir que lo entendía mientras sonreía de manera conciliadora, y que si algún día necesitaba de nuevo trabajo en términos diferentes, él se lo daría gustoso. Cuando ella se fue satisfecha, tras asegurar con seguridad que eso no pasaría, Andres no pudo evitar sonreír: Él había apostado porque ella acabaría volviendo y, cuando lo hiciese, la haría suya. Estaba demostrando ser una presa difícil, y con aquellas presas era mejor ir lento y seguro sin arriesgarse de manera innecesaria. Mientras que no podía decir lo mismo de la madre, de la cual estaba prácticamente seguro de que caería con mucha más facilidad. Quedaba mucho para dar el jaque a Olivia, y pese a estar haciendo los primeros movimientos contra Sandra… estaba seguro que con ella estaba mucho más cerca de ese jaque mate. *** La hija de Sandra estuvo pendiente las siguientes semanas, sin poder quitárselo de la cabeza. Se quedó aliviada cuando le bajó la menstruación puntual como siempre, pero también sintió en lo más profundo de su ser un indescriptible sentimiento de vacío. 2.2: ¿Eres así de ingenua o te lo haces? Sandra sopesó qué ropa llevar para el primer día, pero estaba indecisa. Acababa de llegar dar clases y eran las tres de la tarde, tenía una hora para comer con su hija antes de comenzar a arreglarse e ir a entrenar con Andres. — ¿Y quién es? -preguntó Olivia curiosa mientras dejaba la cuchara en el plato. — El padre de un alumno, pero no se lo digas a papa ni a tus hermanos, ya sabes lo celoso que se pone. Y ellos no saben guardar un secreto. — Tampoco se lo diré a Rob, que últimamente pasan tanto tiempo juntos que lo raro es que haya algo que no se cuenten. — A mí me lo vas a contar -suspiró Sandra. — ¿No será tu amante? -bromeó Olivia entrecerrando los ojos y sonriendo perversamente. — Tu padre es el único amante que necesito, aunque te parezca mentira -dijo con sinceridad. En todas las parejas había cosas malas y las que ella sufría con Joaquin no le impedían amarlo con locura: No deseaba a nadie más. — Venga ya… ¿Es el mismo padre del alumno al que le haces las extraordinarias? -preguntó su hija ignorando que era Andres el hombre con el que ella, su madre, iba a comenzar a entrenar. Esta se había negado a decirle tanto el nombre del padre como del alumno por la llamada confidencialidad docente, la cual llevaba muy a rajatabla. — Sí, él mismo. Pero como te digo solo es ejercicio. — Ya, claro… Ejercicio -la picó Olivia guiñándole un ojo. —Oh, que tonta estas… ¿Qué tal te va con Rob? -Olivia se atragantó con la sopa. — Hace unas semanas lo hicimos y… fue increíble. — ¿Y a qué se debe el cambio? -preguntó su madre curiosa. Tenía mucha confianza con su hija para hablar de esas cosas, a pesar de que las conversaciones eran unidireccionales y ella no le contaba nada de lo que hacía con su padre. — Tome la iniciativa, y lo hicimos sin condón -dijo sonriendo perversamente, pero a Sandra no le gustó nada. — Sabes perfectamente que Rob es muy raro con esas cosas, y él no quiere tomar riesgos. ¿Cómo has podido hacerle eso? — Él se dejó -se excusó dejando de sonreír. — Hija… Por favor, que nos conocemos. — Es que… -La veinteañera bajó el tono de voz al tiempo que echaba vistazos rápidos a la puerta, temerosa de que llegasen antes de tiempo-. El sexo con él es siempre tan… tan aburrido. Por eso fue tan diferente, porque yo le hice hacer cosas que nunca hacemos… — Entonces tienes un problema, porque si para divertirte tienes que forzarle a hacer cosas que no… — Sí que quiere, solo que es muy raro -Olivia la interrumpió impaciente, no le gustaba que le echaran toda la culpa-. Debiste haberlo visto, como disfrutó… Y yo también. — Pero eso no quita a que lo forzaste. La insistencia a partir de cierto grado se convierte en acoso e imposición. Olivia movía la boca sin producir sonidos, imitándola de manera ridícula. — Lo amo, pero… Cuando es él en la cama, no me complace. Es tan, tan aburrido… -se lamentó al tiempo que ponía los ojos en blanco-. Y si al menos probásemos cosas nuevas sería más tragable, pero es que siempre lo hace de la misma manera, con las mismas cosas y… — Tienes que quedarte con las cosas buenas… — Pero si es que no pasamos casi tiempo juntos. Trabaja con papa en la granja, vale. Pero es que cuando salen se van al bar ese, o se van a la petanca o se queda aquí con todos. El tiempo que pasamos juntos es para hacerlo, y si en eso no me llena… Pues tendré que intentar que lo haga. — Tú sabrás, pero tienes que aprender a respetar a tu pareja. ¿Qué pasaría si hubieses quedado embarazada? ¿Lo has pensado? -La interlocutora de Sandra iba a responder, pero la madre miró su reloj y se levantó-. Tengo que irme cariño, recuerda no decir nada a ninguno. — ¿Y si preguntan? — Clases particulares -dijo mientras subía a arreglarse, se le estaba haciendo tarde. *** Andres quedó satisfecho al abrir la puerta: Sandra estaba de pie con la bolsa de deporte a su espalda. Llevaba una camisa larga, la cual había elegido para esconder su escote y un pantalón de chándal, pese a haber sido esta su elección llevaba arrepintiéndose de ella desde que salió de casa; estaba sofocada aún sin hacer hecho ejercicio. — Deberías haber venido con manga corta o tirantes -le regañó con una sonrisa Andres al tiempo que la invitaba a pasar. — No estaba segura de que tipo de ropa tenía que elegir -Sandra entró y dejó a un lado la bolsa. — Bueno, la siguiente vez seguro que vienes con una camisa más adecuada. De los errores se aprende… ¿Vamos al gimnasio? -Ella asintió-. Ya que al terminar las sesiones de entrenamiento tienes que ponerte con Satur, puedes usar el baño secundario para asearte y usar la ducha si lo deseas. Hay pestillo, por lo que no tienes que preocuparte de que nadie te m*****e. — ¡Oh!... Es de agradecer -dijo mientras agarraba su bolsa de nuevo y lo seguía hasta el garaje-. Y… ¿Satur? — Está en su habitación jugando a la consola, suele pasar mucho tiempo allí. — Me alegra saber que no le m*****aré -dijo con inocencia. Una vez llegaron al garaje, Andres se giró y la miró para contestarle. — ¿Por qué ibas a m*****arle? — Al verme como una extraña… — Seguramente a cualquier otra persona sí que consideraría como tal, pero ya se ha acostumbrado a ti. ¡Pero a lo que vamos! Hoy vamos a hacer bastante fuerte -dijo señalando a las pesas-. ¿Hace cuánto que no haces ejercicio? Me refiero a una rutina, no un día concreto. — Mi vida ha sido muy sedentaria en desde antes que naciese Jaume, mi pequeño con catorce años -Andres la miró de arriba abajo y sin mentir dijo-. Pues no se nota. — Eso es porque no has visto mis curvas reales. — Ya verás como no me equivoco. Tienes un cuerpo de revista, cuando hagamos lo de la piscina y enseñes tipito tendrás que darme la razón. — O tú dármela a mí -dijo ella sonriendo. Se sobresaltó cuando Andres dio una palmada sorpresa. — No te preocupes por eso, para eso estamos aquí. Si no tienes un tipito, lo tendrás. Y como dices que tu vida es sedentaria, hoy haremos la peor parte. Invocaremos a tus agujetas dormidas. — T…Tengo entendido que hay que empezar flojo y… — Hagas lo que hagas, agujetas vas a tener. Así que por experiencia te digo que es mejor que te las quites lo antes posible, porque evitar las agujetas significa no hacer prácticamente nada -Sandra asentía, completamente concentrada en lo que escuchaba-. No iremos con todo, pero hoy sí que agotaré tus músculos y los daremos un poco de sí. — Piensa que trabajo mañana y no puedo… -Andres levantó la palma de la mano, invitándola a callarse y la interrumpió. — Intentaremos que sean agujetas soportables, ahora ven aquí -la guio hasta unas colchonetas de corcho, las típicas que suelen usar para ir de acampada y para dormir- Empezaremos por los estiramientos para calentar músculos y articulaciones, así evitaremos disgustos. Luego haremos unos pequeños ejercicios de pesas con las manos… Y luego a las máquinas -Tras decir esto comenzaron el circuito hasta llegar a las máquinas, donde le hizo hacer series de ocho con un peso moderadamente aceptable. Cuando acabó, lo hizo reventada. — Ya… Ya no puedo más -Su cara estaba roja y sudaba a borbotones. — Ahora tienes que hidratarte. Mañana me aseguraré de tener agua fría preparada, aunque claro… No ha ayudado que vengas tan abrigada. — Cuando lo elegí, me pareció bastante cómodo -dijo mirándose los pechos, o eso le pareció a Andres. — Si no te importa, me ducho y… -dio unas bocanadas de aire-. ¿Podríamos adelantar la clase con Satur? Me gustaría irme antes. — Si lo prefieres, hoy puedes irte antes. Ya repasaré yo que Satur. — No, no seré tan egoísta -dijo con una sonrisa ladeada-. Pero te agradezco la propuesta -agarró la bolsa, sacó una toalla y se secó antes de seguir a su anfitrión hasta el baño, donde se ducharía antes de dar clase a Satur. El entrenamiento había acabado 2 horas antes, pues habían decidido que el horario sería de cinco a ocho y, por lo tanto, aquel día volvería antes de las nueve. *** Joaquin no hizo preguntas sobre sus clases particulares; pese a que sentía curiosidad, ella siempre había sido aplicada y aunque en Madrid no las hiciese, sí que se implicaba muchísimo con su trabajo y sus estudiantes. Por ello no le dio más importancia. Al terminar de trabajar Rob y Joaquin habían hecho buena amistad con sus paisanos. No solo con los granjeros, sino con los demás pueblerinos que frecuentaban Erbarderpepe, la petanca y la plaza del ayuntamiento. Habían encontrado en ellos un grupo de amigos con los que sentían encajar y estos, por el contrario y pese a que habían aceptado para bien la presencia de estos nuevos dos recién llegados, estaban más interesados en trabar amistad con ellos para, en un futuro no muy lejano, pudiesen acercarse a sus parientas. La esposa de Joaquin pasó desde que llegó hasta el crepúsculo con su familia en la casa principal; durante la mad**gada durmió fatal, y a la hora de despertarse e ir a dar clase no podía ni despertarse. Tras comer con su hija y descansar poco más de una hora y media. Se preparó y se fue hasta casa del madurito. Al abrir la puerta, este se la comió con la mirada. Sandra pensó que estaba evaluando su vestimenta. Y esa que había elegido era totalmente opuesta a la que llevaba el día anterior. Mallas ajustadas que se cortaban a mitad del muslo, y le iban apretadísimas. El top, de color blanco, formaba un arco alrededor de sus pechos, con un gran escote deportivo, de aquellos que mantienen los pechos protegidos durante el movimiento. El pelo de Sandra, estaba recogido en una larga trenza que le caía por uno de los hombros. Parecía una mujer totalmente distinta, como si se hubiese arreglado solo para él. Tardó unos segundos en reaccionar antes de invitarla a pasar. — He estado pensando… ¿Qué tipo de dieta tengo que mantener? Porque si no la hago todo esto no servirá… — Nada de dietas, nada -dijo negando enérgicamente con la cabeza con gesto serio-. Empezar en esto ya será muy duro como para que encima lo hagas mientras empiezas una dieta restringiéndote de todas aquellas cosas que te gusten. A Sandra se le iluminaron los ojos. — Si tan interesada estás en adelgazar, que ya te digo yo que no te hace falta… Cuando lleves un tiempo ya te haré una dieta personalizada; hasta entonces te centrarás solamente en los ejercicios que hagas conmigo. — Me alegro. No puedo decir que me motivase mucho la idea de privarme de comer fritos y otras cosas ``insanas´´. — Sería muy bueno para el cuerpo, pero la mente necesita caprichos, si realizases un entrenamiento tan estricto solo acabarías deprimiéndote. Necesitas dar pequeñas fugas a la presión que sientas, o sino acabaras explotando -mientras continuaba hablando, hizo un ademán para ir al garaje y esta lo siguió-. Hoy haremos otra vez lo mismo, con la misma intensidad. Variaremos algunos ejercicios -``Para que pueda verte desde todas las perspectivas´´ pensó lujurioso, con la polla morcillona-, y haremos esto todos los días hasta que te acostumbres. Hoy deberíamos dejar descansar tu musculatura, pero como lo que vamos a hacer es suave no habrá problema. Empezaron los estiramientos, forzando con suavidad la flexibilidad de piernas, caderas y brazos; más tarde hicieron pequeños ejercicios con pesas, fortaleciendo los brazos y entonces llegaron a la siguiente fase. — Sentadillas -anunció al agarrar una barra larga donde colocó en cada uno de los dos extremos dos pesas de cinco kilogramos-. En total levantaras veinte kilos, pero no te tienes que preocupar porque yo te ayudaré. El ejercicio era sencillo: Andres colocó sobre los hombros de Sandra la barra de veinte kilos, y ella tenía que pasar de estar de pie a estar de cuclillas y acto seguido volver a alzarse. Cada vez que realizaba estos dos movimientos, hacía una sentadilla. Andres se colocó detrás de ella y se regodeó observando como cada vez que esta bajaba, su culo rozaba el suelo y se ponía en pompa al hacer el esfuerzo de subir. También la rodeo para ver el efecto que tenía sobre sus pechos, como el escote caía y se pronunciaba… La polla del monitor bajo el pantalón creció hasta amenazar con estallar. Con cualquier otra mujer ya le habría entrado de manera descarada, pero no con Sandra. No quería dar ningún pretexto a que su presa titubease, sin dejar nada al azar. Lo primero que tenía que hacer con aquellos ejercicios era conseguir la confianza de Sandra, mucha más de la que ya tenían; demostrar que aquello era un ejercicio serio y lograr que cada vez bajase más la guardia. Hicieron varias pausas para descansar, comiendo fruta y zumos naturales. Sandra no paraba de reír al escuchar las anécdotas sobre Villamacho que su interlocutor le contaba. Al reanudar los ejercicios de las maquinas, primero mostraba a Sandra como se tenía que hacer y después, mientras ella los repetía, él se la comía con la vista no pudiendo esta darse cuenta. En algunas ocasiones colocaba el culo en pompa y le daba una vista perfecta de su escote; y eran esos los momentos en los que él, siendo testigo de semejante espectáculo, se cuestionaba si realmente era él la que estaba intentando seducirla a ella y no al revés: era difícil creer que lo hiciera sin darse cuenta. No tardó en descartar esta opción; debido a que sabía por la hija de ella que estaba felizmente enamorada de su pareja y había demostrado ser extremadamente ingenua en lo referente a las indirectas, sin reaccionar a muchas de ellas. A pesar de que eran las personas que no acababan sucumbiendo al deseo. La fidelidad de una persona, por mucha fuerza de voluntad que esta tuviese, era ante la tentación como papel, madera o acero inoxidable. Dependiendo de cada persona, se podía ser una cosa u otra; y evidentemente, el acero inoxidable era más resistente que el papel y la madera… pero esto no lo hacía invulnerable: El agua y el fuego destruían el papel, y lo mismo para la madera añadiendo termitas. Pero estas tres cosas no tenían nada que hacer contra el acero inoxidable… Resistía impasible contra estos tres elementos, pero caía con facilidad ante químicos que devoraban y descomponían el metal. El enamoramiento era indiferente para aquella ecuación. Acabar haciendo aquellos ejercicios, con aquella vestimenta y con él, un hombre soltero, su matrimonio tenía que tener algunas fisuras importantes, ya fuese por confianza, por falta de sexo o por falta de amistades. Daba igual si Sandra era una mujer de acero, madera o de papel, pues Andres podía ser fuego, agua y termitas… Y un químico corrosivo para metales. — Es suficiente por hoy, mañana más -Sandra recogía el sudor de su frente con su toalla al tiempo que intentaba recobrar el aliento sin conseguirlo. — ¿Qué haremos mañana? Me gustaría hacer algo diferente -dijo ella; no lo estaba pidiendo. — Mmm… Podríamos hacer yoga o salir a caminar, no creo que sea conveniente que sigamos forzándote. Pero pasada mañana volveremos a las pe… — ¿Por qué no piscina? — Tengo que limpiarla y prepararla todavía, no está lista -Había mentido debido a que la piscina era una fase más avanzada de su estrategia. No era de los últimos de sus planes, pero tampoco estaba entre los siguientes. La piscina la reservaba para poner a Sandra en jaque. La presa tenía que acostumbrarse al depredador, o cualquier movimiento de este podría considerarlo sin aviso previo como hostil. Además, no tendría el mismo significado para ella entrar en contacto haciendo pesas u otros ejercicios a si lo hacían en bañador. Sandra llevaba la ropa lista, y realizó su rutina de higiene tras el entrenamiento. Faltaba poco para las ocho y le quedaban dos horas de clases particulares con Satur; había pasado un día más de entrenamiento. *** Dos semanas después de haber empezado a entrenar con Andres. Sandra comenzó a notar rara a su hija, y esta la evitaba continuamente. No estaba m*****a con ella, pero parecía estar ocultándole algo. — Te pasa algo -No era una pregunta, por lo que lo de Olivia tampoco se podía considerar una respuesta. — No me pasa nada -clamó con cara de pocos amigos. Su hija se las había apañado para escabullirse cuando su padre entró en la cocina para depositar los platos en el fregadero. — ¿Qué pasa? -preguntó este persiguiendo a su retoño con la mirada mientras se fugaba a toda prisa de la cocina. Sandra sopesó tanto los pros como los contras de compartir sus preocupaciones con su marido, pero acabó evitándolo. Le dio una excusa placebo antes de volver a la mesa, donde su hija comía una pieza de fruta junto a su novio; aquello no había acabado. La miró a los ojos y no supo que pensar. ¿Qué podía ser? ¿Estaba teniendo una aventura? ¿Estaba fantaseando con algún mozo del pueblo? Le costaba mucho creerlo, pero ya la había atrapado en diversas ocasiones hablando por el único teléfono de la casa y… ¿Con quién había podido estar hablando? Ella se excusó con que era trabajo, pero no se lo terminaba de creer. Su hija nunca le había dado motivos para desconfiar de ella, pero todo resultaba demasiado sospechoso. En ocasiones la encontró con la mirada perdida y cierto brillo de perversión en sus ojos; la típica expresión inconsciente que se pone cuando se fantasea o se sueña despierta. Olivia pasaba la mayor parte del día sola, por lo que había muchas posibilidades de que se viese con alguien más. Con su hija tenía la suficiente confianza como para haber hablado en multitud de ocasiones sobre Rob. Este era para ella cuasi perfecto, a pesar de aburrirla tremendamente en ciertas intimidades de pareja. Por mucho que lo amase y fuese correspondida, para él el sexo era una especie de ritual cuyo objetivo prioritario no era divertirse, sino procrear… y lo más irónico es que no estaba listo para ello, por lo que usaba preservativos siempre que lo hacían, lo que para su hija solo restaba intensidad a la sensibilidad durante el coito. Esta insatisfacción no era debida a una incapacidad física, sino a la actitud y falta de iniciativa de su yerno. En palabras de su propia hija: Rob era un muermo follando. Lo que le daba un poco de vidilla al sexo eran los intensos sentimientos que sentían, pero ni con esas. Sabiendo todo esto, Sandra no podía hacer otra cosa que sospechar de que su hija estaba teniendo una aventura o que, sin llegar a eso, fantaseaba. Mientras fuese esto último no había problema; Sandra apreciaba mucho a su yerno y sabía que Olivia lo amaba por encima de todo; por lo que era su deber como madre buscar un equilibrio entre lo que su hija necesitaba y lo que quería, aunque esto significase limitar sus libertades. Si resultaba que Olivia estaba teniendo una aventura por encontrarse en un mal momento con Rob, debía impedir que su hija arruinase su vida amorosa, por algo tan efímero. Algún día su hija le daría las gracias por haber intervenido. El principal problema de ambas era el tiempo libre, ella al menos trabajaba y daba clases particulares pero, cuando no lo hacía, se encontró con un montón de tiempo libre que no podía compartir con nadie. Sus hijos eran adolescentes, y estaban en la etapa de no querer estar cerca de sus padres. Joaquin y Rob pasaban la mayor parte del tiempo fuera y cuando llegaban a casa no tenían ganas de salir fuera y, aunque así fuese… ¿A dónde iban a ir? En el pueblo no había nada para hacer en familia: Ni restaurantes, ni piscina pública, ni cine, ni centro comercial… Los pueblos más cercanos eran más de lo mismo y la ciudad más cercana era Sexopolis, cuyo problema residía en la distancia. Tardaban más en llegar y aparcar que en pasar tiempo allí. Por lo que, a la larga, todo se resumía en trabajar o pasar tiempo en casa. Entonces se le ocurrió proponer a su hija y a su vecino Andres entrenar juntos, y además mataría dos pájaros de un tiro al pasar poder pasar más tiempo con su hija. Primero lo hablaría con este, sin dar nada por sentado, sobre que le parecía añadir a su retoño a la rutina diaria deportiva y con esto, eliminar el tiempo libre que estaba perjudicando tanto a su hija. *** Le pilló descolocado cuando se lo propuso. Andres comenzó a sentir un sudor frio, y el corazón inició un batido cardíaco anormalmente enérgico en él; maldiciendo para sus adentros. Ya había previsto que Sandra no hablaría con su marido; principalmente para evitar problemas y mal entendidos con este. Podría haberse equivocado, pues todas las apuestas eran un riesgo en sí mismas. A extremis, también había predicho que evitaría hablarlo con el resto de su familia. Pero se equivocó al pensar que ella mantendría al margen a su hija… Era a Olivia a la que quería añadir a su rutina para que entrenasen junto a ellos. Y pese a que no tenía porque salir mal, tenerlas a ambas entrenando era algo sumamente arriesgado. Olivia le conocía como era realmente, por lo que de aquello lo más probable fue era que todo se fuese a la mierda. Además, la hija de Sandra no sabía que su madre daba clases a su hijo, ya que mutuamente habían acordado que no hablarían de ello para beneficio mutuo. ¿Reaccionaría mal Olivia? ¿Le contaría a su madre lo de su trabajo? ¿Debería hablar primero con ella? Hasta el momento, todo le había salido a pedir de boca. Sandra estaba participando increíblemente bien en los entrenamientos, y hasta estaba comenzando a haber cierto contacto, pese a que ella no era consciente de esto. Por otro lado Olivia había pedido volver a trabajar para él, tras casi tres semanas de vacaciones; esta había vuelto. La jugada que había preparado estaba llegando al nudo, y aún quedaba para el desenlace; para poder tumbar a madre e hija con el jaque mate que lo colocaría como el ganador; para su sorpresa, estaba más afianzada la parte de la hija, y era la ficha que a su juicio podría derribar primero. Aún le quedaba mucho trabajo con Sandra, y nunca llegaría a comérsela si permitía que Olivia supiese lo que hacía su madre con él. Pensó en chantajear a su masajista como última medida, amenazándola con contárselo a Rob y a toda su familia si no se mantenía callada y sumisa, pero no quería llegar a eso. Nunca le había gustado coaccionar ni amenazar. ¿Para qué? La clandestinidad era un terreno muy cómodo para trabajar; si era descubierto y tenía que salir a la luz, llevaría grilletes y cuerdas que limitarían sus movimientos, impidiéndole cumplir su sueño de someter a las dos hembras. Tenía que librarse de Olivia, no quedaba otra. Solo había tres opciones respecto a esta: Chantajearla, explicarle la situación y arriesgarse o intentar que Sandra se olvidase. ¿Cómo reaccionaría su hija si descubriese que su madre entrenaba con él? Desde luego, con lo desconfiada que era la hija, no podría hacer nada con la madre. — Creo que no es buena idea -La improvisación surgió de sus labios de manera inesperada. No tenía la más mínima idea de que seguiría a esas palabras. — ¿Por qué? -dijo Sandra mientras iniciaba la repetición de las pesas de mano. — Se puede compartir muchas cosas con los hijos, pero no el gimnasio -se maldijo a sí mismo, eso no tenía ningún sentido. Evidentemente, Sandra lo cuestionó-. ¿Te has puesto en el lugar de tu hija? Seguro que sería sumamente incómodo para ella entrenar junto a su madre y un viejo como yo -Aquello comenzaba a sonar un poco mejor; incluso podría acabar saliendo de aquella. — ¿Tú crees? -Había colado. Qué imbécil era aquella mujer… — Te lo digo yo, que entiendo de esas cosas. Tu hija tiene que encontrar su propio camino. — Pero al tener tanto tiempo libre… — Si tu hija necesita tener un amante, lo acabará teniendo con o sin tiempo libre. Yo no creo que sea buena idea esto, deberías hablar con ella… o respetar su intimidad porque, si te entrometes, solo perderás su confianza -sentenció con rotundidad antes de cortar de manera definitiva la conversación. Era inmejorable como había acabado la conversación, ahora que ella pensase en ello. La pelota había acabado en su propio tejado, y no pensaba devolvérsela. El resto de la sesión fue tranquila: Hicieron movimientos suaves sobre los pequeños colchones de ejercicios, haciendo estiramientos y flexibilidad. Al terminar se permitió el lujo de abrazarla por detrás, siendo esto parte de un ejercicio, y le crujió la espalda. Seguramente ella ni notó la dura polla contra su culo, pero el sí disfruto el culo contra su polla. — ¿Qué haremos mañana? — Pesas otra vez. Pillaremos esa costumbre cada Lunes, Miércoles y viernes; dejando los días de entremedio para otras actividades, de descanso. — ¿Y cuándo descansaremos haciendo piscina? — Veo que estas deseando estrenar bañador -musitó mirándola de arriba abajo sin cortarse. Ella se dio cuenta y se acarició de los músculos hasta las costillas mientras su cara emulaba un rostro de desagrado. — Aún me queda mucho para que me quede bien el bikini: estoy muy gordita. — ¿¡Qué dices!? -replicó sonriente-. Vas a mejorar mucho en las siguientes semanas, pero el traje de baño no podría quedarte mal a ti. — Lo dices por quedar bien -susurró a su oído, poniéndose un instante de puntillas para llegar, tras agarrar la mochila y mientras pasaba a su lado, entonces se fue a la ducha. — ¿Y cómo te demuestro que lo digo en serio? -inquirió Andres mientras ella se largaba. — No puedes, porque no es verdad. ¿Se lo pareció, o aquella había sido un coqueteo? No se lo creía. Ella no daba el perfil de las que cedían tan rápidamente, y aunque en un principio había pensado que ella sería mucho más fácil que su hija, estaba comenzando a retractarse de aquellos pensamientos. Aún así, era bastante receptiva a entrar en contacto con él y a pesar de que en algunas ocasiones metía distancia, en otras no la ponía en absoluto. ¿Seguro que iban tan bien las cosas con su marido? 2.3: … Pasarse de la raya Nubes ocasionales daban tregua al acoso constante de un sol que abrasaba; las praderas y montañas estaban inundadas de los furiosos cánticos de las aves, y estar al aire libre solo era placentero si se tenía cerca un refrigerio con el que combatir ese bochorno. Andres estaba sobre su blanca hamaca, estirado con los brazos en jarra y con las manos tras la nuca, mientras Olivia lo masturbaba a dos manos mientras le caían gotas de sudor. Él se quitó las gafas de sol al tiempo que sonreía. — Si quieres podemos continuar en el agua -propuso seductor. La aludida no contestó, totalmente arisca. No le producía ningún placer aquello, pero si lo encontraría en patearle las pelotas. — Oh, venga. ¿Has venido voluntariamente aquí, no? -preguntó mientras le estampaba la mano sobre su seno, sacándolo por fuera del top. Olivia se había negado a ponerse el bikini, sabedora de a que se arriesgaba si lo hacía-. Menudas tetazas que tienes… Un poco de crema solar en mi polla me vendría bien, que me voy a quemar -exigió mientras se recreaba acariciando el entumecido pezón. — Sí, señor -contestó fría como el hielo. Era consciente de que ella misma había cazado aquel pozo donde se encontraba metida, pero no le quedaba otra que tragar. Agarró el pote de crema solar, lo removió en sentido vertical y dejó caer un chorro de la substancia directamente sobre los testículos y el miembro, y con las manos extendió la crema por este, el cual duro e imponente se resistía a correrse entre sus manos. — Podría ordenártelo. ¿Recuerdas? -Le provocó con crueldad, más para chincharla que para humillarla. Ella necesitaba el dinero, pero él no encontraba placer en m*****arla sin buenas razones. Lo que él quería es que ella se diese cuenta que no la obligaba a hacer todo aquello, y que ella misma se excusaba en que así era. Cambió el tono de voz y se satirizó a sí mismo:- ``Vamos a continuar en la piscina´´. —Ordénamelo -masculló irritada mirándolo a las gafas de sol; tras una breve pausa, dubitativa, añadió-. Pero deberías saber que todos tenemos un límite. Si te pasas de la raya, te mandaré a la mierda y no volveré. Andres se puso serio antes de contestar, sujetándole por las muñecas para hacerla parar. — Podría ordenártelo, pero no lo haré. ¿Sabes por qué? -La pregunta era retórica, pero le dio la opción de que ella misma respondiese. — Porque prefieres que lo haga voluntariamente -anunció ella finalmente, con voz queda. — Exacto -no le sorprendió que acertase-. No encontraría ningún placer a forzarte a nada. — Pues en ese caso muchas de las cosas que quieres hacer no las podrás hacer nunca, porque no las pienso hacer ni dejaré que lo hagas -Ambos hablaban de lo mismo, pero no decían el qué. — No pienso darte esa excusa. Seguramente te encantaría que lo hiciese. ¿No? -Apretó con sus manos las muñecas de Olivia y esta soltó la polla automáticamente. Andres pasó de estar estirado en la hamaca a estar sentado, y acercó la cara a la joven pensando esta que la iba a besar. Se preparó para rechazarlo, pero en lugar de buscar su boca, buscó oído-. En el fondo te gustaría hacerlo, y lo sabes. Da igual si no lo quieres reconocer o no llegas a hacerlo nunca. Pero eres demasiado orgullosa para reconocerlo, y te gustaría cargarme la culpa: ``Él fue quien me obligo a hacerlo. Yo necesitaba el dinero´´ -La imitó de mala manera mientras los labios de Olivia pasaban de ser una línea recta a una curva hacia abajo. No le gustaba nada lo que escuchaba-. Quizás empezaste en esto porque necesitabas el dinero, y quizás lo sigues necesitando. Pero no estás siendo forzada a hacer nada. A Andres le m*****aba que ella no reconociese esa realidad, y a Olivia le desagradaba lo que oía porque no era capaz de argumentar en contra. — Eso no es verdad -fue lo único que pudo decir. — ¿No es verdad? ¿Te obligo algo ahora? — Me tocas las tetas porque me obligas a dejar que me las toques, sino no te dejar... -Olivia no pudo terminar la frase. — Hay una diferencia entre que te veas obligada por las circunstancias y otra muy distinta a que te obliguen a hacer algo -explicó con paciencia, continuó inmediatamente sin darle oportunidad a interrumpirlo-. Sí yo cojo un cuchillo, te lo pongo en el cuello y te digo: ``Bájate los pantalones y ábrete de piernas´´. Te estoy obligando, te estoy forzando y te estoy violando. Pero ahora bien -el hombre hizo una pausa casi imperceptible-. Si yo te digo: Estas son mis condiciones para que trabajes para mí; podemos negociar, pero a grandes rasgos aceptas o no cobras. Tú eres libre de aceptar o negarte. Eres libre de decidir. — No es v… — Que tu estés atada por otros motivos es indiferente. Quizás necesites el dinero, o tal vez eso solo sea una excusa. Quizá te veas obligada a aceptar esas condiciones pese a que no quieras, pero yo no te obligo. Yo te digo cuales son las condiciones para trabajar para mí, y tú estás aceptando -sentenció irrefrenable ante el silencio sumiso de Olivia-. Yo puedo decirte que quiero que mientras me masturbas, quiero poder tocarte esas ubres que tienes. Y me estás dejando, pero yo no te he forzado. — No me dejas opción -susurró por lo bajo, como el reproche que se le hace a un padre mientras no te oye. — Eso es precisamente lo que quieres creer. Es más fácil echarme la culpa que aceptar que esto no te desagrada. No, no hablemos más -dijo negando con la cabeza al ver que esta le iba a contradecir. No iba a terminar nunca, pero sabía que todo aquello que le había dicho había hecho mella en su interior-. Continua, no quiero que te quemes… Con la excusa esta, agarró el pote de crema solar, y se echó un chorro abundante en la mano. Mientras ella lo volvía a masturbar en silencio, él le espació la crema por brazos, hombros, cuello y cara. La erección se le había bajado durante la discusión, pero poder tocar con tanta suavidad la piel de Olivia y acariciarla de aquella manera lo animó con mucha rapidez. Se concentró en acabar, y acabó terminando sobre ella. Le manchó toda la camisa vieja, que aparentemente ella había traído con aquel fin. Mientras ambos se levantaban, el madurito se la quedó mirando y ella, al percatarse de esto, hizo lo mismo. — ¿Qué? — Hoy hace mucho calor. ¿Quieres bañarte? No digo conmigo -aclaró su interlocutor-, quiero decir… Puedes usar la piscina si quieres, tú sola. — No he traído bañador -respondió suavizada. No entendía si lo decía para aprovecharse de algún modo o porque realmente se preocupó por el calor que estaba pasando ella. — Ya te he dicho que puedes bañarte tu sola. ¿Te hace falta bañador? Nadie va a espiarte. Tu turno de trabajo ya ha terminado, yo me meteré dentro y, te prometo que no miraré. — No tengo toalla. — Yo te la presto. — ¿Qué me costará esto? -inquirió dejándole claro que no se fiaba ni un pelo. — Nada. Si quisiese verte desnuda… te forzaría a ello… pero te prometo que no te espiaré. Ahora te traigo la toalla y el dinero. Fue al interior de su casa y regresó con ambos, para entonces Olivia ya se había sacado la camisa sucia y se había colocado el sujetador, quedándose en ropa interior por la parte de arriba y con un tejano corto en la parte de abajo. — ¿Qué quisiste decir con que no piensas darme la excusa de ordenarme nada? -inquirió curiosa mientras se tapaba con la toalla. No por frio, sino para cubrirse del m*****o sol. — Eso mismo. — Quiero decir. ¿Por qué tendría que ser eso una excusa para mí? Andres sopesó la posibilidad de explicárselo, pero consideró que había cometido un error dejándose llevar y diciéndoselo. No debería haberlo hecho. — Te lo explicaré con detalles otro día. Báñate, yo me voy a duchar; puedes quedarte hasta la una. Ya que tengo cosas que hacer, y no puedo estar por ti. Puedes dejar la toalla en la hamaca. -sentenció en tono inflexible. No le habría importado que se quedase más tiempo, pero no quería dar motivos para que hubiese problemas con su madre. Ambas comían juntas, y lo sabía porque al desconocer entre ellas que trataba con ambas, podía sacar información de las dos sin que estas le diesen mayor importancia. La joven se quedó con la duda, pero decidió no insistir. Vio como aquel hombre del que no sabía que pensar, se metió en la casa y cerró la puerta. Sopesó meterse totalmente desnuda, pero lo descartó casi al instante. Se quedó con su sujetador y sus bragas. Eran de tela dura, de color negro, y le quedaban ajustados como anillo al dedo; estaba segura de que ese madurito verde rompería su promesa y la espiaría, pero ya le había visto las tetas y le importaba poco. Se tiró de bomba a la piscina y disfrutó por primera vez en muchos años de la sensación de estar sumergida en el agua. Mientras nadaba pensó en todo lo que había dicho aquel hombre mientras hablaba, y lo que más le reventaba es que tenía razón. Al pensar en esto, tuvo el impulso de meter la cabeza debajo del agua y gritar con todas sus fuerzas, así que eso hizo. Cuando fue a ver a Andres para pedirle retomar el trabajo tras mucho pensar en ello, este le explicó que si quería trabajar tendría que consentir ciertas cosas que lo estimulasen para acabar más rápido. Le gustaría poder decir con sinceridad que le desagradaba, pero no era así. Estaba mintiéndole para hacérselo creer, pero la verdad es que ya le resultaba indiferente. No veía la diferencia entre masturbarlo y dejar que le tocase las tetas, y era precisamente aquello lo que tanto le preocupaba. ¿Y si comenzaba a parecerle normal estimularlo de otras formas? Se odiaba a si misma por pensar en aquellas cosas, y estaba haciendo todo lo posible por trabajar para Andres sin consentir demasiado. Al principio, cuando volvió a aquellos masajes, Olivia esperó que su antiguo jefe le propusiera cobrar más por ciertos servicios a modo de incentivo, pero no lo hizo así. Cobraba treinta y cinco euros por masaje, y no había incentivo alguno por el momento. Le avergonzaba haber pensado en proponérselo ella misma, pero por eso lo hacía. Por el dinero… ¿No? *** — Eso me gustaría verlo. Antes no te dejabas tocar, y mira ahora -indicó. Para respaldar sus palabras soltó aquel enorme pecho, quedando este colgando y le agarró la nalga derecha en pompa. Llevaba puesto un bikini que le quedaba bastante pequeño, se lo había puesto por si después la invitaba a bañarse al terminar el trabajo. Olivia sintió un escalofrío que recorrió toda la espalda y la cara interna de los muslos, cuando sintió las yemas de los dedos de aquel hombre apretar su nalga, y estos quedaron muy cerca de su culo y de su vagina; en respuesta le apartó la zarpa de un manotazo. — Esa es una de las cosas que no te voy a consentir. — ¿Las tetas sí y el culo no? -Para un macho alfa, cambiar eso era pan comido, pero le llevaría tiempo. — Sé que para que te corras antes tengo darte cosas con las que te estimules… para eso te dejo mis pechos, pero eso no quiere decir que… — Vale, vale. Basta de hablar -La interrumpió reincorporándose y sentándose al borde de la hamaca donde frente a la arrodillada joven, bajó de un manotazo el sujetador de esta quedando ambos pechos al aire. Olivia intentó no inmutarse, pero lo hizo. No dejó de masturbarlo en ningún momento, y Andres se excitó al darse cuenta que de entumecidos, sus pezones habían pasado a endurecerse enseguida-. Pídeme que me corra. — No… — Hazlo y terminaré antes -Olivia lo miró a los ojos desde su posición inferior. El madurito estaba sentado con la espalda recta y mirándola con deseo: No creía que le fuese a obedecer, él sabía que ella lo iba a hacer. — C… Córrete -dijo con timidez. Le daba asco escucharse diciendo eso a alguien que no fuese Rob; su único consuelo era que no estaba disfrutando con aquello. — Si quisiese que fuese así de cutre, no te habría pedido que lo hicieras. Suplícame que me corra, quiero sentirlo. Olivia suspiró, él agarró el pote de crema solar y orientando el tapón hacia abajo, disparó un par de chorros sobre las tetas desnudas de la hija de Sandra. Se miraron en silencio y no hizo falta decir nada más, el asintió y ella resignada amasó ambos pechos en sus manos y abrazó la barra de carne erecta del hombre con ellos. Utilizó todo su cuerpo para hacerle aquella paja cubana, lubricada con la crema solar. Una de las manos masculinas se posó en la nuca de ella mientras miraba hacia el cielo. — Aún no me has suplicado que me corra. — C… Creo que estoy haciendo algo mejor -le reprochó m*****a. — Quiero que lo supliques… -Olivia se quedó mirándolo con la boca abierta, mientras se concentraba en encajar bien cada embestida para hacerle bien la paja, pero era sumamente incómodo hacerlo solo con las tetas en aquella posición, para que él disfrutase, tendría que ponerse encima de ella y menear sus caderas como un mono, follándose sus tetas-. O podrías chupar la punta -Lo dejó caer como si no fuese con él. — Sigue soñando -dijo mientras bajaba el mentón y la miraba bizca. Le llegaba hasta la barbilla y chocaba contra ella, desde luego no le costaría hacerlo. No pudo evitar preguntarse cómo sería ser follada por una polla de aquel tamaño. — Entonces… Al ver que no avanzaba la paja. Olivia soltó uno de sus pechos, y con el antebrazo envolvió sus dos senos junto a la polla haciendo más estrecha la cubana. Escupió en su mano libre y comenzó a frotar el glande. — ¿Mejor? -Intentó poner su tono más insinuante, haciéndose la juguetona. — Mucho mejor -dijo mirando al cielo de nuevo. — Así… Con tu polla entre mis tetas me siento caliente hasta yo. Me estas contagiando tu excitación -murmuró mientras notaba como la polla se ponía más tiesa entre sus tetas. — Sí… ¿Sabes que pensaba antes? -hizo una pausa-. ¿Cómo se sentiría esta polla dentro de mí? — Si quieres te lo enseño. Había picado; seguro que ya notaba el punto de no retorno. Olivia abandonó la postura de la paja cubana y agarró con ambas manos la polla, acercó su cara a ella como si la fuese a chupar. Tan cerca que hasta ella misma lo pensó. — Seguro que se siente muy bien. Enséñame como te correrías dentro de mí -Alzó una ceja y se mordió el labio mientras lo miraba con la máxima intensidad que pudo. Andres la agarró por la nuca de nuevo, invitando a lamerle la polla. Y ella abrió la boca, la tenía solo a unos centímetros. Él tiraba, pero ella se resistía. — Dame mi leche, córrete en mi boca. — Cómemela -Andres empezó a gemir de una manera muy natural; su placer lo sentía hasta ella. Por un momento le dieron ganas de chupársela. Intentó mantener apartados sus pensamientos de asco y desagrado, intentó mantener ese rol de chica complaciente y excitada. — Dame mi leche, mánchame la cara con ella. — Chúpamela –``¿Me lo está ordenando?´´ pensó dudando sobre si hacerlo o no, pero sabía que si lo hacía se iba a arrepentir. En su lugar frotó el glande, tan duro como nunca que amenazaba con explotar. Lo frotó con ganas, pero con suavidad. — Mi coño está muy caliente, solo el roce del bikini ya me está… -fingió un modesto gemido, o tal vez no lo fingió y simplemente le salió. Ya no sabía que pensar— Quiero tu polla… Pero ahora solo quiero que me des tu leche para beber -dijo desesperada, no se corría con nada. Estaba todo el rato sintiendo como estaba en el punto de no retorno casi, pero no llegaba a correrse. Estaba tan desesperada que se la iba a chupar. Ya no le quedaba paciencia para aquello… Tal vez si le chupaba solo la punta, envolviendo con sus labios el glande. Besar la punta no se podía considerar chupar… ¿O sí? Quizás con lamerle solo la punta ya lo estimularía lo suficiente para que acabase… Lo miró a los ojos y sacó la lengua, meneó bien la polla y entonces notó los espasmos. Apretó el ritmo y se corrió sobre sus tetas gracias a que ella lo consiguió desviar. El semen estaba muy caliente y espeso, se sorprendió al darse cuenta que no le daba asco, no porque no fuese algo normal sino porque siempre pensó que le repugnaba todo lo que viniese de aquel hombre… o eso quería pensar. — Ha sido genial… —Andres suspiraba extenuado. — A partir de ahora no vendré tan seguido, tardas demasiado en correrte. — Pues tendrás que estimularme de otras maneras. — No pienso hacer eso -sentenció-. Si quieres correrte, será con las cosas que te he dejado hacer hasta ahora. Tras cobrar y bañarse, se fue hacia su casa. Se sentía culpable pues había estado a punto de chupársela y era verdad, él no la había obligado. Le parecía irónico, su novio había sido el primero en desvirgarla; y antes que él solo tuvo rolletes en qué los preliminares eran el límite y nunca llegó a experimentar demasiado. Los años que había pasado con Rob era como si hubiese estado estudiando la educación secundaria obligatoria… Y lo que estaba haciendo y aprendiendo con Andres era como haber dado el salto directamente a la universidad desde el instituto y hacer la carrera más difícil y completa. Era superior a ella, el darse cuenta de que en el instituto ella siempre había creído que no servía para estudiar y que, al llegar a la universidad, no solo servía sino que muy posiblemente había nacido para ello. *** — Joder… -gemía él hipnotizado por sus pechos balancearse mientras ella lo masturbaba. Debido a que llevaba dos días sin correrse, estaba sensible y por lo tanto no se podía resistir tanto a las manos de Olivia, las cuales cada vez eran más expertas. La joven pechugona agradeció que hubiese dejado de mirarla con aquellos ojos. Se centró en admirar la colosal polla que tenía frente a ella, que pese a no tenerle ningún aprecio, tampoco la despreciaba. Si la comparaba con otras pollas, era hermosa y encantadora; tanto en su forma como en su enorme tamaño, añadida al bonito color oscuro, pues ella había descubierto que tenía un fetiche con las pollas negras. Los espasmos arremetieron contra sus manos; Olivia se centró solo en sentir como aquel hombre se corría sobre ella, al tiempo que liberaba desesperados gemidos de placer. ¿Podía haber algo más erótico que un hombre gimiendo de manera natural, sin intentar contenerse? El primer chorro le acertó entre las tetas, el segundo en una de las tiras del bañador inferior y el último muy cerca de la entrepierna. No le soltó la polla enseguida, la mantuvo entre sus manos hasta que los espasmos desaparecieron por completo, un último y diminuto chorro de semen vomitado por el glande manchó sus manos. Fue entonces cuando soltó el miembro viril y sin permiso alguno se metió en la piscina, bañando para quitarse la suciedad. En ocasiones, Olivia se obsesionaba tanto con sentir tanto placer de Andres que empezaba a fantasear en secreto con consentirle cada vez un poco más. Cuando eso pasaba, Rob se convertía en su medicina; un antídoto para la excitación acumulada, una excitación sucia que no debería sentir. Con el paso de los días, comenzó a aceptar esto como normal; se consideraba empática y era inevitable ser contaminada por el placer que experimentaba su vecino, y por ello debía ir preparada. Entre semana, por el día era envenenada; pero por la noche se recuperaba, tomándose el antídoto. *** — Cariño, no te lo pongas… Quiero sentir tu polla dentro de mí -suplicó desde debajo de Rob. Se encontraba apoyada sobre el colchón y dándole la espalda a su novio, contoneando sus caderas como si fuese una gata en celo. Este no le hacía caso, abriendo con los dientes el envoltorio de la goma anticonceptiva y colocándola en su miembro-. Vamos… Quítatelo. — Cuando empieces con la píldora hablamos -rebatió antes de meterla con violencia. Incluso con el condón puesta y teniendo en cuenta que este restaba placer a la penetración y a todo el roce en sí; prácticamente se corrió. El día anterior no había podido tener sexo con su pareja, que había llegado agotado de sus labores en el campo, no reaccionó a las provocaciones de su pareja obligándola a masturbarse en su frio lado de la cama. El veneno que había acumulado haciendo aquellos masajes, por fin estaba siendo eliminado y combatido por su amado antídoto. Rob no la besó no la tocó más de lo necesario, haciendo pensar a Olivia que sabía o sospechaba algo sobre Andres. Sus embestidas eran furiosas y frías, como si no las sintiese y las hiciese por obligación, y en cuanto ella se corrió inevitablemente; él se quitó el condón y se tapó con su lado de la sabana. — ¿Por qué no sigues y te corres? -preguntó preocupada y dolida. El orgasmo no era ni de lejos de los mejores que había tenido, pero no le importaba ni le afectaba nada si se comparaba con su desinterés; el cual le sentó como si de una bofetada humillante dada frente a toda una familia se tratase. — Esto de la granja es muy duro. Llevamos meses aquí y sigo sin acostumbrarme… Estoy hecho polvo, y hoy no me apetece. Olivia lo miró perpleja, intentando ponerse en su lugar y entenderlo; pero no lo logró: — Ponte boca arriba -le ordenó, y este obedeció. Su novia gateó colocándose en una posición de doble oral y le estampó su coño sobre su boca, que el lamió sin ganas. La hija de Joaquin le devoró la polla que ya se había decidido empequeñecerse antes de volver a venirse arriba. — Uff… Olivia… ¡Ahhh! — Cierra la boca -le increpó malhumorada mientras lamía su polla. No se atrevió a usar las manos, decidida a no recordar ni pensar en el otro. Pero podía chupársela sin acordarse del otro y decidió que estas pertenecerían a Rob, al igual que su zona íntima. Que Andres se quedara con sus dichosas manos, le daba igual. Le lamió la base, aspiró los testículos que impregnó con su propia saliva y la lubricó hasta tal punto que no pudo evitar resistirse. Quizás por eso Rob no había disfrutado, por el dichoso condón. Pensó que lo iba a arreglar enseguida; le iba a enseñar lo que era follar de verdad: Lo iba a violar de nuevo. — Estás empapada -comentó su novio con la cara impregnada de sus fluidos vaginales. Olivia se quitó de encima y gateó hasta colocar el coño encima de la polla, sus labios externos besaron todo el humedecido cilindro de carne. Ambos gimieron al unísono antes de enzarzarse en una batalla de comida de boca; el placer era demasiado tentador, para ambos. Rob no quería el sexo sin protección, pero le gustaba tanto como a ella; comenzaron a restregarse. — Es porque quiero tu polla dentro de mí. — No -respondió decidido, pero ella no le hizo caso. Restregó su clítoris contra la humedecida polla antes de agarrarla y apuntarla a su orificio de entrada-. ¡Te he dicho que no! -bramó al tiempo que se removía e intentaba empujarla pero era demasiado tarde. Olivia puso los ojos en blanco y gimió descontroladamente al dejar caer sus caderas y ensartarse de pleno. Por fin sentía la polla de Rob dentro de su coño de nuevo, sintió el orgasmo cerca. Se iba a correr enseguida… Tenía la impresión de que con aquella polla dentro podría hacerlo mil veces seguidas si se lo proponía. — Salte de encima… -ordenó Rob sin que su cuerpo demostrase estar de acuerdo. Meneaba sus caderas e intentaba controlar sus temblores. — Me tomaré la pastilla del día después -saltó con aquella improvisada mentira. — ¡No voy a llegar a…! -Olivia lo cogió de los lados de la cara, apoyó las plantas de sus pies contra el colchón y se quedó sentada de cuclillas mientras subía y bajaba como una verdadera bestia en celo. Besó desesperada a su novio, buscando excitarlo para que no pensase en nada más que no fuese inundar su útero de semen. Se sintió sucia y mala por violar a su pareja, y eso la volvió loca. Se imaginó como pudo a Rob corriéndose dentro de ella, liberando grandes chorros de leche sobre su interior. La semilla de la persona que tanto amaba inundándola de nuevo por fin. — Me estoy corriendo -anunció a gritos por fin, apoyando sus manos sobre el pecho de Rob. Meneó en círculos sus caderas y su coño emulo una batidora con la polla que tenía dentro, hasta que llegó a un punto en el que no podía evitar que le viniese el orgasmo. Olivia tuvo que hacer un gran esfuerzo para sacarla al exterior, pero se obligó a respetar la decisión de su chico. Ella se quedó ahí, abierta de piernas, intentando disfrutar y sentir un orgasmo que no era tanto si se comparaba con lo que podría haber sido. Era un orgasmo fantasma que decepcionaba más que otra cosa. Rob se tapó con la ligera sabana y sin decir nada apagó la luz, dejándola a oscuras y dándole a entender lo enfadado que estaba. Pese a que la joven se sentía culpable, también se sentía satisfecha. Ya se le pasaría el enfado: Se arrastró a su lado de la cama, donde se quedó dormida enseguida. *** Las siguientes dos semanas se hicieron eternas para Olivia. Rob no le dirigió la palabra ni durmió con ella; todos los esfuerzos que hizo esta para disculparse y acercarse a él fueron infructuosos. ¿Cómo podía hacerle entender que ella con el sexo habitual que tenía con él no la dejaba satisfecha? Intentó complacerse a sí misma en la oscuridad de su habitación, pero los dedos no eran tan complacientes como violar a su novio. Cada día excepto los fines de semana, había tenido que aguantar a Andres y su placer desmedido. Olivia lo envidiaba tremendamente, y empezó a soñar cada noche con aquel madurito corriéndose y disfrutando. La rutina de aquella mañana sucedió igual: Toda su familia se fue de la casa y ella se quedó unas horas más antes de prepararse. Uno de los requisitos que Andres le había pedido para aquel día era que usase vestimenta atrevida, algo que nunca le había solicitado hasta el momento ya que lo había dejado a su elección. Así que se ubicó frente a su armario e intentó elegir: ¿Qué podría excitar a un pervertido cuarentón como aquel? ¿Una falda corta? ¿Unos shorts tejanos? ¿Un chándal? ¿Unas mallas? Le subió un escalofrío por la espalda al imaginarse a su vecino manosear su culo como lo hizo aquella vez, pero esta vez con la mano oculta bajo las elásticas. Se abofeteó la cara como auto-castigo. — No vuelvas a pensar en eso, zorra -se increpó. Ya bastante culpable se sentía y cada vez iba a peor. Abrió un cajón de su armario, de donde sacó una caja que estaba repleta de billetes y de monedas; tras contarlo se sintió mucho mejor. En poco tiempo había ahorrado más de cuatromil quinientos euros, pues algunos días había repetido masajes hasta tres veces en menos de 3 horas. Le complacía pensar que, si por cualquier cosa el resto de su familia no pudiese pagar la hipoteca, ella podría darles un respiro con aquel dinero ahorrado. No lo quería para otra cosa, y aquello la animó a seguir. Guardo la caja en el cajón y cerró el armario tras agarrar y ponerse un top y unas mallas elásticas negras; era la ventaja de vivir allí. Prácticamente no había nadie y por lo tanto uno podía ir con aquellas pintas pero, además, entre la casa de ella y su vecino no pasaba casi nadie; no se puso bragas ni sujetador, siendo consciente de que ambos podrían acabar manchados por una o por otra cosa y no le convenía, por eso los puso dentro de su bolso. Entonces salió por la puerta y se dio una vuelta hasta la casa de su vecino, donde este le abrió en calzoncillos que dejaban entrever una enorme polla morcillona bajo él. Sin estar erecta, ya ni le cabía en aquel pequeño calzoncillo. Olivia quedó maravillada durante unos segundos, antes de que el hombre la invitase a pasar y seguido por ella se sentase en el sofá; ella lo imitó sentándose a su lado tras dejar el bolso con el sujetador y las bragas dentro. No iba a decirle que no las llevaba, evidentemente. — No hace falta que te quites nada, va a ser rápido -dijo antes siquiera de que ella hiciese ademán de moverse. — ¿Por qué crees eso? -inquirió curiosa mientras se arrodillaba frente a él y le acariciaba el calzoncillo. Estaba muy dado de sí, seguramente por culpa de aquellas enormes erecciones. La prenda ya de por si le quedaba pequeña, pero era imposible que lograse ocultar más de 20 centímetros de barra de carne; por lo que cuando comenzó a crecer, fue saliendo toda desde el interior del calzón. — Porque he soñado contigo toda la noche. — ¿Y qué soñaste? -preguntó curiosa mirándolo a los ojos. Aquel era un buen comienzo, le garantizaba acabar rápido con aquello. Jugó con la tira elástica de su calzoncillo, tirando de ella con su dedo índice. — Que hoy me la ibas a chupar -anunció sin tapujos haciendo que ella misma se lo imaginara. Otro escalofrío que le recorrió por el cuerpo, pero esta vez más concentrado en los muslos. Bajó el calzoncillos hasta uno de los tobillos y él solo acabó cayendo al suelo, la polla quedó al aire y se la agarró con una mano. — Sigue soñando -dijo al tiempo que se imaginaba a si misma intentando chuparla. Como si le cupiese en la boca… — Me gustaría poder hacerlo. ¿Y si te pago el triple? -anunció con aquella oferta tan tentadora que casi le hace abrir la boca y tragársela-. Pero no subiré más de esa cifra. Ella tembló antes de negar con la cabeza: No iba a poner precio a algo que pertenecía a Rob. Entonces, a traición, Andres se inclinó hacia adelante y le agarró la nalga derecha por encima del elástico. ``¿Cómo puedo estar tan sensible?´´ pensó mientras le recorría un pequeño espasmo en la cadera, sus labios orales se separaron exhibiendo una lengua pegajosa repleta de hilos de saliva espesa; quiso quejarse, pero no le salieron las palabras. Tuvo la necesidad de cerrar los ojos, pero no lo hizo. Se sentía frustrada por estar tan sensible. Pero entonces el maduro volvió a pillarla por sorpresa y su dedo índice se arrastró desde la nalga hasta el espacio que hay entre el ano y el orificio de entrada. — ¡Eso no! -le increpó agarrando el brazo sin llegar a apartárselo. — Entonces elige: Chúpamela y cobra el triple o déjame tocarte y cobra el doble -se lo estaba poniendo difícil, y eso que en aquel momento para ella el dinero no tenía ningún valor. Estaba demasiado excitada para dárselo. —No tengo que elegir -dijo mientras se imaginaba chupándosela y dejándose manosear. Entendió por fin que le ponía pensar en que ese cabrón se saliese con la suya: Quiso llorar debido a lo culpable que se sentía. — ¿Y por qué no elijo por ti? -inquirió mientras con la mano libre se agarraba la polla y la apuntaba hacia la boca de la joven, que se apartó en seguida-. Vamos, es solo una mamada. No te voy a pedir nada más. — Te he dicho que no -dijo, pero ya no sonaba tan convencida como todas las ocasiones anteriores. La punta de su polla estaba a unos centímetros de sus labios, y pese a esto no hizo ademán de querer apartarse. Así que dejó el culo de la chica, la puso la mano en la nuca y la atrajo hasta su entrepierna. Olivia se levantó, estaba mareada y confundida: Había estado a punto de chupársela. ¿En qué estaba pensando? Su anfitrión la miró, impresionado. No podía creerse que aún se estuviese resistiendo, pero no dijo nada. — No… No me encuentro bien. — Deberías tomarte un descanso -Andres estuvo a punto de sugerirle que se quedara y descansara, pero no le salió. Había estado tan cerca… — ¿Esto tendrá consecuencias? -preguntó la aludida dando por hecho que sí. — No. Ya continuaremos donde lo hemos dejado cuando te encuentres bien -Lo dijo sin cortarse, y era la verdad. Solo era cuestión tiempo; ella no respondió, agarró el bolso y se fue sin coger dinero alguno. *** Cuando Olivia llegó a su casa, lo primero que hizo fue desvestirse y meterse en la ducha; sentándose en el suelo de esta y dejando que el agua caliente la devorase. Pensó en lo que había sentido, en lo que había estado a punto de hacer y en que si no hacía algo, simplemente acabaría sucediendo. No estaba m*****a. Quizá fuese por la excitación acumulada, pero ya lo veía como algo normal, porque ese era su trabajo pero… ¿Lo que sentía cuando aquel hombre la tocaba y su vulnerabilidad era algo que pudiese evitar? Ya había dejado de trabajar para él, lo había intentado y no había funcionado. Además de necesitar el dinero, se estaba comenzando a dar cuenta que había algo más; algo que la impulsaba a ir a ver aquel hombre, que hasta ese momento se había negado a aceptar. Apagó el grifo y se secó todo el cuerpo, dejando su pelo mojado y sin peinar. Se maquilló lo mínimo, con sombras de ojos y rímel, entonces se encasquetó de nuevo las mallas elásticas y el top antes de volver a casa de Andres a terminar lo que había empezado, estaba harta de contenerse. Quizás era la frustración por como se sentía, o quizás era el enfado con Rob por tratarla de aquella manera por haberse dejado llevar; pero en aquel momento realmente sentía que necesitaba vengarse de alguna manera… Y lo iba a hacer. Cuando picó a la puerta, Andres tardó mucho en abrir y lo hizo vestido con unos pantalones tejanos oscuros y una camisa de tirantes sencilla, algo que resultó inusual pues siempre la recibía al instante y listo… — Vengo a terminar el masaje -dijo para su satisfacción. Andres sonrió y la invitó a pasar, guiándola hasta el sofá y sentándose con ella. El madurito se apoyó en el respaldo del sofá y colocó los brazos en cruz, dándole libertad a la hija de Joaquin para que hiciese lo que creyese. — Creo que no hace falta que me quite nada -bromeó guiñándole un ojo. Olivia bufó mientras desabrochaba la cremallera del pantalón y agarraba una polla morcillona que ya para entonces estaba en proceso de aumentar su tamaño. El intento inicial de masturbarlo fue infructífero debido a que no estaba tanto por la labor de su entrepierna como la de prestar atención a Olivia y su evolución; la miró fijamente, y ella le devolvió la ojeada hasta que apartó la vista intimidada. — ¿Qué pasa? -preguntó mirándole fijamente la polla. — Has venido sin sujetador… — Algún estimulante tenía que traerte. — Solo es el sujetador, o realmente no llevas nada de ropa interior. — Solo el sujetador -mintió siendo incapaz de controlar su sonrojez. — Me puedes estimular de otra forma, sin chuparla. Olivia permaneció en silencio unos segundos antes de decantarse a mirarlo a los ojos. — Súbete encima de mí -pero ella solo pudo reír. — ¿Otro de tus sueños? — No, es una idea que se me acaba de ocurrir. Hazlo y no te pediré que continúes lo de antes -ella no se movió. Él la agarró de la muñeca y tiró de ella, dándole la inercia que necesitaba para moverse y ponerse sobre él…. Se sentó sobre sus muslos, sin que su entrepierna y su polla se tocasen, pero ahora esta estaba entre sus muslos-. ¿A qué esperas? Sigue masturbándome -ordenó mientras tiraba de la tira del top dejándole las tetas al aire y sin darle tiempo a reaccionar comenzó a comérselas. — A tu novio tienen que encantarle estas ubres que tienes… -mientras mamaba de ellas no dejó de mirarla a los ojos. Ella le hacía la paja con suavidad, subía y bajaba con extremada lentitud como si estuviese más concentrada en lo que hacía y decía él que en lo que ella le estaba tocando, reprimió algún que otro gemido, pues Andres se las chupaba bien en unas ocasiones y en otras no daba ni una. — Pues… No les hace ni caso -respondió picada, porque era verdad. Su novio había conseguido que ella estuviese acomplejada de tener tanto pecho; hasta le había pillado manía. — Vaya marica -se mofó acariciando el pezón izquierdo y pellizcándolo con suavidad mientras comía el otro. — Simplemente le gustan más planas… Quien os entiende -mientras hablaba notó como el corazón le latía mas deprisa y le subían los calores. Andres ya no prestaba atención a lo que ella decía; soltó un pezón y llevó la mano al culo de ella que sin inconscientemente fue a protestar, pero en lugar de eso calló y aumentó el ritmo de la paja. — Tener una hembra así y no tener ni de cómo usarla -Lo que Andres acababa de decir, a Olivia tendría que haberle sentado fatal, pero no lo hizo. Al contrario… — No soy un objeto o un a****l para que me uséis. — En lo referente a esto… Somos a****les. Usar a las personas para obtener placer tiene su morbo -dijo mientras juntaba los dos pezones y se los metía en la boca sin dejar de mirarla. Ella no pudo evitar mover incómoda las caderas; era tan… Él agarró con las dos manos sus nalgas, separándolas y juntándolas mientras apoyaba su barbilla sobre el hombro de la joven y dejaba su boca muy cerca de su oído. Se centró en oler su pelo, y ella escuchaba cada aspiración que este hacía. Notó una insoportable soledad en su hombro y su cuello, como si esperasen compañía: Una boca besando, una lengua lamiendo y unos dientes mordiendo. Suspiró mientras movía el culo en círculos para transmitirle un ambiente de excitación y estimularlo más; ella se repitió que hacía el papel para que acabase antes, era simplemente eso. Ladeó la cabeza hacia el lado contrario, dejando el cuello libre y despejado, invitándolo mientras pasaba a frotar con una de las manos el hinchado glande purpura, que quedó enterrado bajo su top contra su ombligo. No pudo evitar pensar que hasta ahí llegaría si ese hombre se la metiese: hasta el ombligo. En cuanto sintió la caliente punta de aquella estaca de carne presionar contra su ombligo, experimentó unos calambres placenteros en la cara interior de sus piernas. Ya no sabía ni que estaba bien ni estaba mal. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué debía hacer en aquella situación? ¿Dónde estaba el límite? Sí lo sabía, no lo recordaba. El hombre se levantó y ella actuó en consecuencia, la hizo girar y la abrazó por detrás posando su estaca entre las nalgas de Olivia, ocultas bajo el elástico. Y hizo tres cosas, la primera fue apartar el pelo de un lado y comenzar a besar su cuello; la segunda fue agarrarle una de las tetas por debajo del top provocando en consecuencia que esta lo agarrase del pelo y tirase de él, mientras cerraba los ojos se mordía el labio inferior y sacaba el culo; con la mano que a Olivia le quedaba libre le agarró la polla y continuó masturbándolo. El macho alfa apoyó complacido su barbilla en el solitario hombro de la joven y esta lo sintió como si se lo hubiese besado; entonces fue pillada por sorpresa cuando la mano que él tenía libre serpenteó por su muslo hasta quedar alojada muy cerca de donde tenía la entrepierna: ``Oh, por favor, tócamelo ya´´ dijo sin palabras, nunca sería capaz de reconocerlo. Estaba muy excitada, y en consecuencia aumentó el ritmo de la paja; no existía nada más. Nada más que aquella polla tan cerca de sus pantalones elásticos y de su culo. Olivia gimió cuando la mano invasora en su muslo rozó la frontera de su coño, a punto de rozar desde fuera del pantalón la parte que correspondía a los labios exteriores de este. Dejó de agarrarle del pelo y lo sujetó por la muñeca, intentando resistirse, sabiendo que no estaba bien, pero le consintió. ¡Se iba a dar cuenta que no llevaba nada debajo! Y entonces Andres decidió cruzar la raya. Su mano subió de su entrepierna a su ombligo, y sus dedos se filtraron por la tira elástica de su pantalón y buscaron el calor de su coño. Ella tiró de su muñeca sin casi éxito, pues estaba a punto de tocárselo. — ¿No te vas a correr? Córrete sobre mi culo -suplicó con los ojos cerrados. ¿Por qué tenía aquella necesidad de gemir si no estaba tocándole el coño todavía? Quería gemir, dejarse llevar, como si se la estuviese follando pero se reprimió. Se lo imaginó allí, bajándole del todo los pantalones y follándosela ahí mismo. Y no creía que fuese a poder negarse. Su coño era agua en aquel momento, y si no fuese porque tiraba tan fuerte de su muñeca… él ya se habría dado cuenta. Una cosa era estar mojada, pero en aquel momento sufría una verdadera inundación entre sus piernas. — Si me lo tocas, me voy. ¿Entendido? -No entendía ni como tenía fuerzas para decir aquello. Andres dejó de intentar tocárselo, pero no sacó la mano de la malla, que acarició el pubis y toda la zona sin bajar más. ¡Estaba tan cerca! Olivia dejó de masturbarle, no podía centrarse en nada más que aquellos dedos… — Chúpamela. — Ya te dije que en tus sueños. — Quiero soñar con que me la chupas, ahora. — Pues sueña -le provocó. Y se puso de rodillas frente a él, agarrándosela a dos manos y meneándosela sin dejar de mirársela. Escupió sobre el tronco para lubricarla y masturbarla con mayor intensidad, dejando largos y numerosos hilos de espesa saliva colgando y rebotando. — Hazme soñar… Olivia abrió la boca y sacó la lengua, dándole a entender que podía correrse en ella. Y este lo hizo, presa de la sobreexcitación que sufría sin tener en cuenta que ella no tenía la intención de recibir la carga. Se apartó y levantó en el último momento, abrazándolo con un brazo y agarrándosela con el otro, apuntando al horizonte donde esta descargaba, manchando todo el suelo. — Olivia. — Qué… -inquirió ella dándole unos últimos meneos a la polla, exprimiendo hasta la última gota de semen de esta. — Mañana hará día de piscina, tráete el bañador -dijo mientras se apartaba de ella e iba por una servilleta de papel. Cada vez hacían cosas peores, y no le hacía falta pensar demasiado en ello para saber lo que quiso decir con aquella petición. Si en ese momento ella le había consentido hacer todo aquello vestida… ¿Qué no le consentiría semidesnuda? Se imaginó a sí misma, recreando lo que acababa de pasar pero estando en la piscina. Su polla contra sus nalgas protegidas únicamente con el tanga del bikini…. Se la iba a follar. El corazón le latía muy rápido. ¿Lograría cambiar de opinión antes de que pasase? Porque por el momento, no podía aguantar más. Iba a dejar que hiciese con ella lo que quisiese. 2.4: Protegiendo su inocencia. — ¿Así lo hago bien? -preguntó a su instructor mientras repetía el ejercicio de pesas que previamente le había enseñado. Él negó con la cabeza, se colocó detrás de ella y la rodeó con sus brazos mientras la agarraba de las muñecas mostrándole como debía hacerlo. — Usas demasiado los brazos, pero no aprovechas la espalda ni las caderas -decía mientras restregaba casi imperceptiblemente su entrepierna contra el culo de Sandra-. Así, mucho mejor. -Tras corregirla la soltó y la dejó hacer las repeticiones. — Toca abertura de piernas -señaló mientras expandía el rollo de corcho en el suelo y le indicaba que se sentase. Esta lo hizo y se abrió de piernas. El madurito monitor se sentó frente a ella y colocó la planta de cada bamba en sus tobillos, para que inconscientemente Sandra no cerrase las piernas. — Veo que ya te abres muy bien de piernas, has ganado mucha flexibilidad -Ella sonrió orgullosa de sí misma; hacía dos no podía ni abrirse la mitad-. Vamos a ponértelo más difícil, porque veo que no tienes dificultad en ese aspecto. Dame las manos -Ella se las dio sin titubear. Andres la agarró por las muñecas, y sin permitirle cerrar las piernas, tiró de sus brazos haciéndole inclinar toda la espalda hacia adelante, haciéndola gemir de dolor. — ¡Como te gusta que me abra de piernas, eh! -bromeó ella en un intento de distraerse del sufrimiento. — Si puedes reírte, puedes bajar más -declaró riendo. — ¡Ya, ya…! ¡¡Ya!! -vociferó cerrando los ojos y abriéndose más de piernas. — Venga, Sandra. ¡Puedes mucho más que eso! -La animó, y acto seguido soltó ambas muñecas y la sujetó con ambas manos en la nuca, forzándola a bajar más. La cabeza de Sandra bajó hasta quedarse suspendida unos centímetros por encima de la entrepierna de su compañero de ejercicio. Ejerció presión en la nuca ignorando su resistencia, hasta que finalmente la nariz y la boca de la madurita quedó empotrada contra el bulto de sus piernas. Ella movió los brazos en forma de protesta, y él la libero. — ¿Te crees de goma o qué? -se lamentó sin hacer referencia a lo que acababa de pasar entre su boca y el choque con su entrepierna. ¿No se quejaba? Prácticamente le había puesto la polla en la cara. Andres sopesó donde estaría su límite. ¿Se enfadaría si le manoseaba por accidente el culo? ¿Le diría algo si le metía los dedos por error? ¿Se escandalizaría si se le salía la polla fuera del pantalón? Estaba deseando dar por fin respuesta a todas aquellas incógnitas. — Las mujeres tenéis mucha flexibilidad… Y hay que explotarlo. — Pero hazlo con más suavidad; vas a conseguir que me rompa algo. — Has podido hacerlo, no te subestimes. Sandra se levantó y estiró las vértebras de su espalda haciéndolas crujir. Se sintió mucho mejor tras hacerlo… ¡Estaba tan avergonzada! Por accidente le había tocado las partes íntimas a su vecino. ¡Que mal debería estar pasándolo el pobre! Lo miró de reojo y vio que tenía una erección enorme. A modo de dualidad, se sintió tan enormemente halagada y sorprendida como culpable. — Creo que me voy a ir. Es suficiente por hoy. — Como quieras -concedió con un alegre asentimiento-. He mirado las noticias, y mañana hará soleado. Así que, si te parece, puedes traer el bikini que tan mal decías que te quedaba y hacer un poco de natación. Sandra sonrió, se moría de ganas de bañarse. También de ver cómo le quedaba el conjunto, pues le daba la impresión de haber adelgazado unos cuantos kilos. — Perfecto. ¡Voy a la ducha y me pongo con Satur! — Bien ``Vaya zorras que están hechas las dos. De tal palo tal astilla´´ pensó mientras la veía marcharse: ``Seguro que le encanta dejarme con todo el calentón, y eso debe ser porque los maricones que tienen por parejas no saben complacer a unas mujeres de verdad…´´. Estaba muy resentido con la hija de esta, a la cual aún no había conseguido follarse, ni una simple mamada le había logrado sacar. Había hecho todo lo posible, y la tenía en el punto de no retorno. Era evidente que su sumisión estaba a punto de alcanzar el jaque mate; pero si se confiaba y la presionaba demasiado se arriesgaba a perderla, de la misma manera que si no la presionaba suficiente nunca avanzaría. Lo mismo le pasaba con la madurita de su madre, la cual daba la impresión de que coqueteaba en todo momento, pero de manera sutil y muy inocente acababa evitando siempre a llegar a más. Nunca reconocía nada, como si no entendiese su verdadero significado. Había llegado a ponerse en pompa, o abrirse de piernas frente a él, o restregar su culo contra su rabo… y nada. Se estaba volviendo loco; quería probar hasta qué punto sería capaz de seguir haciéndose la tonta, porque él estaba seguro de que eso estaba haciendo ella. No tenía ni idea de a cual de las dos tenía más ganas, si a la zorra ingenua de la madre o a la putilla desconfiada de la hija. A pesar de todo, nunca habría soñado participar en un juego tan excitante como ese; ambas se lo estaban poniendo muy difícil. Ninguna mujer se había resistido tanto, ni le habían requerido tanto ingenuo, esfuerzo y paciencia. *** Andres se contuvo, no quiso masturbarse ni por la noche ni por la mañana; tampoco se dejó masturbar por Olivia y le pidió un simple masaje a esta. Aquella tarde iba a centrarse única y exclusivamente a la madre. Quiso contener toda la excitación posible para evitar tener la mente fría y disfrutarlo lo máximo posible. Cuando la madurita pechugona llegó, lo hizo con una camisa de tirantes que ocultaban parte de su escote, y por encima llevaba una camisa de lino. Podían verse las tiras del bikini por debajo de esas dos prendas, por lo que supo que venía preparada. — Pasa, pasa. Nosotros estamos preparados -dijo ataviado únicamente con un estrecho y pequeño bañador que le marcaba todo el paquete. La tenía totalmente reducida debido al fresco, pero no tardaría en crecerle… Estaba deseando ver las reacciones de Sandra al ver como se le marcaba el paquete aún sin sufrir una erección. — Ya, ya lo veo -le concedió mientras echaba una vista disimulada a la entrepierna del hombre. Contuvo una sonrisa. — No sé si quitarme la ropa yo también, me da vergüenza… No he perdido tanta grasa como esperaba. — Eso debo decidirlo yo, ¿no? -dijo con seguridad mientras la invitaba a seguirle. Cruzaron la casa y salieron al exterior por una puerta que daba a la zona de la piscina. Satur estaba en ella, bañándose. — Puedes ir quitándote la ropa -la apremió mientras se sentaba en la hamaca. Sandra titubeó unos segundos, pero se quitó la camisa de lino y después la de tirantes, retirándola con los brazos en cruz y haciendo que sus tetas botasen, amenazando con salirse del bikini si no iba con cuidado. Se quitó los pantalones y mientras lo hacía se daba cuenta de que Satur estaba totalmente desnudo. — ¿Y… Y eso? -preguntó señalando con la cabeza a su joven estudiante autista, el cual dieciséis años. — Mi hijo tiene como capricho bañarse totalmente desnudo; si intento obligarlo a ponerse un bañador se enfada de manera irremediable, así que… ¿Te m*****a? -inquirió mirándola a los ojos. — No. No para nada -mintió Sandra mirando de reojo el pene de Satur. No era tan grande como el padre, pero superaba por mucho el tamaño que, según ella, tendría que tener un joven de su edad. Al darse cuenta de que la polla de su hijo había llamado la atención de su presa, se levantó con la polla ya morcillona pero aún oculta bajo el diminuto bañador. Esta vez atrajo por completo la mirada indiscreta de la única mujer que había en la piscina, que abrió ligeramente la boca totalmente impresionada, pues era la primera vez que veía una polla tan grande y aún estaba en reposo. Intentó disimular mirando hacia otra parte, pero ya había satisfecho el ego del padre, que exhibió su entrepierna satisfecho. Andres se acercó a Olivia y la agarró en brazos mientras ella se resistía y gritaba. — ¡No! ¡No! ¡Seguro que está fri…! -sin poder terminar la frase se unieron juntos al adolescente en el agua. Le m*****aba que su hijo acaparase la atención de su presa. Era suya, de nadie más. Sandra luchó por salir a la superficie y cogió una bocanada de aire, sin poder prever que Satur le tiraría una ola de agua. Cuando esta se disponía a contraatacar entre risas, el padre del chaval la agarró por detrás a modo de emboscada y la abrazó, agarrándola por las muñecas y pegándoselas a las caderas mientras ella intentaba liberarse. — ¡Eso no vale! ¡Es un dos contra uno! -se quejó entre risas mientras Satur le tiraba agua como una metralleta. — Corre, hijo. ¡Agárrale de las piernas! — ¡No! -vociferó divertida mientras se dejaba agarrar por este; el padre la dejó de abrazar y la agarró por las muñecas, tirando de ella; la terminaron hundiendo boca arriba; no tardó en salir a la superficie, donde vio que padre e hijo celebraban su reciente victoria. — Eso ha sido trampa -dijo muy seria, haciendo su rol de enfadada y rencorosa. — Si tienes algo que decir, dímelo -le retó el adulto. Y con una sonrisa, Sandra se lanzó contra este ignorando al adolescente, pero él fue más rápido y tras agarrarla por el brazo y luego de la muñeca del otro, accidentalmente los pechos se le salieron fuera. — ¡Condenado bikini! -se lamentó mientras se lo colocaba bien. Satur quedó con la boca abierta, al sufrir una espontánea erección al ver por primera vez unas tetas. Su padre, con malicia, agarró por la nuca a Sandra y exclamó: — Veamos cuanto aguantas bajo el agua -y la hizo arrodillarse bajo el agua frente a él. Si a este el agua le llegaba hasta la cintura, Sandra se quedó totalmente sumergida con la cara empotrada frente a su entrepierna. Esta aguanto unos segundos antes de picar a la pierna de Andres, que la liberó. Cogió unas bocanadas de aire antes de ponerse a toser. — Eres un tramposo. Todo lo que haces es juego sucio -y acto seguido saltó sobre su vecino, enrollando sus piernas a su cintura y pegándose a él como una mona. Ambas entrepiernas se restregaron por fin, sin tregua. Sandra le mordió el cuello mientras sus manos se apoyaban sobre los extremos de sus hombros. — Los mordiscos sí que son trama -se lamentó excitado Andres. Su polla se comenzó a poner dura, y enseguida se le salió del bañador. Su bate de carne quedó rodeado por los muslos y el coño de Sandra, el cual estaba escondido bajo el bikini y la punta de este presionaba eufórico entre sus ombligos, todo esto bajo el agua. Sandra se hizo la tonta, muerta de vergüenza. Ella solo estaba jugando, y había provocado aquella reacción. No podía moverse porque entonces Satur vería a su padre de aquella manera. — Me defiendo como puedo. Tú eres más fuerte y más grande, así que yo muerdo -dijo mirándolo a los ojos, quedando sus narices separadas por escasos centímetros; Sandra tuvo que ponerse bizca. Andres con una de sus dos manos libres, le agarró del pelo que caía en cascada sobre la espalda de ella y le hizo ladear la cabeza hasta morder eróticamente su cuello. — ¡¡AAHHHH!! Eso no -suplicó, pero el gemido fue de placer. Entre aquella polla entre sus piernas y su ombligo, y luego el mordisco del cuello. Estaba comenzando a excitarse y lo peor de todo, pensó Sandra, es que él ni se estaría dando cuenta de el verdadero contexto de todo aquello. Intentó pensar como parar aquella situación antes de que se le fuese de las manos; pero la excitada madurita no contó con que Andres le sobraban dos manos y agarró ambas nalgas de la mujer-. Eres un abusón -se lamentó mientras escondía su cara en el torso de Andres. Y este, con una sonrisa, comenzó a estrujar sus nalgas. Sus dedos, juguetones, fueron serpenteando por desde la nalga hasta colarse entre el elástico de la pieza inferior del bikini. Las yemas de sus dedos se encontraron rozando los cálidos labios exteriores de aquella desesperada vagina, provocando en aquella mujer un gemido que a duras penas consiguió reprimir. ``No se ha dado cuenta que sus dedos están tan cerca… ¿¡Qué hago ahora!?´´ pensó mientras ponía los ojos en blanco. Se sentía una sucia y una pervertida por llevar algo tan inocente como aquel juego a tal extremo. ¿Qué pensaría de ella Andres si se diese cuenta de lo que pasaba realmente? La erección era una reacción natural del cuerpo del hombre, no quería decir nada. Pero si podía sacar las conclusiones equivocadas… No tuvo tiempo a seguir pensando más, pues Andres comenzó a separar y juntar sus nalgas, amasando todo su culo con desesperación; ambos adultos comenzaron a restregar sus entrepiernas como a****les, y el clítoris de Sandra estaba siendo restregado sin piedad. Con maldad Andres terminó por meter la punta de dos dedos en el coño de Olivia. Ya no se aguantaba más, no tardaría en correrse. Empezó a dar embestidas, empujando a Sandra y haciéndola botar. Su glande golpeaba cada una de las veces contra el ombligo de ella, como si estuviese en su interior. Ella intentó reprimir sin éxito unos gemidos que él escuchó. Se la iba a follar delante de su hijo, le daba igual. Soltó en consecuencia el culo, liberándolo de ambas manos, y con una mano la agarró de la cara interior del muslo y la alejó de él. Su polla encontró un espacio para pasar desde los muslos y el ombligo de ella, a estar bajo su vagina y su ano. Con la otra mano se la agarró y comenzó a masturbarse, se la iba a meter. Tuvo el impulso de besarla, pero entonces ella gritó. — ¡Me rindo! ¡Me rindo! -Acto seguido liberó sus piernas y se apartó de él. Andres se sumergió del todo y comenzó a bucear, buscando reducir su erección. Había estado cerca, tan cerca… Pero ahora, la madre también estaba en el bote. Por fin la tenía en jaque, y muy pronto, arrinconada como a su hija. *** Sandra se duchaba arriba, en el cuarto de baño que Andres le había ofrecido para usar tras todas sus sesiones de ejercicio. Se mordió el labio al recordar lo que había sucedido por accidente en la piscina, y se sintió culpable de nuevo. Había puesto a Andres, una bellísima persona y el único gran amigo que tenía en aquel pueblo, en una posición incómoda frente a su hijo. También se sintió culpable por su marido, y es que aquellas cosas no las podía hacer como esposa. Pero Sandra llevaba años y años reprimida, le estaba comenzando a pasar factura. No pensaba serle infiel, pero no veía traición en aquellas ocasiones siempre y cuando no pasase nada más. No lo había buscado, pero en el fondo, muy en el fondo, deseó que volviese a pasar. Era lo más excitante que le había pasado nunca, demasiado morboso para poder soportarlo. Pensó en la enorme polla de su vecino, la cual era tres o cuatro veces más grande y ancha que la de Joaquin, la cual en aquella piscina la había complacido tanto incluso sin llegar a tenerla dentro. Se masturbó en la ducha mientras el agua caía, rememorando el accidente. No era una infidelidad tocarse pensando en la polla de otro hombre. ¿O quizás sí? Intentó recordar cómo era Andres, pero no lo conseguía. Se dio cuenta que hasta entonces no lo había visto como un hombre y estaba comenzando a hacerlo. Debería ir con cuidado, porque Andres estaba soltero y ella lo había provocado por accidente. Los siguientes días transcurrieron con normalidad. Sandra no le dio la oportunidad de volver a entrar en contacto, y cuando había una tentativa de hacerlo, ella se hacía la tonta mientras el corazón le latía con violencia en el pecho. — Mañana hará día de piscina… Si te apetece, podríamos tú y yo… — Pues… No lo sé. ¿Lo decidimos mañana? -respondió roja como un tomate. Ya pensaría en una excusa para no hacerlo o una alternativa mejor Ella era fiel a su marido, y no iba a permitir que aquello sucediese. Pero en la cabeza de Andres, pensamientos muy distintos se llevaban a cabo. Lo que iba a hacerles era inevitable, y no distaba mucho para que sucediese. El quien y el qué estaban decididos, solo faltaban el dónde, el cuándo y el cómo. Iba a robárselas a sus parejas, y cuando las hubiese domesticado y vuelto adictas a su polla, comenzaría el verdadero juego de verdad porque follárselas solo era el principio. Y para que fuese divertido de verdad, el resto de la familia de Sandra y Olivia tenían que participar, aunque ni unos ni otros iban a saber lo que sucedía realmente. Las mejores actuaciones se obtenían cuando los actores no sabían que estaban representando una obra. En su interior, solo había lugar para una única certeza: ``Jaque mate a Madre e hija. Fin del juego. Empieza el siguiente…’´. Capítulo 1: El macho alfa Parte III / IV: La sumisión de las dos torres 3.1: La reina blanca y el cazador Desde fuera la veían como una esposa ideal y perfecta: Una buena ama de casa que además era autónoma e independiente, con una destacable dignidad y un apego por su marido digno de admiración. Llevaban casados casi diecisiete años y desde que Sandra había empezado a salir con el padre de sus tres hijos, nunca tanteó con otros hombres ni les prestó la más mínima atención. Como cualquier persona, tuvo sus momentos de deseo y excitación ocasionales, siempre aplacados como buena esposa fiel que era. La madre de tres hijos se veía constantemente víctima de su inmoral y libidinosa imaginación, en la que rememoraba con exagerados detalles -algunos de ellos ficticios- lo acontecido en la piscina. El abuso de esas fantasías le llevó a la conclusión de que debía poner fin a su rutina deportiva con Andres, pese a no ser capaz de ponerla en práctica. A grandes rasgos, su voluntad solo le permitió evadir el contacto físico con su vecino; ya fuese dando largas a sus propuestas de realizar ejercicios acuáticos en su piscina o realizar sesiones terapéuticas de yoga. Sandra estaba segura de que Andres, totalmente ingenuo, ignoraba el verdadero contexto de sus propuestas, y mientras él planteaba algo tan normal como unos ejercicios físicos sin connotaciones sexuales, ella solo era capaz de fantasear con arrimarse a la cebolleta. Aunque no podía evitar el contacto -el cual muy a su pesar disfrutaba como una loca- que tanto ansiaba. Su marido, del que ella estaba enamorada, no la satisfacía ni parecía tener la motivación para esforzarse en hacerlo, y por ello era terriblemente frustrante que un contacto que tanto necesitaba se lo tuviese que proporcionar su vecino, evidentemente sin tener conocimiento de ello. Se estaba mintiendo a sí misma al justificar aquella sensación de bienestar y placer -al entrar en contacto corporal durante los ejercicios con su vecino- debido a la actividad física que tan bien le sentaba. Joaquin por su parte se negaba en redondo a hablar de estos temas con su esposa: Era cerrado y orgulloso además de carecer de auto-crítica. Por ello se negaba a atender las cuestiones que le presentaba la madre de sus hijos cuando esta se animaba a abrirse a él. Ella le intentaba explicar que estaba un poco insatisfecha sexualmente, pues de todas las veces en las que habían yacido juntos en su lecho, ella había tenido la necesidad de hablar con él pero pocas veces lo había terminado haciendo; ya no solo porque la duración y resistencia de Joaquin durante el acto sexual no eran elevadas, sino por su poca implicación en dar placer a su esposa por otros medios. Sin embargo, ante estos hechos y acusaciones, se cerraba en banda negando que la culpa fuese suya y se mentía a sí mismo diciendo que ella disfrutaba tanto o más que él. Esto se debía a que muchas veces fingía para no hacer sentir mal a su pareja pero, cuando no se m*****aba en hacerlo, era ella la que no se implicaba en su propio disfrute; en otras palabras, que si no disfrutaba era porque no quería. Esto, a grosso modo no significaba que a su manera el marido de Sandra no se esforzarse por complacerla, pero como para él ya hacía todo lo que podía, lo que sucedía es que no podía reconocer que era un mierda en la cama y que su esposa era una mal follada. Su hija Olivia había dejado de preguntar sobre los entrenamientos con el padre del alumno. Al principio insistió de broma, pero con el tiempo creyó que no tenía gracia chinchar más a su madre. Lo que ella no sabía es que había aceptado de pleno al bromear sobre ello. Un romance en que su madre, la protagonista, no se había atrevido a aceptar. Se mostró escéptica el día anterior cuando Andres le pidió que no llevase ropa de deporte; y ante sus preguntas se limitó a informar que iban a hacer algo diferente. El cuerpo de Sandra había permanecido inquieto tanto por la noche como durante la mañana dando clases en el instituto, tras un descanso en su casa y una comida con sus tres hijos -ya que tanto Pedro como Jaume habían roto su rutina de comer fuera para hacerlo en su casa-, se dirigió a la finca de su vecino portando un chándal de dos prendas sin forma que ocultaban su silueta femenina; como ropa interior llevaba un sujetador y unas bragas de encaje bordado, extremadamente sexy. Le encantaba aquella prenda y no la llevaba puesta en absoluto por Andres, ya que a él no debía importarle lo que llevaba debajo. También portaba -en su bolsa de deporte- unos cuantos útiles ``por si las moscas´´, como otras prendas para adecuarse a la situación en caso de que le propusiese algo diferente y para lo que el chándal no sirviese. Nerviosa se acercó a la puerta y la aporreó con el lateral del puño. Tardó algo más de un minuto, y cuando lo hizo, Andres abrió con un look muy diferente al de todas las veces anteriores, vestido con una camisa formal sin abotonar -exhibiendo como no su deliciosa tableta de chocolate-, y un pantalón tejano que le quedaba muy juvenil. Su anfitrión iba descalzo, se hizo a un lado y la invitó a pasar. — Estás… diferente -puntualizó la recién llegada mientras cruzaba el umbral. El aludido cerró la puerta con una sonrisa de oreja a oreja antes de contestar. — Puedo decir lo mismo de ti; es la primera vez que te veo en chándal. — ¿Qué vamos a hacer? -Estaba siendo tajante debido a su nerviosismo. Buscó por los alrededores del salón con la mirada en un vano intento de encontrar alguna pista. — Ya te dije que era sorpresa… Siéntate en el sofá. Tras señalarlo, y unos instantes después de que la aludida iniciase su marcha hasta el lugar indicado, su interlocutor cerró la luz tras ella. En consecuencia del inesperado click del interruptor, la invitada pegó un bote echando una rápida mirada hacia atrás suyo. — ¿¡Qué haces!? -No aguantaba la incertidumbre. — Es parte de la sorpresa, siéntate. Apagar la luz no privó de visión a los ojos de ambas partes. Varias luces blanquecinas entraban rectas y cuadradas iluminando parte de la estancia; era una luminosidad vaga, pero servía para orientarse y ver las superficies, no así como sus colores. Sandra, en blanco y negro, llegó al sofá en el cual tras sentarse sintió que había sabanas a modo de funda que protegían el mobiliario, algo inusual debido a que aquel sofá de piel siempre carecía de funda alguna. — Estas… sabanas -rompió el silencio que invadía la estancia-. Supongo que son parte de mi sorpresa -acarició los tejidos textiles, muy agradables al tacto. Sentía una presión insoportable en el pecho debido a la impaciencia. — Las sabanas son sabanas -comentó mientras se acercaba, Sandra solo vio la silueta de su acompañante debido al contraste-. Las sorpresas son estas -confesó alzando las manos emulando una rendición. — ¿Tus… manos? -inquirió al tiempo que se acariciaba el mentón y mientras sopesaba en levantarse y abofetearle, pero aguardó cauta. Andres se acercaba, cada vez más próximo. — Con ellas te daré tu sorpresa. — Suena mal -susurró con un hilo de voz y con rostro inexpresivo. El hombre se detuvo frente a ella, mirándola desde arriba. — Es un masaje -declaró por fin. La sorprendida oyente separó los labios hasta formar una perfecta O. El silencio no se volvió incomodo, pues ambos se resistieron a romperlo; se miraron e silencio hasta que el giró sobre sí mismo y se encaminó hacia la mesa. — Un masaje, nada más. — ¿Y cómo propones que sea el masaje? -Planteó como quien no quiere la cosa, sin dar muestras de que en su interior ya se cocía la negativa. — Te quitas la ropa y… — Suena indecente e impropio de ti. ¿No crees? Esto no procede… -se ruborizó, pero la oscuridad le guardó el secreto. A Sandra le preocupó que no estuviesen solos y Satur estuviese observando. — Tranquila, mi hijo no está. — ¿Y dónde está? — En casa de mi hermano, pasando la tarde. — Siempre está en casa, parece todo muy… rebuscado. Andres sonrió y se paseó dando un rodeo al sofá hablando mientras caminaba. — Dices que es indecente, pero solo es un masaje. Si a mitad de este deseas detenerlo porque consideras que es… ¿Cómo dijiste? ¿Improcedente? Entonces paramos. Sandra no contestó. — Y no debes preocuparte, porque Satur no interrumpirá. — Vamos que estamos los dos solos… -preguntó ella con zorrería haciendo referencia a lo preparado que parecía todo; Andres entendió algo muy diferente, por ello se limitó a mirarla y encogerse de hombros. — ¿Supone algún problema? -la pregunta la enmudeció hasta que sin decir nada, negó con la cabeza. — Entonces… Manos a la obra. — Lo que si supone un problema -se apresuró a decir ella, tartamudeánte ante el exceso de iniciativa de su compañero de deporte-… es el tema de la falta de ropa. El macho alfa alzó la ceja y abrió la boca sin llegar a producir ningún sonido, lo había pillado por sorpresa: ¿La ropa?. — Es ropa interior. Es… Indecente -argumentó ella sin dar muestras de querer comenzar a desvestirse. — Es malo que te haga un masaje en ropa interior -La cuestionó incrédulo, ella asintió-. Ya te he visto en bikini. No hay diferencia -Puso los ojos en blanco. ¿Cómo no había podido caer en aquel detalle? Debería haberle pedido que trajese el bikini. Si hubiese podido darse cabezazos contra la pared por imbécil lo habría hecho gustoso… Ese pequeño e insignificante error podía hacer que todo el plan se fuese a la mierda. — Claro que hay diferencia, y se nota -se levantó y fue hasta donde había dejado la bolsa de deporte-. Tengo que usar el baño… ¿Te importa si lo uso? — No, claro que no -dijo intentando contener el temblor de su voz, la cual delataba la ira que crecía en su interior. Sandra se fue y, mientras no estaba, intentó pensar en una salida de aquella situación. Bien podría proponerle hacer el masaje por encima del chándal e ir quitando prendas a medida que avanzaba, pero ella ya estaría en guardia por el tema de la ropa interior. Se paseó impaciente por el salón mientras se daba con la palma de la mano en la frente: Otra solución era decirle que con la poca luminosidad no vería nada, incluso podía cerrar más las ventanas pero, si ya había puesto pegas era muy posible que lo pusiese ante eso también. La única solución que vio era dejarlo para otro día, no pensaba arriesgar todo el esfuerzo y la paciencia que había tenido que soportar para dejar que aquella guarra se le escapase. Era consciente de que ya no había posibilidades de follársela ese día, así que se calmó mentalmente e intentó pensar en algo diferente para hacer. ¿Y si salían a correr al exterior? Sandra por fin llegó y avanzó en silencio hasta su bolsa de deporte, donde abrió y cerró la cremallera. — ¿Cuándo comenzamos? -inquirió la mujer con un tono juguetón y alegre en su voz. Andres se dio la vuelta y la sorprendió viendo un bikini oscuro, posiblemente el mismo que usó el día de la piscina: ``Qué pedazo de puta´´ pensó con satisfacción mientras su polla se abría paso entre los estrechos pantalones; ella misma acababa de abrir las puertas de su hacienda. — Ya no tienes excusa, eh. Lo raro es que no lo trajeses puesto. — Para entrenar no me gusta llevar el bikini, no para de… -no terminó la frase, se detuvo antes de añadir:- Y tampoco sabía que íbamos a hacer. — Pues aquí te espera tu masaje. — Aunque me da vergüenza usar el bañador para algo que no sea bañarme en la piscina. — ¿Vergüenza? No digas tonterías -la tranquilizó mientras señalaba al sofá y ella obedecía estirándose sobre él. — Si estoy incómoda, pararemos -Sandra prefirió aclararlo en aquel momento y no después. Sabía que si ella quería parar aquel hombre respetaría su decisión, pues los meses que habían pasado juntos entrenando eran suficiente aval para disponer de aquella confianza. — ¿No es evidente? -dijo sin mentir. Se había mentalizado desde hacía tiempo que, para no perderla pararía si era necesario… pero no iba a permitir que aquello pasase. Se la iba a follar bien follada; tenía los cojones llenos y los iba a vaciar en ella. — Estoy incómoda… — ¿Por qué? -bufó él suavizando su tono de voz para no sonar m*****o, al tiempo encerró los ojos. — Estás vestido -El aludido abrió los ojos sorprendido al escucharlo. — ¿Y cómo quieres que esté? —No me parece mal pero… Estoy en bikini y me incomoda que tu estés… vestido -Hubo un silencio, y ella tapó su cara contra la sabana con un silencioso ``Tierra trágame´´-. No he dicho nada, continua. Admiró el cuerpo semi-desnudo que había frente a él antes de romper el silencio. El pelo recogido sobre un hombro y que ocultaba parte de su mejilla, los pechos aplastados contra el sofá y sobresaliendo por los lados; por último se fijó en aquel culo, cuyas nalgas se habían visto separadas por el hilo del bikini. Tras un silencio de unos insignificantes segundos comiéndose con la mirada aquel provocativo culo, se apresuró a contestar. — No, para nada. Quiero que estés lo más a gusto posible -aseguro satisfecho mientras se alejaba del sofá y se encaminaba hacia su habitación una vez allí se quitó toda la ropa con tranquilidad y montó sobre su diminuto bañador al tiempo que meneaba de un modo calenturiento el morcillón que tenía como tercera pierna-. Parece que estás destinado a verme follármela, viejo amigo -dijo antes de abrir la puerta y dirigirse por fin hacia el sofá. Su objetivo no era tanto disfrutar sino volver adicta a su polla. La primera impresión era la más importante, y cada vez que presentaba sus dotes a nuevas mozas se sentía como un camello que entrega su mejor mercancía a un nuevo cliente. No es que con el tiempo fuese volviéndose peor, pero ya no se preocupaba tanto por la satisfacción de las mujeres con las que estaba. No le preocupaba llevar algún tiempo sin mojar, aquello lo volvía más morboso todo porque, cuando por fin rompía la monotonía de su soledad… lo hacía follando como una bestia. ¿Y qué ansia más una madurita mal follada que una bestia que la haga sentir viva? Pensaba enviar a aquella zorra a su casa con las piernas temblando y verdaderas agujetas. Bajó desde la segunda planta las escaleras, desde las cuales se podía ver todo el salón como si de una atalaya se tratase. Bordeó la barandilla de un salto y aterrizó seguro sobre sus dos pies descalzos; al pasar por el lado de la mesa, agarró el pote de aceite y se lubricó las manos con abundante loción. Volvió a mirar el cuerpo de Sandra como si fuese la primera vez: su presa mantenía los pies suspendidos en el aire y balanceándose sobre sus caderas, los muslos y los gemelos formaban unas perfectas uves. La tira del bikini estaba todavía más incrustada en su culo de lo que lo estuvo cuando se fue. Ella ni se m*****ó en mirar hacia atrás, porque temía que estuviese desnudo o con un bañador similar al que llevó a la piscina. — ¿Te importa si me siento encima? — Ujum -musitó en tono afirmativo. El madurito se sentó por fin sobre aquellas nalgas, con una rodilla recogida y la otra pierna totalmente estirada. Miró una última vez a aquellas nalgas mientras pensaba ``vais a tener que esperar a vuestro turno un poco más´´, y dejando el bote de aceite a un lado juntó la palma de su mano, encharcada con el lubricante, contra la cálida espalda de su presa e inició el masaje en círculos mientras la hidrataba. No quiso iniciar el masaje presionando fuerte, se limitó a dar poco más que sencillas caricias; ni rápidas ni lentas, al ritmo perfecto indicándole que no iba a haber ninguna prisa. Sandra intentó por su parte no impresionarse de la habilidad de sus manos ni de sacar una opinión positiva de aquel masaje… pero le resultó imposible. Pasó de intentar mantenerse escéptica y crítica a ser difícil de convencer, y de este a estar completamente relajada; todo esto en una en poco más de dos docenas de segundos. >>
<< ``Hacía tanto que nadie me tocaba así´´ gimió para sus adentros. No recordaba que Joaquin se lo hubiese hecho nunca, y quienes le habían obsequiado con algo similar eran fisiote****utas profesionales, por los que había tenido que pagar y duraba poco tiempo. Fue en ese momento, en el que sin ninguna excitación ni ningún impulso sexual a la vista, simplemente disfrutó del masaje. Antes de esto, cuando estaba por iniciar el masaje, no se fiaba de sus propios instintos. Le agradó descubrir que no iba a sacar el masaje fuera de contexto permitiéndose a sí misma gozar de aquel masaje sin ningún tipo de preocupación, siquiera por los temores enfocados a aquel mismo hombre que le estaba dando el masaje. Se centró en sus manos frotándole con las palmas la espalda. Eran dos, pero no tardaron en dividirse en diez entes independientes que patinaban sobre su piel. Brincaban sobre sus vertebras y costillas sin evitarlas, recorrían los costados del torso y la femenina silueta de sus hombros. Su paseo se convirtió en senderismo, y este en alpinismo cuando los dedos de la mano derecha escalaban decididas por el cuello hasta llegar al cuello cabelludo; la otra mano en cambio, se quedó masajeando en círculos, un poco más arriba de sus nalgas. Sandra notó su pelo impregnándose de aceite, pero no le m*****aba. Suspiró al notar aquellas expertas manos hacer puénting en caída libre, desde sus hombros hasta unos centímetros por encima de las nalgas y, como si fuesen dos manos skaters, agarraron la rampa y aprovecharon la inercia de la bajada que les proporcionaba aquel bello culo para volver hasta los hombros. La siguiente vez bajó de manera mucho más lenta, más rebuscada, prestando atención a cada hueco y cada detalle de su espalda hasta llegar a la tira elástica de su bikini. Una pequeña parte de su interior gritó en alerta, le avisó del peligro. Ella la ignoró pues tenía la certeza de que no pasaba nada malo en aquel lugar. Las manos volvieron a subir y, como si un partido de tenis se tratase, comenzaron a extender ocasionales dosis de aceite que se iban añadiendo al masaje. Las formas en las que colocaba los dedos, así como la presión que ejercía y la variante velocidad, se le asemejó a la de un fisiote****uta experto: Definitivamente aquel hombre tenía un don para hacer masajes. Pero Andres la cogió por sorpresa descabalgando de ella y, mientras una de sus manos se mantenía en contacto directo con su piel en la zona lumbar, la otra mano agarró el pote de aceite y embadurnó su culo y sus muslos, al igual que su propia mano. << ``Ay, dios… Que me va a tocar el culo. ¿Cómo le digo que no lo haga?´´ se martilleó al tiempo que tensaba todo el cuerpo y la respiración se le congelaba. La mano aceitosa quiso llevarle la contraria y pegó un brinco sobre sus nalgas hasta aterrizar grácil sobre los muslos. Su voz interna volvió a gritar, más fuerte esta vez… pero la ignoró de nuevo. Las manos volvieron a darle la razón cuando reanudaron el masaje esta vez en los muslos alejándose de su entrepierna hasta llegar a los pies; ascendieron de nuevo, ignorando su culo hasta llegar a sus hombros y volvió a bajar como si de una partida de ping pong se tratase. Sandra agarró con ambas manos la sabana mientras apretujaba la cara contra esta escondiendo su rostro y se removía incómoda. ¡Que bueno es! ¡Menudas manos…! ¿Pero que me falta? ¿Por qué sentía que faltaba algo? Se mordió el labio inferior al sentir sus manos subir por sus gemelos y entrar en contacto con los muslos. Eran incoherencias, solo puras incoherencias. Resultado de imagen de masaje erotico a mujer gif Alzó imperceptiblemente sus caderas, como si estas quisiesen hacer tropezar a sus manos e impedir que volviesen a pasar de largo; algo así como Gandalf gritando el conocido ``No puedes pasar´´. Andres no pudo evitar sonreír mientras su mano más proximal tanteaba el límite entre el muslo y la humedecida nalga. La cara interna desprendía un calor evidente, y la cara interna de sus muslos estaba mojada de algo más que de aceite. Escuchó un gemido cuando hizo vibrarlas las caderas con su mano al tiempo que pensaba que hacer: ``Si un muro me corta el paso… O lo salto, o encuentro un orificio por el que atravesarlo´´. Esta vez se sentó sobre los tobillos de la masajeada, al tiempo que colocaba ambas manos en torno a sus caderas y las invitaba a alzarse levemente. — ¿Qué haces? -preguntó anonadada como si despertase de un largo sueño. — Voy a hacerte un masaje diferente, tu relájate -dijo mientras la agarraba del pelo a lo bruto y le hacía empotrar la cara contra el asiento del sofá-. Tienes que levantar un poco las caderas -la guio intentando evitar palabras mal sonantes o que la sacasen de su trance. Todo debía ser muy inocente y que no llevasen a la malinterpretación-. Tu espalda tiene que convertirse en un tobogán -mientras hablaba con voz calmada ponía la palma de su mano contra la tira del tanga del bikini y la hacía resbalar a lo largo de la columna. La felicitó por hacerlo tan bien, y mientras con una mano realizaba el ejercicio del descenso, con la otra tanteaba como iniciar el movimiento que acabaría metiéndolo entre aquellas piernas-. ¿Notas como resbala la mano? -preguntó clavando sus dedos entre la tira elástica y tirando de ella, haciendo que se le metiese entre las nalgas y, por extensión, entre su lubricado sexo. — Ahhh… Sí, lo noto -Sus caderas se movían a un ritmo muy lento y suave de un lado a otro. Andres posó su mano libre sobre la cadera de ella y la acarició, como si fuese una yegua a la que pretendía dominar. — Sí… Nota como resbala -la provocó con la voz mientras sus dedos afianzaban la correa que tenía ella como bañador y tiraba más de ella. Otro gemido ensució la tranquilidad de la estancia. Andres bajó la cabeza con sutileza y pudo observar como el hilo estaba totalmente metido entre los labios externos de su vagina. Con una mano se sacó la polla y se la meneó con suavidad. Soltó la tira para agarrar uno de los condones y romper su envoltorio, colocándoselo prácticamente al instante. El condón tenía estrías de goma; estaba seguro de que la iba volver loca… Quizá después de unas cuantas folladas podría follársela sin condón… Lubricó el condón con el aceite, y, cuando Sandra levantó la cabeza para preguntar qué estaba haciendo y por qué había parado. Su masajista volvió a hacerle empotrar la cara contra la colcha, esta vez sin dejar de aplastarle la oreja con su mano. No iba a dejar que levantase cabeza; pero Sandra se movía como su fuese un pulpo, con la cabeza fija pero sus extremidades bailando como si no pudiesen estar quietas. — Andres… -suplicó sin decir nada más. — Relájate… Vamos a repetir el ejercicio de hace un momento. La cabeza bien abajo y el culo bien arriba -dijo esta vez poniendo su mano entre el ombligo y el muslo, ella obedeció, y él posó aquella misma mano en su espalda haciendo que se pronunciase todavía más el tobogán que formaba. Después agarró la tira y la separó a un lado, dejando por fin el excitado coño a la vista. Sus piernas y nalgas temblaban, como si fuese una cerda a la que llevan al matadero… Y Sandra iba a morirse, pero de placer. — Andres, no… -suplicó esta vez más alto y convencida. ``Aún se resiste esta perra´´ meditó impresionado de su fuerza de voluntad, pero ya era demasiado tarde. Se puso de pie, con un pie apoyado en el suelo y otro en el asiento del sofá. Con la polla balanceándose frente al coño abierto y expectante. El temblor fue en aumento, y mientras se prometía devorar aquellas nalgas antes de que ella se fuese a casa, dejó de aplastar la cabeza de Sandra y la asió del pelo con una mano, mientras que con la otra se agarraba la polla y hacía besar la punta con el agujero de entrada-. No lo hagas, por favor… Andres. — Es parte de la sorpresa -dijo él mientras tiraba del pelo y la hacía curvar en u la espalda al tiempo que echaba hacia adelante sus caderas e introducía escasos centímetros de polla. Se sorprendió, pues creía que entraría con mucha más facilidad. Era una madre de tres hijos, y para su error había creído que estaría algo floja de allá abajo, pero no. Estaba apretujada como un callejón, y tuvo que soltar su pelo para agarrar con ambas manos las caderas de su presa y atraer aquel culo contra su entrepierna. knockmeoutandknockmeup: “Don’t tease me, Daddy! I wanna feel your bare cock in my tight pussy, stretching my virgin hole. Slide your big dick in me and fill me up with your cum, Daddy. I know it’s not safe ‘cause I’m not in the pill but I want you to... Ella se resistió, llevando la mano hacia el torso de Andres mientras intentaba impedir su avance. Quería gritar que estaba incómoda, pero no le salían las palabras: — Andres… Por favor -gimió mientras notaba como los dedos gordos de sus manos se acercaban peligrosamente a su ano. Su compañero tenía tanta fuerza que logró meter a presión cuatro centímetros más de polla, y comenzó a dar brutales embestidas para meter lo que quedaba. Y pese a que se sintió aliviada por notar el condón, estaba preocupada por la estrechez. El dolor era bastante, pero era soportable. Y tenía la sensación de que la goma se estaba estirando hasta darse de sí. Entonces fue cuando Andres se dio por vencido de continuar perforando y comenzó un mete saca en la profundidad que había logrado cavar. — ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡AAAAHHH! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -Al igual que sus masajes, cada ciertos movimientos flojos los combinaba con un movimiento final de gran potencia. Si los débiles los usaba para machacar su vagina, los grandes los usaba para perforarla todavía más profundo. Las embestidas pequeñas daban más placer que dolor, pero las grandes dolían prácticamente el triple, pero aún así eran mucho más placenteras que cortas. Supo que si quería salir de aquella situación tenía que esperar a que se quedase satisfecho. Ya no serviría de nada pedirle que se detuviera, así que asió las sabanas en sus manos y escondió de nuevo la cara entre ellas mientras aceptaba todas aquellas embestidas. El dolor comenzó a disminuir, y el placer aumento. Su coño chorreaba como loco y se comenzaba a amoldar a su nuevo amante. — Andres… yo… -intentó expresarse, pero solo pudo poner los ojos en blanco en un intento fallido de mantenerlos abiertos. Las embestidas se acentuaron ahora que ya no tenían que preocuparse por excavar más, pues la encapuchada punta comenzó a picar contra las paredes de entrada al útero. El hombre la agarró del pelo con una mano, recogiéndolo en una coleta mientras con la otra presionaba sobre su columna para que juntase el pecho contra el asiento y, con el culo totalmente en pompa, echó todo su peso por fin desbordando su coño. — ¡AAAAAAAAAHH! -gritó en un brutal alarido que mezclaba dolor y placer, provocando que se le tensase todo el cuerpo. La masa de carne se topó con el final del camino; chocó con las puertas del útero antes de retroceder y haciendo que el cuerpo de Sandra se relajase con alivio. Entonces metió de nuevo una embestida con carrerilla que la hizo volver a gemir- ¡AHHHH! -En aquel momento ya no eran hombre y mujer, eran dos a****les follando. Y ella no era capaz de mediar palabra, solo gemir con cada embestida. Era una masoca, disfrutando con cada embestida a pesar del dolor que representaba. Pero con la tercera embestida el dolor ya no era para tanto, conservando el mismo grado de placer; con la siguiente embestida el dolor era solo una cuarta parte del inicial, y con una última embestida la volvió a meter toda incrustándola en lo más profundo de su coño. — Te tenía muchas ganas, perra -confesó motivado por la adrenalina restregando la punta con sus entrañas-. Te has ganado todo lo que te haga y más… -Mientras dijo todo esto, las caderas y piernas de ella estaban paralizadas en una rampa permanente, y no se relajaron hasta que sacó la polla… pero lo hizo para reanudar la follada con un sinfín de embestidas. — ¡Ahhhhh! ¡Ah! ¡Ahhhh! -Pese a querer protestar por lo que acababa de escuchar, solo podía producir aquellos sucios y honestos sonidos de su boca. Sus cuerpos sudados resbalaban, y su coño hacía sonidos inmorales y húmedos debido a la fricción-. ¡Uff! ¡Ahhhh! -El dolor ya no existía, solo había placer. Notó la polla endureciéndose más y más a medida que ella gemía con más violencia. Se corrió brutalmente y notó como el tiempo se paraba, como su vagina asiaba aquella polla y la volvía suya. Intentó pedirle que le diera un momento, sorprendida al recordar lo que era sentir un orgasmo de aquella magnitud. Resultado de imagen de embestidas follar gif violento Intentó parar a Andres, pero tenía los brazos sujetados por sus firmes y fuertes manos, él ignoró su sensibilidad y mantuvo el ritmo de la follada, perforada sin piedad. ¿Cómo podía tenerla tan dura? ¿Cómo podía durar tanto? Volvió a sujetar la sabana y esta vez la mordió para callar los gemidos. Le hería en el orgullo no ser capaz de controlarse, de callarse si lo deseaba ni parar a aquel hombre. Se sentía totalmente dependiente al madurito de que se la follaba, y aquello la m*****aba y la excitaba en partes iguales. — ¡Hmmf! ¡Hmmf! ¡Hmmf! — Eso, yegua -Sandrá notó una cachetada en su nalga y la adrenalina inundó su cuerpo-. ¡Que no te oigan gemir! Has sido una mala compañera de ejercicio, provocando siempre que podías. ¿Eh? — ¡Hmmf! ¡Hmmf! -Su compañero alternó las embestidas intermedias por otras más furiosas mientras tiraba de su pelo con violencia y la hacía ponerse a cuatro. La agarró del cuello como si la fuese a estrangular. Protestó con más gemidos silenciados hasta que no fue capaz de contenerse más, se corrió otra vez-. ¡Hmmf! ¡Ah! ¡AH! ¡AHHHH! Dios mio… Le entró el bajón mientras se corría, como si le hubiese dado un bajón de tensión pero disfrutando del orgasmo. Notó como Andres apoyaba la barbilla sobre su espalda y respiraba agotado, corriéndose dentro de ella: Le impresionó sentir la enorme cantidad que le pareció inundar su coño, incluso si era dentro de un condón. — Vaya coño que tienes, quería durar mucho más pero no he podido evitarlo -``¿¡Mucho más!? Incrédula le pareció imposible alargar más una follada tan intensa. Ya de por si estaba completamente extasiada, pues aún le duraba su orgasmo. Sin cuidado, Andres sacó su polla engomada y se retiró el condón salpicando un poco de leche sobre los muslos de su amante. Y agarró otro condón ante la mirada escéptica de la testigo, y vio como se colocaba la segunda goma sobre una polla lubricada con semen y la hacía abrirse de piernas para él. — ¿Qué vas a hacer? -inquirió sin entender. Para ella no existía la posibilidad de seguir follando. ¿Se había corrido? ¿Cómo iban a continuar? Pero entonces descubrió que iba en serio cuando la polla, mucho menos dura que durante su apogeo, se metió de nuevo entre sus carnes e inició otra batería de perforaciones. Acostumbrada al anterior frenesí, pudo contener los gemidos, pero supo que no los retrasaría por mucho tiempo. — Si acabo los condones… ¿Me dejarás follarte a pelo? — Si los… ¿¡Si los acabas!? -Andres apoyó ambos brazos alrededor de la cabeza de Sandra mirándola desde arriba. Se observaron fijamente mientras él daba las embestidas-. ¿Cuántos condones tienes? — Este y otro más -mintió mientras acercaba su cara a pocos centímetros de su nariz. — ¿Quieres follarme tres veces seguidas? -No se lo creía. — Cuatro… — Es imposible -no era su intención retarlo. Simplemente no se lo creía. — Entonces tenemos un trato -le susurró al oído mientras pegaba su mejilla a la suya. — Es imposible -repitió intentando que la voz no delatase su placer. Hizo un gesto de placer, y abrió la boca, preparándola para comenzar a gemir. Su garganta iba a convertirse en breve en una máquina de alaridos placenteros. — Me muero por meterla a pelo. — Eso no va a… ¡Ahhh! -Sandra se vio desconcentrada cuando Andres comenzó a comerle el cuello de una manera terriblemente sucia sucia. Andres no follaba como la primera vez, donde cada embestida era perfecta. Estaba follando como un mono, como un conejo… y aún así la estaba machacando de placer. — ¡Buuuufff!! Vaya coño. Como me apretas… ¿Eh, perra? — No lo hago queriendo… — Quieres que me corra dentro, vamos reconócelo -le ordenó entre mordisco y mordisco en su cuello. — No… — Vamos, pídemelo -La apuró acelerando el ritmo al tiempo que se imaginaba estar sin condón y estar a punto de llenarla con su semilla. — ¡Noooo! -gruñía la empalada hembra, abriéndose más de piernas. Notó unos débiles espasmos con un temblor final. El depósito de la goma se infló ligeramente en su interior antes de que él sacase la polla fuera. Se retiró el condón y le hizo un nudo antes de tirárselo encima, el cual aterrizó sobre el sudoroso y brillante ombligo de Sandra que lo miró estupefacta. — Me ha entrado hambre… ¿Hacemos una pausa para comer? -anunció y sin darle tiempo a reaccionar metió la cara entre sus piernas y comenzó a besar con suavidad los labios de su coño. Estaba tan sorprendida que solo pudo echar la cabeza hacia atrás, abrir los ojos y la boca de manera incrédula y dejar escapar un enorme: ``¡Dios mio! ¿No vas a parar nunca?´´ y sin recibir contestación alguna, iba a proceder a empujar su cabeza lejos de su entrepierna pero justo en aquel momento una lengua juguetona y extrovertida se introdujo en los primeros centímetros de su vagina y no le quedó otra que agarrar la cabeza por los lados y mantenerla ahí, al tiempo que se mordía el labio y cerraba los ojos al tiempo que repetía aún más fuerte: ``¡¡Oh, dios mio!! Notó un orgasmo acercarse a pies puntillas, sigiloso como una sombra. Pero a medida que aumentaba la intensidad y la vibración conjunta de lengua y labios, el orgasmo comenzó a caminar; a trotar, a correr y por último a esprintar. Pero no llegó a alcanzarlo debido a que Andres paró en el último momento. — ¡Nooo! -exclamó m*****a y cuando iba a reprocharle vio que el rabo entre sus piernas, brillante y viscoso, volvía a estar semirrígido. No le sorprendía que hubiese dejado de estar duro, lo que le impresionaba es que aún se le pusiese dura, incluso si no era en su totalidad. — Cambio de planes… Vamos a pasar del tercer condón -propuso agarrando su sujetador y bajándoselo, dejando sus tetas al aire pero subidas por el soporte del sostén. — ¡No, sin condón no! Hoy no es un día seguro… — Solo será un polvo rápido… -``Polvo rápido los de mi marido, mal nacido´´ Pensó ella intentando no reír. Le parecía todo tan irreal, pero no cerró las piernas ante la polla de su amante a pesar de arrepentirse a cada segundo que pasaba de lo que hacía. — Ni rápido ni leches, nada de hacerlo sin… -No pudo terminar la frase porque él comió la boca al tiempo que se acurrucaba entre sus piernas y, con la polla en mano, restregaba la punta contra su coño hasta que finalmente la metió- ¡Ummmm! ¡Hmmf! ¡Hmmf! ¡Hmmf! -La follada empezó ya de por sí a un ritmo rápido, su beso apasionado beso la mantuvo ocupada al intentar no devolvérselo a pesar de que sus labios se resistían a cerrarse del todo. Aquella enorme polla, incluso estando poco más que morcillona, comenzó a endurecerse en pocos segundos hasta estar completamente dura de nuevo. Las embestidas eran normales, como si se estuviese adaptando a su propio ritmo hasta que de repente cambiaron totalmente y se volvieron muy lentas y muy pesadas. Sintió todo el poder de un ariete policial machacando su coño masoquista; no había ardor ni dolor, incluso después de todo el sexo que habían tenido hasta el momento. Las embestidas hicieron que el glande penetrase ligeramente el cérvix, si es que eso era posible. — ¡OOOHH, DIOS! ¡AHH! -No pudo reprimirlo, arañó la espalda del maltratador de su vagina que exclamó furioso. — Dios no está aquí para ayudarte -anunció mientras en una de las embestidas la dejaba clavada, pubis contra pubis, los cuales se besaban mutuamente-. ¿Cómo puede tu coño apretarme tanto? ¿Tanto me desea? Sandra tuvo el impulso de asegurar que no era su vagina, sino su gran polla la que no cabía, pero se calló. Se mordió los labios y cerró los ojos, pero al sentir que no podía contener los gemidos, avergonzada mordió el cuello de su contrario provocando un gemido brutal en su pareja. Este entró en modo frenesí, y sus embestidas se agravaron. — Eres un bestia… ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -chilló a su cuello reaccionando a cada embestida. — Así hay que follarse a las vacas como tú, como una bestia -No supo si enfadarse o excitarse, entendiendo que se refería a sus tetas- ¿Qué tal si te hago un hijo? ¿Saldrá leche de esas ubres? -y en consecuencia a la advertencia comenzó un mete-saca violento que anunció el punto de no retorno. — ¡AHahAHahAHahAHHH! ¡Dios! ¡Ah! ¡Mio! ¡Uff! -Sus gemidos temblaban y variaban la intensidad de su volumen debido a la vibración que producia cada empalada. Notó el espasmo muscular en su polla y lo intentó apartar, pero la clavó lo más profundo posible antes de que todo su cuerpo se tensase. — Y van tres… — ¿Te has… corrido dentro? -preguntó enfadada y confusa al mismo tiempo, pues no notaba humedecido su interior. — Sí, pero no he lanzado mi leche. Me he corrido pero sin disparar la carga… — Eso es imposible… -Le reprochó mirándolo a los ojos. — ¿Quieres que me corra dentro? -preguntó reanudando la follada. Andres supo que esta vez no podría correrse sin una verdadera motivación. Se puso como meta lo que más podía excitarle: Embarazar a aquella mujer. Iba a descargar su carga dentro después de haberle regalado los mejores polvos de su vida. — No, no quería decir eso… Sácala. — ¿Quieres que la saque? -preguntó sin parar de follársela. — Sí, esto ya ha llegado muy lejos. — La sacaré después de correrme… Resultado de imagen de hablar follando gif — Córrete fuera… -suplicó mirándole a los ojos. — Suplícame que me corra, acabaré antes -ordenó manteniéndole la mirada. — Córrete… — Pídeme que me corra dentro. — Eso no -se negó en redondo, pero él no se rindió. — Pídemelo, me pondrá a cien que lo hagas… Y me correré fuera. Solo vamos a jugar a que deseas que te impregne. — Promételo. — Vale, venga va… Ahora suplícamelo -la apremió eludiendo la promesa. Se comió con la vista los ojos y la humedecida boca de Sandra al tiempo que la agarraba de los tobillos y obligaba a las rodillas de ella a juntarse con sus hombros, totalmente abierta de piernas para él. — No olvides acabar fuera. Prométeme que te correrás fuera… — Te lo prometo. Vamos, perra… ¡Quiero destrozarte el coño! Suplica -declaró con malicia ya con un plan en mente. Sandra se estaba arrepintiendo ya de seguirle el juego pero, al mismo tiempo, estaba excitadísima tanto por su actitud, su agresividad y su forma de follársela. — ¿Por qué quieres impregnarme, umm? — Eso te haría mía. — ¿Quieres correrte dentro para marcar tu territorio? -preguntó clavando sus uñas en el definido culo masculino, acompañando las embestidas. — Voy a inundar tu útero con mi leche. — Te has corrido tres veces... -argumentó incrédula, notando como la polla en su interior volvía a endurecerse de nuevo. — Dos, la tercera ha sido un orgasmo seco… La leche que se acumula ahora mismo en mis cojones está lista para inseminarte. A la tercera va la vencida… — A la tercera va la vencida… -repitió ella hipnotizada. — ¿Quieres que me corra dentro? -Sandra titubeó antes de dar su respuesta. — No… — Vamos, cariño. Suplícamelo. — No quiero quedar embarazada… — Me voy a correr igual… — Es un día peligroso, no lo hagas… Me quedan pocos días para ovular… Las embestidas se acentuaron, saliendo de su trance. Como si fuese un tren que se afianza sobre las vías tras haber descarrilado, comenzó a empalarla una y otra vez. — Recuerda tu promesa, la corrida fuera. — Es verdad, lo prometí. Pero nunca prometí que mi corrida fuese a acabar fuera -Y de nuevo, sin darle tiempo a reaccionar, le comió la boca y comenzó a machacar de nuevo su coño. La motivación de querer correrse dentro hizo sentir el punto de no retorno hasta que su glande se inundó con las ganas de explotar notando como ella también se estaba a punto de correr y, cuando estuvo a punto de hacerlo y sin dejar de besarla, retiró las caderas y sacó la polla. Se la agarró y la apuntó a su coño abierto, que recibió gustoso la descarga. — ¡Noooo! -se lamentó, demasiado centrada en su orgasmo para apartarse o empujarlo. Notó como el semen manchaba toda su vagina por fuera y por dentro, mientras todo de cintura para abajo temblaba-. Eres… Eres un… -dijo comenzando a llorar. Se tapó la cara para que él no lo viese. Andres simplemente se dejó caer sobre ella metiéndole de nuevo la polla y quedándose ahí, en estático, descansando sobre y dentro de ella. Resultado de imagen de creampie shoot gifResultado de imagen de creampie coño gif Sandra estaba demasiado agotada para hacer nada, y no lloraba porque él se hubiese corrido dentro, lo cual le fastidiaba. Lloraba por todo lo que ella había hecho, por lo que había consentido y en lo que había participado. — ¿Por qué lloras? ¿No te ha gustado? -responder sí a eso habría sido insoportable para ella. Así que se quedó allí, abierta de piernas y con él en su interior arrepintiéndose por lo que había pasado y por lo que seguía sucediendo, pues aún gozaba aquella sensación de placer y bienestar. No tenía control sobre sus piernas, que temblaban como hojas durante un huracán. — Ha sido una buena follada -admitió al tiempo que salía de ella, con hilos de semen colgando de su miembro-. Eres demasiado compatible conmigo, más de lo que esperaba -La insinuación de repetir le hizo que le entrasen nauseas. ¿Cómo podía siquiera proponer tal cosa? Disfrutaba por la novedad, por la ruptura de la monotonía en su aburrida vida sexual, porque nunca en su vida había disfrutado tanto. Pero la voz interior que al principio la había alertado y ella había ignorado, estaba recobrando fuerza; sin ninguna otra que la eclipsase esta vez. ¿Qué había hecho? Indiferentemente de que no se volviese a repetir. ¿Qué había hecho? Indiferentemente de que no volviese a ver a Andres. ¿Qué había hecho? Indiferentemente de lo mucho que había disfrutado. ¿Qué había hecho? Pensó al recordar nítidamente estar casada con el padre de sus tres hijos. Hombre del que a pesar de sus cosas malas, ella estaba enamorada. ¿Cómo podía haberle sido infiel? Pensaba. … Pensaba. Con aquel hormigueo de satisfacción en su coño. 3.2 No enfades a la mujer que quieres… ¿Dónde está la línea? Olivia meditaba en la cama mientras intentaba conciliar un sueño que nunca llegaba. ``La noche es oscura, y alberga horrores´´ decía la afamada serie. Era en la penumbra nocturna donde los sueños como sombras crecían cuando la luz de insomnio los alumbraba. Enormes sombras se cernían sobre ella, le susurraban cosas con malicia. Las sombras tenían su misma voz, y vivían en su cabeza. Por culpa de ellas, ya no era su novio el único que estaba enfadado. Ella había sido débil y había sucumbido a la lujuria desmedida, forzando a su pareja a tener sexo sin protección, algo que le aterraba de sobremanera. ¿Pero cómo habían llegado a esa situación? Pensó furiosa. ¿Por qué estaba que se subía por las paredes? Quizá él no tenía el mismo problema porque, cada vez que habían follado antes de enfadarse, ella se aseguraba de que Rob gozase de una buena corrida; en cambio, a Rob le traía sin cuidado que la mayoría de veces su novia se quedase a medias e insatisfecha. Le traía sin cuidado sus deseos, sus necesidades y sus carencias; no se había m*****ado ni en cuestionarse porque estaba tan sexualmente irascible. ¡Egoísta la había llamado, habrase visto! ¡Encima ella tenía la culpa! Estaba que se subía por las paredes de lo cachonda que estaba, era evidente. Y pese al continuo enfado y distanciamiento de su novio, ella se había tragado su orgullo y había dado un primer paso tras otro para la reconciliación. Cualquier otra se habría ido con cualquier otro para desahogarse, pero ella no era así… Olivia, además de malfollada, se sentía gilipollas. Por eso se preguntaba dónde estaba la línea. La pregunta moral que se repetía en bucle en su mente no era sobre si estaba bien ser infiel o no en aquella situación. Su pregunta era en que momento ella dejaba de ser responsable de ser infiel, y en qué momento Rob comenzaba a ser culpable de ser un cornudo. Porque… Sí. Hay personas que se lo buscan y hay personas que se lo merecen. ¿Cuántas semanas iban ya desde que su novio no se la follaba? Cada vez que intentaba calcular la última vez que su novio se la folló, se enfurecía de manera irremediable. Si las relaciones en pareja eran dar y recibir, Un QUID PRO CUO sexual constante… ¿Por qué ella siempre estaba dando cuando él devolvía tan poco o nada? Y además, como suplemento, Rob seguía sin perdonarla después de tanto tiempo. Sí, le había vuelto a hablar. La había vuelto a besar… Pero evitaba follársela hasta el punto de dormir en el sofá. ``Mañana hará día de piscina, tráete el bikini´´ había dicho con aquel toque imperativo Andres que tanto había calado en la joven. Pero no era sino todo lo que precedía a esa orden lo que había llamado su interés… *** La joven accedió al interior de la casa con una blusa de una sola pieza que hacía las veces de falda y de camisa. Se transparentaba en la justa medida lo suficiente para dejar entrever las dos piezas del bikini. — Tenías razón, hará día de piscina -observó la recién llegada al tiempo que le miraba el paquete de reojo. Las intimidades de Andrés estaban mal ocultas tras el diminuto bañador que tanto le encantaba llevar, y lo cierto, es que a ella le gustaba vérselo puesto; negarlo sería mentirse. Era hipnotizante ver como aquella trompa se balanceaba entre la tela con cada movimiento. — Ya, pero no vamos a la piscina -Olivia lo miró sorprendida-. Tengo un plan mejor. — ¿Cuál? -inquirió desconfiada. Se apoyó al borde de la mesa mirándolo inquisitiva. — Siéntate en el sofá -tardó unos segundos en reaccionar, pero acabó obedeciendo-. Ahora te vendaré los ojos… Quiero probar algo diferente. — ¿Crees que me voy a dejar vendar los ojos? — Sí. — Pues te equivocas… -Su falsa negativa ocultaba muy mal la curiosidad que le urgía por dentro-. ¿Qué…? -Fue interrumpida por Andres. — No preguntes. Si quieres saber que tengo en mente, obedece -señalizó al tiempo que rodeaba a paso lento el sofá por su parte trasera. Se colocó a la espalda de la joven y le tapó lo ojos con una venda de color negro en cuanto se hubo sentado-. Si te quitas la venda, pierdes… — ¿Qué me vas a hacer? ¿Y qué pierdo? -El aludido no respondió. Encendió la televisión, la cual se veía perfectamente desde el sofá. — Las respuestas a todo lo que puedas preguntar llegarán pronto, así que aguántate un poco. Voy a buscar unas cosas, no te quites la venda -le recordó el hombre mientras desaparecía, dejando como ruido en toda la estancia el sonido de la televisión. No se oía nada en el resto de la casa, siquiera los pasos de Andres. Y pese a que la tentación de quitarse la venda era fuerte, no lo hizo. Su paciencia se vio recompensada cuando, sin tardar demasiado, lo escuchó regresar acompañado de unos ruidos de bolsas y plásticos… ¿Comida, tal vez? — ¿Qué es eso? — ¿Qué te he dicho yo de las preguntas? — Por qué estamos aquí si hace día de bañarse? -Andres no respondió en seguida, pero lo acabó haciendo. — Se me ha ocurrido algo mejor -dijo antes de dejarse caer sobre el sofá, haciendo botar a Olivia del temblor-. Y ahora te explico las normas: -hizo una pausa y continuó- Yo voy a ver una película, pero tu solo puedes escucharla -La oyente alzó una ceja, pero le dejó continuar-. También he traído cosas que comeré, pero tú no puedes cogerlas con las manos. — Así que me las vas a dar tú -inquirió juguetona. — No, yo no te voy a dar nada -Su tono de voz delataba una sonrisa invisible que Olivia supo identificar. — Si no puedo ver, no puedo coger cosas con la mano y no me vas a dar nada… — Roba con la boca, pero no sabrás que es ni donde está. — ¿Y por qué iba a hacer nada de eso? — Porque uno de los placeres de ver una película es comer. — Tengo los ojos tapados… — Tranquila, es normal que no le veas la gracia -él rio primero, y ella le siguió. — ¿Alguna norma más? -Andres la abrazó por detrás, se estiró y la atrajo para sí. — Puedo comer cualquier cosa -La aludida abofeteó la mano que estaba muy cerca de un lugar peligroso. — No puedes comer cualquier cosa… ¿Qué película vamos a ver? -dijo sin darle oportunidad a contestar. Entonces notó como, sin contestar, el hombre que la tenía abrazada agarraba lo que se supone que era un mando y tras seleccionar un par de opciones en pantalla volvía a dejar el control a distancia en el mismo lugar; mientras sonaba una introducción melódica que era reconocida en todo el mundo, su acompañante le agarró los pliegues de la blusa mientras intentaba sacársela. — No hace tanta calor -protesto ella impidiendo el avance ascendente de su prenda. — Mejor que te manches tú a que se manche esta blusa tan bonita que me llevas -le susurró cerca del oído, sobresaltándola. Sin forzar, insistió en tirar los pliegues hacia arriba y aunque ella no la soltó, el vestido se convirtió en camisa, y la camisa en sujetador. Logró que la joven tetona alzase los brazos y la prenda desapareciese echa una bola hacia algún lugar de la estancia-. Me pregunto que debería comer ahora… Hay tantas cosas para elegir -musitó él mirándole las tetas, el cuello y las piernas. — ¿Ves algo que te guste? -Pese al calor ella temblaba-. ¿Qué es eso? -preguntó al oírle romper un envoltorio de plástico y morder algo crujiente. — Está muy bueno… -Ella abrió la boca y buscó a ciegas hasta encontrarse un kínder bueno, rompiendo dos pastillas de un solo mordisco mientras escuchaba de fondo: ``Qué hicieron con los planos de la estrella de la muerte?´´. Notó como el madurito se apretujaba contra ella impregnándola con su buen cuerpo mientras agarraba en la distancia algo más. Tras escuchar el sonido de un click notó como una sustancia espesa y pegajosa se vaciaba sobre sus labios, su mentón y sus tetas. — ¡Pero avísame, a****l! -Soltó un bufido al tiempo que se relamía los labios-. ¿Quieres hacerme engordar? -preguntó mientras notaba como algo presionaba y crecía contra su culo-. Dame más. — Búscala. — No voy a buscar nada -replicó orgullosa a pesar de estar terriblemente desesperada. Le encantaba aquella leche tan pegajosa. — Vaya, perdona -dijo él mientras dejaba caer otro chorro sobre el cuello de ella. Sin ningún pudor se lo limpió con la lengua, y después le comió todo el escote y su canalillo donde había quedado acumulada antes. — No te he dado permiso. — No puedes limpiarte tú misma, así que te tengo que limpiar yo -respondió arrogantemente al tiempo que dejaba caer leche condensada nuevamente sobre su escote y también sobre su ombligo. Olivia se abrió de piernas, pero colocó ambas manos en el pecho de Andres a modo de barrera; a pesar de esto, él se acercó lo suficiente para comerle el canalillo y bajar hasta el ombligo. La cegada y lamida joven no fue capaz de decir nada, al sentir como cada vez aquel hombre tiraba la leche condensada más cerca de sus bragas. Saltándoselas, él manchó la cara interna de ambos muslos y los devoró enteros hasta que solo quedó su saliva, haciendo Olivia liberase con frecuencia suspiros de desesperación antes de que Andres se recostase a su lado y continuase viendo la película. — ¿Me vas a dejar sin leche? -preguntó con el corazón a mil. El poseedor del bote satisfizo su exigencia manchándose el cuello con un chorro del líquido. — Acabo de mancharme… ¿Me limpias? — ¿Dónde te has manchado? -preguntó ella sin hacer ademán de moverse. — Frio… -indicó animándola a empezar. Tras unos segundos Olivia giró sobre sí misma y se encaró a él, acercó la cara con la boca abierta en busca la piel Andres. No estaba segura de qué tocarían sus labios y su lengua, pero por algún sitio tenía que comenzar e iba a hacerlo por el lugar donde creía que estaba su pecho-. Te vas calentando -Ante esta señalización, Olivia comenzó a bajar hacia el ombligo, pero volvió a corregir su rumbo-. Y ahora te estas enfriando de nuevo. Empezó a subir lamiendo en vertical desde su esternón hasta su cuello donde al encontrarse con la sustancia comenzó a lamerla con pequeños besos. — Caliente, muy caliente -la animó el hombre mientras la aludida seguía besando. Incluso tras limpiar hasta la última gota ella continuó lamiendo-. Veo que te gusta. — Es mi debilidad… Eres un cabrón. ¿Sabes cuánto hace que no probaba la leche condensada? -Al oír esto, Andres Agarró el pote y lo puso entre los labios de la joven; instintivamente ella sacó la lengua para impedir que cayese fuera mientras el liberaba pequeños chorros cada pocos segundos. Fue acercando el bote hasta su cuello, con la lengua de Olivia pegada al dispensador evitando que se desperdiciase una sola gota. Entonces el mentón de Olivia y el cuello masculino chocaron hasta que fue inevitable que se derramase sobre él un montón de leche condensada. Fue inevitable que Olivia comenzase a besuquear con fervor toda la extensión de la zona donde se había derramado, como si fuese un oso con la miel de una colmena. Andres dejó el pote y agarró las nalgas de la excitada joven, subiéndola sobre sus muslos los cuales estaban juntos. Abierta de piernas para él, comenzaron a restregarse a un ritmo lento y apasionado sus entrepiernas, ambas protegidas por sus respectivos bañadores. El madurito se recreó manoseando aquel culo, separando sus nalgas sin más queja por parte de su dueña que los gemidos ocasionales que hacía entre lamida y lamida. Debido al contacto físico y a la estimulación que ofrecía la lengua de la joven, su polla comenzó a acercarse al climax hasta el punto de salirse casi por completo del bañador. — Ya te he limpiado. No estás manchado -afirmó poniendo su cara a la altura de la de su contrario. ``Ayúdame, Obi-Wan-Kenobi. Eres mi única esperanza´´ se escuchaba de fondo. — Es una pena, porque ya no queda casi leche condensada… Lo último me lo voy a beber yo ahora -Y tras manifestar esto, agarró el pote y lo vació en su boca. Le pilló por sorpresa que como un águila rapaz cazando conejos, Olivia devorase su boca sin previo aviso introduciendo su lengua en el interior de su boca en un intento de robar lo máximo posible para sí misma. Sin dejar de besarlo, comenzó a restregar la parte del bañador sobre la que se encontraba el clítoris, pegando pequeños botes. Tras una decena de segundos de magreo; Andres la forzó a bajarse de encima y la dejó estirada sobre el sofá. Se puso, pasó sobre ella y se sentó sombre su ombligo mientras comenzaba a masturbarse, dejándole la punta de su rabo a pocos centímetros. Pudo ver como Olivia olía la fragancia de su miembro. El calor y la excitación facilitaban que la fragancia a sudor y testosterona se impregnase en sus fosas nasales. Ella sacó la lengua, afilándola en un intento sin éxito de lamer aunque fuese un poco de aquello que liberaba un olor tan fuerte. — Déjame. — Di lo que quieres… — Déjame continuar -suplicó contoneándose desesperada bajo Andres. Le fastidiaba que él quisiese humillarla de esa manera. ¿Hacía falta que reconociese las ganas que tenía de chupársela? ¿No era evidente? — Antes dime que quieres. — Quiero limpiarte… — No es eso lo que quieres… — Déjame seguir… -suplicó impaciente, sabiendo que cuanto antes se la chupase antes podría tenerla dentro. Se iba a volver loca. ‘’Ya es mía. Hoy caes, mi querida putita´´ celebró interiormente, tiró del pelo de ella alejándola de su entrepierna, como si este fuese una correa. — ¡Nooo! -se lamentó ella, no se creía capaz de seguir sin reconocer lo que quería. Empezaba a pensar que ya le daba igual. ¿Qué más daba? La dignidad no le servía para nada en una situación como esa. Pero Andres la forzó a estirarse boca arriba, con la nuca apoyada en el borde del sofá facilitando la abertura de su garganta. Supo en ese momento que no era su orgullo lo único que se iba a tragar. — Voy a darte eso que tanto quieres… — Dámelo -volvió a suplicar ella acariciándose el ombligo con una mano y con la otra el pecho. Andres volvió a abrir el casi vacío bote de leche semilíquida y la vació entre el ombligo y la entrepierna de Olivia, por encima del bikini; entonces se inclinó y comenzó a darle lametones mientras su polla, golpeando torpemente a la deriva, atracó entre los labios de la pringada joven que los separó gustosa al tiempo que se abría de piernas. Intentó reprimir los suspiros de placer al sentir esa lengua limpiar el orificio de su ombligo de del pringoso líquido, y no pudo dejar de chupar mientras su mente se concentraba en aquella boca que aterrizaba sobre las bragas de su bikini y le retiraba de este los restos del dulce. Únicamente con su lengua, escarbó entre el borde del bañador y el muslo, entrando en contraste al catar el salado y húmedo interior de Olivia. Tras unos pocos intentos de usar solo su boca; se acabó resignando a usar las manos para apartar la prenda hasta que por fin pudo comerle a gusto el coño. Empezó lamiendo en vertical descendente, desde el clítoris hasta la parte más alejada de este antes de meter la nariz entre sus piernas. Andres, ejecutando un movimiento horizontal con las mejillas, aquel humedecido y necesitado coño provocando un gemido irremediable en la joven. El responsable de haberlo provocado sonrió, satisfecho pues la joven hacía rato que había dejado de comerle la polla… Signo inequívoco de que estaba totalmente absorta en su propio placer.>>

<< Separó sus labios de la pringosa vagina, y como si se sentase sobre el mentón de su amante, el hombre colocó los testículos sobre la boca de Olivia y comenzó a masturbarse sobre su boca mientras que con la otra mano introdujo dos dedos en el lubricado orificio buscando estimular su punto g. Andres cerró los ojos y se sentía en la gloria, no le quedaba demasiado para correrse pero no pensaba forzar un orgasmo sexo y mucho menos iba a acabar antes de habérsela follado. Siendo ella y encontrándose en el estado que estaba, estaba completamente seguro que se la podría follar sin goma. Por su parte, la joven se encontraba un dilema mental al tener una parte de si misma concentrada en la multitud de sensaciones que inundaban su cuerpo; y por el contrario el deseo melancólico de que su novio fuese el que le hacía esas cosas. Ya no se preocupaba por pensar si la culpa era suya por consentirlo o de su novio por no hacer nada para evitarlo, lo único que importaba era que estaba allí: Abierta de piernas, siendo tocada por un hombre que no era su pareja y que poseía una polla tan grande que muy posiblemente la partiría por la mitad. No necesitaba mirarla… La había masturbado tantas veces en los anteriores meses que era consciente de todo lo que podía saberse de aquella polla pero, incluso si la había tocado tanto, nunca se la había llevado a la boca ni había sido penetrada por ella… hasta ese momento. Sus piernas le temblaban, y había estado varias veces a punto de correrse. Andres había parado todas ellas justo antes de que pudiese gozar de un buen orgasmo, y la tenía loquita. ¿La tenía así de desesperada y cachonda únicamente con preliminares? ¿Cómo podía estar su vagina tan mojada e impregnada de sus propios líquidos? Sus labios estaban hinchados; demasiado sensibles ante cualquier contacto, pero deseosos de que esa buena polla los hiciese estremecerse de placer. En cuanto Andres se hubo quitado de encima, ella se llevó los dedos de una mano a su sexo y, tras un breve contacto, las yemas se alejaron de este con numerosos hilos colgando…. Ella estaba lista, con la vagina preparada para cometer la infidelidad y el hombre tras ella, aquel semental que le doblaba la edad y con un pollón tan grande como su brazo, se masturbaba a la espera de que ella cogiese la iniciativa… y eso hizo. Se levantó del sofá y, pasando por el lado de Andres, se dirigió hacia la mesa donde apoyó sus dos manos, separó las piernas y puso ligeramente el culo en pompa. El aludido, tras sonreír pícaro, se acercó y la rodeó con un brazo, ciñendo la curva espalda femenina a su trabajado torso varonil. La otra mano se encargó de recoger el pelo en una coleta improvisada, y tras tirar de ella y hacer mirar a su sumisa acompañante al techo, le susurró al oído: — Si quieres que te folle vas a tener que seguir mis reglas -le informó con voz suave y sosegada sin soltarle el pelo. Su polla se infiltró entre las dos piernas, por debajo de la encharcada vagina, y comenzó a frotarse entre los dos muslos dando la sensación de que se los estaba follando. — Qué quieres que haga… -contestó con los ojos cerrados y mordiéndose el labio. Tenía muchas ganas de orinar, pero era una sensación muy diferente. Como si quisiese mearse de placer. — No quiero que hagas nada, quiero que hagas todo lo que te diga. — Lo voy a hacer -respondió totalmente sometida, totalmente concentrada en la polla que entraba y salía de entre sus piernas-. Fóllame… — Si te digo que eres una puta… ¿Qué me dices? — Soy tu puta -Olivia no quería discutir, no le importaba conservar su dignidad. Solo quería que se la metiese-. Métemela ya… — Muy bien -la premió en consecuencia dejando de abrazarla con un brazo, agarrándose la polla y comenzando a restregar la punta del glande con la raja de su vagina haciendo que se estremeciese. — Si te digo que ahora me perteneces y puedo hacer lo que quiera con tu cuerpo… — Mi cuerpo es tuyo, soy tuya… -contestó acariciando el cuerpo de él-. Ahora métemela. — ¿Sabes que si me mientes te dejaré a medias? —No… Eso no… -gimió concentrada en las caricias que le daba aquella polla. Las ganas de orinar aumentaban, motivadas por el deseo y la necesidad que no llegaban a quedarse satisfechas. — Si mientras te follo me llevas la contraria… te va a tocar quitarte el calentón a ti misma -le advirtió dejando de tirar de su pelo y permitiendo que la cara y las tetas de Olivia quedasen aplastadas contra la mesa-. Levanta el culo… Si eres una perra en celo, voy a darte lo que tu cuerpo exige… — ¡Sí, dámela! -suplicó alzando en pompa el culo: Se iba a volver loca. Con polla en mano, la usó como atizador para golpear el coño con el glande, haciendo que salpicasen pequeñas gotas de su flujo vaginal. Pegó pequeños botes ante cada chapoteo y, por fin, el glande se metió a presión por el estrecho orificio haciendo que ella se quedase paralizada en aquella posición tan humillante. A pies puntillas para llegar lo más alto posible, y con el culo en pompa intentando no ceder ante la fuerza de aquella penetración. Un azote bestial le aterrizó en una nalga y le provocó un subidón de adrenalina. Andres la agarró de ambos hombros y se la metió en el fondo provocando que la penetrada liberase un aullido de dolor. — ¡AAAAAAAAAAAHHHH! — Esto es solo el principio, putita. Cuando termine contigo vas a ser un depósito de semen -y tras decir esto, retrocedió casi por completo y la volvió a embestir con la misma fiereza, como si buscase aflojarle la vagina. La declaración de querer correrse dentro la aceptó como algo que no le gustaba y que la volvía loca al mismo tiempo. Evidentemente no quería arriesgarse a quedar embarazada, pero el hecho de que aquel hombre la marcase de esa manera, como si fuese su territorio… Como si le impusiese una marca de vacuno. La hizo apretar su vagina en torno a aquel enorme miembro que la estaba matando de placer. — ¡Ah! ¡Ah! ¡Ahahah! -Las embestidas se detuvieron, por lo que ella pudo preguntar-. ¿V-Vas… Vas a convertirme en un depósito de semen? — Voy a marcarte con semilla -dijo palabra por palabra al ritmo de cada embestida. Su polla le estaba presionando contra lo más profundo de sus entrañas, notando la punta de su verga contra el ombligo como mínimo. — ¿Quieres embarazarme? -preguntó intentando contener los gemidos. — Yo me voy a dejar llevar… -le confesó agarrándola por el cuello y murmurándole a lo oreja-. Voy a liberar mis instintos más básicos que son someterte e impregnarte como buena hembra que eres. Y cuando termine, para asegurarme, voy a volver a hacerlo… Una, y otra, y otra vez… Hasta que… -hizo una pausa, le metió la polla hasta que invadió el cérvix y girándole la cara le plantó un morreo húmedo y sucio antes de separarse y mirarla a los ojos-… te quedes preñada. Le sacó la polla, le dio la vuelta y la abrazó. Levantándola en el aire y sentándola sobre la mesa. Ella se quedó abierta de piernas para él. — ¿Te vas a quedar preñada para mí? — Soy muy joven para quedar embarazada -dijo ella atrapando la cara de Andres entre sus manos y besándolo. Mientras tanto él se agarró la polla, la orientó contra su coño y la metió sin dificultad. Su coño ya se había amoldado a su enorme tamaño. — Serás una perra, pero esto que tienes aquí son verdaderas ubres -dijo agarrando ambas con sus manos-. Asegúrate de darme mucha leche cuando des a luz. Serás mi vaca personal. No hubieron más palabras por el momento, se miraron mientras él comenzaba de nuevo a follársela. Olivia no logró permanecer impasible y apoyó su mentón entre la sudada frente de su nuevo dueño y su pelo, ya que este devoraba sus tetas mientras la perforaba. Incluso entre el continuo movimiento de sus embestidas podía sentir los espasmos en el rabo de su amante, que aumentaba el ritmo hasta ser prácticamente evidente que se iba a correr. ``Voy a ser llenada por un putero y semental…´´ pensaba mientras empezaba a morder el cuello de este en un intento de callar sus gemidos. — ¡Hmpf, hmpf, hmpf, hmpf…! -Haber estado tanto sin correrse le pasó factura y fue inevitable correrse como una loca incluso a pesar de que él no había terminado-. Para, para, para… -dijo apretándose a el, restregando las puertas de su útero en su glande. Estaba demasiado sensible y por unos momentos lo m*****aba cualquier roce. — Si me apretas así la polla con tu coño voy a vaciar enseguida. — Aja… -dijo ella con los ojos en blanco gozando del orgasmo. — Voy a hacerlo igualmente pero… ¿Quieres que me corra dentro? — No… -mintió abrazada a él. — Eres una puta mentirosa, te mueres de ganas -Aseguró abrazándola también y, llevándola a caballito inverso con la polla aún metida, se aterrizaron juntos en el sofá-. Vamos a corrernos juntos… Voy a vaciar mis cojones como un loco dentro de tu sucio coño. — No… por favor -musitó ella mirándolo a los ojos. Resultado de imagen de impregnation creampie gif Andres la pilló por sorpresa al ponerla de lado y abrirla de piernas, clavando aún más su polla dentro. — Vamos a corrernos juntos -repitió mientras empezaba a masturbar su clítoris con una de las manos libres que tenía. — Así duele… Me vas a partir. — Quiero partirte, quiero embarazarte y quiero romperte -declaró él agarrándola del pelo y clavándole un mordisco sobre la arteria carótida ubicada en el cuello. Un apasionado mordisco que la hizo estremecerse justo antes de que empezase la follada. No iba a ser un maratón; era un esprín. Había pillado carrerilla y en ese momento la iba a impregnar… Las ganas de orinar volvieron para ella, se acababa de correr con un brutal orgasmo pero se acercaba algo mucho mayor. Sin poder descansar y totalmente agotada de cintura para abajo, intentó seguir el ritmo de aquella bestia que la estaba ‘’violando’’. Notó de nuevo sus espasmos, notó sus testículos aporrear su culo, notaba el glande perforar su cérvix, haciendo que todas sus entrañas se revolviesen de placer debido a la presión; una sensación muy rara que la estaba volviendo loca. — ¡AHahAHahAHahAH! — ¡Juntos! -declaró el dejando de morderla y pasando a meterle toda la lengua dentro de su boca-. Después de tanto tiempo… ¡Por fin voy a vaciar las bolas en ti, perra! — Hazme tuya… Marca mi útero con tu leche -dijo apretándose contra él, incapaz de seguir fingiendo-. ¡AAAAHHHHH! -Olivia estalló. No supo si era se orino por el orgasmo, o si tuvo el orgasmo por orinarse. Sentía algo fluyendo a chorro, una sensación que nunca había tenido; notó como sus piernas se le desencajaban y se le separaban del cuerpo, como su coño moría de placer. Notó como los espasmos de aquella polla precedían a una inundación de esperma. El glande de ese hombre presionó contra su cérvix, impregnándolo de la sustancia. Resultado de imagen de impregnation creampie gif Estaba avergonzada por haber soltado aquel extraño líquido que había salido a presión, pero al mismo tiempo estaba realizada y satisfecha. Impregnada de un líquido espeso y caliente al tiempo que sus piernas se negaban a reaccionar, temblando empapadas. El semental que le acababa de regalar tal orgasmo, el mejor que había tenido, dio unas últimas embestidas esporádicas, restregándose en su coño antes de sacarla pringosa de su propio semen. La acercó a su cara sudada y ella, a la cual ya le daba igual todo, se limitó a abrir la boca a limpiársela. Estaba lamiendo un delicioso semen, impregnado de su propio lubricante. No estaba segura de sí se iba a arrepentir de aquello, pero en aquel momento no había lugar para la preocupación. Solo existía el placer y la plenitud, estirada boca arriba y con el coño rebosante de semen, manchando aún más el sofá. — Te has corrido demasiado… Nunca te había visto soltar tanto. — Era una ocasión especial, tenía que dar la talla -dijo plantándole un beso en la boca. No era sexual, ni era erótico… era más emocional que otra cosa. Como si se estuviesen agradeciendo apasionadamente por haberse dado tanto placer mutuamente. *** Con el paso de las horas y con su cuerpo satisfecho por fin, comenzó a arrepentirse de lo que había hecho. Una parte de sí no se lo reprochaba, pero la otra era la que, implacable, se dedicaba a recordarle lo estúpido que era todo lo que había hecho. Su mayor cagada fue permitir que acabase dentro ya que su instinto estaba completamente convencido de que iba a quedar fecundada. ¿Y cómo iba a explicar aquello a su familia? ¿Cómo, si hacía tiempo que no tenía sexo con su novio, iba a convencerle de que era suyo? Pensó en abortar, en tomar la píldora del día después, pensó en tenerlo mintiendo a Rob e incluso diciéndole la verdad. Todo eso al tiempo que se prometía a si misma que no volvería a caer en el mismo error con Andres. No volvió a hablar con él, y él no hizo nada por su parte para ponerse en contacto con ella, como si después de impregnarla todos sus deseos carnales hubiesen desaparecido. Olivia estaba convencida a ser fiel a partir de ese día a su novio. Si tenía la suerte de que este no se enterase de la manera que fuese y su relación se rompiese, cumpliría su penitencia no volviendo a ser débil y pecar de aquella manera. Aquella misma noche, tras ducharse y ponerse lencería sexy, su mejor prenda de red ceñida a su silueta; fue a buscar a Rob al sofá donde estaba durmiendo todas las noches y, tras explicarle como se había sentido hasta el día anterior a su infidelidad -por supuesto omitiendo esta-, logró convencer a Rob para tener sexo sin condón… Tal vez fue que ella lo pilló en el momento y en el lugar oportuno, no pensando este con claridad. Pero después de una rápida pero intensa follada y tras ser impregnada por su novio se quedó dormida a su lado, totalmente satisfecha. Ahora si estaba completa. 3.3 Donde habitan los conejos ¿Sería creíble decir que la mayoría de parejas y matrimonios se han respetado y no han sido infieles en su vida? ¿Por qué se ve la infidelidad como algo tan terrible? Una traición tan imperdonable que puede llegar a romper parejas y minar por completo la confianza de las personas pero… ¿Cambiaría si encuestas revelasen que más del setenta por ciento de personas han sido infieles alguna vez en su vida? Lo único que cambia en las infidelidades es cuando pasan desapercibidas y cuando son descubiertas: a veces con las manos en la masa y otras en diferido. Se criminaliza el hecho de ser infiel y, en la mayoría de casos, no se perdona. Se tacha a la persona de desmerecedora de la confianza prestada y se le castiga, en lugar de buscar el problema y solucionarlo: Una mujer insatisfecha y descuidada, una novia despechada, una esposa que se siente desaprovechada… … pero si es infiel y se le descubre, la culpa es de ella. ¿Y no tiene acaso la culpa su pareja por descuidarla? Puestos a imponer responsabilidades, esas parejas cornudas pueden tener mucha culpa. El problema está cuando no se tiene auto-crítica y tu pareja no puede hablar contigo, no hay comunicación porque por la sinceridad pagas muy poco y, por lo tanto, ser sincera con sus sentimientos le sale a un precio demasiado a pagar. ¿Para qué decir nada cuando callar sale gratis? Y esas tentaciones, que durante el silencio hipnotizan y enamoran convirtiéndose en pasiones platónicas hasta que dejan de serlo. ¿Quién tiene la culpa, sino el sordo? Pues a su lado, todos son mudos. El problema reside en que, al desentenderse del problema que provoca esa infidelidad y no buscarle solución, solo consigue que una infidelidad se convierta en la primera de muchas… *** Ni Olivia sabía que su madre conocía a Andres ni su madre sospechaba lo mismo de su hija. Si hubiesen sabido este dato esencial, tal vez podría haberse evitado todo pero, desde su desconocimiento, ellas simplemente decidieron -cada una por su cuenta- apartarse del fruto del pecado que había supuesto su vecino para no volver a recaer pero no le guardaron ningún rencor. Ninguna de las dos se arrepentía de su infidelidad pese a que sí se sentían culpables por sus parejas. A su manera cada una había gozado de aquella pequeña aventura y estaban seguras de que sería un recuerdo del que gozarían por el resto de sus días… No se plantearon reincidir en el pecado, y cada una por su parte habló con aquel hombre para cortar su relación por lo sano. Olivia fue a su casa a informarle de que no volvería a trabajar para él mientras que Sandra, sin atreverse a volver a su casa, medió a través de Satur para reunirse con su padre en el despacho del instituto. Con ambas Andres se mostró comprensivo y no insistió, algo que agradó y tranquilizó a ambas. Lo que ellas no sabían es que Andres no iba a renunciar a ellas y, más que follárselas quería robárselas a sus parejas y hacerlas de su propiedad. Más que como mujeres las veía como una propiedad que podía adquirir, en las cuales podría entrar y salir siempre que se le antojase pero, para conseguir esto, tenía que realizar unos movimientos estratégicos previos. Las dos mujeres habían dejado de ser piezas fundamentales del plan y, para acercarse a ellas, primero tenía que centrarse en otras personas las cuales serían las llaves que le permitirían acceder a ese par de hembras sedientas de hombres. El macho alfa solo había realizado dos etapas de su plan. La segunda etapa finalizo en cuanto se las zumbó, era ahí cuando daba comienzo la tercera y última etapa: Ya había empezado a moverse para poder cazar a los conejos en su propia madriguera. *** Ser unas mal folladas les había amargado durante demasiado tiempo. Cada una por su parte; tras el desliz con Andres su humor mejoró exponencialmente: Olivia se arregló con Rob y comenzó a pasar más tiempo con Jaume. Pese a que su novio mantenía el enfado por haber sido violado por ella, no pudo resistirse a los encantos sensuales de una mujer ataviada con lencería sexy y susurrándole al oído lo mucho que lo echaba de menos. Tuvieron una charla previa al alocado sexo, donde ella lo convenció con profundos argumentos de lo necesitada que estaba y de lo mucho que deseaba un bebe. Su novio no pudo mantener el tipo, y al ver a su novia llorar la complació sin pensárselo llenándola con su semilla y así haciendo las paces. Todo era perfecto para ella, pues su pareja por fin tenía sexo sin condón con ella además de haberse reconciliado con él. Se prometió a sí misma, deseándolo con todas sus fuerzas, que el bebe que iba a llevar en sus entrañas iba a ser de Rob. Todavía quedaban una semana para que le bajase la regla y así conociese su estado pero, para sí misma, estaba decidida a creer que ya había sido fecundada. Sandra por su parte comenzó a pasar más tiempo con el resto de su familia. Disimulaba bien su preocupación por haber quedado embarazada; ella o su esposo, o quizás ambos, habían demostrado ser infértiles. Si el problema suyo ella lo prefería pero… ¿Y si ella todavía podía quedar embarazada? ¿Y si era la semilla de su marido inútil, pero no sus ovarios? Sopesó en repetidas ocasiones ir al médico a tomar la pastilla del día después pero, por la razón que fuese, no lo hizo. En su lugar, inundada de felicidad, contagió esta a su esposo y a sus hijos; gozando toda la familia de un par de semanas excelentes donde la familia estaba contenta y unida. Pero la calma y la tormenta es la metáfora de un pez que se muerde la cola. Tras la tormenta de Andres, y la calma en la que se encontraba pudieron prever ambas la tormenta. Las semanas en las que estuvieron bien con sus parejas no significaban haber dado solución a los problemas. Las relaciones sexuales, pese a haber cambiado en pequeños matices, volvieron a ser tan penosas como antaño y lo único que las mantenía a flote era el buen humor que ellas conservaban. Por desgracia nadie vuelve a frotarse con el exterior agrietado de la caja de pandora tras abrirla y gozar del aterciopelado interior: Los reducidos miembros viriles de sus parejas no eran el único problema para dejarlas insatisfechas, pues también suspendían en falta de esfuerzo, de creatividad, de interés, habilidad y de iniciativa. Con la insatisfacción de vuelta comenzaron a ver el mundo que las rodeaba de un modo muy distinto. Sandra comenzó a prestar atención como la miraban los hombres del pueblo al pasar, como miraban aquellos pueblerinos sus parachoques traseros y delanteros sin cortarse un pelo. Su hija fue acosada por algunos clientes habituales de bar en una tienda de comestibles, y pese a lo incómodas que se sentían, algo rugía en su interior. Cuando estaban solas, en la intimidad del baño o durante sus insomnios que la lujuria provocaba, sus fantasías revivían a Andres; algunas veces en forma de recuerdos, y otras en forma de deseo y fetiche pero, cuando otros hombres las acechaban, solo existían ellos y sus formas. — Menudo culo que gastas, nena. ¿Cuánto cobras? — No cobro, pero si buscas una puta ve a por tu madre -respondió a grito pelado Olivia saliendo de la tienda dejando atrás las risas de asombro. Irónicamente, cuanto más sucedían estas situaciones, más se paseaban por el pueblo. En los meses anteriores sus vidas se habían resumido ir de un lugar a otro, el mismo lugar. De trabajo a casa y de casa al trabajo, sin variar demasiado aquella rutina. No habían salido demasiado al pueblo a raíz de ciertas miradas y comentarios obscenos, evitando salir solas siempre que les fuese posibles pero, por algún motivo, siempre encontraban razones para tener que salir a pasear o a comprar. Ninguna de las dos tenía pensado dar una oportunidad a ninguno de esos malnacidos pero, al mismo tiempo, se sentían halagadas y deseadas, algo que sus parejas no hacían y solo un hombre -el cual estaba desaparecido-, había logrado hacerles sentir. Una sensación agridulce aquel acoso pueblerino, pues pese a llegar a resultar desagradable había algo que no resultaba en absoluto negativo y les llenaba un vació que cada vez se hacía más grande. Pese a todos los recuerdos y fantasías, ellas no dudaron un solo instante ni traicionaron las promesas que se habían hecho a si mismas. No volvieron a ponerse en contacto con Andres ni viceversa. *** Olivia y Sandra preparaban la cena en la cocina, no que daba demasiado para que sus parejas entrasen por la puerta y lo harían hambrientos, como siempre. Los dos hermanos de Olivia jugaban al ajedrez en el salón: estaban aburridos y jugaban prácticamente para matar el tiempo. Por ello se levantaron al unísono para ir a recibir a Joaquin y Rob a la puerta cuando los oyeron llegar. — Familia, ya estamos aquí -gritó el patriarca desde el recibidor de la casa principal. Pedro y Jaume se asomaron por el marco de la puerta que conducía al salón, al igual que su madre y su hermana que aparecieron por el pasillo que llevaba hasta la cocina-. Traemos visita. — Hola, soy Andres… Mucho gusto -se presentó el recién llegado ante la mirada estupefacta de las dos únicas mujeres de la casa. Olivia, completamente seria, no se hizo demorar y se recompuso prácticamente de inmediato. Se acercó, le plantó dos besos en las mejillas y hasta se permitió el lujo de fulminarlo con la mirada pese a que nadie más se percató de este hecho. — Me llamo Olivia. ¿Eres amigo de mi padre? — Lo considero mi amigo, sí -contestó con modestia asintiendo con una sonrisita picarona. — Es mutuo, de ahí que lo invite a cenar -Joaquin no se había percatado de la tensión que había entre su hija y su invitado; esto no era nada extraño pues siquiera Olivia se había percatado de ello-. Y la hermosa mujer con el delantal es mi mujer, Sandra. Acércate, cariño -Su marido alzó la mano invitándola a acercarse y, pese a que la aludida reaccionó, lo hizo con paso temeroso hasta que le plantó dos besos en las mejillas siguiendo el ejemplo de su hija. — Cierto, si la comida está igual de buena que tu mujer voy a venir a cenar todos los días -Comenzó a reírse, al igual que Jaume, Pedro y Rob; claramente incómodo, Joaquin rio también-. Es broma, es broma. Espero no m*****ar aceptando la invitación de su marido -repuso Andres devorando los ojos de ella con mirada inquisitiva. El hombre hablaba como si fuese la primera vez que la veía, y nadie sospechó de lo contrario. ¿Por qué iban a hacerlo? No prestaban atención a los pequeños matices que podían apreciarse a simple vista si se sabía en que prestar atención. — No, no m*****a -Fue lo único capaz de responder la conmocionada mujer. Su corazón latía a mil por hora, creyendo que en cualquier momento su marido y el resto de su familia se podían enterar de su no lejana infidelidad-. Por favor, pase y póngase cómodo mientras servimos la cena. — Puedes tutearme, si lo deseas -dijo Andres en tono malévolo. Sandra se lo quedó mirando unos instantes mientras recordaba haber escuchado eso antes. Sin mediar palabra se dio la vuelta dirigiéndose a la cocina seguida de cerca por su hija, que solo deseaba alejarse lo máximo posible de aquel hombre. El cazador acababa de invadir su madriguera. El único lugar donde, hasta el momento, habían estado a salvo de sus intentos. 3.4 ¿Vino a chantajearnos? Las risas provocadas por las ocurrencias de Andres hacían estremecer a los varones de la familia, los cuales estaban sentados en el sofá alrededor del invitado. Este bebía a sorbo de su cerveza fría y picoteaba mientras gastaba bromas y se ganaba tanto a los hijos como al padre. En todo un alarde de labia demostró otro talento innato, el de divertir a los demás cuando le interesaba. En la cocina, madre e hija escuchaban impactadas lo fácilmente que se había ganado aquel hombre a su familia, pero no era ello lo que les preocupaba. No era el pasado el que las acosaba, ni siquiera el presente… Un futuro incierto era lo que les tenía en vela. ¿Iba aquel hombre a chantajearlas? ¿Qué tenía en mente? ¿Cuánto tardaría en enseñar sus dientes? Mientras Sandra pelaba las patatas y Olivia hacía refrito de verduras, cada una con la cabeza en otra parte. La novia de Rob, por su parte, maldecía en silencio al intruso por aquello. No se fiaba de él, y estaba seguro de que alguna manera iba a intentar acercarse a ella y beneficiarse, pero se iba a quedar con las ganas ya que ella ya había tomado la decisión de no volver a traicionar a su pareja, pero… Si Andres la chantajeaba ¿Cómo reaccionaría? Lo último que quería era romper aquel bienestar al que había logrado llegar con Rob y, por un instante, se imaginó cediendo y complaciendo a aquel bastardo para ganarse su favor y evitar que se fuese de la lengua. La madre de esta, por el contrario, estaba segura de que el nuevo amigo de su marido estaba allí por casualidad y no tenía malas intenciones: lo que pasó entre ellos quedó atrás junto a la última conversación que tuvieron. Sin embargo, no era Andres quien le preocupaba; era ella misma. Se sorprendió yendo hacia el lugar del cual provenían las risas y, como si quisiese confirmar que realmente él, observaba escondida desde la distancia. Sus maduritas pupilas se iluminaban al observarlo, como si estuviese viendo el reflejo de un tesoro. Ella era su peor enemigo; sí, se había hecho la promesa de no volver a pecar pero… ¿Quería cumplirla realmente? Se maldijo a si misma por querer buscarse más problemas antes de volver a la cocina para terminar la cena. Ambas permanecían calladas más de lo que hablaban, delatando que cada una tenía demasiadas preocupaciones como para romper el silencio y, sin embargo, una de las dos lo hizo. — ¿Qué te parece el nuevo amigo de papá? -sopesó Sandra como si estuviese hablando consigo misma. — Parece… muy bromista -contestó sin levantar la vista del tablón de madera. Agarró un puerro y lo empezó a cortar a rebanadas. — Sí, parece muy agradable. — Pues a mí no me gusta -replicó Olivia en un esfuerzo por desahogarse. No podía contarle a su madre lo que sabía de él pero si podía intentar que ella no cayese en el mismo error. — ¿Y por qué no? -preguntó su madre dejando lo que estaba haciendo, volviéndose hacia su hija. — No me parece de fiar, tiene pinta de… cabrón. — ¿Tú crees? -La madurita parecía estar muy en desacuerdo-. Más bien tiene pinta de ser… -no continuó, se calló. — ¿De ser qué? -La testeó su hija dándole la cara. ``A qué habrás sido capaz de fijarte en él y todo…´´ pensó antes de descartarlo. ¿Su madre? Era muy mojigata y moralista. Ella no sería capaz. — Muy amigable… -contestó la aludida cambiando la palabra por una más soportable a oídos de su hija. Tenía la tentación de hablarlo con ella, tal vez sin darle detalles de lo que había pasado entre ellos pero… ¿Y sí le decía únicamente lo que pensaba de él? — Eso seguro, pero sigo sin fiarme -hubo un minuto de silencio antes de que Olivia lo rompiese con una ocurrencia-. Creo que dijo que estaba soltero, y tiene más o menos tu edad. Sandra se quedó con la boca abierta mirando una de las patatas que cortaba antes de levantar la vista e inquirir. — ¿Qué has querido decir con eso? — Que vayas con cuidado, no vayáis a haceros más amigos de lo que te gustaría -le atacó haciendo una mueca. — Yo, yo no… -empezó a decir la aludida, pero qué iba a decirle. ¿Qué era capaz de ser infiel a su padre? ¿Qué nunca tendría algo con ese hombre? — Solo te aviso, mama. Eres muy ingenua… — Si, en eso no has salido a mí. Tu siempre muy por delante de mí. Esta vez fue Olivia la que se quedó boquiabierta por aquel golpe bajo tan sutil, no se lo habría esperado de su madre. Ambas continuaron con lo suyo en silencio mientras ambas se prometían que no sucedería nada con aquel hombre antes de comenzar a llevar la cena a la mesa. — Mañana te tocará a ti cocinar, querido -Joaquin fue reprochado por su mujer-. Y pasado también. — Mira que no ayudar a tu mujer, suegro -comentó Rob entre risas. — Y tú le ayudarás -añadió implacable Olivia con una sonrisita de complicidad. — ¡Que buena pinta tiene todo! -Andres alabó el resultado mientras se sentaba a la mesa entre Pedro y Rob. Los anfitriones se quedaron uno enfrente del otro mientras daban por iniciada la comilona-. ¡Buen provecho! *** En mitad de la cena, la pretendienta de Rob fulminó al invitado desde la distancia; nadie más en la mesa se percató de la mirada pues todos miraban con atención a Andres, pero este si se dio cuenta y sin que su rostro reflejase ningún otro significado, se levantó echando la silla hacia atrás mientras se llevaba un mano a la tripa y preguntaba dónde estaba el baño: — ¿Cuál de ellos? -chispeó Joaquin provocando una risa cómplice entre ambos-. El baño de invitados está en esta misma planta: Por aquella puerta que da al pasillo, primera puerta a la derecha. — Gracias, no tardaré -aseguró solemnemente mientras se levantaba y se dirigía hacia el baño. — Hablando del baño, yo también iré. ¿Mama, puedo usar vuestro baño? -Se refería al de la segunda planta que usaban en común tanto sus hermanos como sus padres. — Claro, cariño. La casa es tuya, ya lo sabes -Y ella se dirigió hacia la puerta por la que había desaparecido Andres, la cual también conducían a unas escaleras secundarias que llevaban hacia la planta de arriba, debido a esto nadie sospechó que Olivia fuese a encontrarse con Andres. — ¿Qué es lo que pretendes? -Le cuestionó irritada mientras cerraba tras de sí la puerta y echando el pestillo antes de sentarse sobre el borde de la bañera con los brazos cruzados. — Has echado el pestillo. ¿Vamos a aprovechar para hacer algo que no sepa? -sonaba divertido. — Te he preguntado que qué es lo que pretendes. — Usar el retrete, si no te importa. — Sabes perfectamente que has venido por mí -aseguró sin andarse por las ramas. Andres había temido durante algún tiempo que madre e hija se sincerasen entre ellas, y eso sí sería un verdadero problema. Necesitaba domarlas antes de plantearse siquiera jugar con ambas a la vez lo cual, si no era imposible que se negasen, era sumamente improbable. Quedaba mucho para ello pues era la guinda del pastel y, antes de comérsela iba a gozar toda la tarta. Por suerte, la reacción de la veinteañera evidenciaba que no habían hablado de nada, a no ser que ambas se estuviesen haciendo las tontas. En ese momento estaba sobre la cuerda floja y tenía que ir con sumo cuidado en los pasos que venían. — ¿A qué te refieres? He venido a usar el retrete, de verdad. — Eso no te lo crees ni tú -le acusó echando hacia atrás su flequillo con un movimiento brusco. El aludido, a modo de respuesta le dio la espalda y se bajó la bragueta después de subir ambas tapas, se sacó el miembro y empezó a orinar. —¿Según tú por qué iba a venir a verte? — Como si el lobo fuese a ignorar a las ovejas… -citó impaciente claramente impactada porque hubiese empezado a orinar delante de ela. — ¿Qué esperas que te diga? No he venido por ti -mintió. ``Evidentemente he venido a por vosotras dos, zorras´´ pensó antes de emular una cara de inocencia y continuar-. Seguramente estás preocupada por lo que pasó entre nosotros todas aquellas veces… — No pasó nada entre nosotros -negó con el temor de que estuviese grabando la conversación; capaz era. — Te follé bien follada; eso sin contar todas las pajas que me hiciste. Creo que ya te he sacado todo el partido que podía -Andres la atacó de manera muy sutil para atentar contra su orgullo. Funcionó. — No sé de qué hablas -Claramente herida ``Es evidente que aún estás interesado, no te mientas a ti mismo, bastardo´´. — Relájate. No hace falta que reconozcas nada. Eres de naturaleza desconfiada, y supongo que no es descabellado pensar que pienses que vengo a chantajearte… Nada de eso -Olivia permaneció en silencio-. ¿Me crees? -``Como si me hiciese falta caer tan bajo´´ se regodeó para sus adentros con prepotencia. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Olivia se levantó y se encaró a su némesis. — Eso espero, porque si lo intentases preferiría que Rob y toda mi familia supiese la verdad… — Es bueno saberlo. —… Pero tampoco me creo que no tengas intenciones ocultas. Al madurito se le escapó una sonrisa, mientras se inclinaba hacia adelante haciéndole pensar que la iba a besar. Olivia no se movió, y los labios de Andres pasaron de largo y frenaron al costado de la oreja, donde dejaron escapar el siguiente susurro: ``No oculto que me encantaría follarte de nuevo´´. — Sigue soñando -No pudo ocultar el haberse ruborizado, pero si intentó darle nula importancia. — Oh, sueño cada noche con que te vuelvo a follar, una y otra vez. Pero tranquila, acabaremos repitiendo. — Vaya fantasías te montas -replico sin ser capaz de negar lo que decía, tampoco se le pasó por la cabeza. — Me he hecho bastante amigo de tu padre y tu novio. Me vas a ver bastante más por aquí… Si cambias de opinión… — Eso no va a pasar. Me juré que no repetiría y lo pienso cumplir. — O tal vez alguna noche te apetezca recibir una visita nocturna sin que tu novio se entere -le susurró al oído de nuevo. Los labios femeninos se separaron ligeramente mientras escuchaba sin ser capaz de separarse ni moverse-. ¿Sabes qué? Esperaría a que fueses tú la que me pidiese repetir, pero me pone más lanzarme yo. — ¿Y a qué esperas? -preguntó ella desafiante. — Al momento adecuado, pero tranquila. Sé que si lo hiciese ahora me rechazarías pero, cuando lo haga -le guiñó un ojo en una pausa imperceptible-. No me rechazarás. El ruido de la cremallera subiendo la hizo salir del estado de shock mientras Andres, burlón señalaba lo evidente. — ¿No van a sospechar si ven que tardamos demasiado o si te ven salir del mismo baño donde estoy yo? — Esto no ha acabado -declaró amenazante Olivia mientras le daba la espalda. Abrió la puerta y fue hasta mesa donde se sentó y guardó silencio; el invitado tardó al menos diez minutos más en volver y, al llegar, se disculpó. El resto de la cena transcurrió sin más incidentes: Las únicas dos mujeres presentes en la sala intervinieron lo mínimo posible, excepto cuando les era inevitable eludir la participación. Los otros cinco hombres lo pasaron tan bien hasta que, en mitad de la efusiva despedida en el recibidor, los otros cuatros se permitían gastar bromas como si lo conociesen de toda la vida. — He estado hablando con Joaquin para hacer una barbacoa en mi finca, y así os devuelvo el favor por haberme dejado cenar -aseguró alegre evitando mirar a ninguna de las dos mujeres. — Suena muy bien -aplaudió el novio de Olivia siendo avalado también por los dos hermanos. — Incluso podríamos hacer algo especial, como irnos de acampada por la noche… Es posible. ¿No? Tú conoces la zona mejor que yo. — Sí, es perfectamente posible. Solo nos harían falta tiendas de campaña -estudió el aludido mientras se rascaba el mentón con las yemas-. Hacemos la barbacoa en mi casa, pasamos la tarde y mientras haya luz podemos ir a algún prado donde se puede estar muy bien. — ¿Qué os parece? -inquirió Joaquin a su hija y a su esposa. Ambas le miraron estupefactas… ¿Servía de algo negarse? A Sandra le preocupó por primera vez el hecho de que Satur la pudiese reconocer durante su estancia en la barbacoa, descubriéndola ante toda la familia. — Os podéis traer bañador incluso, ya que en mi finca tengo piscina. A las malas podríamos montar tiendas de campaña en mis terrenos que hay un pequeño trozo de bosque, como en vuestro jardín. No es tan grande, pero al menos no hay que preocuparse por los jabalíes. — Piscina, barbacoa y acampada… ¡Cómo mola! -gritó entusiasmado Jaume. Lo único que estaba claro para ellas es que no sería la última vez que tendrían que ver a Andres. Iban a tener que ser fuertes y aguantar las tentaciones que estaban por venir, pues estaban seguras de que este no iba a ponérselo fácil. El macho alfa había conseguido alcanzar a sus presas, pero no las había sometido todavía. Todo lo sucedido hasta el momento eran parte de las dos primeras fases de su plan pero, desde hacía algún tiempo, había empezado la tercera y última fase: Convertir a esas dos mujeres en sus putas personales y robárselas a sus parejas; aquellos que tan bien fingía que le caían. Por su parte padre y yerno sonreían como idiotas, sin ser conscientes de que aquel hombre iba a robar, someter y humillar a las dos personas que más amaban. Eran dos cornudos y en sus cabezas tiempo atrás pequeñas astas habían comenzado a crecer, pero era tiempo de que su crecimiento aumentase exponencialmente. Eran dos estúpidos que no sabían complacer ni usar aquellas dos hermosas hembras que tenían a su lado. Con razón estaban tan insatisfechas, pero no pasaba nada porque por fin iba a hacerlas suyas. Si era posible, le encantaba la idea de hacerlas suyas tan cerca de sus parejas que se pudiesen enterar. Capítulo 1: El macho alfa Parte IV/V: Sumisión por humillación 4.0: Juego indecente de pareja La familia de Sandra había encontrado por fin el día para celebrar una barbacoa en casa de Andres y su hijo. Tras encender la chimenea en el exterior, ahumaron las carnes y otros alimentos antes de sentarse en una larga mesa de madera donde con la cubertería ya puesta solo tenían que limitarse a servirse lo que iban a comer y disfrutar de una divertida velada. El día había trascurrido sin incidentes y Andres no había interactuado lo más mínimo con Sandra, todo salía a pedir de boca. Pero tras sentarse en la mesa y comenzar a cenar, entre las risas de su marido y sus hijos sus miradas adulteras se cruzaron en más de una ocasión. En los ojos de la madre se percibía culpabilidad y vergüenza mientras que, en los de él, se veían deseo y lujuria. Esos ojos se transformaron en su todo mientras que los gritos, las risas y las voces de su familia fueron desapareciendo hasta convertirse en poco más que susurros. Solo aquellos ojos tenían significado, y los ruidos que la rodeaban carecían de un significado entendible para ella. Sandra se llevó la servilleta a los labios para limpiárselos de manera modosa antes de levantarse y retirarse en silencio al baño. El ajustado vestido, que buscaba ser más provocativo que cómodo, no le permitía andar con soltura. Sus muslos se veían obligados a permanecer pegados uno contra otro a cada paso que daba, y era consciente de que las inquisidoras pupilas de Andres estudiaban cada movimiento que su cuerpo hacía. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo húmedas que estaban sus muslos, como estos resbalaban uno contra otro como si estuviesen bañados en aceite. Al mirarse con disimulo las piernas se percató de lo visiblemente mojadas que estaban y devolvió la vista a la mesa, observando con vista rápida y ágil al resto de su familia para asegurarse de que nadie se había percatado y así era. Miro por última vez a Andres, el cual la sonrió de manera descarada como si él fuese él único que sabía lo que pasaba debajo de su vestido. Fue entonces cuando reanudo el paso, el más rápido y disimulado que podía realizar sobre aquellos tacones y con aquella falda. Llegó al bañó justo para encerrarse dentro, apoyándose contra la puerta de espaldas mientras cerraba los ojos y suspiraba. — Has tardado mucho –criticó desde las sombras Andres mientras se encendía la luz. — ¿Qué haces aquí? Nos van a descubrir. ¡Sal del baño! ¡Rápido! — Llevaba mucho tiempo esperando esto –declaró el lujurioso hombre con los dedos transformados en despiadadas garras con el único fin de romperle el vestido. — ¡No… Andres! No puedes… No podemos. — Pero ahora estamos aquí, solos. Llevas toda la tarde provocando, es culpa tuya por no haberme calmado antes –La palabra culpa retumbó en su mente como si fuese un despiadado eco de sus propias palabras, pero deformado. — Nos van a descubrir… ¡Nos van a descubrir! –gemía ella mientras lo empujaba lejos, pero él era más fuerte y logró abrazarla con facilidad mientras sus manos buscaban sus puntos débiles-. ¡Nos van a descubrir! –dijo ya sin resistirse físicamente. — Me da igual –susurró él. — ¡No! ¡No! Nos van a descubrir. Joaquin nos va a descubrir… -gritaba ella mientras notaba como unas manos la empujaban de un lado a otro. Tardó unos segundos en entender que había sido despertada de un sueño. — ¡¡Sandra!! Despierta, es un sueño. Solo un sueño –La cara de su marido estaba oculta entre las sombras, pero ella sabía que era él. — Ya está, ya estoy despierta –Las manos de su marido se separaron automáticamente de ella, dándole una pequeña tregua. — ¿Quién nos iba a descubrir? — Un ladrón –respondió sin pensárselo tras un par de segundos de silencio. ¿Había dicho cosas en voz alta? ¿Qué más habría dicho? ¿Y si había dicho algo inconveniente? — Un ladrón –repitió Joaquín incrédulo. — Un ladrón con cuchillos y una pistola –Si la mujer intentó sonar convincente, lo consiguió. Sintió irrefutables ganas de llorar al recordar el maravilloso sueño que estaba teniendo, un pequeño rincón de fantasía donde lo que sucedía no tenía porque ser inmoral ni prohibido, ni ella era una mujer que tuviera que contenerse. La realidad era mucho más deprimente y asqueante donde tenía que reprimir ciertos impulsos y los que le quedaban no eran satisfechos por su marido. Al recordar esto, intentó llevar la conversación a su terreno. Se recostó y miró hacia la sombra que era su esposo, el cual guardaba silencio como si no se hubiese creído aquello. — Estábamos escondidos detrás del sofá y a ti te entraron ganas de… ya sabes. Me comenzaste a besar por aquí –Sandra le agarró por la muñeca y la condujo hasta su cuello, donde le hizo acariciarla con las yemas-. Creo que te excitaba esa situación… — Claro –bufó-. Nunca es mejor momento para excitarse que cuando un ladrón armado irrumpe… — Te daba igual, solo querías follarme –murmuró juguetona mientras se inclinaba sobre su marido para besarle. La barba le había empezado a crecer durante la noche y estaba afilada, pero le daba igual, le gustaban las barbas a pesar de que su marido nunca se la dejase. — Estoy… Estoy cansado –se justificó retrocediendo. Su voz realmente denotaba fatiga y agotamiento. — Me vas a follar ahora –ordenó autoritaria aplastando su torso contra la cama y subiéndose sobre él. Ella estaba desnuda pero Joaquin aún conservaba unos pochos calzones que le tapaban hasta la mitad del muslo como si fuese un bañador. El enfado estaba más que justificado: no follaban ni mucho ni poco, pero cuando lo hacían era él el que se llevaba los orgasmos y ella la que se quedaba a medias. Sin mostrar más interés en complacer su lujuria fémina… ¿Encima la despertaba de agradables y excitantes sueños? No lo iba a tolerar. Notando los pezones duros, enterró la cara de su hombre entre sus dos pechos como si intentase ahogarlo con ellos mientras levantaba las caderas y metía la mano bajo su calzón agarrando ya un pene que había comenzado a ponerse duro. Bastaron unos cuantos meneos con su delicada mano para que se pusiese dura del todo y apuntando el proyectil contra su vagina, dejó caer sus caderas sobre ella enterrándola entre sus humedecidos labios carnales. Para sorpresa de ella, el polvo no duró poco y fue más que satisfactorio. Tal vez ayudase mucho que no viese la cara de su marido, pudiéndose imaginar que era otro muy distinto el que la follaba. No se sintió culpable por fantasear, pues ya era hora de que se preocupase un poco de si misma. Tal vez fuese la novedad, pero su pareja la permitió gozar de una buena sesión de sexo antes de que con unos pobres espasmos manchase su coño con un chorro de semen mientras gruñía de un modo similar al de un cerdo. De mala gana dio unas pobres embestidas para finalizar mientras ella se quedó inmóvil sobre una polla que ya comenzaba a reducirse, como si eso le permitiese alargar el placer. No se había corrido, pero era más de lo que esperaba. Joaquin apartó de malas formas las caricias de su esposa antes de apartarla a un lado y continuar durmiendo. Terminó, de nuevo, ignorada. Presa del insomnio ante los precoces ronquidos de su esposo antes de conseguir dormirse. *** El día anterior a la barbacoa en casa de Andres, Sandra descubrió en el resto de su familia una excitación sin precedentes. Todos estaban muy ilusionados ante la idea de pasar el todo el domingo y parte del lunes en casa de su vecino, no solo porque tuviese piscina, hamacas, un pequeño bosque dentro de su parcela donde acamparían durante la noche y, por último, la chimenea y la barbacoa. Era una ruptura total a la rutina sedentaria a la que se habían acostumbrado, y sin duda, la acogían con agrado. Sin duda su vecino había propuesto muchas cosas para hacer tanto para sus hijos como para los adultos. Si la piscina, el espacio para jugar a futbol y la acampada no eran suficiente para los menores de edad, también iban a poder jugar a juegos de mesa. Joaquin y Rob en cambio fantaseaban más con la idea de tomarse unas cervezas picoteando carne bajo la sombra de los arboles mientras se tomaban unas cervezas frías con las que combatir aquel calor. La idea de acampar es su pequeño trozo de bosque se le ocurrió tras acordarse del peligro que podían ocasionar los jabalíes y lobos; pese a que esto sonase más a excusa para no dormir a la intemperie de la montaña. Ella y su hija Olivia estaban más ilusionadas por asistir a la casa de su vecino por otros motivos muy diferentes. Aunque no lo reconociesen y se mintiesen a si mismas diciendo que no iba a pasar nada, guardaban fuertes expectativas de que Andres intentase algo a espalda de sus parejas, y aunque ellas ya barajaban la negativa que le darían si de verdad las intentaba cortejar, les divertía mucho pensar en ello. Llevaban bien la promesa de no volver a cometer adulterio con aquel hombre, una mejor que la otra. Olivia aguantaba mejor el síndrome de abstinencia debido a que su novio, más joven y lujurioso y pese a no dar la talla a las necesidades de su novia veinteañera, la satisfacía con mayor frecuencia al contrario que Joaquin, el cual parecía haber perdido por completo su apetito sexual y, cuando rara vez hacían algo, era más para complacerla a su lujuriosa mujer que por si mismo. Irónicamente era él el que gozaba de los orgasmos, y no ella. El sexo siquiera le solía resultar divertido, y a pesar de esto nunca volvió a pensar en acercarse a Andres… hasta ese momento. El sueño que tuvo ya lo decía todo. La idea de estar cerca de Andres; deseada y cortejada por este la volvía loca. Y a pesar de que pensaba cumplir su propia promesa de no volver a hacer nada con su vecino, era aquel juego tan peligroso la que la encendía. Mientras que Olivia raramente se desveló pensando en lo que sucedería el día siguiente, su madre no podía pensar en otra cosa. Estaba indecisa sobre que debía llevar el día siguiente: Se imaginó llevando unas mallas negras elásticas, una minifalda… pero era un vestidito, ajustado y totalmente descarado el que se convirtió en su primera opción. También tendría que llevar un bañador… ¿O iba a resignarse a no bañarse? ¿Sospecharía su marido si levantaba en Andres interés con el vestido o el bañador que tenía en mente? ¿Y si Andres llevaba su diminuto bañador? ¿Y qué tipo de ropa debía llevar para ``la acampada´´? ¿Debía llevar ropa de recambio por si se mancha la ropa de comida? Pensar en todas esas opciones la hizo acalorarse. Sofocada acudió al armario y buscó hasta encontrar con el vestido que tenía en mente. Se acercó al espejo, poniendo entre este y su cuerpo el vestido para ver si le hacía juego con el resto del cuerpo… Desde luego que sí, era demasiado descarado y provocativo. — ¿Vas a llevar eso? –inquirió su esposo con un claro tono de desaprobación tras de ella. No se refería al vestido, sino al bikini que llevaba puesto. Se dio la vuelta para encarar a su marido, pues no iba a renunciar a llevar bañador. — ¿No te gusta? — Es demasiado provocativo –La acusación le pilló por sorpresa, pero mucho más la exageración que había usado como adjetivo cuantitativo — Es el único que tengo –alegó con frialdad pues no estaba dispuesta a ceder. — Eso no quita que sea provocativo –el tirito de su marido era tajante. No le decía que no pudiese llevarlo, pero tampoco le daba permiso. — Que pena… Y yo que tenía tantas ganas de bañarme –replicó decepcionada dejando el vestido sobre la cama mientras su señor esposo guardaba silencio-. Supongo que tendré que bañarme desnuda –El sarcasmo hizo a Joaquin gruñir-. O tal vez podría bañarme en ropa interior. — Sería preferible –Al escuchar esto, Sandra se imaginó a si misma vistiendo lencería erótica para bañarse en la piscina. Su marido acababa de demostrar con aquel comentario una ignorancia muy propia de algunos hombres. — No tapan lo mismo. La ropa interior se transparente –le explicó pacientemente a su marido mientras sacaba del armario un sujetador y unas bragas ``no provocativas´´-. Además… ¿A qué viene esto? Joaquin se cruzó de brazos mientras enfurruñaba el rostro. — ¿Recuerdas a dónde vamos? Vas demasiado provocativa con ese… traje de baño. Su esposa miró en dirección opuesta a su marido como si acabase de recibir una bofetada. Apretó la ropa interior en su puño mientras susurraba con voz prácticamente inaudible: — Y aún no has visto el traje que voy a llevar. — ¿Qué has dicho? –Se envalentonó mientras retrocedía y cerraba la puerta, como si aquello les diese intimidad. — Que lo voy a llevar igual, porque no tengo burka con el que bañarme –bromeó sonriéndole-. Además… ¿Qué importa lo que piense Andres? Que mire lo que quiera. — Me importa. Eres mía… -Sandra se adelantó para taparle los labios con el dedo índice. La sobreexcitó que su marido se pusiese celoso, por estúpido que sonase. Por primera vez en mucho tiempo acababa de exhibir temor a perderla. — ¿No te pone que otro hombre me deseé y solo tú puedas poseerme? –preguntó mientras se elevaba sobre sus puntillas para besarlo. Ella siempre había sido de naturaleza mimosa, pero el paso del tiempo la había otorgado una más arisca y distante. Ese era el regalo que le había hecho su marido, y era en lo que la había transformado. — Mostrarle demasiado puede hacer que tenga las ideas equivocadas. —Yo solo quiero esto –Le agarró el miembro por encima del pantalón, totalmente reducido-. Una buena polla. Y tú me la das, ¿verdad? –inquirió con ironía, sin embargo Joaquin no pareció entenderlo ni darse por aludido así que asintió-. ¿Crees que tu amigo es rival para ti? — No. — No, no es rival –repitió con zorrería antes de empujarle a la cama haciéndole estirarse de espaldas-. Te propongo algo… Vamos a ser malos –Su esposo percibió el brillo de perversión que destelló en sus ojos. — Miedo me das –Se mantuvo a la defensiva, sin saber que esperar. — Mañana fíjate bien como me mira… — ¿Y qué harás tú? — Le provocaré –La voz de Sandra era musical, parecía que cantara. Ilusionada con lo que ella misma proponía, y se había vuelto muy aguda. Se sentó sobre su cintura, con el bañador aún puesto mientras comenzaba a abrazarlo melosa. — ¿¡Que Qué!? Se irguió ofendido mientras la apartaba de él, dejándola de pie al frente de su cama. — No me has dejado terminar. — Le vas a provocar. ¿Te gustaría que yo hiciese lo mismo con otra mujer? — Es un juego –replicó decepcionada. Comenzaba a darse cuenta de que había sido un error proponer nada. Él era demasiado cerrado para algo tan morboso, pues sus placeres eran más básicos, aburridos y simples. — Que quieres ligarte a nuestro vecino y no sabías como decírmelo de frente. — Yo no he dicho eso –Joaquin la cortaba todo el rato sin dejarle hablar, sin atender a razones-. Déjame hablar y lo entenderás. Si no te convence, no se hace y ya está. No continuó hablando hasta que su marido no se quedase callado mirándola, demostrando así estar dispuesto a escucharla. — Solo propongo… seducirlo delante de ti. Pero no de manera… ¡NO! ¡Déjame acabar! Y si no te gusta no lo haré… — No se trata de que no lo hagas. Si lo estás proponiendo es porque te gustaría hacerlo. ¡No te jode! — Claro que me gustaría hacerlo… Dejarle con las ganas a ese mirón y luego follarme a mi hombre. Tú serías el ganador… — Sigue -gruñó su pareja, estirándose de nuevo en la cama mientras apoyaba todo su peso sobre un codo. — Lo que estoy proponiendo no es otra cosa que ir provocativa. Que mire lo que quiera, pero yo soy tuya -Tras apoyar las manos en el borde de la cama comenzó a gatear hasta donde estaba Joaquin y le agarró directamente la polla por encima, la cual para satisfacción de Sandra estaba durísima; ya estaba en el bote-. Y si surge la ocasión… podemos irnos a un lugar apartado de la casa y… -se mordió el labio; gesto aprendido en algunas películas y que imitó en un intento de afianzar la mejor reacción de su cónyuge-. Un juego de pareja, solo para los dos. — ¿Y si intenta algo? — Solo tengo que evitar quedarme a solas con él. ¿No? Además… Si no te he sido infiel estos veintiún años que llevamos juntos… Y no ha sido porque me hayan faltado pretendientes. La cara de Joaquin se transformó en un instante, no le agradó nada oír aquello. — ¿Qué? -De nuevo estaba a la defensiva. Sandra acababa de darse cuenta de que había puesto el dedo en la llaga, pero no podía evitar que le divirtiesen mucho aquellas reacciones. El motivo de esto era que pocas veces había tenido la oportunidad de sincerarse sobre estos temas… Su marido no era alguien que premiase la confianza y la sinceridad. — Nunca te he sido infiel, a pesar de que muchos hombres han intentado… seducirme -Mentir no se le hizo difícil. Solo había sido infiel en una ocasión, y debido a las circunstancias no lo consideraba infidelidad sino desliz. — Pero ahora me propones seducir a mi amigo de buenas a primeras. — Es un juego… Y al amiguito de aquí abajo parece gustarle la idea -Sandra dio un breve apretón al miembro viril de su pareja. — No me termina de convencer -dijo Joaquin cerrando los ojos mientras agarraba la cabeza de su mujer entre ambas manos y la forzaba a bajar más. Como si lo último que quisiese fuese seguir con aquella conversación. — No te cierres en banda, Joaquin. Si no hubiese riesgo de que Andres intente nada… ¿No te pone la idea? ¿No te pone que otro hombre me desee? -El aludido no contestó. Su mujer desabrochó el pantalón y se llevó sin reparos la polla a la boca-. A mí me pone muy cachonda. Es un juego muy morboso. — ¿Y si no puedo soportarlo y te digo que pares de hacerlo? — Pararé -contestó con frialdad. Su marido era único chafándole las expectativas. — Entonces… Hazlo. Pero sin cosas raras, y no te olvides que estaré vigilando. — Eso quiero, que lo veas todo… -La sonrisita de Sandra evolucionó a una destellante sonrisa de oreja a oreja antes de reanudar el sexo oral que le estaba brindando a su esposo como recompensa. Lo que Joaquin no sabía era que su esposa, habiéndole sido infiel con aquel mismo hombre en una ocasión, realmente no se había propuesto repetir el error; pero este juego lo había propuesto para darle contexto a las miradas entre ambos que, de otra manera, no habrían podido disimular. Gracias a aquel juego podría mirarla con total libertad sin que su marido pudiese decir nada. Solo tendría que mantenerse firme, evitando quedarse a solas con él pues no estaba del todo segura de poder resistirse a la tentación. Se repetía a si misma que no volvería a traicionar a su marido, pero incluso con esto en mente, le provocaba una grata satisfacción pensar que Andres tenía permiso para desearla todo lo que quisiese… con su marido delante. 4.1: Las cartas sobre la mesa, los ases bajo la manga Durante la mañana que precedía la barbacoa, los dos edificios habitables de la familia carecían de un solo momento de silencio. Los gritos iban y venían, con preguntas a diestro y respuestas a siniestro sin tregua alguna. Pedro y Jaume preparaban su bolsa conjunta con toallas, bañadores, una pelota, crema solar y para encontrar cada cosa debían preguntar a su madre que desde su habitación respondía pacientemente mientras se probaba el vestido y se arreglaba de la mejor manera posible. Joaquin y su yerno estaban demasiado ocupados discutiendo sobre cual era la mejor manera de guardar las cervezas congeladas en la nevera, de modo que no se rompieran si se producía algún choque. Olivia, previsora como siempre, era la única que se paseaba por la casa con tranquilidad gracias a haberlo preparado todo el día anterior. Tras ducharse y desayunar, se estiró el sofá mientras se preparaba para ver la tele mientras se abstraía de todo el alboroto que la rodeaba, intentando no pensar en nada más. El patriarca entró en su habitación sin picar y se quedó de piedra al descubrir a su esposa regocijándose dentro de un provocativo vestido frente al espejo. — Esto… ¡Esto es demasiado, Sandra! — ¿Qué pasa? ¿No te gusta? -La pregunta de su respuesta era coqueta. Todavía estaba descalza, pues no se había decidido sobre si llevar unas cómodas zapatillas a juego o unos tacones de vértigo. El vestido era de una sola pieza y se pegaba a su piel como el papel mojado a una superficie; no hacía falta que se transparentaba nada, porque la simple forma ya era suficiente para excitar. La prenda sabía exhibir cada curva de su hermoso cuerpo, y era esos vestidos que llevaban las femmes fatale para hacer perder la cordura a los hombres de bien. La falda era tan corta que se cortaba justo donde morían sus gluteos y nacían sus muslos. Toda esta exhibición de sensualidad era ofrecía sin sacrificar un mínimo de elegancia, pues su mujer siempre había tenido mucho porte y muy buen saber estar. ``Nadie diría que en el fondo es la más zorra de todas las zorras´´ pensó con disgusto Joaquin mientras sacaba de su bolsillo trasero un pañuelo de seda para retirarse el sudor frio que lo empezaba a agobiar. Pese a lo mucho que le m*****aba verla así vestida, intentó que no se notase. Tragó saliva y se acercó claramente titubeante mientras su mujer dejaba de mirarse en el espejo para prestarle atención a él. — M… Me gusta, Cariño… Pero vas d… demasiado… ya sabes. A… Arre… -No le salían las palabras. Lo último que quería era discutir, pues sabía bien que aquellas discusiones solo le alteraban la frecuencia cardíaca y no quería arriesgarse. Podía parecerlo, pero seguía muy preocupado por sus problemas del corazón. — ¿Arreglada? Dímelo con una sola palabra, quiero oírlo. ¿Cómo estoy? — Preciosa. — Entonces a Andres le va a encantar -añadió sin piedad alguna, guiándole el ojo recordando que seguían con su pequeño juego; entonces volvió a mirarse al espejo para examinarse esta vez el peinado-. ¿Me puedes subir la cremallera, cariño? Está… Ahí -Le oriento mientras se apartaba el pelo para que este no se pillase con la cremallera-. Me queda como un guante -señaló orgullosa. — Ese es el problema. — Es parte del juego -Su elegante esposa no pareció dispuesta a dejarle marcar los términos de la discusión. Se acercó a su marido y colocó una mano sobre su esternón y la otra sobre la entrepierna-. Te late el corazón muy rápido… ¿Estás bien? No olvides tomar tu medicación -Le cuestionó con ironía exhibiendo una ingenua sonrisa al tiempo que le frotaba desde fuera del pantalón-. Y aquí estás todo duro. En el fondo te gusta… Y a mí me encanta que te enceles por una vez. Se puso de puntillas y lo besó con ternura, limpiándole los labios con el pulgar pues le había manchado con pintalabios. — Podrías ir un poco menos arreglada. — Entonces no tendría gracia. — Como tú no eres la que siente los celos… — Por cierto -dijo ignorando esto último que dijo Joaquin-. Llevo bañador y ropa de recambio, tranquilo, es ropa normal… ¿Pero sabes qué? -Se volvió a poner a pies puntillas para susurrarle al oído que no llevaba ropa interior. *** Al contrario que su madre, Olivia no se complicó la vida. Se puso una camisa grande de Rob que le llegaba hasta poco más debajo de la cintura, dando el falso efecto óptico de que estaba desnuda a pesar de llevar debajo unos pantalones tejanos muy cortos y tanga de hilo debajo. Lo llevaba por comodidad, no por Andres, ya que estaba decidida a que este ni la oliese siquiera. La familia tenía todo preparado en la puerta, los enseres y las mochilas con lo que llevarían hasta allí, y tuvieron más dificultad para caber todos con todo en el coche que para llegar hasta allí: Eran seis en un coche espacioso pero que únicamente tenía cinco plazas, eso sin contar con todo lo que llevaban. Tenían suerte de que la casa de su vecino no estuviese lejos porque iban sumamente incómodos. Aunque no lo sabían, solo Sandra y Olivia habían estado en anteriormente en aquella casa pero no el resto de la familia… Los cuatro quedaron asombrados al descubrir cómo era desde dentro la enorme casa de Andres. En términos generales, la finca tendría en total unos mil quinientos metros cuadrados de terreno como poco. En la parte norte había un pequeño bosque que ocupaba al menos un cuarto de toda la finca. Este estaba constituido por diversos tipos de árboles como abetos, robles y pinos; a Jaume le pareció identificar también algunas especies frutales como manzanos y limoneros. Otro cuarto estaba ocupado por la enorme casa y la piscina mientras que, la otra mitad de la finca, era terreno plano con árboles individuales, arbustos, hamacas y otras cosas que no alcanzaron a descubrir por el momento. Desde la valla de la entrada había un caminito de piedras y escalones de madera que llevaban hasta la casa, al oeste de la finca. Mientras ascendían por la pendiente, todos se fijaron en la ausencia de malas hierbas: Eran unas tierras y jardines que sin duda no carecían de mimo. Cuando toda la familia se reunió ante la puerta, con las mochilas y bolsas sobre la espalda. Fue Joaquin el que se adelantó frente al resto para picar al timbre. Pasó un tiempo antes de que el dueño abriese la puerta con una sonrisa de oreja a oreja decorando su rostro. Los dos patriarcas se abrazaron como si hubiesen pasado años sin verse antes de que el anfitrión se dirigiese con un caluroso saludo al resto de la familia: Otro caluroso abrazo para Rob, dos apretones de mano para los dos hermanos varones y cuatro besos a las dos féminas de la familia. No pareció darle importancia a la vestimenta de Sandra, y todo quedó en un rápido y discreto vistazo de pies a cabeza sin emitir reacción alguna, algo que desconcertó tanto a Joaquin como a su esposa. Entró el primero y abrió todavía más la puerta mientras los invitaba a pasar inclinando la cabeza, como si los aceptase con humildad. Olivia y su madre no se m*****aron en fingir lo sorprendidas que estaban con el interior de la casa como el resto de la familia, se limitaron a no abrir la boca yendo pegadas una al lado de la otra mientras Andres los guiaba por el resto de la casa. Joaquin no perdió de vista a su amigo, estando seguro de que no tardaría demasiado en devorar con la vista a su provocativa pareja, pero no lo hizo en ningún momento: ``Tiene que estar disimulando. Es demasiado evidente. ¿Cómo no va a mirarla? Seguro que se muere de ganas… Ya caerás, ya´´ sopesó el padre de los tres hijos para sus adentros mientras asentía y sonreía a todo lo que decía su amigo mientras los paseaba por el resto de la casa. — Como vamos a pasar el resto del día y de la noche entrando y saliendo de la casa, prefiero enseñaros donde está todo. No tendréis que pedir permiso para entrar y para salir, la puerta al interior de la casa estará siempre abierta y… ¡Bueno, que puedo decir… como si estuvieseis en vuestra casa! — Muy amable -musitó Sandra con una cálida sonrisa, pero su doble intención de atraer miraditas por parte del amigo de su marido resultó infructuoso. La miraba con el mismo interés que si llevase un velo islámico, como si no hubiese nada que mirar en ella. — Sí, muy amable -repitió su marido mirando a los niños-. Pero eso no quiere decir que podáis curiosear ni meteros en habitaciones. ¿Me habéis entendido? Que os veo venir. — Bueno, tampoco tengo nada que ocultar -Andres rio antes de añadir el pero:-. Eso sí, os agradecería que nadie entrase en el sótano… Está oscuro y falla la luz, además de que hay cosas peligrosas y está todo que se cae -Sonaba más como excusa que como una razón convincente, pero los aludidos se limitaron a asentir antes de continuar la guía orientativa por el resto de la casa-. Hay dos baños, uno en la planta de arriba y otro en la de abajo; podéis ir al que más os guste… es una ventaja por si uno de ellos está ocupado -hizo una breve pausa como si estuviese poniendo sus pensamientos en orden antes de continuar-. La cocina está aquí y desde ella se puede ver la piscina. Tengo las cortinas corridas porque solo entraría calor… Y ya está, supongo. El resto son… mmm… habitaciones, despacho y sótano al que nadie debe ir. Hay tres puertas para entrar y salir de la casa, la delantera que es por donde hemos entrado, la trasera que da a la piscina y la chimenea donde haremos la barbacoa, y la puerta del garaje. La visita rápida precedió lo inevitable: La salida al exterior. Los niños botaron de alegría y suplicaron poder bañarse; petición aceptada tanto por los padres como por el anfitrión. No tardaron demasiado en cambiarse en el baño antes de tirarse a la piscina de cabeza. Rob y su suegro se acercaron sigilosamente a la chimenea para apreciarla y tomarla como ejemplo mientras valoraban la posibilidad de hacer una ellos mismos en su finca. Mientras Olivia se dirigía a la sombra y se sentaba en la hamaca, Andres sorprendió a Sandra colocándose detrás de ella y susurrándole discretamente al oído: — ¿No vienes demasiado arreglada para una barbacoa? -La madurita botó del susto-. ¿Te ha dejado venir así? ¿Le importaría a tu marido si te miro mucho? -hubo una pausa mientras la mujer escuchaba como hacía ruido con la nariz oliéndola descaradamente-. Que bien hueles… Me ha entrado hambre. Ya encontraremos el momento… -Sandra se quedó muda, y continuó andando seguida por él. No se atrevió a volver la vista, pero si miró de reojo a su marido pero este ni se daba cuenta de lo que pasaba-. Estoy deseando ponerte en pompa, subirte el vestido y comerte el coño… Seguro que ya está bien mojadito, eh. Andres se apartó de nuevo con discreción dirigiéndose cargado con una nevera azul hacia la chimenea, donde lo esperaban Joaquin y Rob. El padre de Satur fue preguntado por su hijo, y este respondió que se encontraba con su tío y no tardarían en llegar. — ¿Tu hermano va a venir? -inquirió su amigo cuarentón; lo había pillado totalmente por sorpresa. — Él nunca se perdería una barbacoa -aseguró echando una rápida miradita picantona a la esposa de su invitado; pese a no ser descubierto por sus dos acompañantes, si fue pillado de pleno por Olivia. Esta se calló y fingió que no había pasado nada. Ya le parecía raro que su madre fuera tan arreglada… ¿Podría ser que hubiese algo entre ellos dos? Si su primera reacción fue de enfado, supo disimularlo muy bien: Tumbada en la hamaca y disfrutando de la frescura de la sombra mientras pequeñas pinceladas de rayos de sol bailaban sobre su piel; se puso las gafas solares, pero decidió no perder de vista a su madre ni a Andres. Mientras los dos hermanos gritaban, chapoteaban y batallaban amistosamente en la piscina; Olivia aprovechó la soledad bajo la sombra del árbol y que ambas estaban estiradas en aquellas hamacas para interrogarla. — Mama. ¿Has tenido algo con Andres? — N… -comenzó a decir, pero no llegó a negarlo-. ¿A qué viene esa pregunta? -La reacción inicial la delató por completo. — Mama. Siempre te he contado mis intimidades porque creía que entre las dos tenía que haber confianza… me m*****aría mucho que no fuese reciproco. — No ha habido nada entre nosotros. — Si no ha habido nada… ¿Por qué vienes tan provocativa? Dime la verdad, pasa algo entre vosotros tres -su madre se había sonrojado y evitaba mirarla a los ojos. En su lugar se limitó a observar a sus dos hijos en la piscina, volviendo la mirada a la chimenea donde hablaban los tres hombres. — ¿Entiendes que soy tu madre y no tengo porque hablar estas cosas contigo? — Yo soy tu hija y he hablado estas cosas contigo. Así que si quieres mantener esa confianza te pido solo un poco de sinceridad. Su madre suspiró rindiéndose ante la perseverancia de su hija. Se inclinó hacia ella de un modo imperceptible para el resto y le contó solo lo que consideró necesario que supiese. — Es un juego entre tu padre y yo… Quiero ponerlo celoso -Olivia quedo boquiabierta. — ¿Papa lo sabe? -Inquirió mientras miraba alternativamente a su padre y Andres. Su progenitora no dijo nada, así que rellenó el silencio con otra pregunta:-. Pero… ¿Solo es provocar y ya, no? — Hacer que me deseé un poquito… pero nada más -Sandra hizo una mueca que parecía aspirar a ser una sonrisa triste. Tras esa confesión era la propia Olivia la que tenía ganas de sincerarse con su madre. — ¿Papa está de acuerdo? — No lo estaba, pero eso es lo que lo hace divertido. — Pues yo lo veo incómodo… A decir verdad estoy incómoda yo también. — Solo es un juego, cariño -``Genial, está tratando de restarle importancia´´ se dijo a si misma. — Y… ¿Te atrae Andres? — Solo quiero a tu padre -El tono de su respuesta alejaba cualquier tipo de discusión. — No es lo que te he preguntado. La avispada joven no aceptaba evasivas, quería una respuesta directa. — ¿Quedará entre nosotros? -Olivia asintió-. No podrás contárselo ni a Rob -Volvió a asentir-. Sí. — Así que… Complaces tu ego haciendo que te desee. Eres mala -puntualizó soltando una risita. ¿De verdad era aquella su madre?-. Pues a mí no me gusta, no me parece buena persona. — No le veo malicia, simplemente es… diferente -``Demasiado hombre, y nosotras no estamos acostumbrados a hombres de verdad´´ rugió con frustración la voz interior de Sandra. — … -Olivia tardó unos segundos en replicar, y lo hizo justo antes de levantarse y dirigirse a donde estaba su novio-. Tal vez deberías hacerme caso e ir con más cuidado. Tras la conversación de madre e hija, Andres había interrumpido la conversación con suegro y yerno para ir a buscar leña y carbón. También trajo tres fuentes de cristal que servían para depositar la carne y otros alimentos, todo lo dejaba al lado de una mesa de madera alargada que había al lado de la chimenea. — ¿Os importa si esperamos un poco a mi hermano y mi hijo? No creo que tarden demasiado en llegar -inquirió en tono de súplica a Joaquin y Sandra mientras se oía el chapoteo de los críos en la piscina. — No parece que mis hijos vayan a sufrir mucho esperando. Así que esperaremos -decidió Joaquin por los dos. — He de preguntar. ¿Alguno de vosotros tiene alergia o necesita alguna comida especial? No tengo problema en cocinar algo diferente mientras tanto. — Vaya -Sandra le guiñó un ojo antes de estallar en el elogio-. Un hombre que sabe cocinar. — Teniendo una cocinera del calibre de mi mujer, sería un crimen que lo hiciésemos Rob o yo -replicó Joaquin quitándole hierro al asunto. — Te entiendo perfectamente. Mientras estuve casado no usaba nunca la cocina, pero al separarme le cogí gusto… Y lo agradezco. Es mejor cuando te cocinas tu propia comida, y luego te la comes -le recriminó de manera demasiado sutil como para que el muy imbécil se diese por aludido. Y acentuó su significado echando una disimulada mirada al punto que había entre los muslos de Sandra que, de haber estado separados estirando la minifalda, habrían exhibido la desnudez de su vagina. Unos segundos después pasó a mirarle a los ojos antes de volver a mirar a su esposo, el cual no dejaba de mirarlo fijamente-. Tal vez deberías ir aprendiendo a cocinar -Tras el jaque mate dialectico, Andres sonrió. — ¿Todo va a ser carne? -Le cuestionó incómoda la veinteañera, con un plan en mente para llevarse a Andres al interior-. Me gustaría comer una ensalada, para compensar un poco. —Claro -El aludido entrechocó sus manos para deshacerse del polvo y los restos de madera adheridas a sus manos tras cargar con la leña-. Sígueme, te enseñaré donde tengo las cosas… ¿Queréis venir? -propuso con picardía, sabiendo cual iba a ser la respuesta. — ¿A la cocina? -inquirió el yerno de Joaquin-. Paso. Me quedo aquí con mi cerveza fría, tu hamaca y la sombra de tu árbol -El joven alzó la cerveza justo antes de estirarse en la hamaca. Su suegro hizo lo mismo sonriendo con poco más que una mueca. Andres y Olivia se dirigieron solos hasta el interior, escuchando esta como el dueño de la casa cerraba la puerta del exterior. Olivia se dio la vuelta para encarársele: — ¿No dijiste que dejarías las puertas abiertas? — No pasa nada porque estén cerradas un rato. ¿No? Es que entra fuego por ellas -replicó con inteligencia. Pero no era sobre eso lo que Olivia quería hablar con él. — ¿Has tenido algo con mi madre? Como me mientas te juro que te la lio parda. No necesito ni pensarlo. Estaba dispuesto a apostarlo todo a que Sandra no había sido capaz de confesar a su hija la infidelidad. Como mucho habría sincerado el juego que se traía ella vestida de aquella forma, pero poco más. De todas maneras eligió no arriesgarse y optó por responder con la opción menos arriesgada. — ¿Le has preguntado a tu madre? — Te lo estoy preguntando a ti -gruñó frunciendo el ceño mostrando un enfado con el que podría ser difícil tratar. Andres psicoanalizó en un instante a la veinteañera hasta el punto de deducir que no sabía nada de la infidelidad: ``Si tuviese conocimiento de la infidelidad, su ataque habría sido más preciso. Más bien, en base a su sospecha está intentando descubrir si ha pasado algo más, pero no lo sabe. La vi hablando con Sandra, pero no estuvieron demasiado rato y no reaccionó de manera exagerada, por lo que ella no le contó nada… Seguro. — Le tiré los trastos a tu madre la pasada vez que estuve en tu casa… Me atrajo mucho, y lo notó. — ¿Te invita mi padre a nuestra casa y rodeado de NUESTRA familia no se te ocurre mejor que tirarle la caña a mi madre? — ¿Estás celosa? -inquirió satisfecho pese a saber que no lo estaba en absoluto. — ¡No! ¿¡Qué coño te pasa!? Joder… ¡Estoy indignada, no celosa! ¡¡ES MI MADRE!! -gritó subiendo el tono. — Tu padre puede estar escuchando. ¿Lo sabes, no?. Y no eres la más adecuada para hablar. La aludida se quedó con la boca abierta como si hubiese recibido una bofetada. — ¿Me estás amenazando? — Ya te dije que no iba a amenazarta, y mucho menos a chantajearte -Andres la esquivó y caminó hacia la cocina hasta que ella para mantener la distancia lo siguió trotando-. Tu madre y tu sois muy atractivas. ¿Me lo puedes echar en cara? — Si ya habías tenido algo conmigo y no con mi madre… ¿No podías reintentarlo conmigo? — Estás celosa -sentenció. Esta vez sí que lo creía. Habían llegado ya a la cocina pese a que la chica no estaba en absoluto interesada en lo que pudiese haber dentro. — ¿Te explico dónde están las cosas para que puedas…? -propuso mientras se acercaba al grifo y se lavaba las manos para luego secárselas. Todo esto dándole la espalda a Olivia. — No me cambies de tema. ¿Cómo voy a estar celosa de mi madre? Y estamos hablando de… — Eres insistente. ¿Eh? -comenzó a caminar hacia ella suprimiendo el poco espacio que había entre ellos, y por autoreflejo Olivia retrocedió hasta chocar contra la nevera, que estaba junto a la puerta-. Sí, tu madre parece haberse vestido así para mí. Y parece que tu padre y ella se traen un pequeño juego entre manos que tiene que ver conmigo… Seguro que eres lo suficientemente perspicaz para notar la tensión que hay, pero eso es algo que tiene que ver con ellos y no conmigo. ¿Entonces por qué estás tan m*****a? -inquirió estampando su manaza entre la puerta y la nevera, arrinconando todavía más a la veinteañera. — P… Porque… -No encontraba las palabras. — Te m*****a que me haya fijado en tu madre? -Demostrando saber llevar la discusión a su bando, la miró alternativamente a los labios y a los ojos, mostrando que era lo que quería obtener. La cabeza de la joven, si era posible, retrocedió todavía más hasta chocar con la pared como si el inconsciente le suplicase que escapase de esa encerrona, pero su cuerpo no se movia. — Lo que pasó entre los dos quedó atrás, no volveré a caer -El corazón le latía a mil, tan rápido como las alas de un colibrí. Quería salir de aquella cocina, volver junto a su novio pero las piernas no le respondían. En poco más de un pestañeo, la mano de Andres se afianzó en torno a su cuello. Fue tan rápido que Olivia se sobresaltó después de que él apretase su cuello. La agarró como si quisiese estrangularla, como si quisiese partirle el cuello pero no hubo más presión que la que haría un collarín sanitario. — ¿Por eso estás tan m*****a? Porque quieres que vuelva a suceder y no sabes como provocarlo? Y si… -hizo una breve pausa que aprovechó para apretar un poco más su cuello, como si quisiese dar énfasis a su control sobre ella-. ¿Y si te dijese que me gustaría que tu hubieses venido con tu madre? Olivia llevaba una camisa de su novio que le tapaba hasta el nacimiento de sus muslos, y esto le hizo tener a Andres una idea perversa que dudaba sobre si llevarla a cabo. — Eres un cabrón…. ¿Por qué no dices la verdad? -Andres no contestó, dejando de mirar su ropa para centrar la atención en sus agrandadas pupilas-. Te gustaría que las dos estuviésemos por ti. — Sí -aseguró sin sonreír. Interrumpió a Olivia justo cuando esta iba a contestarle-. Me gusta, porque es algo que sucede. Las dos estáis coladitas por mí y me gustaría que dejases de resistirte. — Yo no me resisto -dijo la joven mientras agarraba por la muñeca la mano que se aferraba a su garganta y entonces sucedió. La boca del madurito obstruyó la suya, en un intento fallido, la joven presa intentó mantener los labios cerrados mientras movía la cara a los lados para soltarse, pero acabó abriendo la boca y dejando pasar su lengua. La mano que aprisionaba su garganta le daba la falsa sensación de que estaba siendo forzada a ello, pero no era así. Estaba allí por propia voluntad, y lo sabía. Olivia cerró los ojos y disfrutó de su aliento amentado, su saliva caliente y sus grandes dedos filtrándose entre su tejano. Su primera reacción fue intentar frenarlo pero simplemente no hizo nada. Noto como su cuello quedaba libre, como dos manos se reunían en torno al botón de su tejano y su cremallera, ambas bocas se separaron mientras la frente de Andres chocaba contra la pared y su barbilla rozaba con la sien de la joven, no podía concentrarse en besarla cuando lo que quería era desnudarla. Tras un pequeño forcejeo el botón cedió y los tejanos cayeron en picado. — ¿Qué haces? -preguntó excitada perdida Olivia, la voz le temblaba. Al no obtener respuesta repitió la pregunta, que tampoco fue contestada-. Andres… Recuerda donde estamos. Recuerda… Uff… Andres, no… Por favor… No -suplicaba sin poner resistencia física alguna. Sus manos tan pronto estaban libres como agarraban todo lo que tenía a su alcance. Tenía las manos inquietas, y quería que hiciese con ella lo que quisiese mientras al mismo instante no quería nada de aquello. Con los shorts en los tobillos, el muy desvergonzado ya había puesto su zarpa sobre su coño a pesar de no haber metido todavía nada, pues sus dedos índices y corazón reposaban plácidamente sobre su orificio carnal como si de un parche se tratase: sus labios vaginales besaban sus dedos, y estos querían comérselos. ``Lo siento mama… Lo siento Rob. No puedo negarme a este hombre´´ pensó una lejana y profunda voz en su interior mientras enterraba su cara en su pecho. — ¡Para! Estás loco… Están todos ahí al lado -razonó totalmente ida: ``Seré puta… Tanto prometerme que no caería y al primer intento…´´ Pensó mientras recibía de nuevo los labios de su anfitrión. — No se va a enterar nadie… Cerré las puertas de fuera. La de la piscina cuando vinimos aquí, y la principal en uno de mis viajes -Con esto confesó haber previsto que se la iba a traer al interior, pero a Olivia esto no le importaba incluso lo agradecía-. Ahora date la vuelta, tengo hambre -anunció apartando la mano de su coño y levantándola entre sus caras. Ambos vieron como entre los dos dedos había hilos transparentes y con una elasticidad increíble. Estaba cachondísima, temblando como una hoja al viento y sus piernas estaban tan inestables que cada segundo sobre ellas era un peligro constante de desplomarse. Su voz interior le advertía de que tenía que ser fuerte y escapar; la maldecía por no tener la suficiente fuerza para oponerse. Andres se arrodilló frente a su culo tras recoger en un rollo el pliegue sobrante de la camisa que colgaba sobre las nalgas de ella metió su boca frente a su coño. Lo primero que notó fue su lengua lamiendo desde abajo hasta arriba y sin pausa meterse dentro como el aguijón de una avispa. Se contoneó dentro y se puso dura mientras hacía delicias contra sus sensibles paredes. Olivia tuvo que morderse la muñeca mientras gemía de una manera que daba a pensar que estaba llorando; solo podía pensar en que quería su polla dentro, pero por orgullo ni se planteaba decirlo. — Mucho mejor, que hambre que tenía… -murmuró Andres poniéndose de pie tras de ella, con el culo todavía en pompa-. Pero tu coño parece tener mucha hambre. Debería darle un poco de carne. ¿No? — No… -fue lo único capaz de contestar. — ¿No? Te mueres porque te folle. Eres una zorra… Con tu novio y tu familia ahí fuera, y tu gozando. ¿No te sientes mal? — No disfruto con esto -mintió con un temblor de voz que no era normal. Sus caderas se contoneaban invitándole a entrar. — Si, ya… no te pone -dijo bajándose él el pantalón y tras agarrarse el miembro aporrearlo contra la piel que rodeaba su coño, tan cerca que le hizo pensar a Olivia que se la iba a meter de un momento a otro. — Suplícame que te la meta. Quiero oírlo. —No… Andres, con la mano libre la agarró del pelo formándole una coleta y haciendo de esta manera que ella mirase al techo. La flexibilidad de Olivia le permitió mantener aquella postura tan extraña, formando una especie de hoz sostenida únicamente por sus piernas, con el culo en pompa, la espalda arqueada y siendo agarrada del pelo; gracias a su altura superior Andres consiguió una posición de dominación completa. Se miraron a los ojos unos segundos hasta que el madurito fue a besarla y ella se resistió intentando morderlo, como si por unos instantes hubiese recuperado la cordura. El segundo intento se vio frustrado también por un mordisco defensivo perfecto que casi lo atrapa, pero durante el tercero él tiro del pelo para asegurar su posición y sus bocas se fundieron en un intenso beso hasta que él le devolvió el favor: Le mordió cariñosamente un labio tirando de él antes de separar sus bocas. — ¿Aún te resistes? Con mi polla a tus puertas… -musitó sonriente mientras su ariete presionaba contra los marcos de puerta. La joven abrió la boca y piso los ojos en blanco en un intento de dejarlos abiertos. Sentía tanto placer, le daba tanto con el simple gesto de tener el glande medio metido… Y entonces la sacó y se separó de ella. Por un momento no entendió lo que pasaba, se quedó con cara de tonta antes de darse cuenta de lo que pretendía. — Vas a tener que pedirla si la quieres -Su interlocutor se agarró la polla y la balanceó cortando el aire como si fuese un sable. — No voy a hacerlo. Me has hecho un favor al parar -replicó totalmente herida. No pensaba suplicar ni darle nada, pero justo cuando la joven se agachaba para recoger sus shorts y su tanga, él se apresuró a pisarlos-. ¿Qué haces? El enfado había corrompido la pura excitación que se había adueñado de su cuerpo, pero su temblor continuaba. Lo miró sería y con el ceño fruncido sin hacer ademán de moverse. —¿Qué tal si me dejas de hacer perder el tiempo? Quita el pie de ahí. — No. Y sin querer discutir más. Olivia escapó de la prisión improvisada de sus tobillos quedando totalmente desnuda de la parte de abajo, alejándose así de Andres. — ¿Era lo que querías? No -La pregunta fue respondida con un asentimiento y una sonrisa cruel. — Estás muy femenina con esa… camisa. ¿Qué tal si te quitas también el sujetador? — Que te follen -contraataco con frialdad. Ella ya no estaba segura de si iban a follar o no, todo parecía indicar que no. — Me follarás tú, cuando no puedas aguantar más. — Vas a tener que esperar mucho -replico ella con confianza. No reaccionó cuando él se acercó a ella y le susurró al oído: ``O menos de lo que te piensas´´. — Los tenedores, cuchillos y demás están en este cajón. Todos los ingredientes que te puedan apetecer para la ensalada están en la nevera… El Papel de plástico, los platos… -Le indicó todo paso a paso mientras se subía los pantalones con pequeños botes, demostrando que llevaba una prenda que le iba justa y le costaba entrecerrar correctamente entorno a sus caderas-. Cualquier cosa que quieras solo tienes que cogerla o… pedirla. Y salió por la puerta dejándola sola y confundida. ¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo podía parar a mitad de aquel calentón y no terminar? Ella se moría por follárselo y siquiera había podido negarse pero él había sido capaz de simplemente parar y no hacerlo, se dio cuenta entonces de lo dependiente que era y de lo profundo que había caído en sus redes… Olivia se dio cuenta de que la ropa ya no estaba en el suelo, y así Andres la había maldecido a pasearse por ahí sin nada debajo. ¿Era imbécil? ¿Qué pasaría si su novio se daba cuenta? Intentó distraerse buscando y preparando los ingredientes para hacer una ensalada aunque no lo apeteciese lo más mínimo. Había que mantener las apariencias. *** Andres salió de la cocina, abrió la puerta principal y la trasera antes de encerrarse en el baño. Pasó un rato hasta que Olivia hubo terminado de hacer la ensalada y aliñarla, entonces se vio sobresaltada por su padre que se encontraba dentro de la cocina tras de ella viendo como esta colocaba papel de plástico sobre el plato con la ensalada, para así conservarla mejor. — ¿Por qué tardas tanto? — ¡Papa! Que susto, dios… -botó al tiempo que dirigía la mirada a su progenitor; este miraba a los lados como si buscase algo. — ¿Y Andres? — ¿No fue a la piscina con vosotros? Me enseñó donde estaba cada cosa y se fue -mentir con inocencia ya era una de sus más preciadas habilidades, por lo que su padre ni se planteó que aquello pudiese ser mentira. — No volvió a la piscina… ¿Dónde se habrá metido? -Tras la pregunta Joaquin cambió totalmente de tema al ver que esta lo miraba raro-. ¿Ya has hecho la ensalada? — Sí, está hecha. Ahora mismo voy al baño a cambiarme. — ¿Para qué? — Para desfilar en una pasarela. ¡Papa! -Olivia lo esquivó y se fue hacia el salón, donde habían dejado sus bolsas y donde ella guardaba su bikini. Su padre se dirigió en dirección contraria a la ventana de la piscina viendo como Andres andaba hacia la hamaca donde estaba sentada su esposa y se dejaba caer a su lado. Sin más tiempo que perder. Joaquin se dirigió a la piscina intentando dejarles solos lo mínimo posible, pues ahí podía pasar cualquier cosa. Salió por la puerta trasera enfurecido, pero en cuanto el sol le dio y la diferencia de calor entre el interior y el exterior se hizo evidente, le dio un bajón de tensión perdiendo las ganas de todo. Se notaba harto, cansado y perezoso… ¿Y qué haría tras acercarse a su mujer y Andres? Ellos cambiarían rápidamente de tema y fingirían que allí no pasaba nada. En lugar de eso, se dirigió al lugar donde estaba su yerno y agarró una cerveza del interior de la nevera portátil mientras se sentaba a los pies de Rob. — ¡Maldición! — ¿Qué pasa? -Le cuestionó sobresaltado. —Está fría -contestó tajante sin invitar a continuar la conversación. Con miradas de reojo pudo ver como su mujer le sonreía de manera tranquilizadora como si le diese a entender que no pasaba nada antes de decirle algo a Andres y que este, metafóricamente, se lanzase contra su oído para susurrarle algo antes de separarse. Aprovechando el silencio que solo se veía alterado por los continuos gritos de los críos y el chapoteo del agua, reavivó las miraditas de nuevo. Hablaban a un volumen de voz que pese a no estar lejos era imposible escucharlos. Joaquin se moría por escuchar lo que aquellos dos estarían hablando, seguramente declarando su deseo correspondido y como se morían por follarse el uno al otro. No era estúpido y veía como su esposa se había fijado en su amigo, mientras que este no se cortaba un pelo al hablar con ella. Recordó lo calentona que era su mujer y lo mucho que requería sus atenciones en la cama, atenciones que él satisfacía siempre que podía pero que aún así eran insufientes. No le extrañaría nada que en un descuido ambos se escapasen al interior de la casa con alguna excusa estúpida para consumar aquel adulterio. No podía fiarse de su esposa, no podía pese a haberlo intentado con todas sus fuerzas. También se moría por mandarlo todo a la mierda e irse a su casa, dejarlos a todos allí plantados y que fuesen muy felices, pero lo que predominó fue el quedarse allí sentado, con la botella de cerveza en mano y sin hacer nada, mirando. Olivia apareció a lo lejos, vestida con un bikini que le quedaba muy bien: ``Vaya hija que tengo, que cuerpazo´´ pensó con orgullo de padre, sabiendo muy bien a quien debía ella sus genes. Su hija se acercó a la tumbona donde estaban él y Rob para dejar la toalla antes de lanzarse corriendo a la piscina emboscando así a sus dos hermanos. Su amigo y vecino se levantó y se dirigió hacia la tumbona donde agarró de la nevera portátil dos cervezas frías y le ofrecía una a su amigo ignorando la que tenía en su mano. —¿Vienes a preparar la carne? -propuso haciendo un gesto hacia la chimenea y las mesas de piedra. — Claro -contestó Joaquin con voz queda. *** ·Nueve minutos antes· Se había metido en el baño al ver a Joaquin acercarse a la casa, era el momento perfecto para acercarse a su esposa con su ausencia. En cuanto este se hubo metido en la cocina, pasó por delante de esta sin ser visto y salió al exterior, rodeando la piscina y sentándose en una hamaca donde estaba el sol. Siendo sabedor de que la madurita lo observaba, la invitó a acercarse con el dedo índice y esta lo hizo. — ¿Qué juego te traes entre manos vistiendo así? — ¿Y si no fuese un juego? -preguntó coqueta mientras se sentaba. — Joaquin acabará explotando. — Sería una reacción interesante -musitó divertida Sandra. Andres supo identificar lo quemada que estaba con su marido, lo que desconocía era el motivo concreto… aunque se hacía una idea. — No voy a dejar que eso pase… ¿No? No me conviene. — ¿Qué vas a hacer? -inquirió mirando a la piscina. Andres vigiló no estar siendo observado por Rob, pero sus gafas de sol no le permitían descifrar su rango visual y, pese a esto se arriesgó. Clavó su mirada en el escote y en los muslos de Sandra, siendo esta perfectamente consciente, apoyó las manos en el borde opuesto de la hamaca para inclinarse hacia atrás mientras se abría ligeramente de piernas; esto no permitió a Andres ver nada ni de lejos ni desde cerca, pero él supo entender el significado especial. — Podría llevarte ahora mismo al bosque que hay detrás de nosotros… — Mi marido, mi hija y mi yerno están atentos. No podrás hacer nada sin que te vean. — Como si tú no deseases hacerlo -le recriminó con seriedad. — Soy fiel a mi esposo, yo no deseo nada -le contradijo con malicia mientras veía a su marido aparecer por la puerta trasera y le sonrió pese a que este no lo vio. Su señor esposo se dirigió a donde estaba su yerno y se sentó tras coger una cerveza que bebió mientras dirigía disimuladas miraditas a ellos dos que correspondió con una sonrisita que intentaba transmitir confianza. —Así que no creas que va a pasar nada. — Si fueses una esposa fie no vendrías vestida como una puta. Vas provocando y lo sabes… -Se acercó tanto que por un momento creyó que le iba a comer la oreja. Tras decir esto se apartó. — Solo he venido arreglada para la ocasión. Malinterpretas mis intenciones… No sabía que un vestido fuese típico de putas. — Creo que se ver muy bien a través de tus intenciones -hizo una pausa mientras le miraba las tetas antes de volver a mirarla a los ojos-. ¿Tu marido lo sabe? — Le avisé de que iba a venir bien arreglada y guapa para la ocasión. De la misma manera que sabe que no va a pasar nada entre tú y yo. El oyente, incrédulo, miró sin poder evitarlo al marido de esta el cual fingía no estar prestando atención. — ¿Sabe que no va a pasar nada? -Exhibió una sonrisita maliciosa mientras, disimuladamente, le tocaba el culo por detrás provocando que Sandra separase en silencio los labios pese a no llegar a mediar palabra. — No va a pasar nada -afirmó mirándolo a los ojos. Andres se volvió a inclinar para susurrarle algo al oído antes de levantarse y dirigirse al lado de su marido: ``En cuanto me libre de tu marido, te voy a follar de todas las formas posibles en donde me sea posible. Y cuando vuelvas a tu casa, lo harás impregnada de mí. — Sigue soñando -murmuró mientras este se levantaba, y antes de que se alejase añadió:-. Ah, por cierto… No llevo ropa interior -declaró en un tono que se aseguraba que solo él fuese capaz de oírla. Andres se alejó sin sonreír ni volver la vista atrás, agarrando dos cervezas frías y dirigiéndose junto a Joaquin hasta la chimenea. *** — He estado hablando con tu mujer -dijo tomando la iniciativa, Joaquin no respondió-. Le he preguntado porque una mujer casada venía tan arreglada y provocativa teniendo a su esposo tan cerca -Joaquin siguió sin reaccionar ni contestar-. Tu mujer es preciosa y, si no fuese tuya, me la habría follado ya -La declaración le sentó como una puñalada en la espalda-. Pero es tu mujer, y tú eres mi amigo así que no te tienes que preocupar por eso. — Por tener una esposa como la mía entenderás que sea escéptico. — Lo entiendo, y no te pido que confíes… Simplemente te digo esto para calmar tus… posibles preocupaciones -declaró mientras hacía dos bolas de papel y las ponía entre la leña. Con el mechero pasaron a ser dos bolas de fuego que incendiaban la leña-. Me imagino que no te dijo nada… Joaquin rechinó los dientes mientras buscaba las palabras adecuadas para expresarse; pese a que no terminaba de creerse el discurso de su vecino, le estaba agradecido por haber tenido la iniciativa de mantener aquella conversación. — Mi esposa me propuso ayer un juego… Uno de pareja -añadió. Andres se mantuvo callado mientras jugaba a remover la leña en llamas. — ¿Lo habéis hecho otras veces? — No. Y no es algo de mi agrado, me ha amargado el fin de semana. — Debo reconocer que mi interés lo ha atraído, pero como dije no pasará nada más -Al escuchar esto, Joaquin replicó su desconcierto debido a la falta de mujeres que había en el pueblo. — Que no haya mujeres no quiere decir que no me vaya de putas. Un hombre hetero no puede estar sin mujeres -bromeó acordándose de dos mujeres en concreto. Le divirtió que Joaquin nunca pillaría ese doble sentido. — ¿Putas? ¿Dónde? -Dicha declaración lo distrajo de manera definitiva: ``Ya es mío´´ pensó Andres-. En algunos pueblos muertos de los alrededores hay mujeres viudas y jovencitas desesperadas por una buena polla, veinteañeras que no tienen a donde ir y se ven obligadas a permanecer en estos pueblos. Cuando celebran las fiestas mayores las viven como si fuesen perras en celo, pero también hay mujeres de oficio en las entradas de Sexópolis -hizo una pausa antes de continuar-. Puedes preguntarle a m hermano cuando venga, él es el rey en irse de putas -bromeó-. Mira Joaquin, estoy satisfecho de mujeres, por lo que no te tienes que preocupar. Valoro más tu amistad que lo que puede ofrecerme una mujer -rio a carcajada limpia-. ¿Por qué te crees que estoy soltero? Sabes que tengo dinero, podría irme a una ciudad en una zona adinerada con más fauna de féminas… Pero no es lo que me interesa. Joaquin no abrió la boca, pero pese a todo se creía todas y cada una de las palabras que salían de la boca de su vecino. — Llevo ocho años viviendo en este pueblo, llegué aquí con mi esposa y mi hijo. Y un año después estaba divorciado… ¡Siete años libre de las cadenas del matrimonio! Y no lo hecho de menos -afirmó con sinceridad evitando hablar sobre el motivo de la ruptura con su mujer. — ¿Qué pasó para que tu mujer te dejase solo con tu hijo? — Yo elegí quedarme y ella quería irse. No preguntes por qué, yo pedí el divorcio y luchamos por la custodia… evidentemente gané. No intento darte pena con esto, pero lo que quiero que entiendas es que no tengo ningún interés en tu mujer… sabiendo que es tuya. Ahora bien… si algún día quieres compartirla… No me negaré -bromeó guiñándole un ojo, dejando caer la bomba. Justo cuando Joaquin iba a responder, dos figuras aparecieron a lo lejos. Un adolescente que el invitado interpretó como Satur, el hijo de Andres y a su lado vio el acompañante que no debía ser otro que su tío Prono del que tanto había oído hablar. *** No le daba buena espina en absoluto. Mientras se saludaban y hacían las presentaciones, Joaquin lo estudió de arriba abajo: Era de composición corpulenta, un poco más grande que su hermano y fuerte, su mirada era agresiva y su manera de expresarse no era mejor; solo con intercambiar un par de palabras con él ya se entendía que era todo lo contrario a su hermano Andres, el cual era asertivo y muy inteligente a la hora de llevar las conversaciones. Prono por el contrario daba la pinta de ser muy temperamental y dejarse llevar muy rápido por sus emociones pese a que en ningún momento fue irrespetuoso o ofensivo. Sus ojos eran de un color café claro, muy cercanos al color miel. Su pelo era de color negro con pequeñas pinceladas de canas que no hacían más que embellecerlo. Sus labios eran gruesos con forma de corazón y la nariz chata pero no por ello menos bonita. Entre todo ello destacaba una cicatriz entre los dos ojos justo encima del tabique nasal, como si hubiese sufrido una severa rotura de nariz. — ¿No tienes ganas de bañarte, hijo? -bramó su progenitor sacando de su ensimismamiento a su invitado. Este negó con la cabeza. — Como ya habrás notado mi hijo es muy tímido, y como la piscina está llena -explicó Andres a Joaquin poniendo énfasis en la última palabra-. Satur tarda muchísimo en acostumbrarse a las personas y relacionarse con relativa normalidad solo lo hace conmigo y con su tío. Joaquin, tentado, fue a bañarse con el resto de su familia a la cual no tardó en unirse Sandra también, la cual había ido a cambiarse al baño. — ¿Qué coño haces con esas dos guarras aquí? ¿Cuánto tiempo llevas trabajándotelas? — Un tiempo -confesó con seriedad. Su hermano iba a ser más un estorbo que otra cosa. — ¿Te las has follado ya? -El aludido asintió provocando que su hermano enrojeciese de rabia-. Todo el puto pueblo desesperado por el torneo de caza y tú maldito desgraciado sin compartir las presas con tu jodido hermano... — Prono… -dijo Andres avisándole. — ¡Pero es que encima son dos! Madre e hija. ¿Y no las compartes conmigo? -escupió al suelo. — Mi objetivo no es follármelas, es hacerlas nuestras -Andres puso su mano sobre el hombro de Prono aplastándolo como si pretendiese tranquilizarlo a la fuerza-. ¿Crees que no compartiría contigo algo mío? Pero no puedo compartirlas si no son mías todavía. ¿Entiendes? Hay que someterlas, y me ha costado meses pero ya son mías si no la cagas… — ¿Meses para someter a un par de putas? — Son… -hizo una pausa-… difíciles de convencer. El marido estaba hoy paranoico perdido porque a ella no se le ocurrió nada mejor que venir con un vestidito provocativo para darle celos. Lo he conseguido tranquilizar, y le he dicho que nos vamos de putas por lo que no estamos necesitados -su hermano se empezó a reír. — Y tiene razón: Con sus putas. — Tómatelo en serio. A la madre la dejas tranquila, es mía. Aún tengo que amoldarla un poco -vio como Prono echaba una vista disimulada a la piscina y no se decepcionó, pues no había mala opción. Pero Andres sabía que era caprichoso, y aunque la hija fuese un bombón a él le iba lo prohibido-. Céntrate en la hija, en Olivia… Si puedes con ella -dándole a entender que era improbable que consiguiese hacer nada con ella sin ayuda. — ¿Y por qué no puedo acercarme a la madre? — Porque no sabemos cómo reaccionaría, porque no sabemos cómo reaccionaría su marido y creo que no te tiene simpatía… Y bueno, es mía. Elige la que más te guste. — Si consigues follarte a la hija, ya hablamos de la madre. —¿Te estás apostando a la madre? -inquirió malicioso mientras se frotaba las manos mientras miraba a la mujer abrazada a su marido mientras esta le devolvía la mirada con disimulo. — Te estoy diciendo que pases de la madre hasta que no logres algo con la hija. Justo en ese momento Olivia salía de la piscina con todo el cuerpo chorreando. Sus pelo y sus pechos dejaban caer intensas lluvias sobre el suelo y su sombra, las tetas le botaban en todas las direcciones mostrando su poderío amenazando con salirse del bikini. Ante la perspectiva Prono decidió centrarse en la veinteañera… Por el momento. 4.2 Por haber bajado la guardia… Mientras se iba preparando la carne en la parrilla de la chimenea: Joaquin, Prono y Andres hicieron turnos para poder bañarse mientras otros vigilaban la carne. En ningún momento los dos hermanos se acercaron a sus dos presas ni hicieron nada que permitiese a las parejas de estas sospechar. El marido de Sandra parecía haber calmado su paranoia en torno a esta y su yerno Rob ni se imaginaba que su pareja estuviese siendo estudiada y vigilada por el hermano mayor de su anfitrión. Además, los dos hermanos decidieron ponerse unos bañadores discretos para tapar sus dotaciones y no atraer la envidia y celos de los otros dos invitados. Se necesitaron tres fuentes de cristal enteras para almacenar toda la carne -la cual había de todo tipo y variedad- y patatas ahumadas… Colocaron dos sombrillas de tamaño considerable para protegerse del ardiente sol durante la comida, por desgracia no todos iban a estar protegidos bajo su sombra. Se dividieron lo necesario para comer entre las dos mesas apartándose en dos grupos de cinco y cuatro personas. En la mesa más cercana a la chimenea estaban Joaquin, Sandra y su yerno Rob; para completar la mesa estaban Andres y su hijo. En la mesa continua, separada por poco menos de un metro de distancia, estaban Jaume entre Rob y Olivia y frente a Pedro. Completando la mesa estaba Prono frente a Olivia, satisfecho a decir verdad debido a que se las había apañado muy bien para estar ambos lo más aislados posibles. — ¿Ves algo que te guste? -preguntó con inquina la victima de sus miradas ante la desvergonzada desvergonzada mirada del pariente de Andres. — Unas cuantas cosas… Voy a quedar muy satisfecho si puedo comérmelo todo -declaró mirándola a los ojos antes de volver a estudiarle minuciosamente las tetas-. Tal vez un poco de esto… -señaló antes de pinchar una butifarra, pero en lugar de ponerla en su plato se inclinó y la dejó caer en el plato de Olivia. — Eres muy amable, pero con una tengo suficiente -dijo mirando a su novio una mirada rápida antes de devolvérsela a él. — Es gracioso, porque no creo que con una tengas suficiente -sonrió con maldad mientras disfrutaba de las vistas-. Con esa constitución seguro que necesitas comer mucho para mantenerte. — ¿Me estás llamando gorda? -Titubeó como contestar, pero optó por hacerse la tonta. — Al contrario… y por eso mismo. Hay jóvenes que comen y nunca engordan. Apuesto a que eres de ese tipo. O tal vez me he equivocado y con una sola tienes suficiente. La veinteañera sonrió en silencio mientras agarraba su plato, lo acompañó hasta el de Prono y dejó caer el trozo de carne quedándose con una sola de nuevo. — Puedo con dos butifarras -le guiñó un ojo manteniendo aquella posición y dejando que el madurito se recrease en sus tetas antes de agarrar otra butifarra totalmente nueva de la fuente-. Pero no con la tuya. Aprovecha y mira, porque de lo que ves hay cosas que no vas a poder comer. — Sí -replicó sonriente observando ahora la comida-. No creo que vaya a poder con tanta carne. — ¡Vaya! Si vamos a estar de acuerdo y todo. No sabrías que hacer con ella -Olivia miró de reojo a sus hermanos y a la mesa de sus padres; su conversación con Prono parecía estar pasando totalmente desapercibida. La joven se sobresaltó al sentir un pie descalzo chocando torpemente entre sus muslos con la clara intención de llegar al final, pese a que tardó en reaccionar lo acabó apartando de un manotazo al tiempo que le devolvía una furiosa mirada. — Te sorprenderías de lo que soy capaz -insinuó el muy desvergonzado mientras se calzaba de nuevo. — Veo que te gusta jugar mucho con la comida -reprobó manteniendo el hilo de la conversación. Aquel hombre le caía fatal, y no le gustaba nada. Pero había que reconocer que sabía llevar bien una conversación de ese estilo, y que era hasta divertido. Era tan descarado que hasta le daba pena, así que decidió seguirle el rollo. ``Pobrecito. Seguramente su hermano le ha contado lo que hemos hecho él y yo y se ha hecho falsas esperanzas…´´ meditó Olivia mientras lo observaba apresurándose a terminar de masticar para soltar alguna parida. — Es mejor que te la comas mientras está caliente. Fría no vale nada -Olivia no respondió al instante con palabras. En su lugar se descalzó de un pie y llevó hasta la entrepierna de Prono justo encima de su bañador… La tenía totalmente bajada. — Eso no es un problema para mí porque puedo recalentar la comida cuando quiera -Comenzó a frotar con la planta de su pie contra su ``pequeñín´´ mientras agarraba de su plato la butifarra con los dedos a modo de pinza y se lo llevaba a los labios sin dejar de mirarlo a los ojos. Iba a hacer todo lo posible por dejarlo con el calentón y, sí, se iba a joder. No soportaba a los imbéciles como ese. Y a pesar de todo le daba lástima, la tenía pequeña y ni se le levantaba-. Que grandes son estas butifarras, es imposible quedarse con hambre con ellas… No como otras que yo me sé. Prono sonrió antes de contradecirle. — Claro, no compares las peazo butifarras que calzamos aquí a las que comes en tu casa -La chinchó con malicia. El pie femenino fue testigo del crecimiento del bulto ``pequeñín´´ hasta algo duro, largo y grueso. A la veinteañera se le olvido continuar masticando y cerrar la boca. Un trozo de butifarra a medio masticar se le cayó sobre el canalón de su escote mientras ella, con la mirada perdida, se intentaba concentrar en medir aquel enorme cipote que como poco rivalizaba con el de su hermano; era difícil medirlo debido a que entre pie y polla había una m*****a cortina de tela. Disimuladamente, el dueño de aquel miembro viril agarró disimuladamente el pie por el tobillo con una mano mientras que, con la otra, se sacaba el cipote para juntar. Como si fuese un fetichista de los pies, hizo que su planta acariciase su miembro mientras sonreía y decía: — Eso es muy bueno y muy útil -Olivia abrió todavía más la boca mientras pensaba en lo grande que la tenía. ¿Cómo podían tener esas pollas de caballo los dos bestias? Sin atreverse a asegurarlo, le pareció notar que era un poco más delgada que la de Andres pero le pareció notar que podría ser incluso más larga-. Es muy útil que puedas comer donde sea -continuó mientras le devolvía un guiño a la joven. Olivia retiró el pie violentamente, mirando a su hermano pequeño como reclamo y recordando al hombre sentado enfrente donde estaban. Aquello se le había escapado de las manos y tenía que cortarlo por lo sano. — ¿Comes mucho en casa? ¿O eres más de comer fuera? -Le preguntó con pedantería mientras se subía el bañador ocultando su miembro. Lo que la mataba era no encontrar más respuestas ingeniosas ni poder devolvérselas-. ¿No contestas? -inquirió sonriendo de manera burlona. — A no ser que salga con mi novio, solo como en casa -respondió gesticulando una cara cómica a modo de burla antes de levantarse. Por alguna razón el hermano de Andres no le agradaba nada y la tenía intimidada de sobremanera. Eran como la noche y el día ya que Prono parecía aborrecer aquellas conversaciones -a pesar de lo bien que se le daban-, intentando así acabarlas e ir lo más directamente al grano. Andres, por el contrario, parecía estar siempre a gusto explotando su asertividad y siendo paciente para conseguir sus fines. Si este último era más amable y considerado convirtiéndose así en un maestro de la sutileza; Prono, poseyendo el potencial para serlo optaba por el descaro y la agresividad, el recurso fácil… — ¿A dónde vas? -preguntó su hermano Pedro con la boca llena. — Al baño -Sin añadir ni importarle nada más se dirigió a la casa, sin ser consciente de que su madre también se había levantado al mismo tiempo con la misma intención-. ¿Todo va bien? -preguntó su hija mientras la alcanzaba para caminar juntas mientras se alejaban de las mesas. — Sí, todo va bien. — Mama, te noto rara… ¿Te pasa algo? Estás roja… — El vino, cariño. Que… Que me ha subido mucho -se justificó antes de apurar el paso y dejarla atrás. Olivia prefería no haberse dado cuenta, pero alcanzó a apreciar un brillo adiamantado entre las piernas de su madre. Se detuvo en mitad del trayecto para echar la vista atrás: Su padre continuaba comiendo, su novio levantó la vista y le sonrió. Andres echó la vista atrás y la miró fijamente mientras comenzaba a sonreír antes de volver la vista hacia delante hasta que Prono fue el único que se la quedó mirando guiñándole un ojo. *** Tras dejar atrás a su hija, se encerró en el baño de arriba dando por hecho de que nadie la m*****aría allí siendo más utilizado el de la planta baja. Se acercó a la ducha para explorar lo limpia que estaba y tras darle unos rápidos manguerazos para retirar pelos y la posible suciedad invisible, colocó el tapón y dejó el agua corriendo para que se llenase la bañera. Ya había estado antes en aquel baño por lo que no le costó encontrar los cajones con toallas limpias, colocando una de ellas a modo de alfombra para evitar resbalones tontos al salir de la ducha. — Por fin… -suspiró cerrando los ojos mientras se quitaba con impaciencia las dos piezas de su bikini, descubriendo entonces lo mojada que se había puesto y que, debido al nerviosismo por las indirectas de Andres durante la comida, ni se había dado cuenta. Aquel hombre no tenía perdón, y lo peor es que de todo lo que había dicho su marido no habría entendido la mitad. Tal vez era mejor así, pero a pesar de lo violenta e incómoda que se había sentido mientras intentaba comer entre su yerno y su esposo; en el fondo, muy en el fondo, lo había disfrutado. Andres tenía un don para hacerla sentir viva, y mientras pasaba tiempo con su esposo se sentía vieja, todo lo contrario que estando con Andres o siendo observada por su hermano Prono deseándola desde la distancia. Viva y joven, capaz de rivalizar con su hija ante aquellos dos hombres. No era tonta, se había dado cuenta como ambos alternaban miradas entre ellas dos y, por unos instantes se hizo esas preguntas tontas que vienen a nuestra cabeza y de las cuales nunca obtendremos respuesta: ¿Por cual de las dos optarían Prono y su hermano? ¿El resultado era unánime o tendrían gustos diferentes? ¿A quién elegiría Andres? Se decía que los hermanos de pueblo lo compartían todo, un chisme que compartían las maduritas amargadas de ciudad mientras fantaseaban con hombres de aguante inagotable y rabos colosales. Sin duda alguna, Andres estaba bien servido… ¿Se parecería Prono a su hermano? Estaba segura de que Andres iba a intentar algo tarde o temprano y no le extrañaría que su hermano hiciese lo mismo por separado o acompañados. Y llegando a esta conclusión que, mientras fantaseaba se acariciaba la vagina sin darse cuenta, la puerta se abrió tras de ella viendo así entrar al moreno de los ojos color miel y labios carnosos. — ¿¡Pero no ves que está ocupado!? -vociferó dándole la espalda y agarrando de una percha una de las toallas llevándosela al pecho para tapar lo máximo posible. El intruso cerró la puerta una vez dentro y cerró el pestillo-. Si haces algo gritaré. — No vas a gritar. Si no quieres que toda tu familia se entere de lo tuyo con Andres. — Y… Yo no tengo nada con Andres -negó paralizada. Se sentía acorralada y no solo por estar encerrada en un baño con él. — Es mi hermano, lo conozco bien. Lo sé. — No debería haberte dicho nada -le recriminó ahora enfadada con Andres. Parecía ser que como poco ese par compartía los secretos. — ¿Qué sabes? — Que eres una puta mal follada. Que te mueres por follarte de nuevo a mi hermano… — Yo no me… — Te lo follaste pero, tranquila… No quiero chantajearte. He usado eso para que no gritases. Puedes hacerlo todo voluntariamente o… puedo forzarte. Sandra se le encaró. — ¿Y si elijo decirle a mi marido lo que pasó? — No lo harás -murmuró haciéndose a un lado, dándole la posibilidad de que saliese del baño. — Tu hermano lo negará, y yo diré que me has encerrado en el baño. — Mi hermano se pondrá de mi parte. — No… -la mujer intentó contener las lágrimas: No iba a arriesgarse por un quizá. Prono la rodeó y se colocó allí donde la toalla no alcazaba a tapar. Su culo y su espalda estaban desnudas, la acarició sin más sonido de fondo que el agua corriendo. — No voy a violarte, no es de mi agrado. Es algo que mi hermano y yo compartimos. Pero si no me das ningún beneficio, no me sirves para nada… entiéndeme. Tal vez si usas tus manos y tu boca… O esas enormes ubres que tienes… Míralo como un trabajo -dijo mientras se encaminaba a la bañera y cerraba el grifo. — Forzarme a que te haga eso con la boca o las manos es violación también. — Te recuerdo que no te estoy poniendo un cuchillo en el cuello ni hago peligrar tu vida, te doy la opción a negarte. — Chantaje -puntualizó ella sin negarse por completo, lo estaba sopesando-. Es un precio muy caro… — No lo niego -Prono se sentó al borde de la bañera mientras se miraba las uñas-. Pero al usar la boca y las manos no sufrirás dolor. Me vas a comer la polla, pero no te forzaré a hacer nada más. Incluso si eres capaz… Hazlo solo con las manos. El hombre estaba logrando convencerla debido a que sin duda era la opción menos mala. Al intentar imaginarse lo que pasaría si salía del baño sufría un electroshock psicológico que la dejaba anulada. Tal vez lo más inteligente fuese salir del baño, tal vez no se atreviese a decir nada… Pero no podía arriesgarse. Era la opción menos mala de las dos, y ambos lo sabían. — Si hago lo que me pides… ¿Me dejarás en paz? -su interlocutor no contestó. ¿Servía de algo mentir?-. ¿De que sirve que ahora haga esto si algún día me acabarás pidiendo algo que no pueda hacer y tenga que acabar negándome? Entonces estaré en esa misma situación. — Ahora mismo, si sales del baño iré a tu marido y le diré que has intentado seducirme. Tú lo negarás, y mi hermano lo avalará. Tal vez no nos crea, pero la semilla de la duda ya estará plantada. Pero… -levantó el dedo índice mostrando visualmente que no había acabado-… puedes hacerme una paja y darme el gustazo. Tal vez otro día te pido algo y no estás dispuesta a hacerlo, pero tendré en cuenta lo que habrás hecho hoy… y tal vez no le diga nada a tu marido. ¿Entiendes lo que quiero decir? — ¿Y qué garantías tengo de esto? — Tendrás que arriesgarte -dando la conversación por terminada. Él agarró el pliegue de la toalla que tapaba el cuerpo de Sandra y la arrancó de sus diminutos dedos dejándola totalmente desnuda, tapándose únicamente por sus brazos y manos-. ¿Sabes? Nada más verte supe que iba a querer follarte… Cada vez que te he visto he sentido el impulso de hacerlo… Me gustaría verla a cuatro patas, pensaba. Me gustaría azotar ese culo y metérsela hasta el fondo… La mayor parte del tiempo la he pasado con la polla bien dura -omitió hablar de su hija, era algo que no ayudaría en absoluto-. Seguramente sabes que tu hija y tú habéis levantado muchas pollas en este pueblo. La aludida no contesto, caminó hacia el retrete y bajó la tapa mientras ponía encima otra toalla para poder sentarse encima. Cerró las piernas para mantener el último vestigio de intimidad que le quedaba, y entonces intercambiaron una mirada. Los ojos café-miel de Prono eran muy diferentes a los de su hermano, infundían temor y activaban el instinto conservador de las personas, cualquiera que lo mirase a los ojos vería lo mismo: Agresividad y temperamento inestable. — Estar tan buena debe ser una maldición… Todos los caballos quieren follarse a la yegua madurita. ¿Verdad? Pero yo me conformo con esto… -musitó mientras se desataba el cordón del bañador y se lo bajaba hasta los tobillos para lanzarlos volando lejos de una patada. Una polla morcillona que solo en reposo ya era casi tan larga como la de su marido erecta; tenía el glande totalmente cubierto por el precio, colgando frente a ella. Verla frente a ella le recordó a un video en concreto de esos que se pasaban los amigos por los grupos de whatsapp; en el video se veía a una mujer desnuda cabalgando a un enorme potro y en algún lugar del cambo descabalgando, tras acariciarle la cabeza y el cuello, pasó a acariciarle otras partes. Cuando llegó al rabo, desproporcionadamente largo y flácido, la mujer tuvo que agarrar el enorme rabo del a****l con las dos manos mientras lamia la punta. Algo así se imaginaba con este, que pese a tener un tamaño más proporcional y humano, podría tranquilamente partirla por la mitad. — Me basta con que uses las manos por el momento -dijo plantándose frente a ella balanceando el miembro a la altura de su cara, fue entonces cuando Sandra olió el tufo a polla. Un tufo que impregnaba sus fosas nasales y ocupaba su cabeza, y pese a todo no era un mal olor. Era penetrante y fuerte, pero no desagradable. — Prométeme que si lo hago no le dirás nada a mi esposo. — Te prometo que mientras me complazcas no le diré nada a nadie… Quizá a mi hermano, pero a nadie más -su polla empezó a hincharse leventemente pese a mantener su aspecto caído-. ¿Podríamos compartirte mi hermano y yo? Unas veces él, otras veces yo… Otras veces los dos. Un destello de perversión alumbró los ojos del hombre, claramente excitado por la idea de abusar de ella junto a su hermano, una idea que ella entendió muy bien y le hizo subir un escalofrío por el vientre. — ¿Vas a hacerlo? -La pregunta hizo que Sandra reaccionase y le agarrase el miembro con una sola mano. Estando en reposo no tenía problema, pero para agarrarla por completo le habrían hecho falta dos manos más-. Frota hasta que salga el genio. — ¿Me compartirías con tu hermano? -preguntó ella olvidándose fingir estar resentida, la curiosidad le podía. Aquella declaración era algo en lo que ella ya había pensado antes de que él lo dijese. ¿O era el tamaño de aquella polla? Tal vez la idea de que dos hombres con pollas de caballo la sometieran… Si no había podido aguantar con Andres difícilmente podría con dos como él. Y entonces recordó la pregunta que se había hecho antes… ¿Entre ella y su hija a quien elegirían? — Sí, te usaría con mi hermano. No pares de frotar -le señaló mientras levantaba la mirada al techo-. No pares… — ¿Me usarías? No soy un objeto -respondió sin entender porque se estaba poniendo cachonda. Tenía la sensación de que los suspiros de placer que profesaba el hombre tenían un efecto afrodisiaco sobre ella. — Eres una masoquista… ¿No? Disfrutas con esto… Y me pone mucho que lo disfrutes. No tendría gracia si esto fuese forzado. — Es forzado… — ¿Y por qué te tiembla la voz? -preguntó él mirándola a los ojos, ella no apartaba la vista. — Miedo. — Y una mierda… Estás tan excitada como yo -dijo mientras la agarraba de la nuca enredando sus dedos en las raíces de su pelo. — No es verdad… ¿Puedo preguntarte algo? -preguntó con timidez, necesitaba saberlo. La curiosidad le podía. Prono no apartó la vista pero tampoco hizo ademan de contestar: Esperaba su pregunta-. Vi que te fijabas en mi hija. ¿A cuál prefieres? El hermano de Andres sopesó por un instante que responder, presionó la cabeza de Sandra contra su entrepierna y esta soportó el tirón, pero su cara estaba cerca… demasiado cerca. Podía olerla, y deseaba devorarla. Pese a intentar mirarle a los ojos; las pupilas femeninas no podían evitar desviarse algunas veces a mirar su enorme polla. — Estoy aquí. ¿No? Elegir entre tu hija y tú es una opción difícil. Pero a mí me van más las maduritas… estáis más desesperadas por una buena polla. Aunque… Me acabo de imaginar follándoos a las dos… No es mala idea… ¿No me la vas a chupar? — Solo con la mano -murmuró todavía con la imagen de su hija y ella abiertas de piernas para el disfrute de ese desvergonzado… pero también el de ambas. Era inmoral e impensable, pero la excito pensar por un momento en las dos disfrutando con un verdadero hombre. Era sucio y repulsivo compartir algo así con su hija, pero al mismo tiempo… Sandra hizo un esfuerzo por no continuar pensando aquello mientras acentuaba la velocidad de fricción. — Vamos… con esa boquita que tienes. Quiero que me limpies bien la polla. — No lo voy a hacer con la boca -contestó Sandra pasando a pajearle a dos manos. El prepucio subía y bajaba liberando un fuerte olor a testosterona y sudor; la mano en su nuca la invitaba forzosamente a acercarse a pesar de resistirse: Estaba desesperado porque se la chupase. — Mujer, mírame a los ojos -Sandra lo hizo desafiante. — ¿Prefieres mi polla o la de mi hermano? — La de tu hermano sin duda -contestó sin titubear mientras aceleraba el ritmo de la paja intentando desesperadamente que se corriese. Tenía mucho aguante, y si seguían así… — Eso es porque no has probado todavía la mía. —La tengo entre las manos, no me hace falta -Sonrió con ingenuidad. Estaba segura de que no había polla mejor que la de Andres, del tamaño perfecto. Larga y ancha, sin extremos que la hiriesen-. Además… Tu polla da asco… huele fatal -declaró sin poder evitar mentir. Olía, y muy fuerte, pero no lo catalogaría como un olor desagradable… Incluso le daban ganas a probarlo. ¿Cómo debería saber? Había muchas cosas que influían en su libido: Los gemidos del hombre, su olor a testosterona, la dureza y el tamaño de su miembro pero su olor era tan penetrante que le hacían creer que estaba constantemente a punto de correrse; una fragancia afrodisíaca a pesar de que ella no estaba dispuesta a reconocerla. — Huele a hombre. Y a ti te gustan las pollas… ¿Verdad? -dijo mientras se inclinaba para meter sus dedos dentro de su coño sin reparo alguno. ``¿¡Cuando me he abierto de piernas!? No recuerdo haberlo hecho´´ pensó mientras se le quedaba cara de tonta. ¿Tan fácil le había sido dejarla en aquel estado? Notó como si se derritiese mientras sus yemas rascaban su interior muy cerca del punto más placentero-. Mira como está tu coño. Pero si no quieres usar la boca… Al ver que Sandra no tomaba la iniciativa, fue él mismo el que tomó la iniciativa y moviendo sus caderas e arrodillándose ligeramente, la colocó entre las tetas de Sandra mientras la agarraba por ambos pezones quedando su tronco enterrado entre ambas; la punta, en cambio, sobresalía sin problemas y rozaba por poco la barbilla de la tetona. Le costaba frotarla entre ellas y hasta le m*****aba hasta que él le pidió que escupiese sobre ellas… y se quedó quieta. ¿Y si lo hacía? ¿Quedaría como una guarra? Nunca había hecho eso… No había escupido. — Yo… Yo no… -No le quedo otra que abrir mucho los ojos en cuanto la boca de Prono se fusionó con la suya removiendo ambas lenguas antes de separarse y escupir dentro. — Ahí tienes, ahora escupe sobre mi polla -Un tanto coartada bajó la barbilla y dejó caer un grueso hilo de saliva sobre el tronco. — ¿Qué tal si ahora lo esparces? -Sin ganas de discutir, agarró el tronco del cipote impregnando sus manos con su propia saliva y la expandió todo lo que pudo. La respuesta del madurito no se hizo esperar, soltó los pezones y la agarró por la nuca con ambas manos, como si agarrarla del pelo fuese un placer por si mismo. No tuvo que decirle nada para que ella misma se agarrase las tetas por los lados y estrangulase el rabo que chocaba contra su garganta. — Jooooder… Que gusto, mujer. ¿Hay algo de ti que no de placer? -comentó mientras cerraba los ojos y levantaba la barbilla. Ella intentó mirarle a la cara para no perderse ningún detalle… ``Parece estar disfrutando tanto…´´ pensó con envidia. Se abrió todavía más de piernas, esta vez de manera consciente, para tener mejor estabilidad. — Me llamo Sandra. — Me estoy follando tus enormes tetas… ¿Sabes cuantos en el pueblo se mueren por hacerlo? Todos están deseando follarte en manada… Una vez detrás de otra… Pero eres solo mía. Pese a no estar de acuerdo, no dijo nada. Sabía que si se soltaba terminaría antes, pero se soltó demasiado cuando notó como una de sus manos abandonaba su nuca para agarrar la última toalla de la percha y lanzarla al suelo junto a la otra, formando una gran alfombra. Justo cuando la iba a agarrar por la muñeca para llevarla hasta el suelo motivado por la sobreexcitación, alguien picó a la puerta dejándolos a ambos paralizados. — Cariño… ¿Estás ahí? — … -por unos segundos Sandra no supo que decir, pero se las apañó para reaccionar-. Sí, Joaquin. Estoy a punto de meterme en la bañera. — ¡Abre, por favor! -solicitó impaciente, claramente desconfiando de su mujer. Prono pegó un salto hacia un lado del baño, agarrando las sandalias y el bañador mientras corría frente a la puerta indicándole que abriera. Sandra agarró una toalla y se tapó por pudor mientras se acercaba a la puerta, suspiraba y quitaba el cerrojo. Al abrirse, Prono quedó oculto tras la puerta mientras Joaquin entraba en estampida mirando a todas las partes del baño, también hizo a un lado la cortina del baño para asegurarse de que nadie se escondía tras ella; después, ya con el rostro más calmado, se encaminó hacia su esposa. — ¿Por qué tardas tanto? -preguntó con reservas. — Si acabo de entrar… Ni me has dado tiempo a meterme todavía. — ¿Aún no te has bañado? — ¿Ves mojado mi pelo? -replicó con ironía-. Además… ¿Qué haces entrando de esa manera? Creo que nuestro juego te tiene paranoico. — Creía que… Me pareció… Bah, da igual. Olvídalo -gruñó de mala gana resistiendo el impulso de sincerarse. — No. No da igual… Estás histérico. ¿Sabes qué? Olvida lo de nuestro pequeño juego, lo corto aquí ahora mismo. ¿Vale? Quédate tranquilo que no pasará nada más. — ¿Seguro? … Pues claro, sí. Soy un idiota… Mira que desconfiar de ti. Cuando termines baja y come algo… ¿De acuerdo? Que no has comido casi nada. — Tranquilo… Comeré algo -replicó mordiéndose el labio y guiñarle un ojo; intentó reprimir sin conseguirlo una sonrisita burlona-. Ahora solo quiero darme un baño… -musitó antes de acercarse a él y despedirlo con un beso. Vio aparecer a Prono cuando la puerta se cerró haciendo desaparecer a su marido, fue él mismo el que puso el pestillo mientras tachaba sus labios sonrientes con su dedo índice dándole a entender que debían guardar silencio, no fuese a ser que escuchase detrás de la puerta. — Mientes muy bien. ¿Eh? -le susurró al oído con malicia mientras la dejaba desnuda de nuevo. Sandra se percató de que pese a que este había sufrido un bajón, su polla seguía estando morcillona y no tardó en venirse arriba-. Vamos. Quiero follarte -al ver que ella se preparaba para objetar, se apresuró a interrumpirla-. Me refiero a follarme tus tetas. Sandra estaba decidida, lo mejor era acabar cuanto antes con aquello. Caminaron hasta la toalla tendida en el suelo y se puso de rodillas sobre ella haciéndole ojitos mientras esperaba a que él tomase la iniciativa… Y vaya que si lo hizo: Se colocó frente a ella haciéndose una paja a pocos milímetros de su cara mientras con el pulgar de la otra mano le metía el dedo en la boca; la madurita ni se inmutó pues se limitó a ignorar lo que había frente a ella continuando centrada en sus ojos. — Saca la lengua. — No voy a chuparla -insistió decidida. — Si haces ciertas cosas acabaré antes. Solo saca esa lengua tan traviesa que tienes.. -Estando segura de que se acabaría arrepintiéndose, titubeó pero acabó haciéndolo. Vio de reojo su cipote parecía cada vez más y más hinchado. A ella le pareció que Prono se excitaba con solo verla en aquella perspectiva: Sandra había sacado la lengua aún con el pulgar dentro de su mejilla interior, su lengua simplemente colgaba alrededor de su labio inferior. No podía entender cómo podía excitarse con aquello- ¿Qué tal si te estiras? Será mejor. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba estirada boca arriba, con él sentado sobre su vientre con las rodillas a su lado y la polla entre sus tetas. — La lengua… No la escondas -Automáticamente volvió a sacarla para complacerlo a pesar de que se moría de vergüenza. Seguro que se veía como una autentica fresca al hacer aquellas cosas… ¿Por eso estaba él tan excitado? Prono la sorprendió escupiendo sobre el centro de sus tetas, sobre el esternón e impregnando su propia polla entre la saliva ya tenía el lubricante perfecto… Ya podía follárselas. Sabiendo entonces que se lo iba a pedir, la madurita optó por ahorrárselo y por voluntad propia se sujetó los pechos para estrangular aquel rabo que se la iba a follar-. La lengua… Quiero verla. Sácala lo máximo posible. Vaya tetas que tienes… Da gusta… Mi polla está en el paraíso. El glande nunca desaparecía entre el canalón desde el escote, y permaneciendo siempre visible, apuñalaba con violencia el aire intentando alcanzar violentamente la lengua ondeante: Pocos milímetros restaban para que se juntasen. Las tetas de Sandra temblaban con cada embestida, mientras ella maravillada e incrédula sopesaba el efecto que provocaría en ella recibir aquellas mismas embestidas en su interior. — Baja la barbilla… No dejes de mirarme. Que carita tienes, me encantaría follármela también. Como me gustaría que me la mamases -dijo mientras agarraba la cabeza de Sandra por las sienes para impedir que la cabeza de esta retrocediese, también apoyó los codos en el suelo para tener más estabilidad. — ¿Te falta mucho? — La lengua fuera… -Sandra volvió a obedecer, el glande esta vez rozaba su lengua-. ¿Te gusta cómo huele? — No — Seguro que te pondría muy cachonda chuparla… Una verdadera polla. ¿Si me la lavo, me la comerás a gusto? -ella asintió. Creyó que si no respondía en voz alta la traición no sería tan grave. — Pues lávamela -ordenó con una última embestida que como si fuese un ariete penetró entre las dos tetas al tiempo que levantaba la nuca de Sandra. Todo el glande y parte del prepucio entró en contacto pleno con la base de la lengua; los labios enterraron gustosamente la punta del rabo mientras él levantaba la vista al techo y liberaba una cadena de suspiros y algún que otro gemido-. Ahora que ya está limpia, ya puedes chupar a gusto -dijo con malicia ya habiendo detenido sus caderas. Sandra alcanzó a ver como el hombre sobre ella se escupía sobre la palma de la mano y la llevaba hasta su vagina, donde untó el líquido como si fuese crema solar. ``Mételos… Los quiero dentro…´´ suplicó para sus adentros olvidándose de chupar: Abrió la boca para gemir y la larga polla salió disparada hasta quedar reposando en su cara entre pequeños botes. — ¿Quién te ha dicho que pares? ¡Continua! Ya me falta poco. Agarra las tetas por los lados -ordenó mientras con la mano libre (y sin apartar la otra del coño de Sandra) se agarraba el miembro y lo ponía entre las tetas. La mano sobre su coño se convirtió en una araña de dedos que bailó sobre su humedecido clítoris: Danzaban en circulo, de arriba abajo, en perpendicular de lado; más flojo y más fuerte hasta encontraron la reacción que buscaban. Mientras Sandra ponía todo su ser en mantener el glande entre sus labios y aguantar las embestidas de Prono, levantó inconscientemente las caderas e incluso comenzó a moverlas en circulo para sustituir un grito de júbilo que significase ``Me encanta´´. Los dos estaban en su clímax, Sandra impresionada por lo rápido que había llegado a él. Sentía estar a punto de correrse al tiempo que notaba y empatizaba con el inminente orgasmo de su follador. La polla entre sus tetas empezó a contraerse muy espaciadamente preparándose para la corrida y ella se centró en recibir aquella corrida salada de una polla que no sabía nada mal. … Podría volverse adicta a aquello. Quiso chillarle ``¡¡No pares!!´´ pero en su lugar se dedicó a subir y bajar la nuca poniendo en tensión su cuello para hacerle una verdadera mamada hasta que finalmente se corrió. No salió nada de aquella polla, que vibraba mientras el gemía y se resentía de placer sobre ella, pero sin llegar a eyacular. Temblando, se quitó de encima mientras ella se llevaba unos temblorosos dedos a su sexo, pero Prono la interceptó por la muñeca a medio camino. — Nononono. Vas a quedarte así, con las ganas -murmuró poniéndose entre sus piernas. Su polla dura quedó sobre su clítoris. Se había saltado todas sus defensas en un momento, y si quería follársela, estaba tan desesperada que no pondría ninguna pega. — ¿Me vas a dejar así? -La única respuesta del hombre fue un beso húmedo que los calló durante un largo minuto mientras el tronco de su polla se restregaba contra toda la extensión de su vagina. — Seguro que estás deseando que te folle. Pero eres una mujer casada… Si te la metiese ahora… — Se sentiría muy bien -gimió ella con voz dulce como la miel; le estaba suplicando-. Si me la metes ahora me voy a correr al instante… — No estaría bien follarme a una mujer casada. Sandra ya no era una mujer, era una fiera que se había rebajado a sus más bajos instintos. Solo quería una cosa y estaba restregándose contra su coño. Se continuaron besando mientras ella se las apañaba para agarrarle el miembro y tras dos sacudidas rápidas que emulaban una escopeta al recargar, la apuntó para su coño. — Clávamela. Rómpeme el coño -suplicó antes de lanzarse a su cuello y mordérselo. — Tengo una idea mejor… — ¿Ahhh? -Fue lo único capaz de inquirir, mezclando la pregunta con el gemido. Vio la cabeza de Prono descender, ocultándose tras sus tetas y posteriormente entre sus mierdas. Su boca se clavó cobre su clítoris lamiéndolo y besándolo mientras negaba con la cabeza. La vibración la iba a matar-. Prono… ¡Quiero tu polla! -pensó sin ser capaz de pensar en nada más. Dos dedos orientados hacia el techo entraron en su vagina y comenzaron a penetrarla furiosamente. Sandra sentía que alrededor de su coño llovía de lo húmeda que se notaba; la mezcla perfecta entre los dedos en forma de gancho acariciando ese punto justo más la base de su lengua lamer sin descanso su clítoris la hizo levantar las caderas, tensar las piernas y correrse violentamente mientras una mano suya quedaba colgada en el aire y la otra agarraba por la nuca apretándolo contra su coño. Quedó en esa posición, con el culo a un palmo del suelo corriéndose como una loca pensando que no era suficiente, ahora quería su polla pero él ya se había levantado y se había puesto el bañador. — ¿Q-Que haces? — He terminado contigo… de momento. — P-Pero… -Sandra no encontraba las palabras; él no las necesitó. Se agachó frente a ella, la sostuvo por la nuca mientras se acercaba a su oído y le decía:-. Recuerda esto para la próxima vez. Si he sido capaz de hacerte disfrutar así solo con las manos y la boca… Imagínate de lo que seré capaz en cuanto te la meta -se distanció de su oído sin levantar demasiado el tono de voz-. Ahora dúchate. Queda una larga tarde por delante y luego la noche. Ya encontraremos otro nidito de amor donde te haré adicta a mi polla -dijo mientras le plantaba otro beso con lengua al cual ella ni se m*****ó en esquivar; incluso, tal vez, pudo llegar a aceptarlo gustosa. —Tal vez no haya otro momento… -le dijo con una indirecta. — Lo habrá. Y el calzonazos de tu marido podrá poner las dificultades que quiera, pero follándote. Aún no lo sabes pero ya eres mía y de mi hermano. Entonces se calzó las sandalias, abrió el cerrojo que había por encima del ojo de la cerradura y se fue, dejándola sola. Su cuerpo estaba tenso todavía, fatigado. Lo notaba lento y costoso de mover. Se metió en la bañera tras abrir el grifo del agua caliente, pues la que había en la bañera se había enfriado. Prono tenía razón, su corazón y su amor pertenecía a Joaquin… … pero había dejado de ser suya como mujer. *** — No, No; insisto. Me sentiría insultado -les interrumpió a Joaquin y su yerno alzando las manos para apaciguarlos-. Aquí sois vosotros los invitados, y los invitados no recogen. Mi casa, mis reglas. ¿Dos cortados? — Yo quiero un descafeinado, que me está entrando sueño y me da que me echaré una siesta -indicó el esposo de Sandra con seriedad. — ¿Y qué le pongo a tu mujer? — Sandra no toma nunca café. — Yo un café… ¡Corto de leche! Y añádele un poco de leche condensada -añadió Olivia conteniendo a duras penas una sonrisa sugerente; Andres le había entendido. — Yo otro descafeinado -añadió bostezando el novio de esta-. Esas hamacas están de coña para dormir. — Nos hacemos viejos. ¿Eh? -Le chinchó la veinteañera con una sonrisa traviesa; Rob se picó en consecuencia. — Me paso la semana trabajando… ¿Tan raro es que tenga sueño? — Ignórala, Rob. Somos hombres de gustos sencillos… Nos conformamos con poco. — Y que lo digas, viejo. Andres les rio las gracias antes de dirigirse cargado de platos junto a su hermano. — Pááápa. ¿Nos podemos bañar ya? Porfaporfa! -vociferó tiernamente Jaume señalando a la piscina. — Acabáis de comer, esperad un par de horas. Jugad a futbol o… -fue lo último que escuchó Andres antes de replicarle totalmente m*****o mientras se encaminaban con los platos a la cocina. — ¿¡Qué has hecho ya!? — ¿Yo? No he hecho ná. — Nonina -negó Andres con tono andaluz; acento que solo le salía cuando se enfadaba. — Me ha hecho una cubana en el baño. No contesto. No dijo nada: Iba cargado de platos y necesitaba tener las manos libres para recriminarle a ostias. En cuanto llegaron a la cocina y tuvo las manos libres le arreó una colleja con la mano zurda que se revolvieron en su tumba hasta sus más lejanos antepasados. — ¿No te había dicho que era mía? — No me jodas. Dijiste que cuando conquistase a la veinteañera esa malcriada podría ir contra la madre. — No tergiverses mis palabras. Lo que dije es que cuando te la follases, hablaríamos -puso énfasis en la última palabra- de la madre. — Bueno, ya está hecho. Me entró el calentón y cuando vi que se iba tan mojada… No pude evitarlo. Además… Vamos a compartirlas. ¿No? ¿Te crees que no sé como ganármelas? — Como las ahuyentes te doy la paliza de tu vida, me da igual que seas sangre de mi sangre -dijo levantándole el puño. ¿Me has entendido? — Te pareces a papa. — ¡Prono! -El aludido no contestó. Evitaron mirarse a los ojos mientras pasaban unos segundos de silencio que los enfriaron a ambos; pero eran buenos hermanos y los cabreos nunca les duraban-. Bueno venga, va. Cuenta. ¿Qué has hecho? — Me metí en el baño, le dije que me hiciera un paja, se resistió un poco, acabó accediendo… Y me acabó suplicando que le metiese la polla; no lo hice. Andres se sorprendió de que su hermano no hubiese hecho lo evidente. Cuando le entraba algo en la cabeza no solía parar hasta que lo conseguía, y no era de los que dejaba el tema a medias. — ¿No te la follaste? -Prono le miró a los ojos y negó con la cabeza en silencio-. Ya te has desahogado con una… -empezó a decir su hermano menor. — Bueno, desahogarme… -Le interrumpió este haciendo referencia a que no había eyaculado y, por lo tanto, se había quedado con las ganas. — Elige. Sandra o Olivia — Las dos –``Sandra o Olivia´´ repitió su hermano. — ¿No las vamos a compartir? Nunca nos hemos follado juntos a una mujer… — ¿Por qué quieres hacer eso? -preguntó extrañado; era la primera vez que se lo proponía. Andres no pensaba renunciar a ninguna de las dos pero, como no podía evitar que su hermano se quedase con una, le dejaría elegir a cual compartirían… Pero no le gustaba compartir: Era demasiado celoso. — Los dos tenemos mucho aguante. ¿No? Imagínate como dejaríamos a estas dos malfolladas si nos las follásemos a la vez… Primero una y luego otra, dos trios… O un cuarteto. — Sandra o Olivia -No le había convencido la idea y ante la insistencia, su hermano se vio obligado a elegir. — Me follaré a la niñata esa por ahora. — ¿Soy una niñata? -la veinteañera los sorprendió apoyada en el marco de la puerta sujetando todavía el picaporte de esta. Los tres se quedaron callados, y puesto que la hija de Joaquin no parecía tener la intención de romper el silencio ni de querer moverse, lo hizo en su lugar el hermano de Prono. Se dirigió a la nevera y sacó un pote de leche frio; preparó cuatro cafés, echándole la leche condensada a uno de ellos y mientras se disponía a pasar por la puerta preguntó en voz alta: — Cielo. ¿A dónde has ido? — He ido al baño -contestó sin rodeos pues sabía exactamente a que se refería con esa pregunta. Entonces sin decir nada más, Andres cerró la puerta tras de sí cargado con los cuatro cafés dejándolos solos. A lo lejos se oyó el portazo de la puerta exterior que daba a la piscina. — Así que soy una niñata para ti? -preguntó de nuevo con cara de póker. — Lo eres: Una niñata malfollada y que se lo tiene muy creído. — ¿Tú qué eres entonces? Un machista reprimido… ¡Imbécil! -aulló mientras su cara se iba poniendo roja-. Solo piensas con la polla. Que pena que no te parezcas más a tu hermano, está claro que él se ha llevado los mejores genes en todo -La veinteañera eligió mantener la distancia de la misma manera que él eligió acortarla. La chica no retrocedió y se mantuvo firme hasta que su contrario se detuvo a poco más de dos pasos de ella. — Dices eso como si fuese algo malo. Ya te gustaría tenerme a mí en vez de al novio picha-floja, al inútil bueno para nada ese… — ¿Perdona? Le insultas a él que no te ha hecho nada -le cuestionó incrédula soltando una risa burlona, con la cara ya recuperando su color de piel natural-. Además. ¿Qué es eso de que me gustaría tenerte A TI como algo? ¿Se supone que debo tomármelo en serio? No te tocaba ni con un palo. — En la mesa no dijiste lo mismo. — Ese es vuestro problema -la risa de Olivia se tornó amarga-. No sabéis diferenciar cuando os cortejan o cuando os siguen el juego, pero si eres tan -hizo un breve inciso mientras levantaba las dos manos para entrecomillar burlonamente el adjetivo-. Cortito como para no entenderlo te lo digo desde ya. Antes me tiro a una mujer que a ti mismo. — Habla la mal follada con un novio que no sabe ni como satisfacerla. — Aunque mi novia sea un eunuco manco y sin lengua, te lo repito, no te tocaba ni con un palo. Además… ¿Qué más te da? Soy una niñata. ¿No? -replicó claramente herida. — Por eso me pone tanto, me gusta poneros en vuestro lugar. — Como si un neardental como tú supiese tratar a una mujer. Sin dejar de mirarla, Prono soltó una carcajada de lo más natural mientras alzaba un dedo a modo de propuesta. — ¿Quieres hacer una apuesta? ¿A que sé cómo funciona tu cuerpo sin haberlo tocado mejor de lo que tu novio sabrá nunca? La curiosidad le pudo, pero mucho más hacerle tragarse sus palabras pese a que su instinto le sollozaba negarse e ignorarle. — No me interesa pero… -miró a sus pies antes de devolverle la mirada con la barbilla gacha y caer directa en su trampa-. ¿Qué te apostarías? — Si gano… Una competición y tú serás la arbitra. Tendrás que hacernos una paja a mí a mi hermano para elegir con cual te quedas, con el extra de que si gano tendrás que obedecer a lo que te pida. Y si pierdo… ¿Qué te parecen cincuenta euros? -puntualizó tras dudar en que cifra poner como cebo en la apuesta. — ¿Y que es eso de haceros una paja? — Nos harás una paja para elegir que polla prefieres y que polla te follará al momento. Olivia alzó una ceja pero decidió no insistir en eso. — ¿Equiparas una paja a cincuenta euros? — ¿Tal vez debería pedirte un completo? -La insolencia le costó una bofetada que le dejó enrojecida la mejilla. El silencio se volvió incómodo pese a que el agredido no parecía m*****o ni dolido, al contrario, denotaba orgullo y portaba el guantazo como trofeo-. Bueno; qué… ¿Te atreves? — ¿De verdad crees que iba a aceptar? Solo sentía curiosidad -dijo mientras se daba la vuelta, sin embargo dos manos la emboscaron agarrándola por ambos brazos y obligándola a girarse de nuevo-. ¿¡Pero qué h…!? -Había empezado a gritar histérica, pero una de las dos manos acabó tapándole la boca con el dedo pulgar apuntando hacia abajo mientras la otra le presionaba el ombligo. Por auto-reflejo, la joven retrocedió y retrocedió seguida por Prono hasta que chocó contra la nevera de espaldas. No usó las manos porque la diferencia de fuerza era tal que sería un esfuerzo inútil, pero tampoco es que quisiese hacerlo. — ¿Sabes lo que creo? Que te mueres por hacerlo. Te mueres por darle algo de vidilla a tu aburrida existencia sexual que compartes con ese inútil de tu novio -susurró manteniendo su mano en su boca y otra sobre su ombligo desnudo, sus narices estaban a pocos milímetros, y los ojos de ambos ni pestañeaban-. Creo que te has imaginado a mi hermano y a mí, follándote los dos, dándonos placer con tu boca y tu coño. Y como eres una masoquista -evitó decir ``como tu madre´´- te encantará que seamos salvajemente rudos contigo. Mientras este hablaba, la respiración de Olivia se agitó y aceleró cada vez más. Lo intentaba mirar a los ojos, pero solo era capaz de concentrarse en esa mano sobre su ombligo que, con los dedos apuntando hacia la pieza inferior de su bikini, comenzaba a bajar lentamente. La mano que tapaba los labios de la tetona se apartó lentamente mientras exhibía una boca ligeramente abierta. — Por tu hermano, sí. Por ti, no. Porque eres un imbécil y un machista. — Aja -fue lo único que dijo él, su mano libre se apoyó contra la nevera mientras la otra llegaba por fin al bikini, tocándole el coño por encima de este; no dejaron de mirarse. — Di algo -replico nerviosa y claramente aturdida. No podía pensar, su mente estaba en otra parte, estaba entre sus piernas junto a una mano que amenazaba con invadir su sexo. — ¿Qué quieres que diga? Sigo esperando que digas que aceptas la apuesta. — Ya te dicho que… -No pudo continuar, simplemente puso los ojos en blanco mientras golpeaba con la nuca la nevera y se contraían sus nalgas. El muy bastardo le acababa de hacer a un lado el bañador y le había incrustado dos dedos, pero si algo la traía de cabeza y no entendía, era la sensibilidad. ¿Cómo podía estar tan sensible? ¿Cómo podía ese hombre ponerla tan cachonda? — Te propongo algo… Además de los cincuenta euros, si ganas… No volveré a m*****arte. — Eso ya… ¡Ayyyy! -El gemido femenino no pudo ser reprimido y se convirtió en música para los oídos de Prono-. Eso sí. Recuérdalo… Si pierdes no volverás a m*****arme ni te me acercarás. — Lo prometo. Pero si gano, ya que me apuesto tanto, recuerda que durante la competición de mi hermano deberás hacer todo lo que te pida -Olivia asintió levantando la barbilla mientras sus manos se lanzaron raudas contra la muñeca del madurito que le hurgaba en el interior. — ¿Cuál es la apuesta? El aludido sacó con rudeza sus dedos del coño de Olivia mientras se los llevaba a la boca y los chupaba como si fuesen un helado antes de señalar a la ventana. — Acércate -reticente se mantuvo firme en su sitio, pero acabó accediendo acercándose a la ventana y viendo a través de las cortinas como su padre, su novio y Andres sus tres cafés mientras el suyo le esperaba… A lo lejos vio a Jaume y Pedro jugando a la pelota con Satur, que parecía haberse animado. Prono se puso tras ella y la agarró con sus fuertes manos por las caderas mientras apretaba su polla dura bajo el bañador contra su culo. — Te apuesto lo que hemos dicho a que consigo que te corras en tres minutos. — Sin meterla, espero. — Sin meterla -le susurró al oído-. Solo usando dedos y boca. — Sin meterla -le susurró al oído-. Solo usando dedos y boca -Mientras susurraba esto a su oído le dio un brusco e inesperado tirón de pelo haciéndole ladear la cabeza y dejando desprotegido su cuello. Comenzó a besárselo desde la mitad del cuello hasta descender a la altura del hilo del bikini. — ¿Has empezado? — ¿No? ¿Tienes prisa? -Su pregunta fue inoportuna, ya que volvía a estar hipnotizada por el movimiento de las manos ese al que llamaba imbécil. Una mano la agarró de la nalga mientras que la otra serpenteo por el sudado y resbaladizo ombligo, se acarició el pubis y sin contemplaciones se introdujeron en su coño ignorando su el clítoris; parecía leerle la mente. Acariciar lo de fuera se sentía muy rico, pero en ese momento solo quería ser penetrada. Sus dedos eran gruesos y rudos, cada roce parecía desgarrarla de placer mientras sus caderas bailaban de lado a lado en un intento de reprimir el cosquilleo que sentía el vientre. — Sí -Fue un embuste, y le costó decirlo, pero lo hizo-. ¿Cómo calculamos el tiempo? ¿Tienes un reloj o algo así? Antes de contestar, prono apretó bien su nalga y darle un fuerte cachete al tiempo que le mordía el cuello como despedida. — Tu cuello está muy bueno, y me encanta agarrar y manosearte este culito. ¿Cómo puede ignorarte tu novio? Eres perfecta -La piropeó Prono mientras se arrodillaba ante su culo en pompa y sin cuidado alguno le bajaba hasta los tobillos el elástico. — M… Mi novio no me ignora. ¿Cómo contamos el tiempo? -``Me equivoque. Si sabe cómo venderse a una chica´´ pensó ansiosa mientras separaba todavía más las piernas. — Claro, tienes toda la razón. ¿Cómo he podido ser tan idiota? Claramente este es el coño de una mujer bien atendida -musitó mientras metía de improviso y, en consecuencia, ella reprimía un gemido al tiempo que se contraían todos los músculos de su culo y sus piernas-. La respuesta es sencilla. No hace falta reloj: Vas a contar tú. — ¿Perdona? Y te recuerdo que mi madre está arriba bañándose. — Entonces muérdete la lengua para no hacer ruido. Y lo has entendido bien: Vas a contar hasta… ¿ciento ochenta?... mientras te como el coño. Olivia estaba temblando, y continuó haciéndolo mientras clavó sus dos manos en el marco de la persiana a modo de apoyo. Si había estado seco en algún momento, ahora su coño correaba a mares… La veinteañera maldijo a su caprichoso cuerpo mientras cerraba los ojos y se centraba en el único sentido que podía analizar, el tacto. La esponjosa y suave lengua del hombre ni se acercó a la vagina, pues comenzó a lamer únicamente la humedad acumulada en la cara interna de sus muslos mientras sus dos dedos pulgares se posaban sobre los pliegues de su vagina y la abrían sin llegar a tocarla. No pudo evitar levantar el culo mientras intentaba ubicar la cara y la boca de Prono, pero no la encontraba. — ¿Qué haces? -preguntó nerviosa-. ¿A qué esperas? — A que empieces a contar. Necesitó unos segundos para entender lo que le estaba diciendo. ¿Le estaba esperando ÉL a ELLA? Tenía que ser una jodida broma. Cuando se decidió a comenzar, descubrió que no podía enunciar los números sin que su voz saliese temblorosa y tartamudeante. — ¡U…Uno! Mpppppfh -le costó reprimir el gemido cuando la nariz de su contrincante se medio metió en su culo sin pudor alguno y su lengua raspó suave desde su clítoris hasta el perforar los labios internos de su coño. Sus afilados y precisos dedos impedían que el coño se cerrase, y este parecía agradecerlo, pues tanto la lengua como todo su sexo parecían compenetrarse y saber que puntos daban más placer y cuales simplemente la volvían loca-. Dos… T..Tres, C…Cu…Cuatro. Cin…co… Sacando la lengua del orificio, los labios de Prono hicieron morritos y besaron su clítoris y sus labios exteriores como si quisiese hacerle decenas de moratones en aspiración. Dos de sus dedos no tardaron en entrar en acción, pero al contrario de lo que sería recomendable, entraron con prisa y a lo bruto algo que a Olivia no solía gustarle en absoluto… … Pero le estaba encantando. Se Olvido de seguir contando así que se forzó a continuar: — O...Ocho, Nueve… Trece… Quince -La emputecida veinteañera gemía entre número y número contado, pero Prono no interrumpió comida de coño para reprochárselo. Los dos dedos de este entraban y salían para dar variabilidad a su manera de masturbar. Tan pronto estaba haciendo formas con la lengua directamente en su interior como sus dedos estimulaban su botón del placer. Un dedo, húmedo, le hizo olvidarse de contar cuando se metió en su culo haciéndole sentir por primera vez en su vida una sensación sucia y rara, pero nueva. No era mala, simplemente extraña… Y mientras sentía esto sentía otras muchas cosas que no paraban de cambiar, pues Prono paraba para agarrarla de ambas nalgas y separarlas para meter su cara en ellas; besaba su coño y negaba con la cabeza dándole un gusto indescriptible con sus labios y lengua temblando dentro de ella. Parecía no tener prisa y disfrutar con el placer de ella. ``Joder, Rob… ¿Por qué no podías ser así? ¿Por qué me pones en esta situación, maldito bastardo?´´ pensó mientras llevaba su mano a la frente de Prono: Si seguía así iba a perder. Iba a ser la esclava de placer de esos dos, y a saber lo que le hacían. ¿A quien elegiría si tenía que hacerlo? ¿Quién se la follaría mejor? Si follaban igual de bien estaba claramente indecisa. A ratos su mano intentaba apartar la frente de Prono, otras veces acercaba la nuca de él contra su coño. Era consciente de que no había pasado más de un minuto, y ya sentía posible el correrse con aquella boca y aquellas manos. Excepto el abandonado interior de su vagina, la entrada al útero, todos los puntos del resto de su vagina habían sido correctamente atendidos y hacían cola para repetir. Su punto G rugía al sentir los dedos en gancho acechar sobre él, o si clítoris temblaba cuando comenzaban a bailar sobre él. Al entrar, las yemas de los dedos de su intruso no parecían buscar una lógica para satisfacerla, pues se movían caóticamente sin sentido alguno. Los dientes mordisqueaban sus labios exteriores mientras los labios le hacían chupetones apasionadamente… ¡Vaya boca! ¡Vaya lengua! Con la mano le agarró el pelo de él, porque de algo necesitaba agarrarse más que de aquel frio marco de aluminio. ``A la mierda´´ pensó mientras daba por perdida la apuesta. ``Que gane, ya me da todo igual´´ — Me corro… Me corro -gimió entre dientes, desesperada por acabar-. Sigue… No pares… Abrió los ojos en el momento justo en el que vio a su novio andando hacia la puerta interior y la respuesta fue automática: — ¡Rob! -gritó ella mientras abría la ventana y se metía bajo la cortina-. ¿A dónde vas, cariño? -Funcionó, atrajo la atención de su pareja y se desvió hasta la ventana mientras bordeaba la piscina. — Iba al baño a preguntarle a tu madre porque tarda tanto… Ya va un buen rato -Rob la devoró con la mirada y por un segundo ella se asustó al pensar que había sido descubierta-. ¿Qué te pasa? Estás sudando… Y estás rojísima -La risa de su novia se tornó histérica. — ¿Roja? ¿Te parece algo inu…? -buscó la palabra adecuada mientras cerraba la boca para contener el gemido. No era excitante que un extraño le comiese el coño delante de su pareja, era raro… Pero que le metiesen un dedo en el culo mientras le comían el coño también le parecía raro y le había encantado-. ¿Inusual? ¿Con este calor? -Apoyó los pechos sobre el marco de la ventana y se fijó en que su novio ni los miró. Le metió una disimulada y desapercibida ostia a la cara de Prono, que pese a haber reducido la intensidad, continuaba besándola y mordiéndole diferentes partes del cuerpo, entre ellas sus nalgas… Aún tenía sus dedos dentro, hurgando. — Por eso fui al baño, para ventilarme un poco… Y ya de paso me he quedado a la sombra mientras tomo algo fresco y ya de paso ver cómo estaba mama. — ¿Y? Está mejor que yo, seguro. Dándose un baño de agua templada… — Tienes una enorme piscina para bañarte, cariño. Si te refrescas en ella no pasarás calor. ``¿En serio no eres capaz ni de sospechar un poco que Prono me vaya detrás? Con lo descarado que ha sido el imbécil… Y tú ni te enteras. Mira que me jode darle la razón… ¡Pero eres un puto inútil!´´ pensó mientras, al mismo tiempo, se le pasaba por la cabeza lo bien que se entendían su sucio cuerpo y Prono. Su coño se volvió a estremecer cuando notó aquellos juguetones dedos dentro de ella con el tercer pulgar explorando su ano. Pese a lo irreal de aquella situación y que muy a su pesar la estaba disfrutando, su libido había bajado y ya no sería capaz de correrse. — Ahora iré, la verdad es que necesito bañarme de verdad… -su risa era nerviosa, metió otro guantazo a Prono incluso le arañó la cara, pero este sin vergüenza ni temor algunas, agarró ambas nalgas y tras separarlas comenzó a comerle el coño de nuevo… Y otra vez estaba su nariz clavada en su culo. — Ah, bueno… De todas maneras voy a subir porque Joaquin está bastante intranquilo. Se ve que pilló al hermano de Andres mirándola descaradamente y no se va a fiar. ¿Y si estuviesen justos en el baño? ``No lo vais a ver porque me está comiendo el coño a mí, imbéciles. Pero tú no te preocupes, imbécil. Que no es como si tu tuvieses una novia que pueda ser robada… Es que no das más de sí´´ el monólogo interno de Olivia era muy temperamental, pero fuera intentaba no mostrar ninguna emoción que su novio pudiese detectar. — Y supongo que tú también viste como él se fijaba en mi madre. ¿No? — La verdad es que sí, pero no quise decirte nada… — Pues no hace falta que subas -``Tonto, que eres tonto´´-, porque Prono estaba aquí en la cocina mientras yo estaba en el baño, y ahora es él el que está en el baño. No hay motivo para preocuparse… — Pero tu padre… — Dile a papa que yo la vigilo, joder. ¿Quieres dejarla tomar un puto baño en paz? — Eh, eh, eh. ¿Qué te pasa? ¿Ya estás con esas neuras tuyas? Rob se giró para mirar hacia las mesas de piedra pero, cuando volvió a mirar a la ventana ya no había nadie. — ¿Oli? ¿¡Oli? -le escucharon decir a lo lejos Prono y ella mientras veían a Rob desaparecer de la ventana para ir a entrar por la puerta trasera, la cual estaba cerrada. Ellos dos, en cambio, decidieron salir por la delantera y dar toda la vuelta mientras caminaban con tranquilidad hacia la zona de la piscina. — Que no se te olvide… He ganado. Nos harás una paja y tendrás que hacer lo que yo te pida… — ¿Qué quieres decir con eso? -inquirió ella curiosa pese a estar decidida a negarle su victoria. — Pues que te puedo pedir cosas que puteen a mi hermano. — ¿Cómo qué? — Céntrate en mi polla, por ejemplo. — ¿Quieres que me centre en ti? -preguntó burlona mientras torcían una esquina del exterior de la casa-. Comerás muy bien el coño, pero no tengo tan claro que te prefiera a ti. Andres es muy hombre. — Me acabarás eligiendo a mí y lo sabes. Ya está, lo había conseguido. — Esta bien, lo haremos. Estoy deseando cerrarte esa estúpida bocaza tuya… — Y quien gane, te folla. ¿No? — Eso lo tendré que decidir yo. ¿No? Puedo elegirte a ti y no querer ni que me toques. — Eso no te lo crees ni tú. — Si te lo acabo pidiendo, no te rebotes y tenga mal perder -Prono sonrió y se le adelantó de un pequeño spring a paso rápido para cortarle el paso. — He ganado la apuesta, técnicamente tienes que hacer lo que yo diga. — La apuesta era que os haría una paja a los dos para elegir cual es mejor. — Con cual te quedarías. — Pues eso -dijo poniendo los ojos en blanco-. Pero en ningún momento dijiste que todo eso de las peticiones fuesen a ser fuera de la paja. Pídeme lo que quieras mientras dure esa competición vuestra, pero yo elegiré lo que hago y lo que no. Y pobre de ti como me intentes forzar a algo que no quiero -Olivia lo esquivó por la derecha y pasó de largo-. Ah, y ha sido un empate… No me he llegado a correr. Prono reanudo su camino hacia la piscina: Que Olivia les hiciese una paja y uno de las dos se la follase solo era una de las tantas cosas que quería hacer. Para hacerlas suyas completamente primero tenía que destruir a sus parejas completamente, hacerles saber quién mandaba... … porque aún creían que esas dos hembras seguían siendo suyas. No, no lo eran. Eran mujeres libres. … Libres para elegirlos a ellos. 4.3 Dos hermanos competidores y una arbitra veinteañera. El furioso rugido de los pájaros y el continuo canto de las cigarras bajo el furioso sol no eclipsaba el ruido del balón ni los gritos de los tres jóvenes a lo lejos, pero ninguno de estos m*****os sonidos parecía perturbar el descanso de los adultos estirados en sus tumbonas blancas al lado de la piscina. Todos se habían colocado a la sombra bajo los árboles y, con refrigerios y cervezas frías al alcance de sus manos, eran afectados por la tranquilidad hasta quedar contagiados de una actitud somnolienta que precedía al sueño profundo. Al menos, esto era lo que les sucedía a Rob y su suegro, pues a ambos les costaba mantener los ojos abiertos y a ratos daba la sensación de que se habían quedado totalmente dormidos hasta que intervenían en la conversación grupal que tenían sus parejas con Andres y su hermano. – Ha sobrado demasiada comida que habrá que tirar -Prono acababa de cambiar de tema, pues el que precedía no le interesaba en absoluto. – No digas tonterías, eso nos lo iremos comiendo a lo largo de la tarde y de la noche. – No me cabe duda -ironizó el aludido. – ¡Oye! -replicó riendo Sandra-. ¿Qué quieres decir con eso? – Pero si sois las que menos habéis comido. – Mi hija no sé, pero yo si que he comido bastante -La indirecta era tan evidente que incluso Andres y su hermano dudaron sobre si la estaban malinterpretando o no, así que Prono había decidido probarla. – Sí, creo que te vi comer una o dos butifarras, pero del resto nada. – Solo comí una… Y estaba muy buena. – Entonces deberías decirle a tu hija que luego se anime a comerse dos en la cocina -bromeó a Sandra guiñándole un ojo. – Olivia, cariño. Luego deberías animarte a comer algo de lo que ha sobrado en la cocina, que está todo muy bueno. Su hija alzó en consecuencia una ceja al tiempo que bajaba ligeramente sus gafas de sol para mirar por encima de ellas. – A ver, mama. Explícame… ¿Cómo me vas a recomendar que c*** lo que ha sobrado si casi no has comido? -No estaba segura de si había entendido a su madre bien, así que le respondió con otra indirecta. – He comido más que tú, y lo que he probado estaba muy bueno. Además, casi no has comido y eso no puede ser. – Pues come tú… -No sabía si su madre estaba siendo exageradamente ingenua y no se daba cuenta de cómo sonaba eso o… No, no era posible. Era su madre… ¿Cómo le iba a proponer que les comiese la polla? – Ahora lo que me apetece es dormir, aquí se está demasiado bien… Pero luego ya iré a picar algo. Prono lanzó una mirada cómplice a su hermano acompañada de una sonrisa que pasó desapercibida para todos los demás. – Ha sobrado mucha carne, te vas a hartar. – Bueno, no puedo comérmela yo -respondió riéndose-. Tendré que compartirla. – No está mal ser un poco egoísta de vez en cuando -Al escuchar esto, fue Olivia la que decidió lanzar la indirecta. – ¿Pero que es lo que más te ha gustado de lo que ha sobrado, mama? ¿El lomo? ¿La ternera? ¿El pollo? ¿La butifarra? – La butifarra, cariño. Es lo único que he probado y que me ha llamado la atención… Y es lo que más sobra por lo que parece -Prono se comenzó a reír ante la ocurrencia de Sandra. – Tranquila, si butifarra hay mucha. Si no han comido demasiado, lo harán… Volverán a su casa atiborradas de butifarra. El primer leve y suave ronquido de Rob interrumpió la conversación. – Realmente se ha quedado dormido, tendrá jeta. – No, si tu padre también se ha quedado dormido. En esa posición no ronca casi, pero cuando se mueve… ¡No para! – Pues vaya par -comentó Olivia mientras se percataba de una cosa que llamó su atención al instante, el bañador de Prono tenía una forma rara y muy poco natural ¿Se le había puesto dura? ``Pero mira que es simple…´´ se burló sin por ello ser capaz de dejar de mirarla. – Creo que voy a ir a picar algo a la cocina. ¿Te vienes, Olivia? – Estoy a gusto aquí, gracias. – Deberías ir con él, cariño. Come algo, anda. – Gracias, mama. Gracias -respondió mientras se ponía de pie, lo mejor era terminar con eso-. Ven conmigo, mama. Y ``picas´´ algo tú también -le propuso más con la intención de no ir sola y coartarlos, pensando que así habría más posibilidades de que no pasase nada. Cuando estaba en caliente, la idea de darles aquella oportunidad a los dos pueblerinos la había puesto mojada perdida; pero en cuanto se enfrió supo que no era buena idea. Darles la oportunidad de abusar de ella en pareja solo los haría crecerse y si ya le era difícil controlar a uno de ellos. – Yo lo que quiero es dormir un rato, cariño. Aquí estoy bien, ya comeré luego. – Te tomo la palabra, Sandra. Te reservaré una larga, gruesa y jugosa butifarra para ti -Andres se llevó la mano a la cara como si no diese crédito a lo que acababa de oir. – Déjame más de una, que con una sola. – Dos butifarras para ti sola, entonces. No queremos que te mueras de hambre -Ambos rieron mientras Prono se ponía al lado de Olivia y le pasaba cariñosamente la mano por la cintura-. Pues nada, vamos a darle su ración de butifarras a la hija… Se nota que está hambrienta. – Quita la mano de ahí -suplicó angustiada. ¿Y si su novio o su padre no estaban dormidos en realidad? ¿Y si despertaban? – Tranquila, solo te estoy acompañando a la cocina… – Eres un imbécil -lo insultó cruzándose de brazos pero sin retirar la mano intrusa en su cintura. Mientras ambos se alejaban, Andres se sentó en la tumbona donde estaba estirada Sandra y colocó la mano sobre el ombligo sudado de esta. – No me olvido de ti. ¿Recuerdas lo que te prometí? – Lo recuerdo -respondió la cuarentona mirándolo un instante antes de volver la vista a su marido que ya comenzaba a roncar imitando a su yerno-. Pero no lo harás. – Haré lo que quiera. Serás la señora de tu marido, pero eres mi puta. Y te follaré donde quiera y cuando quiera -susurró mientras la mano de su ombligo se desplazaba sobre la ardiente piel de la mujer hasta llegar a la humedecida sombra bajo el bikini; ella contuvo un gemido. Lo que más le puso era que todo eso estaba pasando delante de su marido, aunque estuviese dormido. – No está bien… Me muero porque lo hagas, pero no está bien. – Y ese es uno de los motivos por el que me gusta -dijo mientras presionaba dos dedos contra su orificio carnal sin llegar a meterlos. Cuando Sandra se quiso dar cuenta Andres ya se había levantado. – ¿A dónde vas? – Al baño -mintió antes de iniciar la caminata hasta la competición. *** – Aquí no -negó Andres tras cerrar las dos puertas del edificio y entrar en la cocina. Había pillado a su hermano, intimidatorio y seductor, arrinconando contra la encimera de mármol a la joven, la cual tenía la superficie clavada a su espada con un brazo a cada lado impidiendo su huida, aunque esta no fuese una opción para ella; ambos se miraban en silencio antes de volver la vista ipso facto al recién llegado. – Vamos a repasar las condiciones de la apuesta… Harás una paja a los dos que durara diez minutos. Vale todo menos penetrarte con nuestras pollas… Tendrás que elegir al ganador, el cual tendrá el honor de follarte. – Ya puestos a pedir, exijo que el que lo haga se ponga condón. Si se lo quita o intenta metérmela sin… cortaré por lo sano y se podrá ir a la mierda -Prono sonrió, provocando el enfado de Olivia-. ¡Lo digo muy en serio! – ¿Y sí me elijes a mí y después de todo tengo ganas de follarte más? – Pues te la vas a cascar al baño o a la piscina -le sonrió con una bordería que tiraba para atrás. La situación le parecía lo más surrealista posible, estaba yendo a con dos hombres a comerles la polla… ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué no daba media vuelta tras mandarlos a la mierda? Pero no se daba cuenta que era la Olivia racional la que pensaba; no tardó de cambiar de forma de pensar cuando vio que los dos ya estaban con la polla dura levantando (como si de una carpa se tratase), ambos bañadores; además, el pesado de Prono la volvió a agarrar sin permiso de la cintura acercándola a él. ``Pero si es que no lo aguanto… Es un imbécil y un creído…´´ interiorizó mientras notaba como la mano de este serpenteaba de su cadera hasta el hilo del bikini metido entre sus nalgas, y sin piedad empezó a jugar con él. Inconscientemente, Olivia se ponía de puntillas en consecuencia… ¡Qué cabrón ella! Cómo se divertía haciéndola sufrir: El hilo se coló entre su coño y provocó fricción, tuvo que detenerse ante las escaleras, ya que seguían a Andres en silencio y este las estaba comenzando a subir. – ¿No puedes esperar a que lleguemos? -Le increpó golpeándole el pecho. – No -dijo mientras le metía sin miramientos dos dedos en el coño mientras superaban los peldaños ascendentes. – Eres un hijo de puta… – Y tú eres una putilla viciosa. Estoy deseando darte por todos los lados -terminó de decir cuando llegaron arriba-. ¿Te pone esto, guarra? ¿Ya has decidido a quien vas a elegir? – A ti seguro que no -Y entonces la besó mientras Andres abría la puerta y entraba; pero ellos se quedaron ahí plantados frente a ella con sus lenguas batallando-. Recuerda lo de la apuesta, tienes que hacer lo que te pida. – ¿Eso no sería hacer trampas? -Alzó una ceja con sus dedos dentro del coño, intentó fingir que no se estaba derritiendo de placer por dentro. Entonces los dedos invasores se tornaron en un torbellino de carne y pasaron de tener las yemas enfocadas hacia el culo a enfocarlo hacia su punto g, y apretaron seductores. – Me encantan las trampas, pero si no me eliges… Serás la perra de mi hermano. Y si me eliges a mí, serás mi perra. Una perra al fin y al cabo que le gusta sexo bien duro -reía mientras lo decía, entonces le apartó el mechón de pelo dejando el oído libre mientras le susurraba al oído-. Parece que al fin tenía yo razón y tu novio es un inútil que no sabe lo guarra que puedes llegar a ser en realidad. Tu cuerpo es un agujero negro que traga todo lo que te pueda ofrecer, pero con nosotros vas a quedarte llena y vas a suplicar que no quieres más -distanció sus labios de su oído, y añadió seductor-. Siempre puedes terminar la competición diciendo que ambos somos tus dueños y dejar que te follemos hasta que nos saciemos -finalizó el discurso lanzando un guiño. Prono entró a la habitación dejando la puerta abierta y a Olivia sopesando la posibilidad de irse; pero no lo hizo. Al repetir las palabras del hermano mayor de Andres, se imaginó a aquellos dos hombres de elevado apetito sexual y sed insaciable peleándose por ella con sus pollas tiesas, y a si misma abierta de piernas, exhausta… ¡Era imposible que pudiese satisfacer a los dos sin acabar muerta! La vez anterior, Olivia había tenido la sensación de que Andres se lo había hecho deprisa pero… ¿Qué pasaría si lo hacía con calma? Entonces entró en la habitación, cerrando la puerta tras de si y poniendo el pestillo… … No había excusas: Iba a ser su puta durante un rato, pero no se atrevía a decir que poco. *** Cerró con pestillo y por unos segundos se quedó mirando el picaporte. Temía mirar a tras pese a que ya sabía lo que se encontraría y, pese a esto, no le hizo falta. Notó unos dedos acariciarle la espalda antes de sentir el click que anunciaba que se había quedado sin sujetador. El mismo que le había desabrochado la prenda superior del bañador y había tirado de ella hasta que esta cayó al suelo la abrazó por detrás. Notó su su desnudez completa cuando su polla se hizo sentir al colarse entre sus nalgas y chocar la punta contra la parte baja de su espalda. — Espero que no te satures con nuestras dos pollas -le susurró Prono al oído mientras agarraba por el tanga del bañador por el hilo de los lados y tiraba de él hasta sus rodillas. La joven no fue capaz de moverse, fue casi una tentación ponerse en pompa e insinuarse que se la metiera; la polla que había entre sus nalgas parecía tener vida propia y desear hacerlo también-. Podría follarte aquí, delante de Andres… Solo tienes que pedírmelo. Se le erizó el vello de la nuca, no pudo evitarlo. Olivia tenía que agradecer a Prono haber roto el hielo, pues su hermano pequeño pese a tener una edad aproximada parecía intimidado con la idea de hacerlo junto a este. Giró sobre si misma y esquivó a Prono dejándolo ahí plantado hasta pararse justo frente al cuarentón de pelo canoso y que pese a todo le había cogido cariño. — ¿Quieres esto? -murmuró mirándolo a los ojos. — ¿Por qué, no? Será divertido. — ¿Podrás soportar los celos si elijo a tu hermano? -Andres estaba raro, pero no había perdido su labia. Se acercó a susurrar con voz terciopelada mientras no apartaba la mirada de su hermano. — Si mi hermano gana su estúpido juego, puede recrearse un rato creyendo que te ha ganado pero los dos sabemos que te van las pollas gruesas -Esta afirmación hacía referencia a la anchura claramente superior que tenía su miembro sobre el de Prono, mientras que este otro tenía un pene mucho más largo y, pese a esto, ambas pollas no dejaban de ser verdaderos monstruos. Dejándose caer sobre la cama, Andres invitó a su hermano hacer lo mismo y quedando el primero a la izquierda de Olivia y el otro a la derecha; esta se puso entre medio y se arrodillo. — Si no recuerdo mal, dijimos que os tenía que hacer una paja y ya -Olivia hizo el ademán de querer agarrar ambas pollas pero el rabolargo la agarró de la muñeca izquierda mientras le indicaba que empezase por él-. Yo seré el primero. No podrás elegir bien si no estudias los detalles de cada una… ¿No? — Como quieras -suspirando, se arrodilló frente a Prono y empezó a pajearle mientras este le ponía la mano sobre la frente. El prepucio subía y bajaba mientras lo único que se escuchaba en toda la habitación era el sonido característico de la masturbación. — Cuando salgas de esta habitación ya podrás decirle a tu madre que probaste dos buenas salchichas. — Díselo tú, imbécil. — Tal vez sí, tal vez no. Mírame a los ojos -La aludida obedeció e intentó mirarlo sin expresar lo cachonda que estaba; muy a su pesar sin saber concretamente porque lo estaba… Eran tantas las cosas que influían-. ¿Qué tal si usas tus tetas? Pero antes… -La cabeza de Olivia bajó inevitablemente hasta que su boca dejó pasar la dureza de su cipote. Abrió mucho los ojos sorprendida cuando se dio cuenta de que no podía con más de un cuarto de polla sin comenzar a tener arcadas. Intentó controlarlas, pero era Prono el que controlaba cuando subía y bajaba su cabeza forzándola a tragar más de lo que podía-. ¡Qué niña tan desconsiderada! ¿Y no complaces a mi hermano? ¡Pero si se supone que las mujeres podéis hacer más de dos cosas! -se mofó mientras agarraba por la muñeca izquierda de la mano (todo esto mientras mantenía la polla a las puertas de su garganta) que se había astillado en su muslo para guiarla hasta el miembro de su hermano. Automáticamente Olivia se agarró el segundo miembro mientras se concentraba en masturbarlo; tosió hilos de saliva, con los ojos llorosos, cuando Prono le permitió salir a tomar aire. No bromeaba cuando decía que iba a castigarla, pero por desagradable que pudiera parecer el coño de Olivia había pasado a un nuevo nivel de humedad. Para ella aquella mamada que le estaba haciendo era tan asquerosa como nueva, pero el trato rudo y lo que insinuaba que llegaría a hacerle si se la follaba era algo que la volvió loca. — ¿No pares de masturbarme? ¿Quién te ha dado permiso? -le cacheó cariñosamente la mejilla de manera que no sintiese dolor. En consecuencia Olivia reanudo la primera paja masturbando al mismo tiempo a ambos. Le sorprendió ver tomar la iniciativa a Andres cuando la agarró entre la nuca, sintiendo como sus dedos se aferraban a su cuello cabelludo y la hacían orientar la cara hacia su miembro que, tras levantarse acabó dentro de su boca. Se intentó centrar en masturbar la polla de a su derecha, pero fue inútil… La polla que intentaba penetrar su boca era demasiado gruesa y tenía que concentrarse en no clavarle los dientes mientras entraba ``des-pa-cito´´ hasta llegar a la misma zona donde la polla de su hermano aporreaba. — Eso de que las mujeres pueden hacer más de dos cosas a la vez no es verdad, mira… su mano quieta. Voy a tener que castigarla. — Tranquilo, Prono. No da más de si, pobre chiquilla. — Si no puede, no es mi problema -dijo acuclillándose tras ella y haciéndola levantarse en pompa sin dejar de chupársela a su hermano. Le dio pequeños cachetes en los muslos para que los abriese más y lo hizo. — Mira esto, Andres… Está empapada -dijo mientras le metía tres dedos dentro del coño-. La vaca lechera esta tan excitada que está liberando un montón de lubricante blanco. Yo creo que está lista para que nos la follemos. — ¿Tienes miedo de perder, hermanito? -sonrió mientras miraba al techo y gemía-. Lámeme los huevos -solicito a la chica, a la cual le sacaba más de veinte años de diferencia y esta, complaciente, dejó de chupar el miembro para agarrarlo con una mano mientras con la otra le acariciaba los testículos y los chupaba. — Sí. ¿Tienes miedo, imbécil? -repitió ella mientras subía y bajaba la mano de aquel enorme y grueso cipote. ¡Ahhhh! -un azote golpeó contra su nalga derecha, otro impactó seguido contra su nalga izquierda provocando dos gemidos que referenciaban tanto placer como dolor-. ¡Ahhh! — ¿Miedo? Dime, perra en celo. ¿Por quién estás así de mojada? ¿Por él o por mí? — No lo sé -confesó Olivia incapaz de mentir-. No lo sé -repitió entre gemidos mientras sentía como tres dedos se metían en su interior y hurgaban dentro antes de empujarla de espaldas hacia la cama. Prono se puso encima de ella y colocó su humedecida polla entre sus tetas mientras Andres se ponía al lado y se apropiaba de su boca. De vez en cuando, Prono reclamaba la atención de la joven para que le chupase el imperioso grande que sobresalía entre sus tetas pero, el resto del tiempo, lo pasaba chupando el miembro de Andres: Por los lados, por la parte de arriba y por abajo, recorría sus gruesas venas con la punta de su lengua como si de un pincel sobre un lienzo se tratase. Prono se follaba sus tetas parando cada cierto tiempo evidenciando lo poco que le faltaba para acabar. Olivia, en cambio, no podía evitarlo y se estaba masturbando mientras todo esto sucedía, su coño expulsaba líquido como si de un manantial natural se tratase y estaba encharcando tanto la colcha como sus piernas. En algún momento, claramente atraído porque ella se masturbase, Prono se bajó sobre ella y puso su polla sobre su coño. Sin llegar a meterlo, juntó ambas piernas abrazando sus rodillas; debido a lo mojados que tenía los muslos era tan resbaladizo como el interior de su coño y se lo empezó a follar. Su polla rozaba contra el ombligo y la pubis, pero su tronco se restregaba furiosamente contra su clítoris y sus labios inferiores. Olivia no pudo evitar parar de chupar y empezar a gemir como una loca ante el inminente orgasmo mientras el demostraba su destreza con el juego de caderas. Accidentalmente, en algunos movimientos Prono retrocedía demasiado y sacaba por completo casi por completo, como si la punta de la flecha retrocediese más de lo debido ante el marco del arco, y cuando embestía para clavarla, rozaba el agujero carnal que suponía el coño haciéndola votar de placer al sentir que, por poco, entraba. El ``Dejaos de tonterías, poneos los condones y folladme ahora mismo se le atragantó en la garganta´´ pero fue Andres el que sacó sin previo aviso una columna de envases de condones y partió dos unidades tirándole una a su hermano; Andres se encogió de hombros ante la mirada inquisitiva de su hermano. — Yo no puedo esperar a follarme a esta guarra. ¿Y tú? — No, la verdad es que no. ¿Pero y ella? — ¿Crees que le va a importar que nos la follamos? Lleva deseándolo desde que entró por esa puerta. Además… -sonrió tras el razonamiento antes de añadir:-. Aunque no esté de acuerdo no puede decir nada si tiene la boca llena. Hablaban como si Olivia no los estuviese escuchando, como si ella no importase. Las dos piernas que hace poco menos de un minuto estaban siendo folladas se volvieron a abrir dejando a la vista un coño que se abría y cerraba como si tuviese voluntad propia. — No dejes de mirarme… Y saca la lengua -solicitó Andres mientras se masturbaba ante la boca y la lengua pervertida de Olivia antes de meter todo el glande dentro de ella; su propietaria lo chupó como si fuese una cría mamando de la ubre al tiempo que Prono terminaba de ponerse el condón. — Finjamos que te estamos violando y eres fiel a tu novio. Esto está mal… Deberíamos parar -bromeó Prono con la polla engomada sobre el coño de la veinteañera-. Pensándolo mejor vamos a esperar a que elijas a uno de los dos y… Pero ella no parecía dispuesta a esperar un segundo más. Agarró por el pescuezo al ganso y lo apuntó hacia su coño sin dejar de chupar la otra polla y acariciar los testículos a Andres. Olivia no hizo nada para meter la polla, pero apuntarla hacia su interior fue invitación suficiente para el a****l que la deseaba. La embestida fue insoportablemente placentera, la hija de Sandra echó la cabeza atrás para soltar un gemido que perfectamente se podría escuchar fuera del edificio, además… la ventana estaba abierta pero a ninguno de los dos le importó solo a Andres que, tapándole la boca con la mano, silenció sus gemidos convirtiéndolos en poco más que quejidos rítmicos. Las embestidas no habían comenzado suaves ni lentas para ir escalando; eran penetraciones eufóricas. Ambos sentían inminente sus orgasmos y se movían en consecuencia. Prono hundió sus manos en las tetas de la joven follada y le metía tres cuartos de polla con embestidas furiosas, se movía como si le quisiese romper el coño, partírselo por la mitad o incluso llegar hasta su útero, pero el cérvix se interponía y las puertas que daban paso al vientre estaban cerradas como era natural. — ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! -Olivia sentía sus propias lagrimas corriendo por sus mejillas; no lloraba por dolor ni por arrepentimiento, sino por unas emociones tan intensas que parecían querer explotarle el pecho. Los pechos le dolían y lo más profundo de su coño también, ambos eran tratados con violencia pero el placer que sentía y el orgasmo que sabía que iba a llegar fueron las dos únicas cosas en las que pudo concentrarse. Para su sorpresa, Prono soltó sus pechos y pasó los brazos por debajo de las rodillas, sin sacar la polla de dentro y manteniéndola en estático, empotró las rodillas contra los pechos de ella haciendo que moviese la cabeza como una loca, negando aquella posición antes de poner los ojos en blanco, el dolor acababa de superar el placer por unos instantes. Notó como si el cipote se metiese en una grieta todavía más profunda y tocase en un punto que nadie, ni siquiera Andres, hubiese logrado llegar. Era un placer diferente y nuevo, pero que pese al dolor intrusivo la iba a volver loca. Prono apartó de un manotazo la mano que ocupaba la boca de Olivia y puso su boca a pocos centímetros de la suya. Con los gemelos de Olivia en sus hombros y habiendo conseguido meter por completo su polla, aceleró como si estuviese (y lo estaba), a punto de correrse. No dejó de mirarla a los ojos, pero tampoco la besaba; sus manos se aferraron a su cuello y ella se puso roja, le costaba mucho respirar. La bestia que la follaba dio una última clavada, pero no se corrió, era como si estuviese retrasando el impulso hasta cuando le diese la santa gana de correrse. — Dijiste que no sabía tratar a una mujer, pero mira como te tengo… — No pares… -suplicó ella, ignorando que estaba siendo estrangulada. Podía respirar, pero la falta de oxigeno y la amenaza inminente de su propio orgasmo la tenía extasiada; sin embargo Prono aflojaba las manos en determinados momentos lo que le permitía respirar de nuevo y normalizarse un poco antes de volver a empezar, todo esto en pocos segundos. Su polla presionaba contra el cuello de su útero, incluso parecía haberlo desplazado. — ¿Qué dices, no te oigo? — Me voy a correr… Me voy a correr… Fóllame y no pares… — Te follaré cuando me apetezca. — Por favor… Párteme por la mitad -No parecía afectarle ni reducir la tensión sexual el hecho de estar parados. Era como si estuviesen en pausa justo antes de correrse, y faltaba tan poco… — Haré que te corras como una guarra si confiesas lo que eres. Mientras decía esto, Prono inició una lenta, muy lenta, extracción de polla antes de volver a meterla por completo. El placer masoquista que producía esta etapa del climax le hacía sentir con ganas de mearse encima, estaba completamente a su merced. — Soy una niñata… -Las manos entorno a su cuello la volvieron a apretar y el ritmo del mete y saca aceleró a una velocidad media. — Mierda… Me voy a correr… — Córrete… Córrete -suplicó ella con oxigeno limitado que tenía, se había olvidado de respirar como si estuviese buceando. — Abre la boca -ordenó Prono y cuando ella obedeció escupió dentro antes de fundirse ambos en un sucio y obsceno beso. La follada ya no se podía parar, las piernas de Olivia resbalaron de los hombros del hombre y cayeron por los lados; se le agarrotaron los músculos mientras apretaba los dedos de los pies y levantaba las caderas. — ¡AHH! ¡AHH! ¡AHH! -Olivia gimió mientras se corría tres veces ante tres furiosas embestidas. En lo más profundo de su interior notó un globo de esperma candente inflándose. Mordió el cuello de aquel imbécil como si quisiese diseccionarle la yugular, pero él no se inmutó. Se limitó a cerrar lo ojos y echar todo el peso hacia adelante, vaciando sus pelotas dentro de aquel condón. Su hermano lo empujó con suavidad hacia un lado mientras, con el rabo agarrado solemnemente en una mano, metió la polla en aquel coño deshecho provocando que Olivia pegase un pequeño brinco. — Déjame… descansar… un momento -suplicó ella tapándose la enrojecida cara con el brazo. Andres, excitadísimo por el espectáculo ofrecido por su hermano y por el hecho de pensar que Olivia estaba exhausta, hizo la batidora con el glande metido dentro, esto mojó más de la mitad del condón antes de, muy lentamente, meter el cipote engomado. Tal vez no era tan largo, pero era más ancho. Y Prono no lo había dilatado a lo grueso, por lo que de cintura para abajo toda Olivia tembló al sentir aquella inmensa polla meterse dentro. — No voy a poder… Es demasiado para mí -suplicó Olivia antes de que Prono se arrodillase al lado de su cara y le pusiese la polla sobre la boca, ella chupó limpiándole el glande de semen. Sabía a plástico, pero no era desagradable… Aquel semen tenía muy buen sabor. — No tienes que poder… Solo tienes que aguantar -dijo mientras la metía hasta el fondo, parecía que su coño todavía recordaba el diámetro de su polla y se esforzó por hacer memoria- y complacerme. La follada inició lenta en aquella posición de misionero, más lenta incluso que la que había precedido su hermano antes de correrse; Olivia ya sabía que solo la estaba preparando para lo que iba a venir… ¿Y cómo se iba a correr después de semejante orgasmo? Las piernas no le respondían y aún sentía en últimas instancias el placer de este fusionándose con otro nuevo que empezaba. Era algo desagradable para ella ser follada cuando aún estaba tan sensible, pero las furiosas embestidas que empezó a hacer Andres parecieron convencer a su vagina de que no era hora de parar. No pudo evitar abrazarle mientras este se dejaba caer hacia detrás con el torso recto, ahora era ella la que estaba encima y pese a tener las piernas débiles podía ayudarse de manos y piernas para subir. Pese a desearlo, no podía hacerlo demasiado rápido debido al grosor de aquella monstruosa polla que entraba y salía con dificultad. La veinteañera utilizó cada bote para reimpulsarse hacia arriba hasta que volvía a caer. Le puso tanto empeño que casi no le notó gruñir y correrse dentro. Era un orgasmo que había tenido claramente a desgana, como si no se hubiese querido correr todavía. — Es una pena que no controles la eyaculación. Si lo hicieses podrías impedir que sucediese. — Sé como correrme en seco, pero no he podido evitarlo -le reprochó su hermano mientras se caía de espaldas al colchón-. Lo has dejado empapado -dijo refiriéndose a Olivia al sentir la espalda sobre toda la colcha mojada; si hablamos de cantidad, era como si alguien se hubiese meado sobre ella. — Pues no lo parece… -se burló su hermano mientras se pajeaba. Pese al agotamiento y a la satisfacción del orgasmo; Olivia ronroneó con los ojos cerrados mientras restregaba su cérvix contra el glande y el globo de semen. La chica no pudo evitar poner los ojos como platos, cuando ya había dado todo por acabado, al ver al primero que se había follado haber transformado su polla flácida y brillante en el antiguo y largo cipote que había sido mientras agarraba la tira de condones y arrancaba otra unidad. — ¿Pensabas que habíamos acabado? Pues no. — Tengo la vagina deshecha… No puedo más -lamentó incrustándose más sobre la polla. — Eso es bueno. Si no puedes por detrás -insinuó lanzando el condón a la cama. Ella sabía lo que iba a hacer, pero estaba exhausta hasta para discutir. No quería permitírselo, pero al mismo tiempo sentía que quería probarlo. ¿Por qué le ponía tanto que abusasen de ella? Preguntó mientras notó el lubricado cipote presionando contra su ano, totalmente desnudo. La polla de Andres pareció inflarse dentro del condón como si acabase de revivir cuando ya estaba empezando a empequeñecer hasta quedar inutilizable. — No te he dado permiso para esto, así que no… -la voz de Olivia denotaba que ya había dado la discusión por perdida. — Relájate, no te va a doler. — Su polla está creciendo otra vez… — Parece que a mi hermano le gusta la idea de joderte de esta forma -dijo mientras le tiraba del pelo y le mordía el cuello al tiempo que penetraba el agujero. Hubo dolor, pero a una escala tan reducida que habría sido ridículo quejarse pero, sobre todo, era rarísimo. Sintió como si cagase por dentro, una y otra y otra vez. — ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! ¡Ufff! Andres… Si te mueves me… -Olivia no terminó la frase, la presión que ejercían en su interior al juntarse le daba un placer totalmente diferente a los que había sentido hasta el momento, como otros que había descubierto a lo largo del día. Notó como su coño se contraía y se relajaba entorno a la polla del hermano menor y como su culo, ordenando a su musculo contraerse contra el miembro de Prono, lo volvía loco al apretarlo Dominándola por su agarre capilar, la hizo poner su cara contra el torso sudoroso de Andres que no pudo evitar agarrarla por las caderas e iniciar una penetración lenta y suave, de fondo. La verdadera follada protagonista estaba en su culo. — Como me aprieta su coño, es como si me fuese a arrancar la polla… — Pues su culo ni te digo… Es una fiera. Cuidado no te vayas a correr, no le vaya a estallar el condón dentro -bromeó Prono a pesar de que no creyese que fuese posible correrse dos veces con el mismo condón en aquella posición. Olivia pareció despertar con aquella idea y miró a Andres a los ojos. — No… No te corras -suplicó cansada mientras Prono aceleraba agresivamente las embestidas, su culo ya se había acostumbrado al diámetro de su polla: Placer e incomodidad era lo último que restaba. — Aquí el único que se va a correr soy yo -dijo antes de abrazar por la parte del ombligo a la veinteañera y hacerla volar hasta otra parte de la cama como si fuese una pelea de lucha libre, cayendo boca abajo. Sin sacar la polla de su culo y motivándose con la idea de correrse dentro, empezó a acelerar mientras destrozaba su culito. Las sonoras embestidas retumbaban en toda su habitación y Olivia, consciente de que podía ser escuchada, intentó contener los gemidos. Pese a no ser un placer intenso, la vibración de cada embestida tenía su encanto y la rudeza que alcanzó al ponerla de lado y follársela en aquella posición la encendió de nuevo; no iba a poder correrse, pero se sentía tan bien que no pensó en nada más. La palma de la mano de Prono se topó con los labios superiores de su coño y el clítoris; comenzó a masturbarla en horizontal haciendo que pequeñas gotas de una mezcla de sudor y lubricante vaginal saliesen volando hasta que, con unos últimos remates, notó algo fluyendo dentro de si cayendo Prono rendido sobre sus tetas. — No olvides decirle a tu madre que las butifarras te han encantado, porque ella irá después -declaró descaradamente Prono. — Como si fueses a poder con mi madre -murmuró con un hilo de voz respirando tan exhausta como él. — Ya la escuchaste. — Se refería a otras butifarras -le cortó m*****a Olivia, a pesar de que sentía curiosidad. ¿Cómo reaccionaría su madre si se le lanzaban tan descaradamente como a ella? Después de venir vestida como habían venido… — Pues tal vez empiece con esas y acabe con otras muy distintas, pero tranquila que si no puede con dos seguro que con una… Andres se levantó de la cama seguido por la mirada atenta de Olivia, para su sorpresa, volvía a tener la polla tiesa pero no cogió ningún condón. Se limitó a enfundarse el bañador de nuevo y, al ver esto, un escalofrío acompañó un paranoico pensamiento a la testigo… ¿Realmente no tenía ganas de más? ¿Se lo parecía o Andres había estado algo flojo? No había estado mal, pero no excepcional como la última vez y eso que había ido con prisa. Hoy estaban los tres muy sensibles aunque Prono lo había disimulado bastante bien. Pero era sensación suya o Andres se estaba reservando para más tarde… ¿Se estaba reservando para repetir con ella o realmente iban a por su madre? ¿Acaso iban a compartir amantes su madre y ella? No si podía evitarlo. Le daba miedo que así fuese… — Bueno. ¿Con quién te quedas? -preguntó Prono apartándose de sus tetas y levantándose. — No lo sé -se sinceró la joven continuando estirada. — Eso no puede ser… Después de esto ya deberías tener a alguien. — La verdad es que los tres estábamos muy sensibles y no hemos durado nada. ¿No crees? -inquirió Olivia poniendo las dos manos sobre su vientre: Se sentía tan deshecha. — Eso no me sirve. Entonces tendremos que decidirlo en una segunda ronda. — No voy a volver a follar con los dos en la vida -``Juntos´´ se le olvidó añadir. — Tu palabra no es que valga demasiado, eres una niñata viciosa que se contradice más que habla. Parece que no aprendes, necesitas más mano dura. — ¿Y me la darás tú? -Olivia sonreía con debilidad. — Mi hermano te malcría, pero yo no voy a ser tan blando. Ambos hermanos la dejaron sola espatarrada sobre la cama mientras abrían el pestillo y salían de la habitación. No iba a ser la última vez que se la iban a follar pese a que Olivia no diese eso por posible, y Sandra era la próxima víctima. Lo que ninguna de ellas sabía es que la siguiente y última fase era destruir a sus parejas. ¿Y qué mejor forma de destruirlos que hacerles sospechar que se las follaban y disfrutaban como locos sin que pudiesen saberlo cien por cien a lo ciento? ¿Harían algo si lo descubriesen? A lo largo de la estancia en aquella finca, madre e hija tendrían que elegir entre entregarse por completo y hacer verdaderas locuras que las arriesgaría a ser descubiertas o negarse y seguir siendo unas insatisfechas de por vida… Capítulo 1: El macho alfa Parte V: Cuatro volcanes en su zenit 5.0: Prólogo Poco después de que la familia de Sandra y Joaquin llegasen a Villamacho, Andres consiguió iniciar dos relaciones, ambas secretas, tanto con la madre con la hija. Tras muchas semanas de planificación seduciéndolas, logró tener sexo con ambas pero estas, no queriendo reincidir, rompieron el contacto con él. Ninguna de las dos sabía que la otra también había sido víctima de sus encantos, y no sospecharon cuando este, haciéndose amigo del marido en un bar, logró infiltrarse en la casa hasta invitarle a una barbacoa familiar en su casa. El plan era sencillo, pasar un fin de semana en esta las dos familias juntas… Lo que Joaquin no sabía es que su nuevo amigo y vecino aspiraba a volver a hacer suyas durante el tiempo que pasasen en su casa tanto a su mujer como a su hija, creyendo ambas que serían capaces de resistirse y mantenerse fieles. ¡No iban a volver a caer! Sin embargo, Sandra, movida por el morbo, propuso un día antes un juego de pareja en el que ella seduciría a Andres, poniéndolo cachondo y provocándolo para dejarlo con las ganas. Esto lo hizo tanto por el gusto de poner celoso a su marido, como para satisfacer su ego sintiéndose deseada por su vecino; todo esto prometiéndose a sí misma no caer, evitando tener sexo o contacto con él. Lo que ninguno sabían es que a la barbacoa también estaba invitado Prono, hermano mayor de Andres, y que a diferencia de su hermano su temperamento era agresivo e impredecible. Entre ambos hermanos consiguen someter a la hija de Joaquin y Sandra, follándosela en la habitación ante el desconocimiento del resto de su familia. Pero ni las ambiciones de los dos hermanos podrían quedar satisfechas solo con eso, y planean juntos llegar mucho más lejos con ambas mujeres… Las incógnitas son: ¿Cómo lo harán? ¿Lo conseguirán? ¿Podrá la madre mantenerse fiel, algo que ni la hija ha conseguido? Sin saber esto, Sandra continua calentando a ambos hombres ante la mirada celosa de su marido… ¿Qué ocurrirá? 5.1 El imposible plan de Prono Rob y sus suegros se hallaban plácidamente estirados en las tumbonas del jardín mientras, los hijos de estos, jugaban a futbol en un alejado lado del jardín. Tanto los botes y los golpes que daban a la pelota así como sus gritos, se escuchaban a la perfección tanto desde las tumbonas como desde el interior de la casa. En la planta superior se encontraba Olivia, desnuda y sudada, estirada sobre la cama que permanecía a Andres. Su pecho ascendía y bajaba con lentitud, su cuerpo transmitía tranquilidad y desasosiego al solitario ambiente del lugar. La débil corriente de aire zarandeaba dócilmente las blancas cortinas, ventilando el interior de la habitación del olor a sexo, sudor y semen que se resistía a desaparecer. La joven estaba calmada y tranquila, ya no se m*****aba en cuestionarse si lo que hacía estaba bien o estaba mal y por ello evitaba pensar en su pareja, pues quería empezar a ser un poco más egoísta. Le dio pereza pensar en siquiera levantarse de la cama aún sabiendo el riesgo que suponía continuar en ella, pues cualquiera de su familia podría subir las escaleras buscándola, encontrándola en ese estado; ese fue el motivo por el que se levantó, agarrando las dos piezas del bikini y las chanclas antes de dirigirse al cuarto de baño que había en aquella misma planta. Bajo la corriente de agua en la ducha, se acarició el sexo y el culo con ambas manos como si quisiese asegurarse de que todo estaba intacto… Así era: No había disfrutado tanto en su vida. Comenzaba a temer volverse adicta a aquello. A continuar amando a su pareja pero depender de otros hombres para quedar sexualmente satisfecha. Los dos hermanos Prono y Andres se habían acuartelado en la cocina del piso de abajo. Desde ella podían vigilar -sin siquiera asomarse directamente- al resto de los invitados asegurándose de esta manera que todos continuaban fuera, pudiendo hablar así con total libertad. Pese a todas las cosas que habían compartido estos a lo largo de su vida, no habían tenido la preparación suficiente para estar vacunados contra el exceso de pudor e incomodidad que sentían tras haber compartido a una chica en el mismo lecho. No les había resultado desagradable, e incluso les había gustado pero, mientras habían permanecido en aquella habitación, la violencia que sentían no les había permitido disfrutar lo máximo que, en otras circunstancias, sí que hubiesen hecho. Nada se dijeron el uno al otro sobre esto: Salieron de la habitación en silencio, bajaron las escaleras y, tras encerrarse en la intimidad de la cocina, el dueño de la casa agarró de la nevera dos latas de cerveza tirándole una a su pariente. El hermano mayor, Prono, fue el primero en romper el hielo: — Ahora va la madre. — No quiero repetir esto con Sandra -el aludido no contestó, no era la respuesta que quería oír. Andres dio un largo trago a la cerveza antes de negar con la cabeza, reafirmando sus palabras. — ¿No te ha gustado lo que ha pasado ahí arriba? -Andres negó de nuevo con la cabeza antes de contestar. — No se trata de si me ha gustado o no. Ha sido diferente, y yo quiero disfrutar a Sandra. ¿Entiendes a lo que me refiero? — Tenemos un problema, porque yo también quiero beneficiarme a la madre -dijo pegando dos tragos rápidos inclinando la lata casi en vertical sin dejar de mirar a su hermano pequeño. — Haz lo que quieras. Lo único que te digo es que no quiero compartirla contigo. — Pero si me elige a mí… — Te he dicho que no quiero repetir lo de arriba, al menos no de momento. — Es decir, que si me la puedo follar… Andres se mordió la lengua mientras dejaba la cerveza medio vacía sobre la encimera. No le hacía ninguna gracia tener que compartir a Sandra con su hermano, pero si ella elegía hacer algo con Prono, él no se opondría. Era una mujer libre para elegir tanto a uno como a otro y no iba a comportarse como un crio; pero la idea de tener un trio los tres sin haber podido disfrutar de ella en la intimidad… — Si te la puedes llevar a un lugar apartado donde el resto de la familia no se entere, te la follas. — Eso no es lo que tenía planeado -Tratándose de Prono, aquello iba mucho más allá de una mera insinuación. — No me fastidies — No lo hago -declaró envalentonándose. Su hermano era muy manipulador y tenía mucha labia, siempre había sido capaz de convertir sus batallas dialécticas a su favor pero, en aquella ocasión, era él el que tenía toda la ventaja. Prono no tenía la inteligencia de su hermano, y mucho menos su paciencia, pero el que menos estaba dispuesto a ceder era Andres y el que más margen tenía para regatear era él-. Ya nos hemos follado a la niñata esa y le hemos enseñado quien manda, pero la madre… ¡Buf! La madre es otro cantar. — ¿Qué tienes planeado? -se limitó a preguntar Andres centrándose en mantener la compostura. Se había entrenado a si mismo para mantener la cabeza lo más fría posible, y era así como se le daba bien llevar a su terreno todas las conversaciones. Su hermano sonrió, dejando la lata sobre la encimera imitando a su hermano; dio unos pasos al frente hacia el centro de la cocina reuniéndose con su contrario en esta, y desde aquella posición pudo observar que la pareja y el novio de Olivia siguiesen estirados en las tumbonas, y así era. — Tenía planeado jugar un poco con el marido… ¿Cómo se llamaba? — Define jugar. — Encelarlo un poco. No hizo falta que dijese nada más. Su hermano mayor era un sádico y se lo había demostrado muchísimas veces: Pese a su ausencia de maldad, su genio y temperamento le daban un extraño sentido de la diversión y el morbo. Le gustaba el riesgo, y no disfrutaba tanto si no se ponía en situaciones complicadas… Desde que había llegado a su casa, se había exhibido como competidor ante Joaquin y su yerno, atrayendo toda la atención posible para que se pusiesen celosos. Tampoco ocultó sus intenciones frente a Sandra y Olivia, dándole igual quien se percatase, se las comía con la mirada y se dirigía a ellas de una manera sucia y otras veces seductora. Pero incluso aquello no parecía haberlo considerado como provocarles celos… ¿Qué tenía en mente? Andres estaba preocupado. — ¿Y lo que has hecho hasta ahora que ha sido? ¿Disimular? Me das miedo, Prono. ¿Qué tienes pensado? ¿Restregarle la polla a Sandra frente a su marido? -La declaración provocó la risa del aludido. — Planeo jugar un poco con ellas delante de esos dos inútiles. — ¿Y si te sale mal y se envalentonan? — No lo van a hacer... ¿No te has dado cuenta que me miraban y se callaban? — Porque son educados. ¿Se van a discutir contigo por mirarlas? Pero acercarte a ellas y hablarles sabiendo que ellos te están mirando -Andres no quiso darle ideas, pero decidió añadir algo más-. Como si te diese igual que estuviesen delante… — Por eso mismo no harán nada. Se volvió a morder la lengua, su hermano siempre había sido capaz de sacarlo de sus casillas pero en aquella ocasión era diferente… Se jugaba mucho más. — Te he dicho mil veces que te arriesgas mucho enseñando tus cartas -su hermano se precipitó a interrumpirle, pero este le acalló con una mano-. Sé lo que vas a decir, que pienso demasiado y que tendría que dejarme llevar más. Y en otras ocasiones podías tener razón… Pero no en esta -hizo una pausa y esperó-. Ambos estuvimos en el Bar der pepe cuando se inició la cacería. Muchos esperaron que ellas se paseasen por el pueblo para abalanzarse, pero se equivocaron de estrategia. Yo no -Prono se mantuvo callado, alerta-. Yo busqué a la madre en el colegio, y a la hija en su casa. Y no forcé a ninguna, utilicé las cartas que tenía pero ellas no sabían cuáles eran… Y si me hubiese mostrado como tú me habrían cerrado la puerta de su casa en mis narices. — Pero eso no pasó -se adelantó Prono. — Eso no pasó -repitió Andres antes de continuar-. Porque hay algunas cosas que es mejor no pensarlas y hacerlas, improvisando. Pero esta no es una de ellas… Tan pronto estas dos pueden dejarse follar como pueden mandarte a la mierda y largarse con toda su familia. La estrategia del éxito aquí es pasar desapercibido y no presionar más de lo necesario. — ¿Has visto lo que ha pasado en esa habitación? -dijo elevando el tono de voz, Andres le apresuró a que bajase el tono y este lo hizo-. Esas dos son unas putas malfolladas sedientas de dos machos que se las follen bien. Harán todo lo que les digamos, y si voy ahora al jardín y le doy a entender a la mujer del inútil ese que si viene aquí se va a comer una buena butifarra no lo dudes: Va a venir. — ¿Y qué? -inquirió Andres cruzándose de brazos-. Hay una diferencia entre eso que acabas de decir y lo de encelar al marido. ¿Te crees que a ellas les haría gracia que sus parejas sospechasen? Claro que no. Ellas quieren seguir con ellos… — Son unos putos inútiles -lo interrumpió exasperado. — … por las razones que sean -finalizó con calma-. Tu juego de mostrar las cartas y pintarte una jodida diana en el pecho ni me ayudará a mí ni las ayudará a ellas. Piensa bien lo que haces, porque podrías arruinar todos esos meses que me las he trabajado. — No habrías tardado tanto si lo hicieses a mi modo. — ¿Están aquí, no? Y Olivia, aunque no lo parezca, estaba muy cerrada de mente al principio con la idea de ser infiel pero con mucha paciencia le fui mostrando las ventajas de serlo. Eso y otros factores que tengan que ver con su pareja han ayudado a que ella esté en la habitación de arriba deshecha. ¿La madre? Más de lo mismo. — Eso te lo concedo, la mujer está pidiendo a gritos una buena polla. — Pero ya no es solo en cómo les afecta a ellas que yo haya sido sutil, sino en sus parejas. Nosotros somos los amantes, y ellas no están solteras no lo olvides. Esta vez fue Prono el que se cruzó de brazos y tuvo que morderse la lengua. Una discusión más a favor de su hermano, y aunque no pensaba rendirse fácilmente, ya no se le ocurrían más argumentos. — Tampoco pensaba pintarme una diana en el pecho… — ¿No? -le cuestionó se rascaba el mentón mientras lo miraba pensativo-. Tal vez simplemente habías pensado en mostrarte seductor frente al marido para que sintiese un poco de celos antes de llevártela al interior de la casa y follártela victorioso -musitó con tono de novela épica. — Suena bien. — ¡Despierta! Si haces algo parecido a eso solo conseguirás volverlos recelosos: Cada vez que no las tengan delante se preguntarán dónde están. Cada vez que tengan la más mínima sospecha de que pasa algo raro, en vez de dudar se abalanzarán a descubrir que ocurre… Por eso tienes que disimular. — Sigo diciendo que ese par de inútiles no harían nada incluso si sospecharan algo. — Cuando me lo puedas garantizar hablaremos. ¿Me has entendido? — Bueno, yo lo haré a mi manera y tú a la tuya y que la madurita elija al que le guste más. — Me parece bien -declaró chocando los nudillos junto a los de su hermano para sellar su acuerdo, algo que hacían desde pequeños-. Y cuando ya nos la hayamos follado los dos… ¿No te gustaría hacer un trio con la madre? ¿Un cuarteto? El no respondió, pero a ambos se les puso dura fantaseando con ello. Ambos hermanos, dueños y señores de aquellos dos coños tan viciosos y necesitados. Oyendo los gemidos de ambas hembras y los chasquidos húmedos de sus huevos contra sus pieles rasuradas, pero antes de todo eso quería disfrutar bien a Sandra y tenerla para él solo. — Primero aprende a disimular, y luego hablamos. — Aprende tú a vivir el momento y no pensar tanto -le contestó mientras observaba impasible a su hermano alejarse de la cocina-. Ellas lo disfrutan más -alzó un poco más la voz procurando que no fuese lo suficientemente alta para oírse desde la piscina-. Son más guarras y morbosas que nosotros dos juntos. ¿Quieres que te lo demuestre? -Prono consiguió que su hermano se detuviese y escuchara la propuesta que estaba a punto de hacerle. *** — Me pone enfermo -rugió con poco más que un susurro desde su tumbona. Rob seguía roncando y no se enteraba de nada; debía aprovechar en aquel momento que los niños jugaban a lo lejos y los otros tres se habían ido al interior. — Es solo un juego, cariño -contestó su mujer con un tono apaciguador volviendo la cabeza para mirar sobre las gafas de sol a su marido. — Ese descarado ni se ha m*****ado en disimular una sola vez. ¡Me dan ganas de cruzarle la cara! -su tono de voz se fue elevando inconscientemente hasta que prácticamente vociferaba, aún así su yerno no se despertó. Se mentalizó de que debía controlarse si no querían enterarse de todo el pastel. — Es divertido -musitó divertida acompañando la declaración con una melódica risa-. ¿No confías en mí? — Confío en ti… Incluso en Andres. Pero no en su hermano. Seguro que si le surgiese la ocasión te violaría… Tiene pinta de no estar muy bien de la cabeza. Estábamos en la mesa y no paraba de miraros a ti y a Olivia a los pechos… ¿Te parece normal? — Es un hombre -inmediatamente se calló arrepentida, se le había escapado pero ya no podía hacer nada así que se apresuró a terminar-, es algo normal. — Hacerlo disimuladamente sí, pero es que no se corta ni un pelo. — Hay hombres y hay hombres… -dijo mientras se ponía bien las gafas y se recostaba de nuevo. Joaquin se levantó de su tumbona y se sentó en la de su esposa, hablando muy rápido. Estaba alterado y quería asegurarse de que podían hablar antes de que volvieran. — ¿Quieres que lo diga? Estoy muy celoso, sí. Pero no porque no confíe en ti sino porque no confío en él. — ¿Qué puede hacerme él? — Forzarte… -propuso antes de añadir muy aceleradamente una opción tras otra con un tono que rozaba la histeria-. Agredirte… Violarte. — Y supongo que si pasase eso estamos muy lejos para que yo grite y pida auxilio a mi hombre. ¿Verdad? -razonó con una sonrisita irónica mientras le acariciaba la mejilla antes de besarlo con ternura. Sandra sabía que estaba siendo cruel, pero le gustaba verlo así… Por primera vez en mucho tiempo sentía que Joaquin la valoraba y deseaba como al comienzo de su relación. — Tampoco hay que ponerte en esa situación. — Si llegásemos a esa situación, lo haría sin dudarlo ni sentir vergüenza alguna -declaró solemnemente. Por supuesto que no consentiría que nadie la violase, y eso era algo que no iba a pasar… ¿Cómo podían violarla si se moría porque cualquiera de los dos la complaciese? Se había prometido no volver a ser infiel, pero eso no le impedía (con el debido permiso de su pareja) divertirse un poco a costa de ambos-. Sí nos ves demasiado cercanos a Prono y a mí… No te preocupes, simplemente estaré jugando pero no pasara nada más… ¿Vale? Su marido asintió, derrotado. Era imposible parar aquel endemoniado juego… ¿Por qué no entendía que el solo hecho de que la mirase de aquella manera lo hería como su marido? Ya no era solo su orgullo y dignidad ante lo humillante que resultaba, sino que parecía que consentía que su esposa coquetease con otros hombres. Y la peor era ella… Sí, confiaba en ella y sabía que no había mujer más fiel; pero era la primera en disfrutar con todo aquel grotesco espectáculo… Qué sería lo que le daba más morbo. ¿Los celos que le provocaba? ¿El interés que creaba? ¿O la curiosidad de cómo se comportaría el propio Prono? Joaquin había bajado su sospecha en lo referente a su amigo y vecino tras haber hablado con él y aclarado las cosas, pero su hermano era un caso totalmente diferente. Se había mostrado chulo e indiferente, exhibiendo su deseo por su mujer y su hija desde el comienzo. Tanto el como su yerno confiaban completamente en sus parejas y debido a esto no tenían ninguna preocupación en lo referente a estas, pero ninguna gracia les hacía ver al muy indecente revolotear como un buitre alrededor de ambas. Su mujer le había dicho que tanto Prono como Olivia se habían ido a la cocina a picar algo, y nada más enterarse había sentido la insoportable necesidad de ir a interponerse, para impedir que el muy desgraciado se aprovechase de su hija, sacando ventaja de la intimidad que ofrecía la casa. Por suerte estaba orgulloso de su hija y no tenía el más índice de duda de que esta no haría nada de lo que se pudiese arrepentir. — Si intenta algo mientras tú no estás -empezó a decir Sandra rompiendo el silencio que llevaba existiendo entre los dos, únicamente interrumpido por los aleatorios gritos de los chicos jugando al balón-… Te lo diré. ¿Vale? No tienes que preocuparte. — Me dejas mucho más tranquilo -murmuró queriendo dar por zanjada la conversación. Olivia apareció a lo lejos por un lado de la casa; Joaquin se esforzó por encontrar algo que se saliese de lo normal pero la veía como siempre. — Cariño… ¿Y Prono? — Se ha quedado comiendo… No veas como traga el tío -diciendo esto Olivia intentaba disimular. — ¿Y Andres? -Ante la pregunta de su madre negó con la cabeza con cara inocente. — No tengo ni idea; a la cocina no vino. — Fue al baño, pero como no volvió… — Tal vez sigue en el baño -propuso pensativa. — ¿Tanto tiempo? -le cuestionó su padre extrañado. ¿Dónde podía estar? Olivia se metió en la piscina sin vacilar, bajando lentamente por las escaleras. Estuvo al menos unos diez minutos dentro antes de que Prono apareciese por la puerta trasera de la casa con ambas manos ocupadas: En su mano diestra transportaba una fuente transparente llena de grasienta carne, la cual había sobrado de la barbacoa. La otra llevaba cinco platos en vertical con un montón de tenedores y cuchillos envuelto en servilletas. En todo el camino desde la puerta hasta las hamacas presumió de un equilibrio envidiable y, al llegar, dejó la carga sobre una de las tumbonas que estaban situadas más al centro. — ¡Enanos, venir a picar algo! -gritó rudamente haciendo que los ronquidos de Rob se interrumpiesen de golpe-. Tú también, Olivia. La aludida, desde el interior de la piscina, rechazó la invitación. — No gracias, no me apetece más -le reprochó con una mueca. El hermano mayor de Andres fue pinchando carne y colocándola en platos vacíos mientras los ofrecía. El primero era para Joaquin quien, con una respetuosa pero silenciosa mueca, levantó las manos rechazando el plato el cual fue cogido por su hijo mediano Pedro que había aparecido de la nada. Los tres chicos, con un hambre implacable, fueron los primeros en agarrar los platos y disfrutar de las sobras antes de que Prono, en último lugar, pinchase una larga butifarra y la dejase caer sobre el plato ofreciéndoselo -junto a tenedor, cuchillo y servilleta- a la madre de los dos menores. Esta rechazó el plato, pero cuando lo retiró ella cazó con sus dedos el alargado cilindro de carne mientras decía: — Las gambas y la carne saben mejor si se comen con los dedos… — Así podrás chupártelos -murmuró grabando a fuego la visión de cómo Sandra abría la boca para dar el primer mordisco. Sabedora de lo provocativo que podía llegar a ser, y mientras disfrutaba mirándolo descaradamente a los ojos, sacó la lengua lo máximo que pudo al tiempo que metía un cuarto de la butifarra dentro de su boca; fue entonces cuando, con suavidad, mordía el trozo de carne mientras metía escondía su lengua. Sus hijos y su yerno no se habían dado cuenta, pero sí su marido y el hermano de su vecino que se habían quedado poco menos que boquiabiertos. — Está buena la butifarra que me prometiste -susurró coqueta con un hilo de voz cuando había terminado de tragar y masticar. — No solo te prometí esa butifarra -Prono hizo ademán de ponerle otro trozo de carne, pero ambos entendieron que no se refería a nada que hubiese en la bandeja. Sandra lo había entendido la primera vez que se lo dijo, un rato atrás cuando la invitaba al interior de la casa a comer, pero para ella no había sido más que un tonteo inocente que no llevaba a ningún lado… Aún así no dejaba de ser divertido. — Con esta tengo suficiente por ahora -declaró en un tono de voz mucho más alto, como si ya no le importase que los niños y su yerno lo escuchasen. — Y tú… — Rob. — Rob. ¿Qué quieres? ¿Butifarra? ¿Lomo? ¿Pechuga? — No tengo hambre, gracias. — Como quieras, ha sobrado mucha. Si luego quieres más… — Sé dónde encontrar más, gracias -zanjó el novio de la veinteañera. Su hostilidad no hizo más que dibujar una sonrisa en el rostro de Prono, pero no dijo nada más. De toda la butifarra que le había dado, solo quedaba una punta y, tras resbalarse de los dedos de la madurita, el diezmado trozo de carne se deslizó por el canalón de su escote hasta caer entre sus muslos. ``Esta guarrilla ya se está pasando´´ pensó Prono haciendo su sonrisa todavía más grande. Primero miró el trozo de butifarra que había entre los muslos de Sandra y luego la miró a ella que, tras agarrar con delicadeza el último resto, le guiñó un ojo y sonriendo se lo lanzó dentro de la boca. Su marido no parecía estar prestando atención, pero él era avispado y sabía que de reojo analizaba todo lo que hacía, evitando así hacer nada que pudiese perjudicarlo en un futuro; Andres apareció tras él agarrando directamente de la fuente un trozo de lomo y devorándolo en tres mordiscos antes de cargar a su hijo Satur sobre su hombro y lanzarse juntos hacia la piscina con la camisa y las sandalias incluidas. Olivia había tenido que apartarse para no ser aplastada, pero se unió a las risas contagiada por la inocente alegría de Satur en los brazos de su padre. — ¡Tráete a los tuyos, Joaquin! ¡Venga, que dentro de no mucho ya no habrá casi sol! — Me esperaré hasta ese momento, gracias -sostuvo el padre aludido con una sonrisa forzada, claramente incómodo. Su esposa lo miró con expresión reprobatoria antes de agarrar a sus dos hijos de las muñecas e intentar arrastrarlos a la piscina entre risas pero fueron ellos los que, abusando de su fuerza, la acompañaron gentilmente hasta la piscina para depositarla con sumo cuidado sobre la superficie acuática, dándose la vuelta satisfechos una vez la madre estaba junto a su hija en el interior de la piscina. Lo que no esperaban era que Prono, apareciendo tras ellos por sorpresa, agarrase ambos torsos y los levantase a ambos llevándolos en una leve carrera hasta la piscina donde se tiraron los tres. — ¡Eso es trampa, cabrón! -dijo Pedro riéndose lanzándole un disparo de agua con la palma. — ¡Pedro! ¡Esa lengua! -le reprochó su madre mientras su cara cambiaba de divertida a seriedad total. — Pero es un tramposo -contestó el mediano disparando agua también a su madre. En pocos segundos, la piscina se transformó en una batalla naval donde sus armas eran sus manos y la munición chorros ilimitados de agua. — Cariño. ¡Vente! -gritó la veinteañera apartándose del estruendoso ruido que había tras ella. Alzó la mano invitando a su pareja que se metiese con ella, y eso hizo: Se acercó y se inclinó frente a ella con una irónica sonrisa mientras le plantaba un beso en la boca y le decía con poco más que un murmullo: — Lo siento, Oli. Pero me apetece descansar -declaró en una rotunda negativa al tiempo que metía la mano derecha en el agua y la usaba para lanzar un chorro sorpresa a la cara de su novia. — ¡Imbécil! -gritó intentando parecer enfada antes de sonreírle y sacarle la lengua. — Andres. ¿Puedo ir al sofá a echarme una siesta? — Como si estuvieses en tu casa -Fue una respuesta automática, pero no contestó sin sorpresa. No le gustaba nada aquella reacción, aunque tampoco había pasado nada para propiciarla, pensó. Su paranoia aumentó cuando su amigo y vecino decidió seguir a Rob al interior de la casa ante la silenciosa mirada de Sandra, Andres y su hermano. — Me gusta el plan de mi yerno -aseguró sonriendo mientras seguía a su hijo político al interior de la casa. Andres y su hermano intercambiaron una fugaz mirada de la que no hubo testigos: Mientras que la del dueño de la finca transmitía duda y preocupación, la de su hermano mayor le transmitía oportunidad. ``¿Va a intentar algo aquí con los chicos y la hija delante?´´ Se preguntó al tiempo que lo veía desplazarse silenciosamente como un cocodrilo mientras los tres menores, la veinteañera y su madre seguían riendo y combatiendo. En un momento concreto su cabeza desapareció y unos segundos después Satur soltaba un grito de sorpresa mientras se elevaba hasta estar sentado sobre los hombros de tu tío. — ¡Ara, petit! ¡No tinguis compassió! -Le apremió su tío en catalán para que este patalease furiosos disparos de agua hacia todos los integrantes de la piscina. Los tres hijos de Sandra contraatacaron entre risas; mientras que la madre de estos retrocedió de espaldas hacia el dueño de la piscina sin mirar atrás hasta que su culo chocó contra la entrepierna de este; tenía que ponerse de puntillas para llegar llegar pero sintió la inevitable satisfacción de lograr lo propuesto. El padre de Satur, sin dejar de mirar el espectáculo que daban su Satur y su tío contra los tres vástagos de su invitada, la agarró disimuladamente de ambas caderas y la apretó contra sí. El agua en aquella parte de la piscina llegaba a Sandra hasta el cuello mientras que al madurito dueño de la piscina no le alcanzaba más arriba de los pectorales. Tras unos segundos restregando su polla contra su culo, ella se apartó excusándose de mala manera: — Lo siento, Andres… Que torpe soy. — No tienes que disculparte… Si eres tan patosa volverás a tropezarte conmigo -murmuró sonriendo, tranquilo de que no se les escuchase pues con el alboroto que armaban los niños no había quien los espiase. — No, no creo que vuelva a tropezarme. Iré con mucho más cuidado… -susurró con voz aguda y dulce; alargó el mucho muy exageradamente. Se le notaba lo cachonda que estaba tanto en su tono de voz como en su mirada. — Con lo torpe que eres da igual con el cuidado que vayas, acabará sucediendo. — ¿Ah, sí? -inquirió mientras hacía un ademán caminar hacia adelante, pero Andres aprovechó para rodearla con sus brazos y tirar de ella hacía sí-. ¡Para! Nos van a ver… ¡Están delante! — No miran -le susurró al oído mientras le apretujaba un seno con una mano y la otra, sin la intención de invadir, acariciaba por encima del bañador su necesitado sexo— Pueden girarse… Suéltame -suplicó sin resistirse demasiado. — Como quieras… -aceptó dejándola alejarse de él, no sin previamente de agarrarle la nalga y apretujársela cariñosamente antes de que ella se reuniese junto a todos en el centro de la piscina sin volver la vista atrás. Con discreción había dado el primer paso, pero sabía que su hermano se había estado preparando para dar el suyo propio desde que saltó a la piscina. ¿A quién elegiría: Madre o hija? Lo que a Andres le preocupaba no era ya por quien se decantase, pues era consciente de que la extraña desaparición de las parejas de las dos mujeres podía suponer que mirasen desde la distancia lo que ocurría en la piscina. No creía que fuese así, y se había asegurado antes de mostrarse cercano a Sandra unos instantes atrás pero, su hermano no era de los que disfrutaba manteniendo el perfil bajo y aquel podía ser precisamente el problema. Era capaz de acercarse y manosearlas con descaro frente a los tres menores sin preocuparse siquiera por las consecuencias. Era parte de su encanto, pero también un defecto que le podía causar muchos problemas y volver la situación en su contra. Sin embargo, a medida que pasaron los minutos se dio cuenta que su hermano mayor debía haber aceptado bien su consejo de pasar desapercibido, pues no se acercó ni tocó a ninguna de las dos mujeres; dedicándose a jugar con los pequeños, cargándolos sobre sus hombros e invitando a su hermano a batallar ``al potro acuático´´: Un juego donde los adolescentes podían montarse sobre cualquiera de los dos hermanos intentando derribar al jinete contrario. Tras unas cuantas rondas en las que Olivia y su madre animaban a los menores, apostando por quien iba a caer entre risas , mientras hacían pequeñas trampas empujando: los tres adolescentes acabaron cansándose de la piscina y salieron al exterior, reuniéndose donde estaban las tumbonas y las toallas para secarse. Querían jugar ``un último partidillo´´ antes de que se oscureciese. El sol seguía iluminando en algún lugar sobre el horizonte el cielo, pero ya no podía verse en él. Los cuatro adultos quedaron solos en la piscina mientras miraban en silencio como los chicos agarraban la pelota tras calzarse las bambas y los calcetines antes de salir chutando el balón hacia un lugar alejado del jardín. Ninguno de los cuatro adultos pareció tener interés en abandonar la piscina, pero tampoco en romper el silencio que los envolvía. — Estos niños… Qué energía que tienen. No han parado en todo el día -dijo Sandra dando el primer paso. — Ya crecerán, ya -le rebatió su hija achancándolo a la edad. — No tiene nada que ver con crecer, siendo grande también se puede tener mucho aguante -chispeó Prono sonriendo coqueta; los cuatro estaban separados formando un perfecto rectángulo. Andres estaba frente a Sandra y Olivia frente a Prono… ¿Esta posición era fiel al interés que sentían cada uno? ``No lo creo´´ pensó el padre de Satur divertido. Él sabía que su hermano tenía muchísima compatibilidad con la hija, pero la madre le causaba una irresistible curiosidad. Por el contrario y aunque Olivia causaba en él un interés innegable, si tenía que decidir se quedaba con la madre. — Y siendo grande también se puede continuar siendo un gilipollas -contraatacó la aludida con una sonrisa traviesa. — Lo que es seguro es que no todos los que crecen mantienen esa energía -replicó su contrario mientras se sumergía parcialmente, daba la impresión de que estaba buscando un punto débil por el cual atacar, emulando así a una bestia depredadora. Su comentario era una indirecta que se había entendido muy bien, haciendo referencia a los dos vagos que habían en el interior de la casa. — Si, es verdad. Hay adultos que trabajan duro y no tienen demasiada energía en su tiempo libre -el chascarrillo fue acompañado con un guiño. — Yo trabajo en el campo igual que ellos y todavía no estoy cansado. — Seguro que lo estás disimulando. Te ha tenido que agotar mucho cargar con esos enanos -se burló la veinteañera, y el cuarentón en consecuencia se lanzó contra ella agarrándola por los brazos. — Sí, ya siento como me fallan las fuerzas -se cachondeó sumergiéndola mientras ella lograba gritar ``abusón´´ antes de acabar bajo el agua. Las burbujas aparecían en la superficie con ferocidad antes de que Prono le permitiese salir a la superficie. No se esperó el contraataque, intentando la joven aporrear el pecho del contrario como si fuese una puerta. El agredido logró a detener ambos puños agarrándola por las muñecas y manteniéndolas bien arriba quedando suspendidas sobre su cabeza apretujando parcialmente sus senos. — Tú también tienes bastante energía. — Seguro que es la comida -bromeó la madre de la joven-. Nos habéis hinchado a carne. — Todavía queda mucha… Espero que puedas hacer hueco para que entre toda. — No sé yo… soy de cenar ligero -aseguró bajándole los ánimos sin llegar a dar una completa negativa. Prono soltó las muñecas de la veinteañera. — Pues no sé que haremos con tanta carne que ha sobrado -Sopesó en voz alta mientras miraba sutilmente a Olivia y después reía-. Hay que hacer ejercicio antes de comer. — ¿Vas a proponer algo que podamos hacer en la piscina? -preguntó en broma Sandra. — ¿Qué me dices, Andres? Podemos jugar a lo de antes con ellas dos y ver quien gana. — Claramente ganaría yo -declaró riendo mirando a su hija-, la experiencia puede contra la juventud. — Elige sobre quien vas a montarte, entonces -propuso Andres sintiendo curiosidad por saber a quien elegiría. La respuesta no le sorprendió, pero si la manera: Se mordió el labio inferior como si estuviese indecisa, mirando a Prono dando a entender que lo iba a elegir a él pero, en el último momento, acabó eligiendo al hombre con el que tenía más confianza. Sandra no era estúpida y aunque se sentía atraída por ambos hombres de manera diferente, sabía que el hermano mayor de Andres tenía una extraña fijación con ella. No iba a darle la oportunidad de tocarla si podía evitarlo, porque al contrario que el otro, parecía no cortarse ni un pelo. Segundos después Prono se había sumergido y sin hacer ningún esfuerzo acabó pasando entre las piernas de Olivia y cargándola sobre sus hombros. Andres en cambio fue más gentil con la madre aprovechando para acariciarle los muslos bajo el agua como si fuesen halagos silenciosos. Ya estaban los cuatro preparados y el choque se produjo de nuevo entre risas hasta que ambas cayeron juntas abrazadas. — Eso es un empate. Habrá que volver a intentarlo… — ¡Ni de coña! -clamó la veinteañera abriendo mucho los ojos para dar redundancia a su negativa… Al ponerse a la defensiva Prono encontró difícil encontrar una brecha para separarlas. — Podemos hacer ejercicios de piscina, nadando -propuso pensativo el hermano de este-. Así os entrará hambre. — No… Si hambre ya tengo -anunció la progenitora de Olivia-. Lo que quería decir es que no estoy acostumbrada a comer demasiado por la noche. — Hoy es una excepción, mujer -replicó riendo el anfitrión mientras le tendía la mano invitándola a acercarse al centro de la piscina. Ella aceptó y se la dio con delicadeza alejándose de su hija hasta llegar al extremo opuesto. Ambos hombres estaban contentos: Habían conseguido separarlas y estaban a solos con ellas, sin nadie más que las m*****ara. *** Escena de la piscina, lado de Prono con Olivia: — ¿Qué tal estuvo? -preguntó con la voz tan baja que solo ella podía escucharle. Las luces de la piscina se encendieron justo en ese momento, el cielo se había oscurecido casi sin que se hubiesen dado cuenta. — ¿El qué? -inquirió ella sin saber a que se refería. Tenía que alzar la mirada para verle la cara, la cual estaba repleta de gotas de agua que brillaban con el reflejo de la luz artificial; ella se encontraba contra la pared, y vio a Andres y su madre en la otra parte de la piscina pero no escuchaba lo que se decían. — El trio… — Estuvo… -se calló, miró al agua y sopesó bien que contestar antes de hacerlo, pero ni ella misma estaba segura de la respuesta-. Fue demasiado bestia. — Pero te gusto -intentó adivinar. — No. Sí… No sé. Fue demasiado raro… — Te corriste varias veces. — Sí, pero follar no trata solo de correrse… No estoy segura de si me gustó. — Yo creo que te volvió loca y estas deseando que repitamos -ella reprimió su risa. — ¿Crees que quiero repetir? No vais a volver a follarme ninguno de los dos -``Eso no me lo creo ni yo´´ pensó mientras agachaba el mentón intentando dejar de mirarlo a los ojos y a los labios, pero no podía ``Deja de mirarlo, idiota… Va a creer que quieres algo´´. — Yo creo que te encantó como te follamos y te encantaría repetir… y no necesariamente con los dos. — ¿Insinúas que me gustó más contigo? Tu hermano folla muy bien. — Yo lo decía más en otro sentido… -aseguró serio. — ¿Cómo persona? Definitivamente me gusta más tu hermano. Él sabe estar y no es un creído de mierda. — ¿Eso piensas de mí? ¿Qué soy un creído? -Prono no pudo evitar sonreír la cuestionó mientras se acercaba lentamente, sus caras estaban cada vez más cerca a pesar de que Olivia no acercaba en absoluto la suya pero, al estar contra la pared de la piscina, tampoco podía retroceder. Colocó sus manos temblorosas contra sus duros pectorales, sin duda eran resultado de un laborioso trabajo de campo y con los que solo su hermano podía competir. Al no responder, Prono rompió de nuevo el silencio. — Yo sé lo que soy, de lo que puedo presumir y también sé lo que quiero -dijo agarrándola por las muñecas y separándolas, empujando sus manos contra la pared y dejándola totalmente indefensa en posición de crucificada. — ¿Eres consciente de que mi novio puede estar viendo esto? — ¿Te excitaría que así fuese? — Amo a mi novio, no disfruto engañándole. — Pero disfrutas. — No soy de piedra -se lamentó ruborizándose sin poder impedir que se acercase más y más, pero no la besó. Sentía su propio corazón batir contra su pecho furioso, le costaba respirar debido a la hiperactividad que causaba la adrenalina y notó amplificada por mil la voz de ese bastardo al lado de su oreja. — Cuento con eso -aseguró riendo mientras soltaba sus muñecas y le agarraba el pecho por encima del bañador. No apretaba demasiado ni muy poco, pero lo suficiente para hacerla sentir sometida… Otra vez-. Además, hay una parte de mí que si es de piedra. Olivia no pudo evitar abrir la boca enmudeciendo un gemido cuando sintió los dedos de Prono agarrar tanto por delante como por detrás el hilo de su bañador y tirando de él hacia arriba metiéndose y creando fricción entre sus labios vaginales exteriores y sobre los internos. Los dedos que tenía en la parte de adelante, no satisfechos, soltaron el bañador y se posaron a los dos lados del hilo acariciando sus labios externos. — ¡Para! -consiguió suplicar mientras reprimía los suspiros. Olivia sentía que iba a perder la cabeza, y empezaba a desear que se la follase ahí mismo ``¿Cómo es posible? Tuve sexo con los dos horas atrás… No entiendo a mi cuerpo´´ pensaba mientras agachaba de nuevo la mirada. Entonces recordó también que su madre estaba en la piscina a pesar de que no podía verla ya que Andres se encontraba frente a ella, ocultándola. No le pareció que estuviesen haciendo nada ya que el agua que los rodeaba estaba muy calmada-. Para… Nos van a descubrir. — Pararé si prometes que esta noche vendrás a darme un masaje… — ¿Un masaje? -repitió incrédula. Los dedos intrusos penetraron el orificio de su coño a ambos lados del hilo del bañador. — Promételo y pararé. Cuando lo hayas prometido te diré como lo haremos. Ya era suya, y sabía que aunque quedaba mucho para que se acostasen la noche estaba lejos de terminar. ¿No había quedado satisfecho con lo que habían hecho en la habitación de su hermano? No pudo pensar más, su mente quedó en blanco con una única certeza, quería que esos dedos no parasen y, al mismo tiempo, quería tener su polla dentro. Se lo imaginó poniéndose entre sus piernas, agarrando su propia polla y restregándola contra su acuático coño, siendo empalada. Estaba segura de que se correría poco después de tenerla dentro, pues se sentía muy cachonda. Quería besarlo, morderle, lamerle y que él hiciese lo mismo que ella… pero debía guardar la compostura. Todo era mejor que aquella situación, y luego podía retractarse. ¿Quién la obligaba? — Lo prometo. — ¿Eh? -le metió cruelmente los dedos más profundo-. No te he oído bien. — Te haré ese estúpido masaje. — Más te vale, o te arrepentirás. No porque no quieras, sino porque me lo has prometido. Y las promesas se cumplen. — Lo prometo, lo prometo -repitió ella con un hilo de voz, su voz nuevamente sonaba muy aguda. Se lo iba a follar ahí mismo… La otra mano la agarró del cuello haciendo que su nuca acabase contra el borde de la piscina y las yemas de sus dedos acariciaron a sabiendas uno de sus puntos más débiles. — Como ya sabrás -le susurró al oído-. Dormiremos fuera. Mi hermano ya tiene preparadas cinco tiendas de campaña con sus almohadas y mantas. Una para ti y tu novio, otra para tus padres, para tus hermanos, otra para Satur y Andres… Y otra para mí. Quiero que vengas a mi tienda de campaña lista para hacerme un masaje. — Sácame los dedos… -suplicó ella mientras acercaba su boca a la de él, se besaron. Él no sacó sus dedos hasta unos segundos después de haber empezado a cruzar lenguas, entonces Prono se separó de ella y Olivia se apresuró a ponerse bien la parte de abajo del bañador. — Tendré condones preparados, no quiero luego excusas. — He dicho que iré a hacerte un masaje, no que vaya a hacer nada más. — Eso no te lo crees ni tú -rio entre dientes, burlón. — Es cierto, si directamente no hubiese condón tendrías cero posibilidades, pero aunque tengas condones listos no va a pasar nada. Ya te lo he dicho, no vais a volver a follarme. Iré a hacerte el masaje que te he prometido y luego me iré. A Prono le pareció muy divertido que la veinteañera pasara de hablar de follar a hacer un masaje, volviéndose muy cauta cuando quería hablar claro y cuando quería hablar con sutilidad. — Pues eso, ven a mi tienda de mad**gada… Luego te diré la hora. No creo que te diga nada por estar en mi tienda haciéndome un masaje… ¿No? — Tú sueñas -susurró ella-. Si quieres lo del masaje iremos al interior de la casa. — Me lo has prometido, recuérdalo. Lo haremos en mi tienda de campaña -sentenció Prono teniendo en mente el plan maestro. Ese masaje era el postre, antes tenía que encontrar la manera de llegar a la madre y follársela; ese encuentro con la niñata veinteañera lo había excitado demasiado y aunque había acordado con su hermano que no tendrían sexo ni con una ni con otra, no aguantaba más-. También puedes decirle que vas al baño, o esperarte a que se duerma. El otro lado de la piscina se vio alterado por ondas y salpicaduras de agua al salir Andres y su madre de esta. — Ya está demasiado oscuro, cariño. Deberíamos secarnos e ir para adentro -la apremió su progenitora ya fuera de la piscina seguida de Andres. La aludida se apresuró a seguir a su progenitora y alejarse del hombre que conocía tan bien sus debilidades. Le encantaba Andres como hombre, pero acababa de darse cuenta que pese a odiarlo, sentía debilidad por Prono que, sexualmente, parecía ser exactamente su tipo. Ambos hermanos se miraron sin olvidar lo que habían hablado cuando salían de la cocina. Una pequeña apuesta sobre si el hermano mayor conseguía hacer algo que el menor no… Follarse a las dos antes de compartirlas con este. Andres no lo veía capaz, no creía que madre e hija pudiesen excitarse por compartir a un hombre y por eso había aceptado… Prono había dejado lista a la hija, pero era la madre a la que todavía tenía que trabajársela. Solo había una regla… No podían follarse a ninguna antes de que ambas mujeres se encontrasen en la misma tienda de campaña donde acabarían los cuatro, aunque esta regla estaba a punto de ser rota por Prono. *** Escena de la piscina, lado de Andres con Sandra: — Me da a mí que no vamos a nadar demasiado -Sandra reía nerviosa prediciendo a la perfección lo que no iba a ocurrir. Las luces de la piscina se encendieron justo a tiempo, no quedaba demasiado para que se oscureciese del todo. — ¿Ahora que por fin estamos solos? Me da que no -negó Andres acercándose a ella. Sandra chocó de espaldas contra la pared. — No estamos solos… Mi hija y tu hermano están al otro lado. — ¿Preferirías estar con mi hermano? Puede llegar a gustar. — Me gustáis de maneras diferentes -replicó poniéndole las manos en el pecho para que no se acercase más-. Recuerda donde estamos. — Bajo el agua nadie verá nada. — Pero se nota si hacemos algo… — Solo quiero hablar contigo -mintió Andres deseando follársela ahí mismo. — Yo también llevo todo el día deseando solo hablar contigo -le siguió el juego mientras, manteniendo todavía una mano contra su pecho, la otra bajaba hasta su bañador y le agarraba el endurecido miembro. Ella sonrió complacida por la rapidez de su erección-. Es increíble… Pero si ni te he tocado. Él no le hizo caso, usó su mano buena para presionar sus dos dedos centrales contra su coño, su inflamado clítoris se vio abrazado por ambos dedos. — Entonces solo hablemos como amigos en mi piscina, te parece -propuso Andres mientras que la aludida no respondía pero sí le sonreía cómplice. Dio un meneo a aquella polla que ya estaba fuera del bañador, como si estuviese recargando una escopeta y el dueño de esta lo tomó como un sí-. Entonces dime... ¿Qué te gusta de mí? — La labia que tienes, tu inteligencia -la respuesta estaba preparada, como si hubiese aprovechado los instantes anteriores para pensárselo-. Y tu delicadeza sin faltarte rudeza… — ¿Y mi hermano? — Es una bestia, eso me ha parecido -declaró-. Sé que tú puedes serlo… teniendo sexo. Me lo demostraste pero… Me refiero como actitud. — ¿Te gusta que sea así? — Es una hombría diferente… Esa rudeza puede ser muy morb… -reprimió un gemido quedándose con la boca abierta. Andres acababa de meterle los dedos mientras la palma de su mano acariciaba en círculos su clítoris. — Así que el carácter rudo también te excita, gracias por la información -dijo agarrándola del cuello mientras la masturbaba con suavidad. Ella en cambio lo pajeaba a un ritmo constante y que en absoluto carecía de lentitud, a pesar del alto grado de excitación que le transmitía a su amante. — Aja… — Mi hermano está interesado en ti. — Lo sé -entonces se sintió celosa porque sabía que ahora estaba intentando trabajarse a su hija. Sandra tenía la certeza de que su niña se resistiría debido a que ella tenía un joven novio con mucha más vitalidad que aquellos dos hombres. Los celos eran injustos… ¿Cómo podía desear a otro hombre cuando ya tenía uno que estaba loco por ella? Pero era la idea de tener aquellos dos machos detrás de ella lo que le resultaba tan atractivo. — Y yo también. — Lo sé -repitió sonriendo, sin ser capaz de pensar en nada más. — ¿Quieres follártelo? — Sí… -se confesó sin dudarlo apretando el ritmo de la paja-. Pero también quiero que me folles tú. — ¿Te gustaría que te follásemos los dos a la vez? -susurró con intimidad, con voz suave. ``¿Me está proponiendo un trio?´´ sopesó Sandra antes de contestar. Por su parte Andres sabía lo que había acordado con su hermano, pero se moría por follársela… La deseaba demasiado. Y sabía que ella también estaba al límite. — No eso no. ¡Ah! -pegó un chillido al verse sorprendida por Andres que, rápido como un rayo, la agarró por encima de ambos gemelos y logró pasar sus defensas quedando atrapado entre sus dos piernas-. Se nota mucho. — Me da igual -gruñó Andres mientras pensaba en el acuerdo con su hermano: ``Tengo que controlarme, a este paso me la voy a follar´´. — A mí también… -confesó ella cerrando los ojos mientras sentía aquella polla sobre su coño. Estaba tan cerca… Solo debía cogerla, apuntarla contra si misma y meterla, pero se limitó a cruzar con suma dificultad los pies en torno a la cintura de su amante y restregarse contra aquella polla. — ¿Por qué quieres follarte a los dos pero luego no quieres hacer un trio? — Me atrae… pero no quiero follármelo. Me expresé mal… Contigo tengo suficiente. — Pero si él te diese la opción. ¿Lo harías? — Si ahora me intentase seducir un desconocido no podría decirle que no, me habéis dejado muy cachonda… — Así que si ahora hago esto… — Aja… -afirmó lentamente mientras sentía como se agarraba la polla y separaba un poco sus caderas. — Y luego hago esto… — Sí… -musitó mientras sentía el glande restregarse contra su pubis hasta presionar contra su clítoris. Se la iba a follar, y aunque sabía que podían verlos ya no tenía fuerzas para resistirse. Tal vez si lo hacían lento incluso nadie lo notaría La besó mientras se pajeaba contra su coño. Su glande presionaba ya contra el orificio carnal y solo le bastaba empujar, pero no lo hizo. Se iba a volver loca… — No voy a follarte aquí, con tu marido tan cerca -mintió Andres. Cumpliría lo que había acordado con su hermano, al fin y al cabo era como la banca, iba a ganar de todas formas. Aquella mujer ya le pertenecía a él como a su hermano, y lo que había sucedido en la piscina lo confirmaba. — Métemela… No me dejes así. — Yo me quedo igual… Luego te pegaré la follada del siglo. — Si me dejas así y tu hermano me provoca no seré capaz de decirle que no. — Te lo folles a él o no, te follaré -anunció volviéndola a besarla. — ¿No te importa? -preguntó extrañada, le m*****aba que no fuese así. — No quiero compartirte ni con mi hermano, pero eres libre de hacer lo que quieras. Si te lo follas, eso no cambiará lo que hay entre nosotros. Además, yo también soy libre de follarme a quien quiera… ¿No? -Se volvieron a besar, sobraban las palabras. Sus lenguas batallaron furiosas entre sus labios antes de que sus entrepiernas se separasen. Prono no le había contado como pensaba conseguir, si es que lo hacía, que madre e hija se reuniesen en su tienda de campaña mientras todos estuviesen dormidos. Sí ya la tenía dura, le sobreexcitaba la idea de que los tres y, posteriormente, los cuatro follasen reprimiendo sus gemidos mientras todos los demás dormían. Había colocado las tiendas de campaña separadas, cada una a unos tres metros de otra, pero aún así todo podría escucharse. Su hermano le había informado que por encima de todo, quería lograr que Joaquin supiese que se estaba follando a su esposa sin que pudiese hacer nada, pero que no haría nada para que así fuese. A decir verdad, incluso a él mismo le excitaba la idea de que Joaquin sospechase de todo aquello sin poder hacer nada, pero era demasiado riesgoso y no lo iba a consentir. Aún quedaba una larga noche por delante e iba a tener que centrarse en no acorralar a madre o hija y follárselas, pues cuanto más cachondas estuviesen más posibilidades tendrían de que ambas cayesen en la trampa… El padre de Satur lo consideraba imposible, y aunque así lo creía esperaba que su hermano mayor lograse obrar un milagro. Uno que, para poder conseguirlo, hacía falta arriesgarlo todo y pese a su labia y su habilidad para convencer; era Prono el único de los dos con un mínimo de posibilidades de poder lograrlo. Andres siguió a la madurita hasta las tumbonas, donde no tardaron en reunirse los dos rezagados que venían de la piscina. — ¡Niños, no tardaremos demasiado en cenar! -anunció la madre a grito pelado mientras se arropaba con su toalla. Ya quedaba menos… 5.2 El hacedor de lo imposible En la terraza exterior, la mesa que iban a utilizar para cenar ya estaba completamente preparada para su función. Además de estar listos los vasos, tenedores y cuchillos, los platos y servilletas; el eje central de la mesa gozaba de todo tipo de platos para picotear desde embutido de calidad hasta rodajas del tradicional pan manchego. A menudo se oía a Sandra o su esposo reprender a sus hijos menores por intentar coger queso o patatas mientras Andres reía restándole importancia. — Pero mama. ¡Satur también está picoteando! — Esta es su casa, y vosotros sois mis hijos. Esperaréis a que estemos también sentados. — Pero Olivia también está picando -se chivó Pedro mientras fulminaba con la mirada a su hermana, incrédulo. Era testigo de como, sin que nadie se lo reprochase, ella podía coger lo que quisiese sin que nadie se lo reprochase. — Privilegios de la mayoría de edad -le chinchó ella al tiempo que le sacaba la lengua y remataba tirándose la patata frita dentro de la boca. — Pues si Oli puede yo también -replicó harto apresurándose a coger una sin importarle ya que le pudiese caer la bronca… Pobre ingenuo. Su mano estaba ya encima del plato y preparada para agarrar su ansiado objetivo cuando su mano recibió un guantazo de advertencia. — Estate quieto, chaval -le ordenó su padre completamente serio hasta que su vástago se rendía en su intento de delinquir. Satisfecho por la sumisión, agarró una patata del plato y se la llevó a la boca-. Haz lo que te dice tu madre… ¿Eh? — Sois todos unos putos hipócritas -despotricó antes de darse media vuelta enfurruñado y dirigirse hacia el sofá. Allí se encontró con su hermano pequeño y el hijo único de Andres que miraban pasmados la televisión. — Voy a ver cómo va la cena -comentó Sandra mientras se levantaba y entraba en el interior de la casa para dirigirse hacia la cocina. Prono estaba allí solo: Separando la sartén de las furiosas llamaradas que producía el fogón, removiendo el interior de la cazuela para evitar que se pegase. No pudo evitar la mujer morderse el labio cuando llego. ¿Era buena idea estar cerca de él a solas? ``No tendría que pasar nada´´ se auto-convenció recordándose donde estaba… Se sentía intimidada por la visión que tenía de él, y estaba segura de que si le daba una mano acabaría mordisqueándole hasta el hombro. No se fiaba de él, pero tampoco es que fuese a pasar nada por hablar un poco con él. — Veo que se te da bien cocinar -señaló desde detrás suyo. Prono ni se giró ni le dio importancia a que ella hubiese entrado en la cocina. — Se me da de lujo; aunque eso tendrás que decidirlo luego cuando pruebes lo que te haga. — Yo también se cocinar bien. — Dudo que nadie te haya hecho lo que te haré yo. Ya estaba con la conversación mal interpretable. ¿Cómo podía ser tan descarado y desvergonzado? ¡Era una mujer casada que tenía muy cerca a su marido y a sus hijos! Sintió un impulso irrefrenable de dejarlo con el calentón. ¿Y por qué no iba a hacerlo? Se lo estaba ganando. — ¿Y qué me vas a hacer? -No se tuvo que esforzar demasiado para sonar cercana y coqueta. — Un poco de esto y un poco de aquello -No pareció que le diese demasiada importancia. — No estaría mal que especificases un poco. ¿O no puedes? Tal vez no tengas ni idea de lo que quieres hacer. — Hay veces que es mejor no planear las cosas y dejarse llevar -replicó riendo acordándose de la conversación con su hermano mientras cerraba el gas y trasladaba a un plato lo frito en la sartén. — ¿Cómo en la piscina? — Por ejemplo… -contestó con cautela. No se sentía seguro hablando de aquello en aquel momento, no sin haber comprobado su disposición y sus verdaderas intenciones. — Se estaba muy bien en la piscina -murmuró acercándose paso a paso mientras hablaba, quedándose muy cercana; ambos estaban frente a la encimera ni muy juntos ni muy separados, la conversación había pasado de ser en voz alta a tratarse desde los susurros. La disminución de sus voces fue tan sutil que ni se dieron cuenta-. Toda la tarde la habíamos pasado escuchando los gritos de los niños y la dichosa pelota… Los ronquidos de mi yerno. Lo que hay que aguantar. — ¿A tu marido también? -propuso él con cautela, pero sin cruzar del todo la línea roja por si tenía que retroceder. — ¿Aguantar a mi marido? -completó la madre de los tres hijos dubitativa. Era una opción añadir que se refería a los ronquidos, pero prefirió guardarlo solo como último recurso. No llegaría a ninguna parte con ella si no se arriesgaba ni se mostraba comprensivo a su situación, pues para que ella se soltase tenía que darle motivos primero. — Sí… — Me gusta su compañía… — Pero… — … Pero puede llegar a ser un poco cargante. Cuando todos acabamos en la piscina menos mi marido… -Sabiendo a que se refería, el oyente decidió obviar el hecho de que el novio de Olivia también había hecho lo mismo que su suegro-… ni se m*****ó en participar. Nos lo estábamos pasando tan bien y lo único que hizo fue irse dentro… -Sandra echó la vista atrás para asegurarse de que no había nadie más en la cocina antes de continuar-. A ver la tele o… yo que sé. ¿Echar la siesta? — Entonces normal que disfrutases tanto de la piscina… Fue muy relajante -Sandra asintió sonriendo mientras se mordía la uña del meñique-. Tal vez tengamos que repetir algo así. No sé si me entiendes… Más relajante. Sin… Sin tu marido -No le convencía la manera en que lo propuso, pero tampoco lo consideraba un error. Si ella estuviese interesada podría aceptarlo o discutirlo, pero se notaría y no era así. — ¿Me estás proponiendo hacer algo sin mi marido? -inquirió apartándose levemente como si sintiese rechazo. — Te propongo hacer algo diferente. — ¿Cómo qué? — Ahora cenaremos y posiblemente hagamos algo con los niños, pero luego iremos a dormir… — Aja… -afirmó la mujer expectante sin sonreír. No había reticencia ni escepticismo en su expresión facial, pero tampoco ayudaba su seriedad. — ¿Qué tal va la cena? -preguntó Joaquin apareciendo de repente por la puerta de la cocina. ``Vaya, ha aparecido una mosca m*****a´´ pensó para sus adentros sintiendo ganas de golpear al intruso. Había estado tan cerca… — Le estaba diciendo a Sandra que me faltan dos platos más como este. ¿Podrías llevarlo a la mesa? -preguntó mientras volvía a encender el fuego y echaba un poco de aceite de oliva a la sartén. — Ya lo llevo yo -La mujer del recién llegado, que conocía a su esposo, decidió salir de la cocina con el plato de comida junto a su marido, pero antes de salir dijo soltó la bomba, no pudo evitarlo-. Ah, Prono. Luego continúas diciéndome eso tan interesante -musitó importándole poco que su marido estuviese a su lado. — Lo haré -dijo riendo antes de centrarse en la sartén. Joaquin se mantuvo callado unos segundos antes de explotar. — ¿A qué ha venido eso? ¿Qué estabais hablando? — Estaba coqueteando conmigo -dijo decidiendo ser sincera. Era un juego, después de todo, pero uno del que su pareja estaba al tanto-. Tranquilízate, cielo… Está todo bajo control. — ¿Coquetea contigo y me dices que está todo bajo control? -inquirió alterado dejando de caminar. Sandra se detuvo unos pasos más adelante, inconsciente de que lo estaba dejando atrás. — Yo he dado el pretexto para que pudiese hacerlo -Joaquin se quedó boquiabierto-. ¿Recuerdas nuestro pequeño juego? — Me está empezando a tocar la moral ese maldito juego tuyo. ¿Qué te está pasando? Nunca habías hecho algo así. — Precisamente por eso, Joaquin. Es algo diferente, y es divertido… Pero ya te dije que no iba a pasar nada. — Que sí -la interrumpió de malas formas acercándose a ella pero sin bajar la voz, aún así ninguno de los dos gritaba-. Que quieres jugar con ellos y dejarlos con el calentón. ¿Pero has pensado en cómo me siento yo? -``Ha pisado donde no tenía que pisar´´ se dijo a si misma ante el argumento de su pareja. — ¿Has pensado como me he sentido yo alguna vez, Joaquin? Me he llegado a sentir vieja y desamparada teniéndote como pareja. Ya no es por ti, sino por la actitud tan indiferente que mostrabas… ¡La mayoría de las veces ni te preocupabas por si yo acababa satisfecha después de hacer el amor! — Eso no es verdad. — ¿No? -le cuestionó totalmente m*****a-. Pero eso no me da derecho a ser infiel, está claro. Aunque no lo estoy siendo. — Pero estás calentándolos… — No los caliento -negó. Estaba mintiendo, sí… ¿Qué iba a decirle sino? Se acercó más a su marido-, me muestro interesada para que ellos crean lo que quieran creer. Se montan sus propias películas creyendo que me van a tener ahí… pero no será así. — No vería problema si esas conversaciones las tuvieseis a vista de todos pero… ¿Los dos solos en la cocina? ¿De verdad? — ¿Confías en mí? -inquirió Sandra directa-. No quiero respuestas de más de una sílaba, contesta con un sí o un no. Si la respuesta es no, tranquilo que dejaré de jugar. — Me pones en un… — Sí o no. — No es justo, Sandra. Te respondería no solo por los celos, aunque confíe en ti. — No te he preguntado si puedes soportar o no los celos, te he preguntado si confías en mí. — Sí -afirmó derrotado, y ella sonrió. — ¿Crees que tendría algo con ellos? -La mujer tuvo que forzarse a evitar pensar en que ya había tenido algo con uno de ellos muchas semanas atrás, y aunque solo había sido una vez, Joaquin no debía enterarse. Lo sucedido en la piscina con Andres, por lo contrario, no era del todo ser infiel… Simplemente le estaba provocando y calentando lo mejor que pudo: Definitivamente lo tenía todo controlado. — No… — Entonces confía un poco en mí. — Pero es que te veo a solas con ese hombre y… — No va a pasar nada. ¿Por qué te crees que es tan divertido? Porque ellos se creen que podría pasar algo. — ¿Andres también te está…? — No. Andres no ha hecho nada, solo ha sido Prono pero nuestro juego incluye a los dos. — Nuestro juego solo incluía a Andres. — No sabía que aparecería un segundo jugador -replicó sonriendo como esperando que su pareja hiciese la vista gorda-. Pero me gustaría provocar también a Andres. Quiero dejarlos a ambos cachondos perdidos y que tú te mueras de celos -musitó mientras le miraba la entrepierna con sutileza-. Pero ahí quedará todo, no haré nada con ellos. — ¿De verdad? — De verdad. — ¿Te atraen? — Como hombres un poco… No soy de piedra. — ¡Y es que eso es lo que me preocupa! — Sé controlarme perfectamente, cielo. Las mujeres tenemos mucho más auto-control que los hombres. — Pero no sois de piedra -replicó con cierta ironía. — Quería decir que… ¡Ajj! Que me atraen porque son apuestos, pero que puedo controlar perfectamente mi líbido. — Sí en algún momento… — ¿Seguís aquí? -Prono había aparecido tras ellos con dos platos humeantes, interrumpiéndolos-. Perdón, no quería interrumpir. — No. Ya… Ya habíamos acabado -dijo Sandra encaminándose hacia la terraza exterior. Prono se apresuró a seguirla, pero una mano le cortó el camino estampando la palma en la pared. — No creas que no sé lo que intentas -gruñó Joaquin sin dejar de mirarle a los ojos; no retiró la mano de la pared. No lo iba a hacer hasta que hubiese terminado con él. — No sé de que hablas -aseguró sin perder la sonrisa. — Yo creo que sí. — Supongamos que lo sé. — Supongamos que si sigues por ese camino te vas a dar de cara contra la pared. No hay salida al final de ese túnel. La lengua picaba a Prono y tenía unas ganas irrefrenables de contradecirle, pero era mejor ser inteligente y no acudir al trapo. — ¿Camino? ¿Pared? ¿Salida? Me he perdido. — Yo creo que sabes muy bien a que me refiero. Tal vez te estés haciendo una idea equivocada, pero mi mujer es fiel hasta la medula. — Por desgracia eso parece… -murmuró fingiendo su derrota. — Le digas lo que digas, ella es mi mujer. No lo olvides. — Sé que es tu mujer -``Y cuando me la folle pensaré lo zorra que es tu mujer y como se ha rendido ante un verdadero hombre, gilipollas´´ Prono no dejaba de sonreír ante la seriedad de Joaquin-. Y tienes una mujer preciosa y con un cuerpazo, lástima que sea tuya… — Mírala y habla con ella. Porque eso es lo más cercano que vas a poder estar de ese… Cuerpazo -Joaquin continuó con su mano sosteniendo metafóricamente la pared mientras alzaba su dedo índice y le advertía-. Y como me entere de que intentas algo te arrepentirás. Nada le habría gustado más que responderle que se la iba a follar y que a ella le iba a encantar. O que no tendría que forzarla a nada porque ella aceptaría gustosa. Incluso que era su propia mujer la que saltaría a sus brazos… Pero en aquella ocasión y por mucho que le reventase, tenía que mantener escondidas sus cartas y dejarle creer que él tenía el control de la situación. — Supongo que haré eso: Mirarla y hablar con ella. Sandra se lo pasa bien calentando aquello que no quiere tener. — Es así de sádica -finalizó Joaquin mordiéndose la lengua para no decir nada más-. No olvides lo que te he dicho-. Apartó la mano de la pared y se largó hacia la terraza. Prono se quedó parado unos segundos mientras pensaba en lo que había pasado y lo que quedaba por pasar. ¿Ella le había contado que estaban coqueteando? ¿Por qué haría eso? Su hermano le había contado muchas horas atrás que el matrimonio había acordado una especie de juego, pero incluso si estaba jugando no creía que fuese necesario que fuese tan sincera. Sopesó las palabras de su marido… ¿Y si Sandra realmente estaba jugando con él? Tal vez no tuviese pensado estar predispuesta a nada. Antes de intentar nada tenía que apresurarse a comprobar si era así o era su esposo el ingenuo. *** La cena transcurrió sin incidente alguno: El patriarca de la familia invitada no sabía disimular la antipatía que sentía por el hermano mayor de Andres, pero no tenía ningún problema con este otro. Todos reían y contaban anécdotas cambiando ágilmente de conversación cada poco tiempo. Cuanto todos estuvieron llenos y la conversación se hubo enfriado, el anfitrión propuso a sus invitados jugar en una actividad familiar que abarcaba toda la casa: El escondite. Aunque pudiese ser un juego infantil a nadie le pareció una mala idea. Las propuestas de juegos de mesas como el monopoly, el parchís y los juegos de cartas fueron ideas rápidamente descartadas ante el razonamiento de que, una casa tan grande, tenía que aprovecharse el espacio. Las reglas eran sencillas: No se podía salir al exterior, los que estaban escondidos podían moverse de sitio siempre y cuando no fuesen descubiertos, cuando esto pasara eran eliminados, por último podían esconderse en cualquier lugar de la casa. Satur se presentó como voluntario para ser el primer cazador y, a medida que los fuese encontrando, estos tenían que reunirse y esperar en el comedor. Empezó a contar con los ojos cerrados hasta treinta antes de iniciar la caza… … Ya estaban todos escondidos. *** ·· Treinta segundos antes·· Satur se tapó los ojos y empezó a contar en voz alta, provocando en consecuencia que todos comenzasen a andar en todas las direcciones. Su tío Prono, en cambio, tenía otros planes: Siguió en silencio a Sandra por la planta baja mientras esta buscaba un buen lugar para esconderse y, una vez se hubo asegurado de que nadie podía verlos, la agarró por la muñeca y la indicó que la siguiera. Importo poco que titubease ya que acabó cediendo y siguiéndole hasta una puerta blanca, la cual conducía hasta el sótano. La mujer dudó sobre si sería buena idea bajar, pues una cosa era estar a solas en una cocina y otra muy distinta lo era estar en un sótano; aún así entro dentro mientras él le sostenía la puerta y la cerraba una vez ella hubo cruzado el umbral. Las escaleras estaban iluminadas con una pobre luz que parecía estar encendida siempre, al llegar a bajo descubrió que estaba todo a oscuras y tendrían que abrir la luz. Se llevó una sorpresa al enterarse de que su metafórico secuestrador no pensaba hacerlo. La agarró de la muñeca y, escabulléndose entre las sombras, se escondieron tras un montón de cajas, de las cuales Prono apartó dos sobre las que se pudieron sentar. — Me da a mí que esto es hacer trampa -concluyó intentando captar más detalles visuales de Prono, pero no lo consiguió. La poca luz que había provenía de la zona de las escaleras y esta era insuficiente; por lo tanto, solo lograba ver la silueta de este. Notó como su acompañante se encogía de hombros antes de dar la excusa que ya tendría convenientemente preparada. — Está dentro de la casa. ¿No? Sus palabras literales fue que no podíamos salir de la casa y que dentro de esta podíamos escondernos donde quisiésemos. — Es verdad… -afirmó ella antes de añadir-. Pero parece que lo de estar solos se está volviendo una costumbre. — ¿Es algo que no te guste? — Soy una mujer casada, no puedo hacer estas cosas. — No estamos haciendo nada malo -Sandra alcanzó a ver como sonreía. — Eso también es verdad. — Y sobre lo que hablábamos en la cocina… — ¿Sí? — Antes de que nos interrumpieran… — Mi marido, por cierto -replicó en broma, pero lo dejó continuar. — Sí, eso. Estábamos hablando sobre que podríamos hacer algo… Ya sabes. — Sin mi marido -completó. — Sin mi hermano, sin tus hijos… — ¿Cómo en la piscina? Aunque no estábamos solos. — Es verdad, pero se estaba muy bien. — Aunque yo estaba con tu hermano y tú estabas con mi hija… -``Ups´´ Pensó Prono mientras le sonaba la alarma interna que le advertía estar adentrándose en aguas peligrosas-… ¿Qué hablabais por cierto? — Podría contártelo. ¿Pero qué me darías a cambio? — No tengo porque darte a nada -señaló con extrema frialdad, aunque no logró cortarle. — Podrías decirme a cambio que hablaste tú con mi hermano. — ¿Y quién empieza? -preguntó ella tras sopesarlo unos segundos-. Mejor empieza tú, que yo he preguntado primero. — Estuvimos hablando de lo mucho que le gustó comerse aquellas butifarras y como le encantaría comerse una más. Parece que no comáis en vuestra casa, la tenéis muerta de hambre -dijo riendo. — ¿Eso es todo? -señaló sin creerle. — Le pedí que hiciera cierta cosa… Aunque eso ya te lo contaré. Te toca. La aludida decidió no insistir, pero no olvidaría que le había pedido algo a su hija… ¿Qué podría ser? Sabía que el hombre que tenía al lado era un salido que no quitaba ojo a ambas, pero le costaba creer que su hija hubiese permitido cualquier cosa de ese creído. — No lo olvidaré, tendrás que contármelo. — Te acabarás enterando, te lo prometo. ¿Y bien? — Tu hermano y yo estuvimos hablando sobre cómo había ido todo -Era mentira, evidentemente. ¿De qué hablaron? ¿Hablaron de algo siquiera? Ni se acordaba, y de lo que si recordaba era de lo que habían hecho y no fuese algo que pudiese contarle ``Cómo reaccionaría si le dijese que le estuve haciendo una paja a su hermano´´. No pudo evitar recordar como la trató Prono en el baño y cómo la había dejado… — ¿Eso es todo? — Tal vez me refresque la memoria si me dices que le pediste a mi hija. ``Ahora o nunca´´ pensó el hermano de Andres mientras se frotaba los labios con la lengua mientras imaginaba la mejor manera de abordarlo. — Aunque no lo parezca tengo problemas de espalda y le convencí para que antes de dormir me hiciese un masaje. — ¿Con un masaje te refieres a que te…? — A que me haga un masaje, a secas. No creo que tu hija hubiese aceptado si le hubiese propuesto otra cosa. — O tal vez le dijiste eso para luego intentar otra cosa. — Puedes venir si quieres. No pudo evitarlo, la hizo sonreír… Le hizo gracia. — ¿Quieres que vaya a ver como mi hija te masajea la… espalda? — ¿Por qué no? — Suena… raro. — Solo es un masaje -su razonamiento sonaba muy inocente. — Tal vez te haya dicho que va a ir y no vaya luego -replicó con malicia ella. Seguramente sería buena idea que fuese, ya que su hija se sentiría más cohibida e intimidada si su madre estuviese delante. — Uf, espero que no sea así… Necesito un buen masaje de verdad. Lástima que estés casada y no puedas ayudar a un amigo. — Mi hija también tiene novio, es prácticamente lo mismo. — Una pareja formal no es un matrimonio, además… no es nada malo. Es solo un masaje. — Es prácticamente lo mismo para este caso… — ¿Vendrás? -preguntó fingiendo ilusión. — ¿Cómo quieres que vaya? ¿Sabes lo celoso ya que está mi marido? Solo faltaría que me escapase por la noche para… — Estaría tu hija. ¿Qué puede pasar? Sandra rio muy dulcemente, la verdad es que se desenvolvía bastante bien en las conversaciones. ``Está claro que tiene la suficiente confianza como para reunirnos a mi hija y a mí e intentar algo´´ — ¿Y si tuvieses que elegir entre mi hija y yo para que una te hiciese el masaje…? -Recordaba lo que había dicho en el baño, todo… A pesar de que en aquel momento parecía un hombre totalmente distinto que se movía más por la labia que por la fuerza; en cambio, estaba claro que no tenía la misma habilidad para ello que su hermano. — ¿Cómo puedo elegir si no sé cómo hacéis los masajes? -Sin darse cuenta se iba a delatar solo, era ambicioso y aspiraba a estar con las dos. Solo que no sabía que ella jugaba con él (como le había prometido a su marido), tampoco dejaría que su hija hiciese ninguna estupidez. — Eligiendo. Va, arriésgate. Le habría encantado poder decir que una u otra, pero claramente sentía debilidad por Olivia. Pese a que la madurita le crease mucha curiosidad y tuviese algún que otro fetiche con las mujeres casadas, la sumisión que había demostrado horas atrás la niñata aquella le provocaba mucha predisposición hacia ella… Tampoco estaba dispuesto a renunciar a la madre. ¿Había una respuesta correcta siquiera? — No elijo a ninguna. Es un masaje y ya está. Ella dijo que no tendría problema con su novio, que solo era un masaje -mintió tan descaradamente que incluso su acompañante femenina dudaba. — Tal vez para ella es solo un masaje, para mí no. — Entonces puedes venir y pasar el rato con nosotros como cuando estuvimos en la piscina y cuando ella se vaya a dormir… — También puedo hacerte el masaje con mi hija e irme con ella cuando decida irse. — Es otra opción. — ¿Y dónde lo haréis? -preguntó con la curiosidad en alza. ¿Cómo podía ser tan descarado? Lo peor era que le funcionaba. — En mi tienda de campaña. Quedó enmudecida. ¿Pretendía que Olivia le hiciese un masaje a pocos metros del resto de cabañas? Antes de revelar este dato ella se imaginaba el masaje en la casa, lejos de las tiendas de campaña. — ¿Realmente piensas que intento algo? Solo es un masaje… Un rato como el que pasamos en la piscina, sin niños ni marido, pero tampoco para hacer nada. Solo estar tranquilos. — Y tú recibes un buen masaje. — Esa es la idea. Se mordió el labio, pensando pensar en lo divertido que sería dejarle con el calentón. ¿Debería hablar con su hija para proponérselo? Seguramente Olivia ya había pensado en esto. El juego que había acordado con su marido no consistía en tocamientos, solo en provocamiento verbal y conversaciones picantes. Y aunque esa condición ya la había rompido horas atrás… ¿Qué había de malo en darle un escarmiento? ``Le hacemos un masaje y luego le dejamos con todo el calentón…´´ Sopesó la posibilidad de hablar sobre lo que había sucedido en el baño a la hora del mediodía, pero puesto que él mismo era el que esquivaba el tema prefirió no echar sal a la herida puesto que podía convertirse en una conversación incómoda de la que no sacaría ningún beneficio. — ¿Y qué le dirás a tu marido? ¿Voy al baño? -dando por hecho que iba a ir… Que listo era. — Podría decirle que voy a hacerte un masaje con mi hija, sería divertido. — Incluso hasta puede que se apunte -bromeó él riendo entre dientes. — Eh, que no sé le dan mal los masajes. Aunque mejor dejarlo fuera... ``¿Debería decirle que me amenazó? Podría abrir un camino a una conversación muy interesante sobre los celos… Bah. ¡Que coño! De perdidos al rio´´ — ¿Sabes que tu marido me amenazó cuando nos encontramos en el pasillo? — ¿De verdad? -inquirió incrédula. Nunca se lo habría esperado de Joaquin, y era algo que le gustaba. — Dijo que me limitase a hablar contigo y mirarte, nada más. — De momento estás cumpliendo. — Nunca te forzaría a nada más -aseguró riendo, acordándose seguramente de lo que pasó en el baño entre ellos dos-. Y me dijo que eras una mujer muy fiel… Claramente lo eres. — ¿Lo dudabas, acaso? — Sí, me hiciste dudar. No por lo que sucedió al mediodía… Ya sabes. Yo estaba muy cachondo y se me fue la cabeza. — ¿Te estás disculpando? -preguntó cauta, podían ser perfectamente lágrimas de cocodrilo… Puro teatro. — Tú tampoco es que te resistieses o negases. — Hombre… Una no es de piedra -se excusó ruborizándose. Esto le hizo recordar que no debía volver a subestimarle… Estaba dando por hecho a que podría dejarle con el calentón pero perfectamente podría volver las cosas en su contra si se descuidaba. — Lo que pasó, pasó. Suerte que no hicimos nada más serio. — Fuiste muy respetuoso con eso, tengo que admitirlo -cedió por quedar bien, pues para sí misma pensaba algo muy diferente y se había divertido dejándola cachonda… Aún recordaba su promesa. Se alegraba porque no hubiese caído en el deseo y la lujuria, pero una parte de ella deseaba que hubiese sucedido algo: No volvería a caer en el error-. Cualquier otro hombre se habría aprovechado. — Reconozco que me moría por hacerlo, pero lo que importa es que yo no lo hice y tú demostraste lo que tu marido piensa, que eres una mujer fiel aunque… Eso me lleva a pensar… — ¿Qué? -inquirió ella al sentir que él se quedaba callado. — ¿A que clase de juego retorcido estás jugando con pareja? ¿Le dijiste lo que habíamos estado hablando? — Le dije que habías coqueteado conmigo, nada más. — ¿Por qué? — Para ponerlo celoso. Pese a solo percibir la silueta de Prono; Sandra advirtió que este estaba temblando ligeramente. — ¿Y cómo se llama eso que hacéis? ¿Dejar a un tercero con el calentón? — Eso mismo -reconoció Sandra, tampoco había que mentir si era innecesario. — Si eres tan fiel y tanto confía en ti, tal vez deberías decirle que vas a pasar un rato con tu hija. No le estarías mintiendo. — Podría hacerlo… -reconoció sopesando la posibilidad, pero también yendo más lejos de ella-. También podría decirle que voy a pasar un rato contigo… Para ponerle celoso y dejarte con el calentón. — Eres muy mala. — Lo sé… Pero no creo que saliese bien. Muy posiblemente se pusiese tan celoso que saliese a buscarnos… ¿Y cómo iba a dormir? — No lo haría. Mejor no deberías decirle nada y que duerma el pobre… — Sería lo mejor -susurró ella. El silencio les permitía oír las pisadas sobre sus cabezas, claramente los estaban buscando… ¿Serían los últimos? — Entonces que te parece si vienes a tienda a la una de la mad**gada, a esa hora ya se debería haber dormido. — Te advierto que si tienes esperanzas de que pase algo más te vas a quedar con las ganas… Con mi hija no tienes posibilidades, pero conmigo menos. — Yo solo quiero mi masaje -replicó inocentemente pensando que solo le faltaba avisar a su hermano y Olivia, planificándolo para que todo saliese según lo previsto. Había logrado lo que su hermano creía imposible, convencer a la madre para reunir tanto a la hija como a Sandra en su tienda de campaña. Ahora quedaba lo más difícil, conseguir que todo funcionase. Si todo salía bien tanto su hermano como él se las follarían durante toda mad**gada, con el morbo de poder ser descubiertos, haciéndolas suyas… Capítulo 1: El macho alfa Parte VI: Masajes infieles 6.1 Errare humanum est, sed perseverare… Hacía ya mucho rato que habían terminado de jugar. Antes de dirigirse a las tiendas de campaña se prepararon en el interior de la casa yendo al baño, poniéndose ropa cómoda para dormir, agarrando sus enseres y armándose con linternas. Calzando sandalias salieron al exterior para bordear la piscina antes de atravesar el jardín y adentrarse entre los árboles hasta terminar alcanzando cinco tiendas de campaña, con una separación entre cada una de tres metros. Los arboles no eran altos, pero en su mayor parte impedían que penetrase la iluminación lunar por lo que estaban completamente a oscuras incluso fuera de las tiendas. — ¡Como mola! -gritó Jaume mientras corría para verlas todas. — He intentado colocarlas donde no hubiese ninguna raíz que os pueda m*****ar para dormir, y si tenéis que ir al baño ya sabéis donde está la casa. — Es un detallazo -le halagó amablemente Sandra- ¿Cuál es la de cada uno? — La tuya y de Joaquin es esa de allí -dijo con seriedad señalando a la más lejana. — La de tu hija y tu yerno esa otra; la de tus dos hijos esta y bueno, si necesitáis cualquier cosa yo estaré con mi hijo en esta. — Y a mí me dejas esta de un color tan cutre, muy bonito -bromeó Prono metiendo la cabeza dentro de su tienda de campaña: Era negra, pero posiblemente la más grande de todas las que había. — A aguantarse, las mejores para nuestros invitados -dijo riendo, aunque solo fuese por quedar bien-. Ahora a dormir. ¡Buenas noches a todos! Todos se despidieron desde las entradas de sus alojamientos: Rob y Joaquin entre bostezos, algo que hizo que tanto Sandra como su hija se mirasen… Tal para cual. Cuando la madre de los tres hijos entró en la tienda, su marido ya estaba probando la comodidad de las colchas que servían como base, las cuales le resultaron muy cómodas. Joaquin notaba como su mujer se removía entre la oscuridad, pese a esto no preguntó el porque y se limitó a echarse. — Enciendo la linterna, cariño -solicitó su mujer, y al obedecer se la encontró exhibiendo el mismo vestido formal tan provocativo que se había puesto para coquetear con Andres— ¿Qué…? ¿Qué haces con eso? — Vestirme para ti… Creí que te había encantado… — Estas muy… -Satisfecha, Sandra percibió como bajo el calzoncillo de Joaquin crecía la sombra de una polla. — ¿Muy…? -Llevaba todo el día cachonda perdida, y ese era el momento en que por fin iba a poder follarse a su marido; lo último que quería era hablar, pero le concedería aquellas últimas palabras. — …Sexy. — Ummm. ¿Me pregunto que dirían Andres y Prono si me viesen así? ¿Voy a preguntarles? -coqueteó con malicia. Por fin su marido entendió que no eran palabras lo que quería y se levantó mientras le plantaba un beso al tiempo que le subía el vestido. *** El sexo no estuvo mal, pero por desgracia la excitación que había acumulado Joaquin también durante el día no le permitió durar demasiado. Le fastidiaba pues le habría gustado quedarse satisfecha antes de irse, lástima que con su marido todo fuese desilusiones. — ¿No estás feliz? Prono se quedó con las ganas de follarme y tú puedes hacerlo todo lo que quieras. — Sí… Me encanta -dijo él besándole la frente y promocionando el silencio entre ambos. Faltaba menos de media hora para la una y pese a intentarlo, Sandra no consiguió quedarse dormida. Le habría encantado poner aquello como excusa pese a que no iba a ser posible. Su marido no había tardado nada en dormirse, era algo evidente pues en aquella posición roncaba como un condenado. Se comenzó a preparar encendiendo la linterna y apoyándola contra una camisa para que no se iluminase toda tienda; había dudado mucho sobre lo que ponerse ya que tampoco quería ir provocativa, pero tampoco tenía demasiado para elegir: El vestidito tan formal con el que había venido puesto… ¿Cómo iba a ir con ese? También estaba el bañador, pero no podía ir con eso por lo que quedaba el conjunto del top blanco junto a los leggins, tan cortos eran prácticamente unas bragas, y aunque que no traía ropa interior, no le quedó otra que ponerse aquello. Sopesó la posibilidad de ponerse la parte superior del bikini debajo, pero a decir verdad le pareció super morbosa la idea de ir sin nada debajo, pues lo que ella quería era calentar a Prono y dejarle con las ganas tanto como para escarmentarlo como al mismo tiempo para divertirse… ¿Qué mejor manera había? *** Le costó mucho salir sin que el ruido de la cremallera despertase a su marido. Justo cuando estaba volviendo a cerrar la tienda de campaña sin poder evitar el dichoso ruido de la cremallera, sintió a alguien aparecer a su lado pegándole un pequeño susto. Al no llevar ninguna de las dos linternas, no se reconocían. — ¿Mama? -preguntó a ciegas, poniéndole la mano en el hombro. — Que susto, cariño… — ¿Qué haces? ¿Vas al baño? -Entendió entonces que Prono no le había dicho que irían ambas. ¿Sería buena idea decírselo directamente? — ¿A dónde vas tú? — Yo… -A su madre le pareció que Olivia se debatía entre mentir y tener que acompañarle al baño o decirle la verdad, decidió ponérselo fácil. — Te cuento un secreto si me prometes no decírselo a nadie, incluyendo a Rob. — ¿Qué secreto? -preguntó extrañada. — Sé que vas a la tienda de Prono, y yo también iba a ir. — ¿Para qué? -sonaba cortante, intimidada. — Me dijo que te había pedido que le hicieses un masaje y yo accedí a ir también, porque sé cuáles son sus intenciones. No nos ha quitado el ojo desde la mañana. — Ya… Ya lo sé -respondió algo dispersa. — Así que vamos le hacemos el masaje y… le dejamos con las ganas -propuso sonriendo. — No sabía que fueses tan cabrona, mama -dijo riendo un poco más aliviada, pues esperaba una reprimenda que no tenía gana alguna de soportar. Pese a lo cachonda que estaba había decidido que no quería hacer nada. Se había propuesto ir a la tienda para decirle que le daba igual la promesa y que no pensaba hacerlo; no veía bien dejarlo plantado, y si estaba acompañada por su madre ya su confianza aumentaba mucho más. — Si se cree que puede jugar con nosotras, tiene que recibir un pequeño castigo. Créeme que no hay nada peor para un hombre que el que lo dejen a medias. Hasta me he vestido un poco sugerentemente para excitar su… su libido. Caminaron hacia la tienda de Prono, con cuidado de no tropezar ni de hacer ruido con las ramas caídas. — Pues yo voy tal cual, con el bañador. — Tampoco hay que pasarse, cariño. Tan pronto como se plantaron frente a la tienda la cremallera se abrió de arriba abajo y las lonas laterales se dividieron en dos para dejarlas pasar. — Por aquí, señoritas -El cuarentón asomaba la cabeza mientras cogía a Olivia por la muñeca y tiraba de ella hacia adentro. Hizo lo mismo con Sandra y acabaron los tres dentro mientras su anfitrión cerraba la cremallera. ``Se las ha apañado para que acabemos dentro sin darnos oportunidad a nada más… Este hombre es demasiado.´´ analizó impresionada la mayor de las dos mujeres. El interior estaba iluminado con una débil luz roja, la cual teñía sus pieles de marrones negruzco; en lo referente a colores, solo se podía apreciar el blanco intenso, el rojo, el marrón y el negro. Incluso si el rojo era considerado excitante y pasional, en aquella situación podía llegar a ser relajante e íntimo… Pese a que la luz no era intensa, se podía apreciar todo y, tanto una como otra, no pudieron evitar mirar de arriba abajo al hombre que, mientras se sentaba frente a ellas, exhibía prácticamente un desnudo casi completo a excepción de unos calzoncillos elásticos. El objetivo de estas miradas hizo lo mismo con ellas sin disimulo alguno, comiéndose con la mirada las tetas de ambas. Estaba satisfecho con las vestimentas que traían: Olivia con el mismo bañador que había exhibido en la piscina, mientras que Sandra había optado por ir más tapada y no por eso menos provocativa. El top blanco de la madre le permitía lucir una tripa muy sexy; además, se percató de que sus pechos estaban más caídos ``¿No lleva sujetador?´´ pensaba mientras afinaba su vista hasta percibir los pezones marcándose. También aprobaba los diminutos leggins que llevaba por debajo, pensando que era muy posible que no llevase nada debajo tampoco. Pese a pasar desapercibido, ambas se ruborizaron. Pasaban discretas las miradas que ambas lanzaban disimuladamente a la entrepierna de Prono mientras que este, totalmente satisfecho, terminaba de echar las últimas miradas tanto al libidinoso bañador de la veinteañera como al provocativo conjunto de su acompañante. — Os agradezco a las dos por venir… ¿Me vais a hacer el masaje las dos, de una en una…? ``Que tío más sobrado…´´ La hija de Sandra tuvo que hacer un esfuerzo para no poner los ojos en blanco. ``Ya verás, te vas a llevar una buena decepción por listo´´ se dijo a si misma Sandra sonriendo. — Las dos. Será divertido… -masculló mientras le guiñaba un ojo a su hija. — Aquí tenéis el aceite -dijo dándole en mano la botella de aceite. Se escuchó un click cuando la milf retiraba el tapón y liberaba su contenido resbaladizo sobre su mano antes de pasar el recipiente. Su niña todavía estaba lubricándose las manos mientras ella estampaba con suavidad sus manos en la espalda ajena; esparció el contenido en círculos, cayéndole unas gotas por los bordes hasta chocar contra el suelo de la tienda. El afortunado no se movió ni dijo nada, limitándose a cerrar los ojos y relajar los músculos; ambas empezaron el masaje sobre los músculos lumbares y dorsales sin poder evitar que sus dedos se encontrasen antes de separarse en direcciones opuestas. Olivia se apropió toda la parte de cintura para arriba mientras que la madre optaba por masajear sus muslos, sus gemelos y sus pies. El interior de la tienda de campaña se vio inundado del sonido viscoso provocado por los dos pares de manos femeninas que bailaban sobre la piel de Prono. — Ahí… Justo ahí… -señaló a Olivia mientras esta, ya advertida, se centraba en masajear los músculos de sus hombros con el pulgar; frotando y frotando. No pudo evitar morderse el labio al pensar que no le importaría en absoluto estar en su lugar y comenzaba a tener celos de él. Sandra en cambio intentó mantenerse firme y acariciar sus muslos sin poder evitar que sus dedos se rebelasen asomándose por la cara interna de los muslos masculinos, como si deseasen ver de cerca que había bajo el calzoncillo. — Mama. — ¿Sí, cariño? -se dio cuenta de que había quedado por unos segundos ensimismada. — Cuando quieras irte… — Aún no, nos iremos juntas. ¿No? — Sí… -dijo ella centrándose de nuevo en el masaje. — Espero que no termine nunca el masaje… Esto es la gloria. — La gloria para ti -le reprochó Olivia apretando más sus manos contra su cuello-. Tu eres el masajeado -Al aludido se le escapó una sonrisa. — Ese era el plan. ¿No? — Pero no creía que fuese a ser tan… tentador. — ¿Tentador en qué sentido? -preguntó con inocencia. — Pues que hace mucho que no recibo un masaje y pareces tan relajado… — Tu madre y yo podemos hacerte un masaje si quieres. ``Su madre tampoco le haría ascos a un masaje´´ le contradijo mentalmente, pero no dijo nada. — Esto lo estamos haciendo sin sacar nada a cambio, que es más inaudito -dijo la cuarentona; Prono, sin levantarse ni levantar el pecho de la colcha, agarraba un reloj de muñeca retroiluminado: eran la una y media. — ¿Eso es malo? Que interesada. — No -replicó sorprendida por haber sido malinterpretada-. No. Me refería a que es normal que sintamos envidia. — Podemos hacer eso, turnarnos para que todos podamos recibir masajes… — Sí, no… — ¿Tenéis prisa para volver a vuestras tiendas? Todavía es pronto -preguntó sabiendo cual iba a ser la respuesta. — Podemos esperar un poco más… -sopesó la veinteañera en voz alta; sus pechos se balanceaban sobre su bañador antes de separar sus manos para recargarlas de aceite. — Cuando terminéis, si termináis… Podéis decidir cuál de las dos recibirá el próximo masaje. — A mí, me apetece -anunció Olivia, sin esperarse que su madre repitiese lo mismo con diferentes palabras. — Pues una de las dos tendrá que ser porque yo no puedo dividirme en dos -aseguró con malicia. ``¿O sí?´´-. Primero una y luego otra. No le sorprendió que ninguna de las dos quisiese ceder el primer turno de masaje, pero ya tenía en mente la solución desde hacía mucho. — O podéis estiraros las dos y que yo me vaya turnando -propuso mientras ambas mujeres se miraban las caras rojas-. Aunque… Sandra. Si te tengo que hacer un masaje deberías sacarte esa ropa. — No -se negó ella al recordar que iba sin ropa interior; esto debía de ser el karma. La idea de salir de la tienda e ir a ponerse su bañador le desagradaba totalmente: No era una opción. — Pero se ensuciará tu ropa si uso el aceite… — O también puedes hacérmelo solo a mí y que ella mire -sugirió la hija de esta sonriéndole perversamente. — Bueno… Da igual que se ensucie un poco de aceite -replicó la madre. Se cambiaron las tornas: Llegó el momento de que él se levantase y ellas se estirasen boca abajo. — Recordad que solo soy uno y tengo que haceros masaje a las dos… tened paciencia -advirtió al tiempo que agarraba la tapa del aceite y la volcaba sobre la espalda de la más joven de las dos. El recipiente escupió tres largos chorros del líquido antes de retirarse, no pudiendo Olivia evitar estremecerse ante el contacto tanto de las manos como del aceite-. Y cuando termine me volvéis a hacer el masaje a mí, eh… Que habéis venido para eso. — Cuando termines nos vamos, así que si no quieres que nos vayamos más te vale no acabar-El murmullo de Sandra demostraba que estaba más centrada en mirar como el hombre masajeaba la espalda de su hija que de pensar lo que decía. — Sí, eso parece. ¿Qué tal? Antes de contestar, la dueña de la espalda acariciada liberó una especie de sonido que era una mezcla de gemido y suspiro. — Genial… — ¿Más fuerte o más flojo? — Como tú veas -respondió Olivia mientras levantaba el torso para reacomodarse una última vez. Rodeó sus pechos con sus antebrazos y utilizó estos como bases para no aplastar sus tetas. El masajista buscó cada recoveco que pudiese haber en su espalda, presionando sus resbaladizos pulgares contra sus músculos y en los huecos que había entre esos. Se sentó sobre su culo y fue variando bajando hasta la parte más inferior de la espalda -sin llegar a tocar el bañador-, hasta subir a la zona capilar. Sandra tosió con delicadeza para recordar que ella también estaba ahí, provocando agarrase el pote de aceite mientras se levantaba del trasero de la hija antes de sentarse sobre el de la ella. — Dijiste que no te importaba manchar estas prendas. ¿No? — No me queda otra -``¿Se podía evitar siquiera?´´ Sonreía mientras se acomodaba. — Te aviso de que van a quedar impregnadas de aceite -``Y no solo de aceite´´ se dijo a si mismo regocijándose mientras vaciaba un poco más del bote sobre su mano. —No te preocupes… A excepción de la vestimenta que ella llevaba; el masaje que le hizo fue prácticamente igual con los mismos patrones: Bajaba hasta la cintura, subía hasta pelo, se centraba en su cuello… Aproximadamente se estaba dos o tres minutos con cada una antes de pasar a la otra, y a medida que iba pasando el tiempo, cada vez se quejaban más las continuas interrupciones o por sus demoras en volver. — ¿Qué puedo hacer? Solo soy uno… -dijo Prono encogiéndose de hombros. La polla bajo el calzoncillo le iba a explotar. Sobresalía por el borde elástico hasta llegar a su ombligo. — Pues aguanta más tiempo con cada una -reprochó Olivia. — Qué exigentes -se burló poniéndose entre ambas y agarrando el pote de aceite y poniéndolo entre sus piernas mientras decía en voz alta lo que tenía en mente desde el comienzo-. Tal vez pueda intentar haceros el masaje a las dos al mismo tiempo, así no os quejaréis. Prono miró por última vez el reloj siendo ya las dos menos cuarto… Tenía que apurarse: Tras dejar el reloj apartado, agarró el bote y lo volvió del revés primero sobre Sandra antes de hacerlo sobre Olivia, cayendo sobre ambas un montón de aceite sobre sus espaldas, sus culos y sus piernas. — ¿Qué haces? -replicó con sorpresa Sandra; habiendo absorbido su top y sus leggins tanto aceite que parecía que se hubiese caído a la piscina. — Como voy a masajearos a cada una con una mano no voy a poder repartir el aceite, así que lo dejo encima vuestro y ya lo extiendo. — Tienes soluciones para todo -dijo Sandra mientras se daba la vuelta quedando con los pechos arriba. Incluso con las dificultades que interponía la luz roja para apreciar algunos detalles, él fue capaz de ver sin problema como la parte delantera de su top había quedado impregnada parcialmente por el aceite; los pezones, endurecidos, se transparentaban con suma facilidad. Decidió empezar por la hija mientras la otra se acomodaba en la recién adoptada nueva postura, acariciando la parte baja de su espalda con movimientos circulares de palma. ``¿Qué haces, Sandra? ¿Por qué te das la vuelta? Tienes que salir de aquí… Solo ibas a calentarlo un poco. Esto es un juego…´´ Decía su voz interior, la racional, al tiempo que mirándole la entrepierna veía a ese hombre acariciar la espalda a su hija. Desde aquella posición podía ver como su calzoncillo apenas podía contener el abultado y alargado miembro que, sin caber en el calzoncillo, sobresalía por la parte de arriba del calzoncillo hasta alcanzar el ombligo: ``Es una reacción normal, no quiere decir nada…´´ se mentía a sí misma. Le costaba cada vez más respirar, su vientre sufría un hormigueo constante y notaba sus leggins encharcados; llegándole la humedad hasta las rodillas. ``Tal vez… un poco más. Cuando intente algo lo cortaré, cogeré a Olivia y nos iremos…´´ su propia propuesta le sonó tan convincente que no reprochó que el hombre volcase el bote de aceite por encima suya. De cuello para abajo, le cayeron incontables chorros de aceite, empapándola más si cabía. Dos ruidos de fricción, totalmente desincronizados, provocaban las resbaladizas manos sobre la piel de Sandra y Olivia. Estos no eran los únicos sonidos dentro de la tienda, pues también podían oírse las aceleradas e inquietas respiraciones de las dos mujeres; ambas tratando de silenciarlas sin llegar a ser capaces. Los suspiros de la más joven cada vez que la mano de Prono se acercaba a la parte inferior del bañador, sin llegar sobrepasar los límites este. Por el contrario, recién empezaba a meter por debajo del top su herramienta para masajear, explorando con sus dedos su ombligo y sus costillas. Le costaba alternar la concentración entre ambos cuerpos, pues cada uno estaba muy cerca de los puntos sin retorno y bastaba que cometiese cualquier error para m*****arlas. Tenía que ser todo en el momento justo, no dejarles margen de queja. A la hora de decidir por cuál de las dos debía comentazar,se decantó por Sandra que, por temas de vestimenta, era de las dos mujeres la que le ponía más difícil el hecho de atacar. La mano que tenía centrada en masajear la espalda de Olivia, paseó sobre su nalga antes de acabar entre sus empapados y resbaladizos muslos, preparándola para lo que vendría no mucho tiempo después; la otra mano, centrada en Sandra, paso de explorar su ombligo a darse media vuelta y filtrar sus dedos entre los leggins, cruzando su monte de venus hasta atracar sobre su clítoris. La reacción de la excitada cuarentona no fue otra que agarrarle con ambas manos las muñecas. ``¿Todavía se resiste? Que mujer…´´ murmuraba para sus adentro. Sandra trataba de impedirle silenciosamente avanzar pero, la fuerza que aquel hombre tenía en un solo brazo, le permitió ganar terreno hasta que sus dedos patinaron sobre sus labios exteriores e interiores hasta que sus dedos se clavaron dentro. Si bien la penetrada mujer lograba reprimir sus gemidos, no conseguía hacer lo mismo con su cuerpo que se retorcía de placer sin soltar la muñeca de Prono. Por otra parte, Olivia estaba hipnotizada con la mano que seguía acariciando sus muslos y que, inevitablemente, él comenzó a escalar hasta encontrarse con los bordes de su coño, el cual estaba semi-oculto bajo el hilo del bañador. No fue suave y cortes pues ya había consumido toda la paciencia que le quedaba, y al estar tan cerca de la meta solo le quedaba echar el último sprint, acabando así lo antes posible: Sus dedos índice y corazón se separaron para esquivar la tira del bañador, chocando esta contra su nudillo y metiendo los dedos lo más profundo que esta le permitía. — ¡Ahhh! -la veinteañera levantó su culo sin m*****arse en acallar. — ¿Estás bien, cielo? -preguntó la madre mirando a su hija, la cual tenía la cabeza escondida bajo su pelo. — Sí… Solo… me ha pellizcado, nada más -se intentó excusar ella, pensando que su madre todavía estaba fuera del juego. ``Ingenua´´ pensó satisfecho Prono al restregar los dedos dentro de ellas. Había hecho lo imposible realidad, y ahora las iba a someter y convertir en sus perras antes de que su hermano llegase. Las continuó masturbando lentamente explorando con sus cuatro dedos el interior de las dos vaginas, provocando que estas se estremeciesen esporádicamente como si pese a gozar en base al mismo hombre, sus placeres no tuviesen nada que ver. Prono sacó sus dedos del coño de la veinteañera y la agarró suavemente del pelo, haciendo que ella gatease siguiendo la ruta que le guiaba hasta entender lo que quería y, sin usar las manos se metió el glande en la boca -totalmente erecto y apegado a su ombligo-, y comenzar a chuparlo. Sandra miró incrédula lo que sucedía… ¿Cómo había logrado esquivar todas nuestras defensas? ¿Cómo había logrado que su hija se dejase tocar delante de su madre y le hiciese a un desconocido sexo oral? Y lo más importante… ¿Cómo había logrado que ella misma cediese ante su hija? Mientras él apoyaba la mano sobre el culo de Olivia y su dedo índice jugaba alternativamente con su ano y su coño; sacó la mano de la entrepierna la madre para agarrarla del pelo y obligarla a levantarse, atrayéndola hacia sí mismo y juntando sus dos bocas en un húmedo beso. — Eres… Eres lo peor -le dijo ella al oído mientras apoyaba su mentón sobre el hombro masculino. Estaba demasiado cachonda, no podía pensar. — ¿Por qué? No he hecho nada que vosotras no queráis -dijo antes de plantarle otro beso y remover la lengua dentro de su boca. Pasó de apretujar el culo de Olivia a agarrar la nuca de la joven; la orientó hacia la tira horizontal de su calzón para que esta, mordiéndolo sin mirarle, tirase de él hasta abajo dejando su polla y sus testículos al descubierto antes de que la joven empezase a lamer, como si de un helado se tratase, lo largo de todo el tronco. La hija estaba totalmente avergonzada por tener a la madre al lado, pero al mismo tiempo la tranquilizaba que esta no dijese nada, retroalimentando la situación en la que se encontraban. Había sido una ingenua al pensar, al igual que su madre, que podrían haberse marchado cuando hubiesen querido pero la realidad es que estaban tan cachondas que solo se habían puesto excusas. Sandra pensaba igual, sabiendo que tal vez ni se podrían mirar a la cara, pero aquello pasaría aunque parasen en aquel preciso momento. ``Esto es culpa mía, por consentirlo´´ pensó a pesar de sentir cierto hormigueo al ver a su hija lamer el glande. Era asqueroso pero soportable, y al mismo tiempo pese a que fuese moralmente imperdonable, había algo de morboso en todo aquello. Prono se dejó caer hacia atrás sobre su culo al tiempo que dejaba de besar a Sandra y le posaba la palma de la mano sobre la parte superior de la cabeza esta para llevarla hasta su entrepierna. Fue reticente a empezar a lamer, viendo como lo hacía su hija antes de volver a mirar al hombre que compartían con rostro inocente, entonces fue cuando Prono soltó la nuca de Olivia, para agarrarse la polla con aquella misma mano y con la otra sostener la nuca de la madre para frotarle el glande contra su boca. No dejó de mirarle a los ojos, incluso cuando cedió y aceptó la polla en su boca; ya que tenía su polla sujetada podía soltar el tronco de esta para agarrar de nuevo la nuca de Olivia y acompañarla hasta sus testículos que esta lamió gustosa antes de que este soltase ambas cabezas y entrecruzase los dedos tras su cabeza para apoyarla con los brazos en jarra. Fue la hija esta vez la que se acercó gateando mientras la madre chupaba y le pajeaba, besándole en la boca apasionadamente sin más objetivo que ese. Sabiendo perfectamente donde lo tenía ubicado y sin la necesidad de mirar, agarró un condón sin abrir y lo apretaba en su mano. — Creo que me debes algo… -le susurró muy dulcemente sin dejar de mirarlo antes de empujarle con la mano en el pecho; Prono se dejó caer de espaldas. — Yo también… -lo dijo pese a no ser necesario, pues Olivia gateó hasta colocar ambas rodillas a los lados de su cabeza. Se agarró el hilo del bañador que cruzaba verticalmente su coño y lo hizo a un lado, dejando así su coño libre: Parecía estar respirando y un par de hilos blanquecinos y transparentes conectaban los labios derechos con los izquierdos; avanzó un poco para abrirse de piernas y colocar ambas rodillas a los lados de sus brazos para dejarse caer sobre su boca. Olivia rio complacida mientras piropeaba mentalmente aquella boca, aquellos labios y sobre todo aquella lengua que revolvían todo su coño sin error alguno. Mientras su progenitora seguía chupando cada vez más excitada, se alivió al ver como el hombre le tiraba un envoltorio de preservativo que ella abrió y colocó en poco menos de cuatro tres segundos. Como si tuviese un tiempo limitado para hacerlo y completamente agradecida por la existencia del sexo seguro, se abrió de piernas tras quitarse los pantalones elásticos antes de situar su coño sobre la polla engomada y caer sobre ella. No puedo evitar cerrar los ojos mientras su cara gesticulaba el placer que sentía, alzando la ceja y vocalizando una silenciosa ``a´´, empeñándose en no dejarse oír. Olivia por el contrario mantenía los ojos abiertos sin poder parar de sonreír mientras apretaba más su coño contra la experta boca y se mordía los labios intentando reprimir los gemidos eufóricos que avalaban la calidad de aquella comida de coño. La veinteañera apoyó ambas manos sobre el duro pecho de Prono y mientras subía un poco el culo para tener mejor control de sus movimientos. — ¡Hmmm! -gimió ella al tiempo que se inclinaba adelante y movía sus caderas en círculos, antes cambiar a un movimiento horizontal y luego, cuando lo sintió oportuno, uno vertical en el que la lengua del hombre encontraba el punto justo con la punta de esta en su punto g y la base contra el clítoris. — Es demasiado larga -se quejó su madre intentando llegar más y más abajo. — Te cambio el sitio cuando quieras… — Cariño perdóname por esto… Me muero de vergüenza porque me veas así, pero no… no he podido… -no encontraba las palabras para expresarse, intentando encontrar un punto de claridad entre su arrepentimiento y el placer que le daba aquel mástil que la empalaba. Prono envolvió los muslos de Olivia en sus brazos mientras le apretujaba ambas nalgas aumentando el ritmo del sexo oral. — ¡Que boca que tiene! -haciendo omiso de lo que había dicho su madre, como si no existiese nada más allá de ese placer, pero sabiendo que tenía que decirle algo a su madre pese a sentirse igual, decidió tranquilizarla de la manera más sencilla-. No te preocupes, mama. Será nuestro pequeño secreto… No creo que sea malo que compartamos… un pequeño… disf… No pudo acabar, quedando hipnotizada por una especie de chupetones que le daba en la parte de fuera. — Ahí. Ahí, ahí, ahí. ¡No pares…! -gimió completamente excitada, además complementaba ese sentimiento de dominación y control que tenía sobre él. Como si aquel machote que tan chulito hubiese quedado en nada a su servicio. También la excitó sobradamente escuchar el ruido que hacía su madre al subir y bajar, como la carne húmeda chocaba incesantemente contra los muslos de él. Abrió la boca sin ser capaz de emular sonido alguno. Apoyó de nuevo ambas manos contra el pecho que tenía debajo de ella sin poder evitar botar como si se estuviese follando aquella boca hasta que fue inevitable notando como explotaba de placer, quedándose paralizada unos segundos sobre él. Sabedor de su sensibilidad, la lengua de Prono pasó a acariciarla tan levemente que no podía m*****arle, como si fuese la caricia de una pluma. La agotada joven acabó dejándose caer de costado para quedar estirada mientras disfrutaba del orgasmo al tiempo jadeaba entre temblores, dejando a Prono libre para follarse a su madre. — ¿Te acuerdas lo que te dije en el baño? -dijo incorporándose para quedar su boca muy cerca de la suya, se miraban a los ojos sin que ella dejase de hacer un baile de caderas sobre su polla. Abrió la boca, no quería que nadie la escuchase gemir pero se estaba volviendo loca. ¿Iba a acabar como su hija? No había nada que ansiase más. Quiso dejarse caer hacia detrás para acabar en la posición de misionero, pues quería que él tomase el control y le rompiese el coño pero no pudo hacerlo. Prono había recogido sus rodillas, teniendo ella la espalda apoyada contra estas, como si quisiese mantenerla en aquella posición. — Te prometí que te follaría en cualquier parte, donde me apeteciese… Y aquí estamos. — Eso no… -su orgullo, pese a no tener ningún sentido el querer mantenerlo, lanzaba su último grito de guerra. — También me preguntaste si elegiría entre tu hija o tú, pero yo no tengo que elegir. Puedo follaros a las dos todas las veces que quiera. Y tú marido me dijo que eras una esposa muy fiel… ¿Verdad? Prono apartó sus rodillas dejándola caer sobre la colcha, quedando ella bajo él abierta de piernas mientras escuchaba cada vez más cerca de su clímax las cosas que decía con crueldad, que pese a no querer hacerle daño, si recalcaba la inmoralidad de la situación y lo morbosa que podía llegar a ser para él. — Aprovecha… Porque esto no volverá a pasar. Solo… has… tenido… suerte… Ah! Ah! Ah! -Dijo una palabra con cada embestida hasta que no pudo continuar y su mente quedó en blanco, se iba a correr. — Si disfrutas tanto, es porque eres una mal follada. Así que tarde o temprano volverás a por una buena polla -dijo antes de agarrarla por los tobillos y estamparle las rodillas en los hombros antes de acelerar para explotar dentro de ella al tiempo que juntaba su frente con la suya y respiraba con dificultad. Sandra, sin haberse corrido aún, notó como el condón se hinchaba con semen candente en su interior… Se lamentaba, tan cerca del final por no haber llegado. Pero la decepción no duró demasiado, equivocada al pensar que Prono había acabado y desafiando la elasticidad del condón tras unos segundos de parálisis su caderas retomaron las embestidas, al principio torpes y arrítmicas antes de coordinarse. Sus labios se encontraron antes de que él le tirase del pelo apartando su cabeza y lamiendo su cuello mientras apuraba las embestidas. — El condón… El condón -advirtió ella, preocupada por si explotaba. Sentía como si el deposito de este se hubiese llenado al máximo y sabiendo que con cada embestida estaban arriesgándose a que se rompiese; pensó en que la presión lo haría explotar, pero eran embestidas demasiado deliciosas para pararlas: Se corría, se estaba corriendo y se iba a correr, todo al mismo tiempo-. Cuidado… ¡El condón! -fue lo único capaz de decir ella mientras sentía la lengua de Prono en su cuello mientras sus entrepiernas se fusionaban al tiempo que ella empezaba a soltar un grito de placer que fue silenciado por el hombre, que la estaba besando y luego se quedó mordiéndole el labio. Se habían corrido al mismo tiempo, el por segunda vez, ella por primera. Llevaba mucho tiempo deseando tener aquella sensación, lejos de los fríos orgasmos solitarios en su lado de la cama. Había quedado impresionada de que aquel semental se hubiese corrido dos veces con el mismo condón y que, sorprendentemente, este no hubiese explotado. Mantuvo su polla ahí metida mientras se besaban apasionadamente sin que nada más les importase. La cremallera de la tienda se abrió y entró alguien, cerrando al pasar tras de sí la cremallera. Prono ni sacó su polla ni dejó de besar a la extasiada y paralizada cuarentona, mientras el recién llegado, boquiabierto, miraba sorprendido el interior de la tienda. *** — Tengo que reconocerlo. Tenías razón… Andres miró a los dos acaramelados sintiendo cierta envidia. ¡Cómo le gustaría estar en su lugar! A sus pies estaba Olivia vestida todavía con el bañador mientras respiraba lentamente en un lado de la tienda; como si estuviese esperando su turno. Andres se quitó la camisa, las sandalias y los pantalones cortos quedándose en calzoncillos mientras Olivia se incorporaba sosteniéndose sobre sus rodillas y plantándole un beso húmedo al tiempo que le agarraba el rabo haciendo a un lado el calzón. — ¿No te ha follado aún? -preguntó Andres, ella dejó de intentar continuar besándolo y apoyó la frente contra sus pectorales, mirándole complacida como su polla se ponía dura-. Prono. ¿Tienes más condones? El aludido señaló hacia un bulto de prendas que justo debajo ocultaban dos envoltorios de preservativos. — Pásame uno -le apremió dejando por un momento de besar a la madre. Él poseedor de los condones, dividió el pack en dos sobres y tiró uno al lado de su hermano mientras se estiraba boca arriba. — ¿Verdad que me vas a poner tú el condón, guapísima? -le pidió mientras dejaba sobre su propio ombligo el envoltorio del condón y se empezaba a masturbar. Olivia gateó sobre él mientras agarraba el condón y comenzaba a chuparle la polla mientras se quedaba a sobre patas sobre él, en posición del sesenta y nueve. Consiguió hacer que se abriese más de piernas y bajase el coño hasta una altura que le facilitaba comérselo centrándose en lamer en movimiento afirmativo el interior de su vagina. Olivia, impaciente, se había limitado a pegarle una chupada rápida antes de romper el envoltorio y colocárselo. No pudo evitar sonreír al desafiar aquel enorme cipote con grandes y verdosas venas la elasticidad del propio condón que parecía estar a punto de romperse. Dándole esto ya igual, gateó hacia adelante y dándole todavía la espalda agarró el pollón guiándola hasta su vagina bajando muy lentamente hasta meter al menos un cuarto de miembro, fue en ese momento en el que empezó a subir y bajar no sintiéndose capaz de meter más por el momento. Un azote cayó sobre su culo dejándolo enrojecido. — ¡Ahh! -Fue un gemido sin ganas, no por falta de excitación sino porque estaba demasiado fatigada como para producir gemidos. — ¡Más rápido! — La tienes demasiado gorda y el condón no… — ¡Excusas! -dijo Andres soltando un nuevo azote sobre la otra nalga antes de agarrarla por sus caderas y subir las suyas propias. — ¡Hmmmm! -Olivia cerró los ojo y apretó los labios mientras contraía su culo, tan enorme verga había entrado otro cuarto más hasta meter la mitad de toda la extensión Andres se limitó a dar un par de embestidas hasta que paró, dejando nuevamente el trabajo a ella que, con más prisa, aceleró sus bajadas y subidas. La vagina de Olivia que se había enfriado tras el orgasmo, volvía a producir masivamente lubricación, más cuando desde aquella posición su amante se aventuró a meter el dedo gordo en su culo. — Eso n… ¡Hmmm! -se apresuró a negar, pero solo sirvió para Andres lo penetrase más.. La agarró del pelo con la otra mano y sin sacarle ni la polla ni el dedo, se inclinó hacia adelante, haciendo caer a Olivia de rodillas y quedándose a cuatro patas mientras el pasaba a montarla. — Te gusta por el culo -le susurró al oído mientras aprovechaba para introducir más polla, aquella posición era perfecta para aquello. — Solo el dedo -mintió intentando no gemir, pero la polla volvió a meterse más profundo que antes estando ya casi totalmente metida y ella quedó paralizada-. Así duele… Dijo esto sabiendo que aún quedaba más por meter y aunque se sentía muy bien cuando lo hacía, le asustaba sufrir más. — Tu coño me apreta mucho… Estas al límite. — Tú también. — Voy a correrme dentro… — Lléname -dijo siguiéndole el juego, acordándose de que llevaba el condón. — Voy a vaciar mis bolas… — Ya estás tardando… -le retó, en consecuencia Andres le hizo girar la cabeza para susurrarle algo al oído. — Ya te gustaría, eso no va a pasar -le volvió a retar ella antes de iniciar la follada. La cabeza de Olivia acabó contra el suelo aplastada contra la mano de su amante. La vagina estaba tan mojada que entraba y salía sin ninguna dificultad metiéndola toda por completo. Andres pudo ver de reojo como su hermano se separaba de Sandra y se estiraba boca arriba. Ambos estaban agotados, pero la noche estaba muy lejos de terminar y también quería follarse a Sandra así que, sin que quedase demasiado para correrse, llamó a Sandra y le pidió que se acercase. Esta estaba totalmente exhausta con la parte inferior del cuerpo desnudo y sus tetas y ombligos marcados por un top totalmente impregnado en sudor y aceite. Sandra se levantó con dificultad y se acercó gateando sin esperarse que al llegar la agarrase del pelo y la besase antes de prometerle que ella iba a seguir. — En cuanto termine con tu hija vas tú. — ¿Cómo podéis aguantar tanto? -preguntó fascinada antes de volver a besarle con ternura mientras le acariciaba el torso y la cara. Esto detuvo las embestidas de Andres antes de que las reanudase agarrando por los lados la cadera de Olivia y la fusilase a pollazos, haciéndola gemir como una loca ante la violencia de aquellas metidas de polla. — Gatea hasta aquí -le ordenó dominante a Sandra indicándole el sitio al lado de su hija. Ambas con el culo en pompa, Andres sacó su polla del coño de Olivia para meterlo en el de su madre que pese a no estar mojado del todo si que permitió meterlo con lentitud. ``Ojala se rompa…´´ pensó él maldiciendo la resistencia de aquellos condones. Sandra resbaló hacia adelante, sin ser capaz de mantenerse firme. Su nuevo semental tenía que aplastarla, forzándola a posar todo su peso sobre su cara y sus tetas en el suelo para poder penetrarla mejor. Estando aquel segundo coño menos mojado que el primero, pero no por ello menos sediento de carne. Para que no se enfriase, tres dedos acabaron dentro del coño de Olivia mientras se follaba a la que tenía al lado. Ambas excitadas por los gemidos que se le escapaban a la otra cuando impotentes no podían llegar a reprimirlos. Agarró del pelo a Sandra y la hizo curvar su espalda, manteniendo su culo bien alto. — Me voy a correr dentro de ti… — Córrete… -suplicaba ella deseando sentir su goce y disfrute mientras estaba dentro de ella. El brazo de Andres rodeó su cuello y la forzó a enderezarse mientras la otra mano buscaba dentro del top y liberaba el seno fuera. Jugó con él un poco antes de dejarlo colgando antes de sentir por fin que se corría, imaginando que no llevaba condón y que la impregnaba con su semen. Explotó, clavando su polla hasta el fondo hasta que sus huevos chocaron sobre el monte de venus de Sandra, mientras inflaba el globo en su interior dio otra embestida más, y otra, y otra. Antes de sacar la polla de dentro de Sandra y meterla en Olivia para aprovechar aquel mismo condón, esta se quejó. — Así se puede romper. — No nos sobran los condones -se rio Andres mientras le caían goterones por la frente y los lados de la cara. — ¿Y cuantos quedan? — Dos -Obviando decir que no tenía previsto parar aunque se acabasen los condones. Volvió a cambiar de coño, sacando su polla y exhibiendo el deposito de semen lleno y pesado, el cual entraba dentro de la madre antes de que reanudar la follada. A Sandra pareció importarle poco el estado del condón, se limitaba a colaborar haciendo que sus caderas de moviesen adelante y atrás totalmente concordes a las de Andres. Era quedarse marcada por aquellos dos hombres lo que la encendió del todo, el culmen de la dominación; y al pensar esto sus caderas revivieron mientras agarraba del culo a Andres apremiándole a que acelerase. — Rómpeme el coño, Andres. No pares… ¡Hmm! Ahí, justo de ese modo -El cuarentón consiguió encontrar el punto exacto que más placer daba a ambos, a él por presión y a ella por sensibilidad y roce, levantó aún más el culo hasta que fue inevitable correrse por segunda vez quedando paralizada y cayendo hacia adelante con el pulo todavía en pompa. Andres echó muy lentamente sus caderas hacia atrás hasta su polla salió disparada hacia su ombligo, rebotando y meneando el condón. Se lo sacó y sin hacerle un nudo siquiera lo tiró sobre el culo de Sandra, el cual se removía como resultado a los espasmos musculares fruto del orgasmo. La veinteañera se estaba complaciendo ella misma mientras miraba, y era entonces Andres en la tienda con la polla tiesa, por eso se avalanzó sobre él como una leona besando su coño lo largo de su polla sin volver a meterla mientras se besaban. Ni por un momento el miembro viril del cuarentón flaqueó, listo para ser metido en cualquier momento a pesar de que lo único que hacían era magrearse. Las tetas de Olivia acabaron en la cara de Andres, su coño se restregaba con la polla de este mientras él le manoseaba sus nalgas… Sí, la noche estaba lejos de acabar. *** Habían pasado de estar los cuatro espatarrados luchando por respirar, a estar Prono y su hermano espalda contra espalda sentados, con las cabezas de Sandra e hija subiendo y bajando sobre sus entrepiernas. Sandra había elegido a Andres mientras que pechugona joven se decantaba por mamarle la polla al más temperamental de los dos hermanos. Ambas luchaban por acomodarse sus m*****os flequillos tras la oreja que, tras un par de lametones y chupadas, acababan otra vez frente sus narices; también se apuraban por conseguir las erecciones completas de ambos machos para recibir lo que ellas esperaban que fuese la última follada de la noche… Que equivocadas estaban. Esto lo daban por hecho porque, según habían dicho ellos, quedaban solo dos condones. ¡Dos condones para dividir entre ellas dos! Cada una sin estar dispuesta a renunciar al suyo… pero, la mad**gada era larga y la ambición de ambos machos alfa no se limitaba a follar dentro de una tienda. Por su parte, Andres eligió no moverse mientras gozaba de la mamada que le producía la hambrienta milf en un intento de endurecer del todo aquel cipote a medio empalmar; se aprovechaba de esta para tomar un descanso que sería revitalizador y que sin duda ambos agradecerían. Prono en cambio, el cual tenía el ego por las nubes, no podía conformarse con una mamada de aquella linda veinteañera pudiendo jugar con ella y divertirse a su costa… Sin que la excitada joven detuviese un instante su sexo oral, el macho aprovechó para enrollar su pelo entre sus dedos antes de tirar de él con suavidad para alejarla de su entrepierna y guiarla hasta su boca. Olivia aceptó el reto y gateó desde su posición hasta los hombros de este, los cuales abrazó antes de fundirse en un acaramelado beso. — No te hagas el interesante y ponte el condón ya -le pidió entre beso y beso; parecía como si estar sin besarse fuese un esfuerzo. La tetona exhibía sus atributos con orgullo meneándolos para reafirmarlos como premio si este aceptaba. Pero el aludido, con esta encima a veinte uñas, se limitó a agarrarse la baboseada extremidad y comenzar a masturbarse mientras pasaba de su boca a su cuello y desde su cuello se asomaba a su oído para susurrarle algo que no pudiese escuchar su madre. — Hay dos condones, y uno es para mí. Si quieres lo uso pero… ¿Qué pasará después? -su voz era dulce y amable, pero dejaba translucir segundas intenciones; la pregunta le descolocó, pero recobró la compostura casi al instante. — Después nos iremos mi madre y yo a nuestras tiendas. — ¿Por qué iros a dormir cuando podéis seguir jugando con nosotros? Olivia movía su culo con cada roce con la mano de Prono, le excitaba saber que se estaba masturbando, preparado para penetrarla. Solo faltaba el dichoso condón… Tenía que convencerlo antes y ella se imaginaba lo que quería proponerle. — Primero porque tenemos parejas que se pueden despertar y descubrir que no estamos -dijo entre murmullos antes de bajar la voz mucho más, mirándolo con fiera intensidad como si esperase una respuesta diferente-. Segundo porque tú ya te has corrido dos veces con mi madre, y yo voy a vaciarte los huevos. — ¿Hay una tercera? -susurró él muy bajito, ella comenzó a comerle el cuello. Era parte de su estrategia para forzarle a que cogiese el condón de una vez. — Solo queda un condón. No podemos follar sin condón. — ¿Ah, no? -le cuestionó serio mientras su mano libre se estampaba en la nalga femenina y hacía fuerza descendente para que sus caderas bajasen… Funcionó: Ella no pudo evitar reír. — No -negó como si no fuese tan evidente y tuviese que reafirmar la imposibilidad. Lo hizo riendo con ternura, mirándolo a los ojos juguetona. — Y sobre lo de tu pareja… Tal vez has ido al baño. — Llevo mucho tiempo en el baño. — Y más tiempo que vas a estar. — Pero eso no soluciona lo del condón -saltó ella tras unos segundos de pensárselo. — Seguro que se nos ocurre algo… -fue lo único que dijo con voz grave sin dejar de mirarla a los labios, ella no. Olivia directamente a los ojos, pero abriendo la boca y mordiéndose los labios para provocar. — Yo creo que no. — Se me está ocurriendo algo -dijo restregando su glande contra todo el exterior de su coño mientras se pajeaba. Él le había invitado a bajar, pero eran sus caderas las que habían ido descendiendo. — Dime… ¿Qué solución es esa? En el otro lado de la tienda Sandra se estaba abriendo de piernas mientras Andres se ponía el condón y se colocaba entre ellas, metía el glande dentro mientras le levantaba el empapado top para chuparle los pezones al tiempo que metía despacio y con saña toda la extensión de su rabo. — ¡Ahhhh! -oyó gemir a su madre delatando que la pareja contraria ya había empezado. Esto desesperó a la joven aún más, mientras continuaba oyendo tanto los gemidos como los chasquidos que producían sus carnes húmedas al chocar- ¡Ah, Ah, Ah, Ah, Ah! Los alaridos de placer, motivados por las deseadas penetraciones, eran exageradamente acentuados y totalmente placenteros, sin un ápice de dolor. Parecía mentira que su madre aguantase follando sin lamentarse por la sensibilidad a la fricción, pero así era. Y a pesar de que ella no tenía una polla dentro; sí que tenía una a sus puertas, deseando entrar… Era una tentación irresistible. — Ponte el condón -ordenó ella evitando andarse con rodeos. — Yo te iba a proponer lo contrario. — Tú sueñas. — Solo tienes que bajar un poco más las caderas -susurró él muy convincente-, se meterá sola. Y yo me correré fuera -añadió. — Buen intento, ponte el condón. — Si me lo pongo ahora, luego no quedará condón para follarte y estaremos en la misma situación. Es mejor que te la meta ya y empecemos a disfr… — No vas a durar hasta luego. — ¿Te apuestas algo? -ella enmudeció-. Además… Estás desesperada, la quieres dentro. — También quiero que te pongas el condón -el glande se cubría y descubría dos o tres veces por segundo por el prepucio que subía y bajaba ante la gayola en toda regla que se estaba haciendo contra su humedecido sexo. — ¿En serio? Creo que vas a acabar cediendo… Tienes pinta de que parece volverte loca el sexo sin condón. — Con mi novio -le contradijo. Lo miró a los labios mientras sopesaba la posibilidad de levantarse e irse a por Andres. Tendría que compartirlo con su madre, pero al menos la follaría. Si no lo hacía es porque la estaba poniendo cachondísima a que el hombre que tenía bajo ella se resistiese a hacerlo con preservativo. — Tu novio no está aquí. — Si no te pones el condón iré a donde está tu hermano y me lo follaré. Con un hábil movimiento y sin entender lo que pasaba, la veinteañera pasó de estar a cuatro patas a estar boca arriba y abierta de piernas. Sintiendo a la vez satisfacción y decepción por haber salido victoriosa vio como este agarraba un condón y lo rompía mientras se inclinaba para dejar su cara muy cerca de la suya al tiempo que se cubría el alargado miembro. — Tú lo has querido, pero me voy a correr dentro pase lo que pase. — Dentro del condón -le chinchó ella con malicia. — Si se rompe será dentro tuyo -la besó, excitándola con aquella malicia sexual, esas ganas de joderla. Notó su polla engomada posándose sobre su coño, cada vez más lubricado de lo normal, lista para penetrarla. — No se va a romper. — Ojalá que se rompa -deseó él mirándola serio, ella intentó besarlo y Prono se apartó, sonriendo tras el rechazo: ``Así que quiere jugar, eh…´´ pensó ella divertida. — Pues ya puedes follarme bien fuerte para que se rompa… Aunque no lo conseguirás -le retó ella estando segura que no pasaría. El semental se agarró la polla y la apuntó contra su coño abierto al mismo tiempo que este intentaba besarla y esta le esquivaba. Una vez, y otra, y otra… hasta que sus labios se encontraron y las caderas de él se la empotraron, metiéndola hasta el fondo sin piedad. La hija de Sandra apretó los labios, quería gemir como su madre seguía haciéndolo. El muy bestia había comenzado a metérsela muy rápido, cumpliendo con su deseo de querer romper el condón, algo que volvía más y más loca que si hubiesen empezado directamente sin el preservativo. Ese deseo de marcarla, de joderla, de hacerla suya corriéndose dentro… Esa especie de sexo rudo y no consentido la impregnó y extasió hasta que no pudo evitar dejar de besarlo para liberar sus lamentos de placer. En la tienda se empezaron a oír dos pares de gemidos femeninos, sonando arrítmicamente y desincronizados; los dos machos bufaban como toros embistiendo o como lobos tras su presa. Junto a estos lamentos de placer también se escuchaban incesantes y de variable velocidad ``Chap, chap, chap!´´ que muy posiblemente se debían escuchar desde fuera de la tienda y solo serían ignorados si el resto dormía. Andres jugaba más con sus caderas metiéndola desde todos los ángulos posibles, mientras que Prono machacaba unidireccionalmente aquella vagina que encharcaba el suelo de la tienda. — ¡Ah Ah Ah Ah Ah Ah! ¡¡Hmmmm!! -Olivia arañaba la espalda de su amante con una mano y su culo con otra, de aquel semental que podría haber llegar a hacer fuego en su coño con aquella fricción. — ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm Hm Hm Hmmmmmpffff! -Los ojos de la madre, en cambio, se pusieron en blanco mientras sus piernas temblaban, corriéndose una vez más sobreexcitada por escuchar a su hija de aquella manera. En algún lugar de la mente de Sandra se barajaba la fantasía de que Prono acabase con su hija y, con esta derrotada e indispuesta, se terminase de desquitar con ella… Dos hermanos para ella sola; Dos sementales que abusaban de una pobre madurita. Tras estos pensamientos solo había placer y contracciones musculares, cosquilleo placentero en su vagina y sus muslos; mientras quedaba deshecha la polla de aquella bestia seguía dura esperando la oportunidad para retomar la follada. Los únicos gemidos y choques carnales que se escuchaban era los de Olivia y Prono; este último parando unos instantes para realizar una pequeña trampa, desesperado porque no se rompiese la goma ya que, estando el sexo de Olivia tan resbaladizo, parecía no tener ninguna posibilidad de romperlo: ``Si estuviese más seco… ´´ pensaba mientras se agarraba la polla y se masturbaba la base sin sacarla del anticonceptivo ni esta de su coño. Ante la vibración que hacía al pajearse, ella echó la cabeza hacia atrás, aprovechando para retomar el aliento. Apretando su puño contra la base del condón y tirando del elástico hacia abajo hasta que la punta se quebró, quedó todo el glande y el prepucio. Sonrió satisfecho intercambiando una mirada con la joven; esperó unos segundos en los que se siguió masturbándose antes de prepararse para continuar. Olivia también le sonrió mientras le volvía a chinchar: — ¿Cansado? Así no se va a romper el condón. — Cuando tengas el coño lleno de semen no digas que no te lo advertí. Estás demasiado mojada… ¿Te pone pensar que se va a romper? La aludida se mordió el labio y lo besó, sin ser capaz de mentir pero tampoco de afirmarlo. No es que quisiese que se corriese dentro, pero aquella actitud la volvía loca. — No lo niegas… -señaló satisfecha. — Tampoco he dicho que sí -discrepó ella notando como el hombre soltaba su polla y la metía hasta el fondo. Aunque no estaba segura, podía afirmar que se sentía diferente. El glande entró hasta lo más profundo de ella, sintiéndose esta como si sus entrañas se estuviesen fusionando con la verga intrusa. El comienzo esta vez si que fue lento, con una embestida muy potente pero sin continuidad. Sus entrepiernas se separaron lentamente antes de recibir una nueva embestida, y luego otra, y luego otra. Olivia se resistió a gemir, pero lo sabía ``Se siente muy diferente. Es mucho más…´´ En ese momento lo único que se oían en el interior de la tienda eran los chapoteos de sus dos sexos chochando, le excitaba sentir los enormes testículos aporrear su culo, y cuando fue a pedirle que la sacara para comprobar si estaba roto el condón este la agarró del pelo haciéndole chillar con una mezcla de placer y dolor, obligándola a mirar por encima suyo mientras el mordía el cuello bastamente. ¿Y si se había roto? ¿Por eso se notaba tan diferente? ¿Cómo se podía haber llegado a romper? La joven notaba el condón pero también se sentía demasiado rico, el glande aporreó la entrada a su útero como si quisiese desahogar toda su carga dentro. Sus gemidos aparecieron de nuevo, sincronizándose con sus chasquidos, se iba a correr de nuevo. — Córrete fuera -cuando supo que era inevitable. El semental contestó con un beso dando a entender cuál era su respuesta. Ella no pudo hacer más que aceptar el beso mientras disfrutaba el inesperado baile de caderas que había iniciado su empalador, olvidándose de velocidades y ritmos para menear sus caderas en todas las direcciones antes de reanudar las embestidas, cada vez más fuerte y más rápido. ``Ha roto el condón´´ pensó extasiada mientras intentaba reprimir sus temblores, él ya había terminado de correrse pese a que ella había empezado antes, con ambos sexos contrayéndose y sufriendo espasmos. No era su exterior lo único que estaba encharcado, su interior se sentía húmedo y caliente; quedándose Prono y ella besándose de la misma manera que estaban antes su madre y él. — Eso te pasa por subestimarme, niñata -le susurró al oído-. Y acepta que no es la última vez esta noche que me voy a correr en vosotras. Esa ``niñata´´ sabía a lo que él se refería, y podía creérselo. Pero también estaba segura de que sabía lo que se le pasaba por la cabeza a ese sádico semental… Quedaba mucha mad**gada por delante, y la tienda se les había quedado muy pequeña. Capítulo 1: El macho alfa Parte VII: Casa de apuestas 7.1 ¿Qué promesa prevalece? No hubo ningún motivo para que se despertase, aún así abrió los ojos en la oscuridad de su tienda. Pese a no ver nada, no tardó en descubrir que estaba solo; tantear con la mano el suelo de la tienda no hizo más que reafirmarlo: Su mujer no estaba. Un millar de teorías acribillaron su cabeza, siendo algunas favorables y otras totalmente funestas. Buscó la linterna, encontrándola en el mismo lugar donde la había dejado comenzó a vestirse: Se puso el bañador y una camisa de manga corta encima antes de salir escopeteado de la tienda. La oscuridad total fue suprimida por un haz de luz, cuyo foco lograba cazar pequeñas partículas blancas que volaban por el aire. No escuchó ni vio luz en ninguna de las tiendas, y a pesar de saber que lo correcto habría sido ir directamente hacia la casa… Simplemente no pudo evitarlo. Era superior a él, una decisión motivada por la desconfianza y los celos acumulados a lo largo de todo el día: Abrió la tienda de campaña de Prono para descubrir que no había nadie en su interior; sin llegar a entrar y metiendo solo la linterna y la cabeza, percibió un olor viciado además de sentir otro mucho más característico… Olor a semen. No pudo evitar que por su mente sobrevolase una teoría conspiranóica que no tardó en descartar, pues él confiaba en su mujer. La respuesta más segura a todo aquello es que, teniendo dos mujeres tan bellas cerca, aquel bastardo se hubiese masturbado hasta la saciedad. Cerró de nuevo la cremallera y se alejó de la tienda, si hubiese entrado en ella habría visto cuatro condones repletos de semen. Seguro que tenía que haber alguna explicación, como que por ejemplo Sandra hubiese ido al baño y hubiese coincidido con Prono; se negaba a creer que había sucedido otra cosa. Así que, prácticamente andando de puntillas mientras esquivaba hojas y ramas, intentó alejarse lo más sigilosamente que pudo de las tiendas de campaña, para cruzar el pequeño territorio de árboles hasta llegar a la explanada desde la que se podía ver la casa. Había luces encendidas que delataban actividad dentro de ella… y así se acercó, paso a paso, con su enfermo corazón a mil imaginándose todas las cosas que debían pasar dentro de la casa al tiempo que las rechazaba como imposibles. Al llegar a la puerta no le quedó otra, así que picó varias veces evitando usar el timbre. Le pareció mucho más acorde con la situación: El temblor contra su puño cerrado que provocaba golpear la puerta, el sonido que provocaba tanto para él como para quien lo escuchase… Durante unas milésimas de segundo pasó de oír golpeada la madera a aporrear el aire; la puerta estaba abierta y tras ella estaba la persona que menos ganas tenía de ver. — Hola, querido… -le saludó Prono. *** Con todas las luces apagadas, lo único que iluminaba el salón era la televisión frente al sofá. Pese a lo largo que este pudiese ser, no alcanzaba para los cinco estuviesen separados sin respetar el espacio vital de cada uno. Andres estaba sentado en la parte más alejada del sofá, seguido de Olivia, Prono y Sandra, la cual estaba sentada entre este último y su marido. Era irónico que esta, echando miraditas incómodas a su marido, estuviese más pegada al hermano mayor de su anfitrión que al propio Joaquin. En la tele se reproducía una película de acción dramática, escuchándose constantemente sonidos de disparos, explosiones, gritos y llantos por lo que para ser escuchados por el resto tenían que elevar la voz. — Puedes apoyar tu cabeza en mis piernas -propuso Prono recibiendo una negativa de la cohibida mujer-. Venga, que así estarás más cómoda -reía mientras echaba miraditas provocativas a Joaquin, el cual no hacía más que apretar los labios e intentar ignorarlo. Al estar tan apretados, el madurito no tuvo más que inclinarse unos centímetros a su derecha para susurrarle al oído mientras le pasaba la mano por la cintura. La poca iluminación, el ruido y la perspectiva solo conseguía que Joaquin no se enterase de nada, pese a que era consciente de que el muy bastardo le estuviese diciendo cosas a su mujer. Desde aquel ángulo incluso parecía que le estuviese comiendo el cuello o mordiendo el oído; se decía a si mismo que tenía que ser fuerte y confiar en su mujer. — Venga… Apoya esa carita en mis piernas, que viendo películas me pongo muy perro. — Mi marido está al lado, no voy a hacerlo. — ¿Deberíamos ir a la cocina? -Sandra no contestó, sintiendo como la escurridiza zarpa del hombre bajaba desde su cintura hasta su culo. La manoseada mujer se estremeció, removiéndose en consecuencia inquieta-. O bien podrías comerme la polla aquí mismo. — Sigue soñando… -musitó al tiempo que se concentraba en mantener el cuerpo recto ante sus tocamientos. Los dedos se filtraron bajo el pantaloncito intentando pasar por debajo de su culo para llegar a su vagina; ante su insistencia no le quedó otra que levantar el trasero para que sus dedos pudiesen pasar. Sintió las yemas de sus dedos acariciar su coño; reprimió un suspiro mientras miraba de reojo a su pareja, la cual seguía mirando la televisión. ``Podría ni darse cuenta si lo hago…´´ cedía su voz interna intentando convencerse. Notando al mismo tiempo como el sofá se movía, Andres y su hija se levantaron. — Vamos a comer algo en la cocina… -anunció la joven sonrojada. Los pezones se le marcaban incluso a través del bikini. — Así tendréis más espacio… -propuso su acompañante lanzando una mirada furtiva a su hermano, como si le estuviese recordando que tenía que cortarse un poco; tras esto y sin añadir nada más, ambos se fueron dejando a Prono y Sandra juntos, ambos con las espaldas rectas y siendo ella la única que tenía las piernas recogidas sobre el sofá. En respuesta a su hermano, pese a no estar, Prono se separó un poco de la mujer dándole un poco más de espacio sin llegar alejarse demasiado, esta hizo lo mismo de su marido que continuó sin decir una palabra. — Estaría bien que se durmiese… -le susurraba de vez en cuando a la milf-. Si se duerme me vas a comer la polla. — No voy a hacer nada mientras él esté delante -decía ella negándose, mostrándose fría y distante a pesar de sopesarlo en repetidas ocasiones. Sin dejar de vigilarlos de reojo, poco a poco comenzó a entrecerrar los ojos, fingiendo que se dormía. A pesar de la poca luz, era capaz de ver desde aquella posición a través de sus pestañas una imagen borrosa de lo que sucedía. No les veía las caras, pero si sus siluetas. El paso de los minutos hizo que Prono se confiase, repitiéndole entre murmullos al oído a Sandra que usase sus piernas para recostarse, obteniendo como respuesta continuas negativas. En cierto momento la agarró por la nuca y la forzó a bajar, eso sí, sin obtener resistencia alguna. La mujer no dejó de vigilar a su marido, mirándolo desde aquella posición mientras notaba la polla dura de Prono contra su sien. — ¿Tienes hambre? — Nos va a ver -contestó ella indecisa entre ver como el hombre se sacaba del pantaloncillo una polla totalmente tiesa y apartarse, evitando arriesgarse a ser descubierta. — Si te tapas con tu pelo no verá como me chupas la polla -aseguró mientras ocultaba la cara de ella con su propio pelo antes de conducir su cipote a la boca de Sandra, la cual, no se m*****ó en rechazar. Prono echó la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre el respaldo del sofá. Notaba calambres en la base de su miembro, frutos del morbo de recibir una mamada tan deliciosa con aquel inútil al lado. Joaquin, por su parte, solo era capaz de ver que su mujer estaba apoyada contra las piernas del hermano de Andres, y a pesar de no ser capaz de verla la cara a causa del pelo, no pareció que estuviese pasando nada. La mano contra la nuca de la mujer quedaba ocultada por el propio pelo, y mientras mantenía con la mano izquierda la polla tiesa contra la boca que la chupaba, la otra mano forzaba a la cabeza a moverse de un lado a otro, permitiendo tanto a su glande como a su prepucio atravesar los labios femeninos. En algún momento concreto se notaba como la garganta de Sandra quebraba al ser su cabeza empujada para tragársela toda. El glande chocaba contra su campanilla mientras la zarpa impedía a su cabeza retroceder; el aire se le acababa, parecía que se iba a ahogar hasta que por fin la dejaba dejar de comerse aquel pollón. Entonces Sandra se apartaba un poco el pelo, agobiada por su estorbo mientras echaba una mirada rápida a Prono y le preguntaba si iba a tardar mucho. — ¿Estás de broma? No me correré hasta vaciar mis cojones en tu coño. La aludida escondió el rabo bajo el pantalón, se incorporó en el sofá y se quedó muy pegada al hombre, intentando no despertar a su marido. — No voy a dejar que me hagas nada con mi marido tan cerca… — De momento ya me has comido la polla. — Hijo, porque no paras… Eres un pesado. — Y no pararé hasta que te folle. — No voy a permitírtelo. — ¿Ni con condón? — Ni con condón -repitió ella. — Es que estoy muy cachondo… Quiero follarte -dijo comiéndole el cuello. Joaquin abrió un poco los parpados, mientras veía con dificultad como él le susurraba algo a su esposa, la cual se dejó caer de lado para apoyar todo su peso sobre el muslo y la mano derecha. — Para… Nos va a descubrir. — Vamos a otro lado. — ¿Por qué no vas tú al baño y te haces una paja? -Joaquin tuvo que cerrar los parpados de nuevo cuando vio que su mujer le volvía a mirar. — Házmela tú aquí -murmuró haciéndole ojitos. — No voy a irme a ningún lado, y mucho menos voy a hacer nada aquí… No ves que solo hace falta que abra los ojos para que… Sin dejarla terminar su interlocutor se levantó y se fue del comedor. No tardó ni quince segundos en volver con una sábana ligera lo suficientemente extensa para tapar las sabanas de ambos. — Se nota mucho todavía… -No paraba de ceder y ceder, pensaba Sandra mientras el incansable pervertido agarraba bajo la manta su mano y la conducía hasta su polla. Fue un auto-reflejo para ella comenzar a masturbarlo lentamente. La mano que había agarrado su muñeca se posó sobre su muslo desnudo sin llegar a tocarle nada más comprometido. Siendo deseos controvertidos, Sandra deseó que aquella misma mano se infiltrase bajo su pantaloncito y introdujese los dedos dentro de su sexo; pero no dijo nada. Esa palma, ardiente, se limitó a presionar contra su muslo… Recordándole lo cerca que estaba de su vagina. Ella, en cambio, no paró un solo segundo de masturbarle. — ¿Tienes hambre? — Ya he comido demasiado hoy, creo que prefiero hacer un poco de pesas -Le siguió el juego mientras aumentaba el ritmo de la paja. — Me refería a tu boca de ahí abajo. — Esa boca tiene mucha hambre… — ¿Le damos de comer bajo la carpa? — La boca de ahí abajo acaba de ponerse a dieta -bromeó mordiéndose el labio. Tenía tantas ganas de follársela como de chuparla, en definitiva, jugar con ella. Pajearla era como un carnívoro volviéndose de repente vegetariano. — Con tu comida preferida tan cerca… — Con mi comida preferida tan cerca… ¿Te falta mucho? — Ya te dije que no iba a correrme hasta vaciar mis huevos en ti. El coño, literalmente, se le hizo agua. Un interruptor en su mente se activó y le revolvió todo el interior: Su piel se erizó y un cosquilleo en su ombligo de dimensiones bíblicas se unió al quemazón que sufría su sexo. — ¿Tienes condón? Podría ayudarte a… desahogarte. Pero solo con condón -Notando Prono lo cachonda que se había puesto de repente, ni se planteó cuestionarle. — Puedo conseguir un condón… — ¿Y prometes usarlo? — Lo prometo -dijo solemnemente. — Ya estás tardando -gimió ella mientras tiraba todo lo posible hacia abajo el prepucio de ese hombre, como si fuese una indirecta que le daba a entender que la deseaba tener clavada hasta el fondo. Prono se levantó del sofá y de un par de zancadas se dirigió hacia un cajón que había cerca de la tele, y tras abrirlo agarró un sobre que contenía un preservativo. La mujer, totalmente extasiada, apartó la manta de una suave patada y se apoyó en su esposo. — Cielo… Cariño. Escúchame. — ¿Sí? ¿Qué pasa? — Confía en mí. ¿Vale? Todo sigue siendo parte de nuestro juego. Vamos a la habitación de arriba… -Joaquin se acordaba bien del juego, pero continuaba creyendo en su esposa. — Confío en ti… ¿Pero por qué no lo hacéis aquí? Si el juego es dejarlo con las ganas… — Allí estaremos más cómodos -argumento ella sin mentir. — Cariño… — Pararé en el último momento, lo tengo desesperado -lo besó, una, dos y hasta tres veces antes de seguir a Prono hacia la habitación de arriba. Mientras subían por las escaleras este le preguntó. — ¿Qué le has dicho? — Lo que necesitaba oír. *** Al verlos desaparecer en el piso de arriba, Joaquin se plantó en un par de zancadas frente a la escalera, preparándose para subirlas, fue entonces cuando se acordó de su hija y Andres. Sabiendo que lo que más le importaba estaba arriba, optó por dar un pequeño rodeo hacia hacía la cocina, la cual tenía la puerta cerrada pese a la luz que se filtraba por las rendijas. Al intentar abrirla, chocó contra algo. — Esperad, que está la nevera abierta. — ¿Andres? -preguntó sin soltar el manillar. — Joaquin. ¿Estás solo? —Sí. Era cierto que la nevera estaba abierta, bañando en una ráfaga de frio el torso de Andres mientras Olivia, dando la espalda a la misma nevera y abierta de piernas, chupaba acuclillada la brillante polla de su amante, de la cual caían enormes y flexibles hilos de saliva, los cuales avalaban el esfuerzo que esta ponía en aquella mamada. — ¿Qué hacéis? — Yo cogiendo cosas de la nevera, Olivia comiendo. — ¿Cariño, estás bien? — Shi pampam -respondió ella separando su boca del miembro viril. — ¿Qué te pasa en la voz? -Joaquin alcanzó a escuchar un ruido de aspiración contra algo mojado. — Eshtoy…. -dijo ella pegándole una lamida vertical a aquel mástil de carne-… comiendo… — No hables con la boca llena. ¿Qué comes? -la oyó suspirar, como si estuviese agotada o le faltase aire. — Está comiendo butifarra, Joaquin -contestó su vecino por ella mientras la forzaba a realizarle una garganta profunda, follándose su campanilla. La parte trasera de la cabeza de Olivia chocó contra la parte baja del congelador. La cara de la veinteañera se puso roja, intentó mantener los ojos abiertos pero se le cerraban. Los puso blanco mientras se metía los dedos, masturbándose. Solo podía pensar en que quería aquella polla dentro. ¡Que inoportuno era su padre! — Ya lo oigo ya. ¡Olivia, no comas rápido que te vas a atragantar! -El comentario hizo que su hija perdiese el control de su garganta y tosiese, lloviendo hilos de saliva. La mantuvo unos segundos en su garganta antes de sacarla y hacer que Olivia se levantase, al tiempo que se agarraba la babeada polla y la apuntaba contra su coño antes de meterla muy lentamente. Joaquin ya se había ido, sino habría escuchado a su hija gemir ante el avance imparable de aquel cilindro de carne antes de comenzar una gran follada. Lo que si que escuchó fue el ``chap, chap, chap, chap´´, que lo interpretó como si estuviese golpeando carne para destensarla. Ya estaba subiendo por las escaleras cuando comenzó a escuchar a lo lejos ese sonido, siendo consciente de que provenía de abajo, y aunque sintiese ganas de bajar solo le quedaba subir arriba… Ya se había retrasado suficiente. Anduvo con cautela, vigilando de no hacer ruido al pisar. Escuchó unas voces, poco más que susurros, salir de la habitación que debía ser de Andres. Al acercarse a pies puntillas, descubrió que la puerta no estaba cerrada y, sin llegar a estar abierta del todo, se encontraba en un estado similar a como él la dejaba cuando sus hijos tenían miedo de quedarse a oscuras. El pasillo era el que estaba oscuro y la habitación donde había luz, por lo que ni se dieron cuenta de que Joaquin miraba a través de la puerta, abriendo ligeramente la puerta del marco para poder ver mejor. — Se lo prometí y lo cumpliré -aseguró ella decidida ante algo que Joaquin no había alcanzado a escuchar. — ¿Y si te quitas esa camisa? -propuso Prono mientras él se quitaba la suya-. Así podré ver esas dos enormes ubres mientras me quedo con las ganas. — Puedes darlo por hecho -afirmó riendo musicalmente mientras, con los brazos en cruz, se sacaba el camisón exhibiendo unas enormes tetas sin sujetador alguno. Lo único que tapaba su sexo era el pantaloncito diminuto que hacía las veces de pijama. El hombre se pajeaba de pie frente a ella, estando esta estirada en la cama con la cabeza apoyada en la almohada. — Ya no aguanto más… -confesó Prono comenzando a gatear sobre la cama. ``Paralo, Sandra… Hazlo ya…´´ suplicó el marido con el corazón a mil, sintiéndose incapaz de intervenir. Veía el pecho de su mujer subir y bajar muy rápido, también la veía mirar aquella enorme polla botar entre las piernas de Prono hacia ella -con cierto brillo de perversión en sus pupilas- hasta que se quedó a cuatro patas sobre ella. Intentó besarla, pero ella se apartó… Esto hizo que le sirviese el cuello en bandeja de plata, por lo que Prono no desaprovechó la oportunidad y comenzó a besárselo. — Para… No sigas… -suplicó ella mientras removía su cabeza intentando esquivar sus besos. La polla de su atacante despedía un olor tan fuerte que hasta Joaquin alcanzaba a olerlo, el mismo olor que estaba volviendo loca a su mujer. — ¿En que momento vas a parar y demostrar que eres fiel a tu esposo? — En el último momento -afirmó ella mirándolo a los ojos. — ¿Y cuándo será? -se mantuvieron la mirada un momento; él se comenzó a masturbar frente a ella mientras con la otra mano le apartaba el pantalón y se lo subía hasta la mitad de los muslos. La excitada mujer le arrebató la polla de su mano, agarrándosela ella misma y comenzando a masturbarle antes de contestarle. — Cuando estés a punto de meterla… -su voz se volvió muy aguda. ``No… No esperes hasta entonces. Para ahora´´ volvió a suplicar Joaquin con un nudo en la garganta, quería intervenir: Mandarlo a la mierda todo, entrar en la habitación y separarlos, pero su cuerpo no se movía. — ¿Serás capaz de parar? -Ella solo pudo asentir. — Entonces vamos a verlo. ¿Qué tal si tú misma te apuntas mi polla a tu coño? — Le falta el condón… — Pero si no voy a llegar a meterla. ¿No? -se burló. — Para tenerla lista para meterla tienes que tenerlo puesto. — Miéntete a ti misma, pero voy a romperte el coño… Y aunque me ponga el condón -Esto se lo susurró al oído-. Se acabará rompiendo. — Eso no tiene porque pasar. — Se rompió antes cuando me follé a tu hija. Le llené el coño de lefa y voy a hacer lo mismo contigo. — Normal que se rompiese… Recuerdo como me follaste dos veces seguidas con el mismo condón… Joaquin quedó helado. La primera vez por oír que se había follado a su hija y la había impregnado, por segunda vez al enterarse de lo de su mujer. ¿¡Cómo podía ser tan guarra, tan mentirosa, tan…!? El ritmo de la paja se acentuó; la punta de su polla rozaba ya su coño. — Aún así póntelo… — ¿Aunque luego se rompa? No tengo más. — Póntelo -repitió con la voz más aguda todavía. No se hizo derogar más. Rompió el envoltorio y se lo colocó ante la fascinación de Sandra. — ¿Qué tal si te quitas esto? Me m*****a -señaló en alusión a su pantaloncito, que tibaba elástico entre sus dos rodillas. Con suavidad lo deslizó hasta los tobillos, liberando uno de los pies de la atadura y dejando la prenda colgando de uno los dos pies. — Estoy a punto de meterla -avisó mientras se masturbaba frente a ella ya con el miembro encapuchado, antes de ponerse frente a ella a cuatro patas y apuntar el extremo de este a su coño. Su coño, impregnado de jugos vaginales, se veía acariciado por el roce continuo de la goma- ¿No deberías pararme ya? — Un poco más… -gimió ella acariciándose los pezones. Aquel ladrón de mujeres, que tan cautiva la tenía, hizo un movimiento brusco con su mano tirando del condón hacia su cadera como si quisiese estirarlo. Desde aquella perspectiva, Sandra veía todo el tronco cubierto por la goma, pero su propio monte venus ocultaba que el preservativo se había roto, quedando el glande y el prepucio al descubierto. Era el propio extremo de su polla el que acariciaba su coño. La cintura de Sandra era fuego, contoneándose como si hiciese un baile en el vientre. La quería dentro… — ¿Vas a aguantar más? -preguntó él antes de que la mano femenina volviese a agarrarle el miembro. Por suerte Sandra lo agarró por el tronco y no por la punta, sin darse cuenta de que se había quebrado. — Un poco más… — Estos condones se rompen muy fácil… ¿Qué harás si se rompe? — Da igual que se rompa… No vas a meterla. — La estoy metiendo… -susurró él con voz melosa, mirándola a los ojos. — Aún no… -le contradijo pajeándolo, ya podía notar su glande presionando contra el orificio de entrada. — Entonces te da igual que se rompa -inquirió mientras la abrazaba, pegándole la boca al oído. Hablaban susurrando. — Si se rompiese… -musitó-… te haría parar. — Me dijiste que me ayudarías a desahogarme. — También le dije a mi marido que te dejaría con las ganas. Y quiero hacerlo. — Pero también quieres hacerlo… -Sandra no respondió, lo miró hipnotizada a los ojos-. ¿Te gusta como mi polla besa tu coño? — Me encanta… -reconoció-. Vamos a parar ya… — ¿Y cómo se sentiría si la metiese justo ahora? -dijo esto mientras empujaba un poco hacia adelante, su glande se introdujo unos milímetros hacia dentro mientras ella intentaba frenarlo con la mano. — Se sentiría muy bien -confesó mientras ahogaba sus propios gemidos-. Demasiado bien. — ¿No me vas a parar? Si no lo haces voy a romperte el coño. — Un poco más… Y paramos -otro empujón de caderas, un par de centímetros más que se metió su glande. — Creo que se ha roto el condón… — No me digas eso… -Sin dejar de mirarse besaron, ni con fuerza ni delicadeza, fue un intercambio de saliva pasional. Un par de centímetros más accedieron dentro; ya estaban dentro tanto el glande como el prepucio. — Está roto -aseguró esta vez mirándola a los ojos-. ¿No vas a pararme? Si no lo haces toda mi polla acabará dentro. — Un… -puso los ojos en blanco mientras le arañaba la piel-… un poco… más. Un gemido desgarrador llenó la habitación cuando, de un solo empujón, metió los veintiun centímetros de polla hasta chocar contra su cérvix. — Tienes razón… La boca de ahí abajo tenía mucha hambre. Me ha comido toda la polla. Sandra, catatónica de placer, tenía todo el cuerpo paralizado y tenso. — No gimas tan alto -le advirtió mientras hacia retroceder sus caderas antes de clavarla hasta el fondo. Un chapoteo húmedo demostró lo fuerte que habían chocado sus muslos y sus entrepiernas-… Que te va oír tu marido -La avergonzada mujer se tapó la cara al tiempo que, sin éxito, intentaba disimular sus gemidos-. Tu marido va a oir lo perra que eres y como te gusta que te den bien fuerte. El aludido veía como aquel monstruosamente largo cilindro de carne perforaba a su mujer mientras este manoseaba sus tetas. Parecía una metralleta descargando todo su cargador en aquella vagina masoquista, de la cual con cada choque saltaban gotas de líquido transparente. Bajo el culo de su mujer, veía toda la colcha empapada… ¿Cómo podía estar tan mojada? Pensaba él mientras veía horrorizado el lamentable espectáculo. ¿Había visto siquiera alguna vez a su mujer gemir de aquella manera? Parecían dos a****les en época de celo, teniendo la oportunidad de follarse mutuamente después de haber estado semanas encerrados, incomunicados. El lujurioso cuerpo femenino se tensó, gritando al mundo que estaba teniendo un orgasmo. Pareció m*****arle que Prono no parase ni redujese la velocidad, suplicando entre gemidos que le diese un descanso que este no estaba dispuesto a conceder. Para más inri, el condón se había roto pero eso parecía dar igual a su mujer. Lo peor de todo es que, pese a lo enfadado que pudiese estar con ella, sabía que era culpa suya por haberlo consentido. Ahora aquel macarra se estaba follando a su mujer, dándole un placer que él nunca había sido capaz de darle. — Grita más fuerte. ¡Más fuerte! ¡Que te oiga el inútil de tu marido! — ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH! -Sus gemidos se sincronizaron con los pollazos que recibía su coño y los martillazos que recibía su culo con aquellos testículos. — ¿Te acuerdas lo que dije? Dije que iba a vaciar mis cojones en ti -ella no podía hablar, estaba exhausta. — No… Dentro no -suplicó ella abriéndose aún más de piernas. — No dijiste nada cuando me corrí dos veces dentro del mismo condón, zorra. Acepta lo que te gusta. ¡Acepta que quieres que te marque tu interior con mi semen! — ¡Nooo! — ¿No? Mira como me apreta tu coño. Me está suplicando que lo haga… -se quedó sin habla al instante su ritmo se aceleró de manera bestial, sus caderas aporrearon los muslos de Sandra y la cama comenzó a chocar contra la pared. Las paredes vibraban, parecía que todo en la habitación iba a romperse. — ¡Oh, Dios! ¡Oh, Prono! ¡Me vas a romper! ¡Me rompes entera! — Voy a llenarte el coño. Te vas a convertir en mi perra. — Soy tuya… ¡Pero no te corras dentro! -gritó ella cerrando los ojos mientras mordía el hombro de su semental-. Si te corres dentro… -``Me voy a volver loca´´ terminó sin decirlo en voz alta. — ¡Demasiado tarde! -gimió él, con una mezcla de alivio y descanso en su voz. Sandra no estuvo segura de si sucedió cuando dijo aquello o cuando comenzó a notar las contracciones de aquella polla dentro de ella llenándolo de esperma. Su coño explotó, se vació algo dentro de ella, sintiendo como si una manguera se activase entre ambos vientres. Las piernas se le tensaron como nunca antes mientras perdía el control total de ellas. Lo notaba todo mojado a su alrededor, como si se hubiese meado, pero al mismo tiempo sentía sus caderas y su coño derretirse; desencajarse. Todo esto mientras, el como había prometido, vaciaba sus testículos dentro de ella. Podía sentir sus piernas, pero no podía hacer nada con ellas. Prono se aprovechó de su inmovilidad y aún vaciando su semilla dentro de ella; comenzó a besarla como si fuesen una pareja de enamorados. Sandra, aún corriéndose, dejó caer la cabeza sobre la almohada mientras su coño sufría pequeños tics y espasmos que la hacían gemir con sorpresa. Se había corrido antes, pero nunca de aquella manera. Era ese tipo de orgasmo que te hace pensar que ha merecido la pena vivir para experimentar aquello. Los besos no duraron eternamente, y como buen semental; como buen amo de su placer… Estos lograron que su morcillona polla, impregnada de semen, volviese a crecer dentro de ella endureciéndose y recordándole que no se había terminado. — No… No puedo más. — Pues no te muevas. Yo estoy lejos de acabar -aseguró él mientras la cogía del cuello y apretaba. Sorprendida se aferró a sus muñecas, le costaba respirar a pesar de seguir pudiendo hacerlo; lo que más le impresionaba fue que después de todas las veces que habían follado ese día… Aquel cilindro de carne se pudiese poner todavía duro. Sentía como si su coño se hubiese secado, pero el propio semen actuaba como lubricante. — ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -comenzó a gemir Sandra con el poco aire que Prono le permitía obtener. Pese a lo sensible que estaba, esa nueva forma de tener sexo con ella la encendió enseguida… si es que era posible. Joaquin tuvo que apartarse de la puerta al escuchar Andres y Olivia subir, cuando estos llegaron frente a la puerta lo hicieron mirando hacia los lados. — Tu marido no está… -les informó mientras observaba, claramente sorprendido, del estado de la cama. — Como habéis dejado la cama… -La hija entró en la habitación mientras veía a aquel hombre penetrar como un loco a su madre. Este salió de ella, se acercó a la recién llegada y aferrándola se la llevó hasta el borde del colchón. — Aún no he terminado, niñata. Vas a ayudarme a acabar por todo lo alto… -ordenó mientras agarraba a la madre por los tobillos, le daba la vuelta y la colocaba abierta de piernas en el borde de la cama. Entonces hizo a la hija tumbarse sobre la espalda de su madre, abierta de piernas también. El clítoris de Olivia chocaba con las nalgas de su madre, y ambos coños estaban rebosantes de semen. — ¿Por cuál debería empezar y en cual debería acabar? -ninguna dijo nada, así que decidió empezar por la hija. Tras diez embestidas provocando un chapoteo incesante, hizo un rápido cambio al coño de la madre. Repitió hasta acabar de nuevo en el de la hija. Sus gemidos eran directamente proporcionales a la potencia que usaba para penetrarlas. A la madre lo hacía más suave y despacio, siendo consciente de que estaba más sensible. Pero a la hija decidió partirla por la mitad, así que nada más sacar su polla del coño inferior, agarró la cabellera de Olivia haciendo tirar su cabeza hacia atrás mientras se la clavaba hasta el fondo. — Prefiero correrme dentro de ti, niñata -vociferó mientras alteraba mordiscos en el cuello con besos en la boca. Sandra, estaba tan quieta que parecía estar profundamente dormida, aún extenuada por el placer de un orgasmo marchito. Ya no podría correrse más, lo sabía, pero podía disfrutar aquella sensación de plenitud. La hija, por el contrario, aún estaba por alcanzar su último orgasmo. A pesar de no tener demasiadas ganas de correrse más, aquella posición y aquella brutalidad la hacía estar constantemente a punto de correrse. Era un orgasmo enorme pero que no terminaba de llegar. Agravando la excitación que le provocaban aquellos picantes azotes y aquellos tirones de pelo, ambos en su justa medida. — Córrete -suplicó ella consciente de que lo que más podía ponerle era eso- Castiga a esta niñata con tu leche. El tirón de pelo se acentuó, el mordisco en el cuello se volvió más violento y más delicioso, sus embestidas se embrutecieron hasta que en una de ellas fue la misma Olivia la que no pudo seguirle el ritmo y comenzó a correrse como una loca. Había intentado aguantar, deseando correrse junto a él pero no pudo resistirlo. Viniéndose mientras sus piernas se encharcaban con aquella situación tan sucia pero orgásmica, no era la primera vez que sufría una eyaculación femenina… pero si la más placentera. Su coño tembloroso se había convertido tras eyacular en un recipiente de semen, siendo repostado por la manguera que había dentro de ella. A Andres se le había puesto la polla dura de nuevo, apeteciéndole follárselas de nuevo sin estar seguro de si estas podrían ser capaces de continuar. Antes de entrar en la habitación, miró al suelto tras detectar algo de reojo que le llamó la atención… Unas gotas transparentes y blanquecinas, manchando el marco de la puerta y el umbral de entrada a su habitación. Miró a los alrededores que rodeaban su habitación, decidiendo que no había nadie cerca. Ni se m*****ó en limpiarlo, se limitó a entrar en la habitación y cerrar la puerta tras de sí, cerrando con cerrojo. Unos tímidos gemidos de Sandra se empezaron a oír desde fuera desde el edificio, mientras Joaquin, con su linterna, se dirigía de nuevo hacia la oscuridad del interior de su tienda. 7.2 Promesas en la clandestinidad Una hora y media antes… — Hola, querido… -``Encima con recochineo´´ el gruñido mental de Joaquin no pudo ser escuchado por Prono, que se hizo a un lado mientras le invitaba a pasar-. Adelante, nos lo estamos pasando muy bien con tu mujer y tu hija. ¡Son más divertidas! -tras las palabras de este se podían esconder muchos significados, mas el recién llegado solo priorizaba uno de ellos: la niña y Andres estaban también en la casa, algo que no esperaba ni de lejos. La peor de las situaciones que él tenía en mente acababa de ser relegada a un segundo plano, eclipsada por una en la que tanto mujer como su hija eran acosadas y agredidas sexualmente por aquellos dos salvajes: ``Sí, Andres ya no se salva´´ se decía a si mismo mientras oía como Prono cerraba la puerta. — ¿Has dicho mi hija? — Ah, sí… Debe descolocarte un poco que las dos estén aquí… A altas horas de la noche… Con mi hermano y conmigo… -desprendía malicia, como si decir todo aquello no fuese a tener consecuencias e, incluso si así fuese, no fuesen a perjudicarle en absoluto-. Tranquilo, no ha pasado nada… Tu mujer y tu hija se desvelaron y acabaron viniendo aquí. Lo mismo pasó conmigo y mi hermano vino más tarde… Eso es todo. — Son mi mujer y mi hija -reafirmó repitiéndolo para darle más redundancia-, sé que eso es todo. La sonrisa de Prono se ensanchó, desafiante. — Ahora que tú también te has desvelado nos lo pasaremos muy bien los cinco. — ¿Dónde están? — En el salón, viendo la tele… -murmuró mientras se miraba las uñas como si no tuviese nada mejor que hacer. Joaquin se dio la vuelta para dirigirse hacia el lugar indicado, pero el hombre tras él se apresuró a llamar de nuevo su atención-. Estás preocupado, me imagino. — ¿Tú no lo estarías? — Yo nunca estaría ni estaré en tu situación -pasó de sonreír a mirarlo por desprecio durante unos segundos-. Tú y yo no somos iguales. — Te doy toda la razón, y es de las pocas cosas en las que vamos a estar de acuerdo. — Dices una cosa pero luego haces otra totalmente distinta… Eres un puto hipócrita. — ¿Perdona? — No te perdono. Eres un puto hipócrita -repitió sin sonreír, acentuando cada sílaba de la última palabra-. Dices que confías en tu mujer, pero aquí estás… Asegurándote. — Si tu tuvieses mujer harías… — Ya te he dicho que nunca estaría en tu situación -Prono se llevó el dedo índice flexionado en forma de gancho a la sien, como si quisiese indicarle que pensase en ello-. Por eso estás aquí, porque sabes que tu mujer es muy posible que acabe siendo follada por mi o por mi hermano. Ante tal declaración, la aparente calma de Joaquin se tornó en una pura ira, se puso rojo como una compresa mientras su sien izquierda palpitaba. — Tienes suerte de que esté invitado en casa de tu hermano, sino te ibas a tragar esas palabras y esa actitud de chuloputas que tienes. — Bravo -aplaudió sonriendo con ironía, pese a que el choque de sus manos era más simbólico que sonoro-, ante una buena argumentación te alteras y te cierras en banda. Estarás orgulloso… ¿Sueles ponerte así cuando alguien te habla con sinceridad? — Una cosa es ser sincero y otra cosa es ser un imbécil. — Si eres sincero muchas veces quedarás como un imbécil, sobre todo cuando dices la verdad a personas que no gustan escucharla -hizo un inciso-, eso suele decirlo mi hermano. Sea como sea -volvió a lo que estaba diciendo como si no quisiese dejar de chincharlo en ningún momento-. Lo único que te digo es que tu mujer está ahí, en el salón, con dos hombres interesados en ella… Tarde o temprano caerá. — Mi mujer no es así. Prono evitó argumentar con ciertas verdades que para él eran irrefutables; quería picarle y m*****arle, pero no quería crearle una m*****ia permanente. Buscaba una reacción concreta, y la estaba alcanzando. — ¿Qué no? A tu mujer le falta poco para ponerse a cuatro patas y… uff… Ser penetrada sin descanso. ¡Eh! Tranquilo, vaquero… Solo bromeaba un poco -Se adelantó alzando las manos, sin dejar de sonreír provocativo, al ver que este se preparaba para golpearle como un gato erizando su espalda-. Pero es el miedo que tienes… ¿No? — Confío en mi mujer -le contradijo echando miradas furtivas hacia el pasillo que llevaba hasta el salón. — ¿Por eso has venido? ¿Por qué confías en tu mujer? — Si tú… — Ya te he dicho que no me pongas en tu lugar, yo nunca me rebajaría. Di las cosas como son, se honesto. Tienes miedo a que tu mujer elija pasárselo bien conmigo -los ojos de Joaquin echaban chispas, pero no conseguían provocar en su oponente nada más que aquella sonrisa. — Aunque confíe en ella, no tengo porque darte la oportunidad a que hagas nada. — Es lo más inteligente que has dicho en toda la noche. Ya lo digo por ti, que parece que no eres capaz: Tienes miedo de que haga a tu mujer mía. El marido de Sandra se mordió la lengua y se dio la vuelta, comenzando a andar hacia el salón. Tras cinco pasos, se dio la vuelta y volvió a encararse hacia él. — Hablas como si fueses un rival, un candidato. No te equivoques, eres un mierda. Mi mujer nunca haría nada contigo… — ¿Ah, no? -El recién llegado alcanzó a ver en su mirada un brillo de astucia antes de entrecerrar los ojos- ¿Te apostarías a tu mujer? Más de un par de respuestas acudieron raudas a la boca de Joaquin, incluso si todas ellas eran aptas para decirse, solo una de ellas rugió victoriosa a través de sus labios. — Nunca me apostaré a mi mujer. — No me he explicado bien -Prono rio como si estuviese hablando con un colega-, al decir eso se podría entender que Sandra es tuya, y no lo es -Joaquin no dio indicios de tener intención de interrumpirle, no daba crédito a lo que oían sus oídos-. No, no es tuya. Ni tampoco mía, ella no es de nadie. — Ella es mi… -se apresuró a contradecirle. — … Esposa -le atajó él, como si fuese evidente, antes de continuar-. ¿Y eso la hace de tu propiedad? ¿Es un objeto? ¿Puedes meterla en un parking o guardarla en el armario? Quizá te ponen ese tipo de cosas. — Como pareja, me pertenece igual que yo le pertenezco a ella. — ¿Y te pertenecerá hasta que se muera o te mueras tú? -razonó él como si estuviese hablando con alguien menos inteligente. Joaquin echó un vistazo hacia atrás para asegurarse que no había nadie, el pasillo era largo y hasta la tele se oía baja. No habían elevado demasiado su tono de voz, pero nunca estaba de más ser precavido para no ser escuchados. Se acercó al hermano mayor de Andres soltando un bufido, no quería hablar con él a pesar de que, al mismo tiempo, algo le impulsaba a hacerlo. — ¿A dónde quieres llegar? -gruñó mirándolo con fiereza. — Si ella eligiese tener algo conmigo… ¿Qué harías? -Pese a lo simple y directa que pudiese ser la pregunta, Joaquin no se veía capaz de dar con una respuesta. El contrario, al ver que se había quedado pillado, fue el que rompió el silencio-. Has consentido que tu pareja jugase conmigo a lo largo del día, por lo que sea… pero ahora estás aquí. Has venido porque… — Porque no quiero que ella elija tener nada contigo. — ¿Y si ella quisiese tener algo conmigo, tu presencia la convencería de lo contrario? Al menos hasta que tú no estuvieses. Por fin se entendían el uno al otro, por fin no hubo más indirectas ni juegos. Se miraron en silencio, sin decirse nada. Joaquin sintió ganas de muchas cosas al mismo tiempo. De darse la vuelta y largarse, de ir al salón y comenzar a discutir con su mujer, de golpear a Prono… Ninguna de esas fueron sus decisiones. — Si mi mujer quiere tener algo contigo, antes me dejaría. — ¿Y si no quiere dejarte? -Prono estaba jugando con la mente de su contrincante, haciendo que pensase lo que él quería. Tenía que agradecerle a su hermano, aunque no le gustasen aquellos métodos había aprendido mucho de él. — Tendrá que elegir -afirmó el aludido con decisión-. No puede tenerlo todo. — ¿Lo ves? En el fondo sabes que me prefiere a mí. — No he dicho eso -negó con firmeza mientras fruncía el ceño. — ¿Te lo demuestro? -Joaquin no contestó-. ¿Te demuestro que ni confías en tu esposa ni eres capaz de aguantar tus celos? — Te equivocas en las dos cosas -le contradijo de nuevo, su corazón latía muy rápido. — O puede que seas el tipo de hombre que se pone cachondo viendo a su mujer pasárselo bien. No aguantó más: Joaquin se adelantó un paso y agarró con ambas manos la parte delantera de la camisa de Prono, plantándole cara. — Estoy hasta los cojones de ti. ¿Me entiendes? Me das asco. Y por eso te voy a demostrar que te equivocas -``El muy inútil ha caído de lleno en la trampa´´ se regodeó reprimiendo una sonrisa de victoria. En lugar de empujarlo para apartarlo, Prono le agarró de las muñecas y con suavidad lo invitó a soltarlo. — ¿Cómo me lo vas a demostrar? — ¿Querías apostar? ¡Vamos a apostar! -rugió el marido ofuscado intentando a pesar de todo no elevar el tono de voz. Estaba harto del maldito juego de su mujer, pero por encima de todo estaba cansado de aquella incertidumbre. — ¿Te vas a apostar a si puedo follarme a tu mujer? — Me apuesto que si no eres capaz de follártela, no volverás a mirarla, a hablarle ni a acercarte a ella. Ni aquí ni en ningún sitio. — Me parece de puta madre -explotó eufórico Prono, intentando controlar los pequeños temblores de excitación que acudían a sus dedos. ¿Había algo más excitante que follarse a una guarra delante de su incrédulo esposo? — Yo me apuesto que, si soy capaz de follármela, no nos interrumpirás ni harás nada para impedirlo. Y tampoco le dirás a tu esposa que sabes que me la he follado. Joaquin, con el corazón a mil, fue a darle la mano pero la retiró en el último momento. — Las condiciones -dijo en el último segundo. — ¿Quieres poner condiciones? -replicó incrédulo, retirando la mano a los pocos segundos. — Solo ganarás la apuesta si hay penetración vaginal. ¿Me has entendido? Cualquier otra cosa no cuenta. Prono se rio tan alto que seguramente fue escuchado desde el salón, no fue una carcajada corta. Aquello iba a ser más divertido de lo que esperaba, no solo por el morbo de hacerlo, sino por el sufrimiento de aquel inútil que por su propia necedad iba a perder a su propia esposa: ``Y pensar que creía que la noche no podría mejorar´´ se burló sin dejar de mirarlo a los ojos. — Es decir, que me la puede chupar, me puede pajear, y le puedo comer el coño pero eso no me hace ganar. — No va a llegar a eso, pero por si acaso así es -Ante el comentario de Joaquin, el aludido no hizo comentario de lo cobarde que le parecía aquella actitud. Era una desventaja total, y aún así iba a ganar. — Estoy de acuerdo. Ahora tocan mis condiciones… Puedes mirar lo que quieras, seguirnos y espiar, pero no podrás interrumpir ni perjudicarme. Si lo haces, se anula la apuesta… -El patriarca de la familia invitada no podía creer que se estuviese apostando a su mujer. ¿Era por morbo? ¿Curiosidad? ¿Por otro motivo que desconocía? Le venían pequeños flashes imaginándose a Sandra follando delante de él, y se le ponía dura. ``Soy un enfermo. No hay nada que pueda odiar más, pero al mismo tiempo…´´ pensaba mientras oía hablar a Prono. Tal vez se había mentido a si mismo y sí creía capaz de todo aquello a su mujer. Tal vez aquella era la manera en que su inconsciente pedía ayuda a Prono, para que este le ayudase a comprobar si su esposa era tan zorra como parecía… ``¿Pero que haré si resulta serlo?´´ se preguntó consumido por el miedo y la inseguridad ``No quiero perderla… La amo demasiado. Es mi vida… ¿Podría perdonarla? — … ¿Me estás escuchando? -No obtuvo respuesta-. ¿Has escuchado algo de lo que he dicho? — No -confesó suspirando. — Mis condiciones son que puedes espiar y seguirnos, pero que si interrumpes en algún momento, se anula la apuesta. También que esta pequeña apuesta va a quedar entre nosotros, no se lo dirás a nadie… Ni a tu esposa, ni a tus hijos, ni a mi hermano. ¿Me has entendido? — Pero puedo hablar con mi esposa. — Habla con ella lo que te salga de los cojones, pero no le digas nada de que has hecho una apuesta conmigo ni lo que te juegas. ¿Me has entendido? Y te repito que no puedes interrumpir. Sería gracioso que todos, hasta tus hijos, supiesen que te has jugado a Sandra con otro hombre -Alzó la mano, firme y estable. Esta vez si que fue agarrada por Joaquin, los cuales intercambiaron un apretón-. Te voy a demostrar lo guarra que es tu mujer y como le gusta que sea un verdadero hombre con ella. Tal vez hasta aprendes como tratarla y comportarte frente a ella… ¿Vamos al salón? Se dirigieron juntos hacia la sala donde su vecino, su mujer y su hija veían una película en silencio. No parecían haberse enterado de nada… — ¿Papa? -preguntó su hija separándose un poco de Andres, mostrándose un poco descolocada. Sandra lo recibió con una tímida sonrisa mientras se levantaba y se dirigía hacia la cocina, invitándolo a seguirle. Era el principio de un largo día donde descubriría muchas cosas mientras experimentaba un cúmulo de impotencia, rabia y excitación. *** Cumpliendo su parte de la apuesta, Joaquin no dijo nada de esta a su mujer en cuanto se reunieron en la cocina. No se le escapó que esta vistiese una camisa larga que le hacía las mismas veces de falda, ocultando el pantaloncito de pijama que llevaba debajo. Sandra le explicó que, habiéndose desvelado, se encontró con su niña fuera de la tienda y decidieron ir juntas al interior de la casa. No tardó en llegar Andres y poco después Prono… Su marido se mostró escéptico a creer que no había sucedido nada, aunque le repetía una y otra vez que no las habían tocado. — Claro que han hecho comentarios y han mostrado interés, pero no es algo que pudiésemos evitar. — ¿Cómo no vas a poder evitar que digan esas cosas? — Estamos en su casa, Joaquin. ¿Qué podríamos hacer? ¿Volver a las tiendas y estar con los ojos abiertos lo que queda de mad**gada? Tenemos in…som…nio. -repitió enfatizando cada palabra-, vinimos aquí donde podíamos picotear y pasar el rato… — ¿Y Rob? ¿Por qué la niña no lo ha traído? — ¿Crees que despertaría al niño? -En todo eso tenía que darle la razón. No podía continuar la discusión por ese camino. — Y… ¿Qué te decían? — Solo gastaban bromas… Lanzaban indirectas, decían cosas para ver como reaccionábamos… — ¿¡Y cómo reaccionabais!? — Receptivas -confesó sin andarse con rodeos. — ¿Las dos? Con tu estúpido juego me lo esperaba. Pero… ¿De la niña? — Estamos en una casa que no es nuestra, habría sido incómodo si hubiésemos sido cortantes. Volvía a sentir ganas de largarse de allí a pesar de no llegar a hacerlo. Algo lo ataba a quedarse allí… Una mezcla de curiosidad y masoquismo, sin querer que pasase nada, necesitando saber si tenía que pasar algo. ¿Realmente quería su mujer hacer algo con aquel malnacido? ¿Haría algo si el fingía no darse cuenta? Todo en su interior eran contradicciones; emociones antagónicas que entre sí producían una constante y m*****a fricción. ``No, no seré yo quien rompa las condiciones de la apuesta´´ se decía demostrando una férrea fuerza de voluntad. Odiaba a Prono, pero este había dado en el clavo: Era hora de saber hasta dónde llegaban los límites del juego de su mujer. — ¿Qué os decían? -La actitud de Joaquin dio un giro de ciento ochenta grados, mostrándose mucho más receptivo; algo que ella lo pilló al vuelo. — Cosas como… que este pijama me quedaba muy bien, pero no tanto como el bañador… Que si nos apetecía comer algo mientras veíamos una película… — ¿Y qué respondíais vosotras? -le cuestionó asintiendo secamente. — Nos reíamos la mayoría de las veces… O les respondíamos con cosas sugerentes sin llegar a invitarlos. No sé si me entiendes -Le hablaba con voz melosa, como si le gustase su reacción o, por el contrario, que no reaccionase de otra manera. — No os tocaron… — No… Pero querían hacerlo -le dijo guiñando un ojo. Joaquin se tuvo que volver a morder la lengua a pesar de que, al mismo tiempo, no podía negar que le gustase lo que escuchaba-. Cariño… -empezó a decir ella agarrándolo por el brazo, sin estar segura de lo que iba a hacer. — No pasa nada. Estoy bien -se apresuró a aclarar antes de reanudar el intento de volver al comedor. — Lo que quiero decir es que tal vez deberías volver a la tienda -insistió ella apretando todavía más su agarre. — ¿Me pides que vuelva a la tienda mientras la niña y tú estáis aquí con esos dos? -No daba crédito a lo que oía. — Tal vez ves cosas o oyes cosas que no podrás… Joaquin hizo su mejor esfuerzo por tragarse su crispación, plantarse frente a su esposa y darle un beso en la frente. — Confío en que hagan lo que hagan esos dos, tú te mantendrás firme… Porque confío en ti. — Entonces deberías volver a la tienda -insistió ella. No fingió su preocupación, era innecesario que su marido viese o escuchase ciertas cosas. — ¿Y quedarme lo que queda de mad**gada mirando el techo de la tienda? Prefiero quedarme aquí. Además… Seguro que se cortan si yo estoy delante. — Andres sí, pero el otro… -La mujer se veía acorralada entre la espalda y la pared al querer irse junto a su marido y su hija de vuelta a las tiendas y así evitar a este todo lo que pudiese pasar si se quedaba; mientras que por el contrario la decisión de volver a la tienda no le resultaba atractiva en absoluto. Después de todo lo que había pasado en la tienda de Prono, este solo podía haberse crecido mucho y ya se imaginaba como se comportaría delante de su marido. — Mientras no hagáis nada, podré soportarlo. — ¿Seguro que serás capaz de aguantarlo? -Lo repetía por educación, como aquella persona que rechaza dinero la primera vez que se lo ofrecen-. Lo que no quiero es que no haya peleas… Y no puedo ser desagradable con el hermano del hombre que nos ha invitado. No le quedó otra que tragar saliva, sabía que era parte del trato no interferir, y mucho menos alentarla a que no hiciese algo. Tenía narices que fuese él el que tuviese que dar un empujón a su mujer, pero era la única manera de saber cómo era realmente Sandra. Esperaba tener razón y que su fidelidad fuese fidedigna. — ¿Hacemos un trato? -Sandra ni parpadeó, expectante. No sabía por dónde iba a salirle-. La verdad es que al llegar Prono hizo otro comentario de los suyos, me dijo que un día de estos te haría suya… -hizo una pausa, pero su interlocutora no dio señales de querer interrumpirlo-… y me gustaría escarmentarlo. — Es decir… -Los labios de su mujer se separaron con suavidad, como si nunca antes se hubiesen despegado. No se había atrevido a apresurarse en sacar conclusiones de lo que su pareja quería proponerle. — Que le hagas creer que estas dispuesta a algo y que luego le dejes con la polla bien dura. Estupefacta, abrió la boca de par en par, miró al hombre que acababa de hablar con la voz de su marido. — ¿Quién eres tú y que has hecho con el celoso e intolerante de mi marido? — Deja de alagarme, vas a hacer que me sonroje -bromeó luciendo una tímida sonrisa, disimulaba bien lo forzada que era. — ¿De verdad me estás proponiendo que seduzca a Prono? — No te olvides de la parte más importante -Su mujer había agachado la mirada hacia el suelo; Joaquin le puso el dedo índice bajo el mentón y la hizo volver a mirarlo-. Todo eso… Si te consideras capaz de parar a tiempo… Con eso le estaba dando una salida, una por la que ella podría optar antes de que comenzase aquella apuesta de locos. — Claro que puedo parar a tiempo, cariño… El que me preocupa eres tú. Yo puedo aguantar que él suelte un par de comentarios o intente cosas; pero que tú tengas que verlo y soportarlo. — Si sé que todo va a quedar en unas palabras o unos roces… Puedo soportarlo. Siempre y cuando se quede con un buen dolor de huevos -La mujer que le había dado tres hijos se puso de puntillas para besarlo en la boca antes de ir juntos hacia el sofá, donde esperaban los otros tres viendo una película. Joaquin y su mujer se incorporaron, quedando los cinco apretujados en el mismo sofá. Epílogo Las ojeras se marcaban en la cara de los cinco que habían permanecido despiertos toda la mad**gada. Estaban los nueve frente a la puerta de entrada que permitía el acceso a la finca de Andres. Tras la familia invitada, su coche, despidiéndose de Andres, su hijo y su tío. — Hasta la próxima -se despidió Rob, en su cara no había ojeras… Había dormido como un angelito. Sus dos cuñados repitieron el ejemplo de este. — Sí, la próxima supongo que será en vuestra casa -propuso el anfitrión, mitad en broma mitad en serio. Joaquin se limitó a sonreír mirando a su esposa, ante el silencio de su pareja fue esta la que contestó. — Claro, la próxima en nuestra casa… Aunque no tengamos tiendas de campaña, piscina ni barbacoa. — No pasa nada, lo que importa es la gente que hay en ella -señaló Prono con amabilidad. — Bueno… Ya hablaremos -Era la primera vez que hablaba desde que habían salido de la casa. Había disimulado bien a lo largo de la mañana, pero no le quedaban fuerzas para seguir fingiendo-. Es hora de volver. — Hasta más ver -se despidió Andres mientras veía a la familia andar hacia el coche. Sandra y Olivia miraron hacia atrás disimuladamente, mientras pequeños hilos de semen recorrían la cara interna de sus muslos. Anexo. Mensaje del autor despidiendo el capítulo Queridos lectores y lectoras. No habrá más relatos ni partes en este capítulo, que se cierra por todo lo alto (a mi parecer), e informo que después de este séptimo relato sea publicado no tardaré mucho en comenzar a preparar el segundo capítulo. Como ya sabréis, los capítulos en esta saga son independientes. Esto quiere decir que todo lo que sucede en un capítulo, no necesariamente tiene que mantenerse para las siguientes ‘’sagas’’. En otras palabras, si el capítulo uno es la saga del macho alfa. En el capítulo dos no necesariamente tiene que haber ninguna referencia a este, siendo tramas totalmente distintas.

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