Manifiesto de la Perversión

Hardcore

Manifiesto de la Perversión
Capitulo 1
El Origen de la Perversión

Juan se encontraba en su habitación masturbándose como cada tarde de su adolescencia pero siempre tomaba recaudos para no ser descubierto por Ricardo, su padre, Susana su madre y Ana su hermana. Sin embargo, ese día se sentía observado, al darse vuelta en su silla para ver hacia la puerta, no vio nada. Su pequeño pene a punto de explotar y la chica que gemía en una porno a través de sus auriculares lo convencieron de seguir su ardua tarea de tocarse.
Estando a punto de acabar escucha:

-¡Juaaaaan!

Reconoce la voz de su madre y pregunta -¿Q-Qué pasa mamá?

-¡Ven a comer chiquillo!

-V-Voy…- mientras se acomodaba el pantalón para que no se note su diminuta erección de joven

Almorzó como todos los días, estando a punto de levantarse de la mesa, nota que sus padres, junto con su hermana lo miran con cierta preocupación pero no dicen nada, él se detiene un segundo para mirarlos y se retira rápidamente a su habitación para comenzar una nueva tarde en el colegio. Cuando saluda a su familia antes de irse, Susana lo toma del brazo.

-Cuando vuelvas del colegio, tu padre y yo queremos hablarte de algo ¿No tienes problema?

Juan le pregunta que es lo que pasa pero ya llegaba tarde al colegio.

-Ahora no chiqui, cuando termines el día escolar y cenemos, ahora apúrate y que tengas un buen día.

Al regresar a su casa, noto un silencio extraño, muy extraño

-¿Má? ¿Pá? ¿Ana? – Pero nadie contesto…

Revisó cada cuarto, cada lugar de la casa pero se hallaba solo completamente. Espero cinco minutos y nada, fue a su habitación a cambiarse y se quedó en ropa interior hasta que llegará su madre por lo menos, ya que le m*****aba que este en paños menores por la casa.
A la media hora de esperar e impulsado por su masturbación crónica, se bajó la poca ropa que tenía y acarició un momento su pene, cuando repentinamente a su mente llego la puerca y excitante idea de masturbarse en el sillón de su casa. Se puso cómodo y comenzó a tocarse.

No sabría cuánto tiempo habría pasado ¿Dos minutos? ¿Media hora? Pero escucho pasos, al darse vuelta vio a su padre junto a su madre, desnudos, su padre de 40 años con un pene gordo, como su cuerpo y su madre de 38 años con unas ubres medianas un poco deterioradas por el tiempo y el paso de dos nacimientos, sin embargo conservaba un culo gordo y lindo pero con mucha celulitis y por último su hermana de 18, con un cuerpo sin desarrollar y un poco fuera de peso pero con un gran arbusto entre las piernas.
Juan quedo perplejo, sus ojos desorbitaban locos de izquierda a derecha, apreciando cada detalle de su familia al desnudo, y su pene también lo hacía poniéndose durito y latiendo.

-Ven Juan, tienes que iniciarte, vamos a enseñarte todo de nuestra costumbre.

Juan estaba petrificado, sentía un pequeño volcán en su zona inferior pero su mente le decía que no, que esto estaba terriblemente mal, que debería ser una pesadilla. Por suerte no lo era…
Ricardo agarro suavemente a Ana de la cara y le estampo un dulce beso para luego introducir lengua. Él quedo atónito, no podía ser, su familia iba religiosamente todos los domingos a misa, Ana estaba por empezar el curso para ser monja y ahora se besaban como si fueran adolescentes con las hormonas por la cabeza. De repente sintió una mano tierna pero fuerte sobre su miembro viril, era Susana, de rodillas apretándolo bien fuerte con una sonrisa siniestra dibujada en su rostro.

-¡Qué lindo el chiqui! Tu pequeña verguita está gritando para recibir cariños ¿No es así Juancito?

Juan tragó saliva y dijo tartamudeando –S-Si…Digo ¡No! – y se levantó eufórico, su corazón parecía un tambor. No se dio cuenta que al levantarse le estaba apoyando en la cara de su querida madre sus bolas y su pene ardiendo por pasión. Cuando tomo conciencia se apartó consternado preguntando

-¿Pero qué es esto? ¿Qué les pas…a…a…

Susana aprovechando la reacción de su hijo, se acercó rápidamente y le lengüeteó la verga para luego meter la puntita de su lengua en el agujerito del pene de Juan. Algo inesperado, algo que no había visto en ninguna porno mientras hacía su rutina diaria de darse amor con la mano.
Al cabo de unos segundos, su madre se hallaba en un costado tosiendo mientras escupía un líquido blanquecino, el proyectil le había alcanzado en la campanilla y casi se ahoga con el semen. El rostro de Juan estaba todo rojo, parte vergüenza y parte por caliente.

-Déjame un poco madre- Dijo su hermana mientras se agachaba a los pies de su hermano para lamer el semen que goteaba de Juan.

-Felicidades hijo, tu primer paso en el sexo como un hombre, la etapa que sigue no es obligatoria, puedes abstenerte si lo deseas… Vamos a ir a nuestra habitación junto con tu madre y tu hermana, estas invitado si quieres participar, puedes mirarnos y tocarte si quieres, amo el público y más si mi hijo alienta por mí, mientras tengo sexo con tu madre.

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