El levante concluye en el hotel

Threesome

El levante concluye en el hotel
El mozo se acercó y le pagué la cuenta. Luego salí del lugar para alcanzar a Anita.
Estábamos a un par de cuadras del hotel. Volvíamos caminando despacio, tomados de la mano y yo le pedí que me contara detalles de lo que había pasado en el baño de hombres en ese restaurante.
Pero Ana largó una carcajada y me dijo que tuviera paciencia; ya que lo mejor todavía estaba por venir.
Yo estaba que no aguantaba más; estaba realmente arrepentido por no haberla cogido antes de salir a cenar. Ahora era tarde…
Esas dos cuadras fueron interminables. Para colmo mi mujercita estaba sin la tanga y su pollera se balanceaba, mostrando el nacimiento de sus glúteos, lo cual me excitaba todavía más…
Ya en el hotel lo llamó a este pibe que se había cogido en el restaurante y que se llamaba Javier, para confirmarle la dirección del hotel. Le dijo que lo esperaría en la recepción a medianoche.
Me pidió que fuera a comprar alguna bebida alcohólica, ya que en el bar del hotel no había demasiada variedad.
Mientras estaba comprando algo que a ella le gustara, me llegó un mensaje, diciendo que su macho ya estaba en la recepción y que ya podíamos subir juntos a la habitación.
A continuación, me envió una foto suya frente al espejo, vistiendo solamente un par de medias negras de nylon y tacos altos…
Regresé rápidamente al hotel y lo invité a Javier a acompañarme a nuestra habitación. El conserje nocturno no estaba a la vista; así que no tuve que inventar excusas por la presencia del pibe.
Llegamos a la habitación por las escaleras, casi sin cruzar palabra.
Ana estaba recostada sobre la cama, completamente desnuda, tal como la había visto en esa foto un rato antes.
Me puse a preparar unos tragos con los ingredientes que había conseguido comprar. Ana le sonrió a su macho y lo invitó a ponerse cómodo; es decir, a desnudarse.
Mi mujercita se acercó para susurrarme al oído, que ahora ese chico la iba a coger en mi presencia, si es que me animaba a quedarme allí en la habitación. La verga casi me explotó dentro de mis pantalones al escuchar a mi sensual Ana decir eso…
Ahí nomás parados al lado de la cama comenzaron a besarse.
Pronto la verga de ese pibe quedó expuesta y supe que Ana tenía razón; la tenía bastante grande.
Mi esposa se arrodilló frente a él y tomó esa pija ya dura entre sus manos. Se la llevó a los labios y abrió la boca para darle una buena mamada.
El flaco se dejó hacer; pero de repente la levantó del suelo aferrándola por los cabellos. Ubicó a Ana de frente a la cama y le empujó la cabeza contra la almohada; haciendo que ella se doblara por la cintura, exponiendo su dilatada y humedecida labia…
Él empezó a acariciar esa hermosa concha, hundiendo sus dedos cada tanto dentro de esa humedad, rozándole el clítoris.
Ana gimió y giró su cabeza para mirarme, mientras me dedicaba una de sus más diabólicas sonrisas…
De repente la pude ver temblar y sus piernas se cerraron; señal de que había tenido un orgasmo. Entonces le pidió al pibe que se acostara boca arriba.
Ana montó sobre la pelvis de él y sin dejarse penetrar, comenzó a frotar su labia contra esa verga totalmente endurecida.
Cuando estuvo bien lubricada con sus propios flujos, se levantó a penas y enseguida se empaló ella misma sobre ese palo enorme…
Ana giró para mirarme otra vez y me ordenó que me quedara cerca, para ver cómo la cogían bien duro.
Comenzó a balancearse despacio, mientras iba clavándose cada vez más sobre la verga y al mismo tiempo se acariciaba el clítoris con sus dedos. Nunca había visto tan caliente a Anita…
Javier mientras tanto, le acariciaba las tetas y jugaba con sus pezones erectos. De repente intentó insertar un dedo en el estrecho ojete de mi delicada mujercita.
Pero ella le sonrió y le dijo que ni siquiera lo intentara; su apretado culo estaba reservado solamente para el cornudo de su esposo…
Apenas escuché que decía eso, acabé en mis pantalones. Anita vio la mancha húmeda en mi entrepierna y sonrió; pero además aceleró el ritmo de la cabalgada, ya que mi eyaculación pareció excitarla bastante.
Comenzó a gemir y a gritar como una posesa; estaba teniendo un orgasmo tremendo. Gritaba como si la estuvieran matando. No paraba de aullar, de temblar y de retorcerse sobre Javier.
Cayó rendida sobre el pecho de ese pendejo; pero él seguía con la pija bien dura y sin miras de acabar. Ana sonrió, sintiendo esa dureza y se salió despacio, para ubicarse en cuatro sobre la cama.
Hundió la cabeza en la almohada y levantó la cola en el aire; esperando que su amante la cogiera desde atrás.
Levantó la cabeza y me sonrió; diciéndome que ya podía irme a tomar un trago abajo al bar; mientras ella hacía acabar a Javier…
Apenas cerré la puerta de la habitación, se oyó un profundo aullido de placer. Javier ya la había penetrado desde atrás.
Caminé despacio por ese interminable pasillo, con la compañía de los gemidos de Ana, que resonaban en medio de tanto silencio.
Me pregunté cuántos tragos iba a tomarme allá abajo; antes de juntar coraje para volver a subir…

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