Regresando a casa temprano

Regresando a casa temprano
Ese viernes por la tarde regresé temprano a casa, esperando sorprender a Anita, para que tal vez pudiéramos salir y disfrutar una cena romántica.

Dejé mi auto en el garage y caminé hacia la cocina, esperando encontrar a mi esposa allí; pero toda la casa parecía estar vacía…

Entonces pude oír sonidos extraños provenientes del piso de arriba. Llamé a Ana, pero no contestó, así que decidí subir las escaleras.

Mientras subía, podia oír los sonidos con más claridad. Parecían ser gruñidos, pero también podia tratarse de sonidos sexuales….

Al acercarme, pude distinguir la voz de mi esposa entre esos gemidos…

Pensé que Ana estaba siendo atacada por algún extraño, hasta que claramente escuché su sedosa voz suplicando a gritos:

“Dale… cogeme, dame más duro, no me dejes así tan caliente…”

La puerta del dormitorio estaba entreabierta. Lo que pude ver me dejó aturdido y al mismo tiempo me provocó una tremenda calentura.

Allí estaba mi adorada Anita, completamente desnuda apoyada sobre sus codos y rodillas en medio de nuestra cama matrimonial, con un tipo enorme arrodillado detrás de ella, bombeándole la concha sin piedad…

Reconocí que era Marcos, un antiguo compañero suyo de estudios; que se la había cogido cuando eran muy jóvenes, antes de conocernos… Entonces recordé que, un par de meses atrás, Ana me habia comentado que se habían reencontrado; pero nunca me imaginé que me estaba metiendo los cuernos con ese tipo…

La cama chirriaba y se agitaba como si fuera a desarmarse, mientras Marcos bufaba y gruñía, enterrándole la verga a fondo a mi mujercita…

Ana tenía los ojos cerrados, se agitaba pidiendo más y más, pidiéndole a su antiguo amante que la cogiera más duro y más rápido.

Marcos le tiraba del pelo mientras la bombeaba con dureza; gritándole al oído que ahora ella iba a ser su puta, exigiéndole que ella reconociera que nadie la cogía como lo hacía él…

Entonces Anita sonrió, gritando que realmente esa verga era la mejor que la había cogido en toda su vida. Le dijo además que su concha caliente y chorreante le pertenecía a él, para que hiciera con ella lo que quisiera…

Pude saber que mi mujercita estaba acabando, por los sonidos que comenzó a hacer. Reconocí enseguida que estaba teniendo un orgasmo.

También supe que Marcos estaba por acabar, cuando la tomó por las caderas con firmeza y comenzó a darle más duro, con ganas, haciendo que Ana gritara más que nunca…
El tipo entonces tensó la espalda y se quedó quieto, su verga dura enterrada en la concha de Ana, mientras la llenaba de semen.
Pude ver ese liquido pegajoso deslizándose entre los muslos de mi esposa, manchando las sábanas…

Retrocedí por el pasillo y bajé las escaleras. Antes de salir por la puerta de calle, escuché que ellos se aprestaban para otra nueva sesión de sexo.

Me sentía excitado, observando a mi delicada mujercita mientras era cogida salvajemente por un desconocido para mí y además ella lo disfrutaba como una perra en celo, pidiendo más y más…

Fui directamente a un local de artículos electrónicos y compré una cámara de alta fidelidad. Pensaba instalarla en nuestro dormitorio, para poder presenciar la próxima vez lo que ocurria en nuestra cama, la próxima vez que Ana y su amante se encontraran…

Apenas instalada la cámara, descubrí un mensaje de texto en el teléfono de Ana, diciendo que se encontrarían otra vez el viernes…

Ese viernes por la tarde estaba en mi oficina, cuando justo a tirmpo encendí la cámara en mi computadora y pude ver a Ana y Marcos desnudándose en nuestro dormitorio…

Marcos no perdió tiempo. Sin preliminares, subió a la cama detrás de Ana, que estaba esperándolo en cuatro y hundió su verga dura en esa hermosa concha; comenzando a bombearla sin demostrar piedad.

El sonido funcionaba muy bien.
Podía oír claramente los gemidos de mi infiel mujercita, sus súplicas para que la cogiera bien duro y los gruñidos de él, mientras se afanaba en complacerla a ella y al mismo tiempo, disfrutar de su propio placer.

Pude ver cómo le tironeaba del pelo para llevarla hacia su cuerpo musculoso y empujar su verga cada vez más adentro de su dilatada vagina.

De pronto ella arqueó su espalda y gimió: “Ay, no!”…

Su esbelto cuerpo comenzó a temblar sin control.
Marcos la dio vuelta en ese momento. Ella abrazó sus largas piernas a la cintura de él y dejó que esa verga dura se deslizara otra vez dentro de su hambrienta concha. Esas torneadas piernas apretaron con firmeza la cintura de Marcos cuando él la penetró.

Apenas él comenzó a bombearla otra vez, Ana alcanzó un muy intenso orgasmo; aullando y jadeando sin control.
Pude ver que ella estaba totalmente entregada a ese tipo; casi perdida.

Cambiaron otra vez posiciones; Ana cabalgando sobre la verga de Marcos. Mi esposa gimió de placer apenas lo montó y se empaló en esa pija dura.

El tipo la bombeó desde abajo; levantándola en el aire, gruñendo a lo bruto.

Anita aulló otra vez al sentir ese semen invadiendo su vientre.
Ella colapsó sobre el cuerpo de él, quedando ambos exhaustos.
Después mi mujercita se levantó, deslizándose sobre el cuerpo de su amante y tomando la verga todavía erecta entre sus labios, para darle una mamada infernal hasta lograr dejarla limpia a lengüetazos…

Después ambos yacieron de espaldas, recuperando la respiración.

Entonces la llamé por teléfono. La observé estirarse para alcanzar el aparato. Sonrió mientras su amante le acariciaba el culo.
Le pregunté cómo andaba y qué estaba haciendo.
Estiró su mano para que Marcos dejara de tocarla y me contestó que no hacía nada divertido, solamente estaba limpiando y ordenando la casa.

Le dije que no veía la hora de llegar a casa para cogerla como ella se merecía. Entonces pude ver que su mano se deslizaba automáticamente a su concha; comenzando a jugar con todo ese semen que su amante le había dejado adentro.
Seguía estando caliente, a pesar de semejante cogida con Marcos.

Mentí, diciéndole que ya estaba en camino y que llegaría en menos de quince minutos, pidiéndole que me recibiera con un body transparente negro y zapatos de taco alto, un conjunto que me volaba la cabeza…

Sonreí al ver que Ana se sentaba en la cama y le hacía señas a su amante.

Entonces me despedí de mi mujercita y colgué.
Apagué la cámara. No quería ver lo que podía pasar en esos quince minutos que iba a durar la despedida con ese Marcos…

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