Personal shopper

Personal shopper
Se dedicaba a aquel trabajo desde hacía algunos años. Era un cambio radical a su carrera que había dado gracias a los consejos de una amiga diseñadora.

Para ser estilista, se requieren ciertas habilidades, y su amiga había descubierto que el los tenía de forma innata.
Aparte de ser bueno combinando ropa, tenía que ser un hombre al que le encantara el cuerpo de una mujer, que supiera realizarlo y que al mismo tiempo no pensase con la polla, que no se excitara con las mujeres que atendía.

En todo eso sobre salia, y lo demás era experiencia.

En seguida se dio cuenta que su forma de ser hacia que las mujeres se sintieran cómodas con él y pronto dejó libre parte de su forma femenina, mostrándose hasta cierto punto afeminado.
Eso le fue realmente bien. No era una impostura, era algo natural que había salido a la superficie por estar tanto tiempo teniendo que evitar disimular cuando una situación podía serle excitante.
En poco tiempo todo aquello pasó, se convirtió en un excelente profesional, y podía estar en un vestuario lleno de modelos medio desnudas sin sentir nada. Veía mujeres y se fijaba en su estilo, en su ropa.

Eran las mujeres reales, las que no tenían cuerpo de modelo las que le excitaban de verdad, y con las que podía llegar a pasarlo mal dada aquella fama de gay que se había creado sin buscarlo.

Nunca dijo personalmente que fuese gay, era algo de lo que no hablaba. Para fastidiarlo más aún a veces se sorprendían cuando lo veían con alguna chica como pareja. Solían pensar quebera tapadera y que no quería salir del armario. Era una situación muy complicada. No podía desvelar de cualquier manera que no era gay, tampoco tenía importancia cual fuese su orientación sexual. En su trabajo solo pensaba en dar lo máximo, y los cuerpos de las mujeres, sexualmente hablando, le importaban poco.

Los problemas empezaron a ponerse serios cuando aceptó complementar su trabajo con el del personal shopper. Acompañaba a mujeres a comprar y elegía la mejor ropa.
El problema es que muchas de esas mujeres eran de su edad o ligeramente más maduras. No tenian cuerpos espectaculares, pero eran reales, y conseguían provocarle en muchas ocasiones.

Para evitar problemas, decidió hacer lo que nunca había hecho, rechazó trabajo y solo empezó a aceptar propuestas de personal shopper, de mujeres mayores.

Eso era mucho mejor, no había excitación, aunque intentaban provocarlo igualmente. Eran mujeres de dinero, aunque de menos nivel del que aspiraba. Mujeres viudas o separadas que se sentían bien con un chico como él. Si no fuese porque el era así, su aura de gay podría desaparecer.

El problema llegó un día que se vió comprometido a aceptar el encargo de una de sus clientas más mayores. Tenía un importante acto social al que tenía que ir su joven hija, una alocada ñiñata que no quería hacerse mayor ni responsable que parecía querer vivir eternamente en la adolescencia.
Era una chica atractiva, delgada y menuda. No hubiera pasado por modelo, pero era guapa. Tenía algunas cosas interesantes, como unos ojos rasgados casi orientales, y unos labios carnosos muy sensuales.

Sabía que iba a tener problemas, pues aquella chica siempre intentaba enseñar lo que no tenía, remarcando un su poco pecho, o su trasero redondo y pequeño. Se ponía ropa muy ajustada para marcar unas caderas casi inexistentes. Le gustaba calentar a los tíos, con esa apariencia y personalidad infantil.

El encargo de la madre parecía imposible. Convertirla en un solo día en una mujer adulta, elegante y con clase. Lo que era y tenía que ser.

Se quedaron solos en su casa, y rápidamente se puso manos a la obra buscando en el enorme vestidor vestidos que pudieran irle bien. Encontró casi una docena preciosos, no tendría que salir de compras. Buscó zapatos a juego y lo llevó todo a la habitación de ella.

– Será la primera vez que me desnude delante de un chico en mi propia habitación.

El no hizo ningún caso mientras combinaba complementos. Ella hablaba y decía cosas sin sentido, cogía un peluche de la cama, lo dejaba, cogía un vestido, lo dejaba.

– Tu das o te dan?- dibo en un momento.

– como?

– cuando estás con otro tío, si das o te dan.

Se quedó congelado. Ya le habían preguntado otras veces por cosas similares, sabía cómo responder. Le entrego un vestido muy sensual de punto. Se ceñiría a su cuerpo y la haría más adulta, pensó. Luego mientras comprobaba que realmente se lo probaba, respondió.

– no funciona siempre así. No todo es ser activo o pasivo.

Ella pensando en lo que dijo, se quitó lo que llevaba y se quedó delante de él en ropa interior. Aunque estaba a cierta distancia, noto el calor y la sensualidad que desprendía. No, no destacaba por ser exuberante, pero tenía una bonita piel, y así con ropa interior descombinada le daba aun apariencia de niña pija.
Se sintió perdido.

Ella se puso el vestido y pasó el peor momento. Empezó a tocarse los pechos.

– crees que debería operarmelos? Los noto muy pequeños.

– ni loca. No te los toques, son perfectos.

– mi madre dice lo mismo, que espere. Pero que sabrán una vieja y un gay.

– No, el problema es el sujetador. Necesitas uno que aproveche las formas que tienes, que lo realce, que no los comprima.

– creo que tengo uno.

Fue a un pequeño tocador y trajo uno de color negro y elegante. Delante de él se quitó el vestido y el sujetador. Ahora sí que estaba en problemas, una cosa era trabajar con muchas mujeres y la actividad frenética de arreglar muchos vestidos, otra estar a solas con aquella tía que le enseñaba aquellos pequeños y bonitos pechos.

– entonces como funciona eso? No eres ni activo ni pasivo?- preguntó mientras se ponía el sujetador.

Excitado, hizo lo que no tenía que hacer, responder.

– Exacto. Es como una mujer, no solo se deja hacer, a veces es ella quien monta, no? Pues eso.

– Eso quiere decir que das y te dan?

Se había vuelto a poner el vestido, y ni le convenció a ninguno.

– ese sujetador no sirve.- aprovecho para cambiar de tema.

Se puso a seleccionar otro vestido que tuviera plieges en la zona del pecho y que ayudará a realizarlo. Ella volvió a quitárselo todo. Quedó con las tetas al aire.

– necesitas uno que apriete por los lados y tenga más relleno.

– espera- dijo dándose la vuelta y corriendo de nuevo al tocador. El pudo ver cómo se movía su culo bajo aquellas amplias bragitas.

Trajo uno blanco que se ajustaba a la perfección a lo que pedía. Se puso el otro vestido mientras continuaba con la conversación.

– Entonces… Das y te dan? Es lo que dices.

Salido, decidió dar más información de la necesaria.

– Digamos que no todo es meter.

– ya me imagino- dijo riendo.

– Así que no tiene porque haber uno que sea sumiso. Y se deje dar.

– A pues yo debo ser completamente pasiva, a mi solo me gusta que me den.

– salvando las diferencias.

Ahora el vestido le quedaba perfecto. Pero las bragitas se marcaban en el ceñido vestido y no quedaban bien. Se lo indicó.

– Vas a necesitar otras bragitas, estas se marcan mucho y no queda elegante.

Ella se quitó el vestido. Y rebusco entre su ropa interior sacando unas cuantas.

– Entonces podéis hacer los dos lo mismo. Que los dos os correis, vamos.

– No se corre siempre una mujer y un hombre cuando lo hacen?

– Si, pero quiero decir que….

– Si, hay mucho semen, si es lo que quieres decir.

– Dios, con lo que me gus… – Dijo callandose de golpe y hacia el gesto de abanicarse.

El también empezaba a tener mucha calor.

Eligieron un tanga que parecía lo suficientemente discreto. Allí mismo delante de él se quitó las braguitas enseñando su sexo depilado en el que sobresalían unos labios que pedían a gritos ser comidos.

– creo que esto me queda mejor. – dijo dando la vuelta sobre si misma en ropa interior.

El no pudo evitar quedarse mirando su trasero bien formado y en su sitio. Un culo pequeño, muy pequeño que casi podía coger con una sola mano.

– He! Me estabas mirando el culo. Ya me lo había parecido antes.

El ya cachondo, decidió que aquello no podía continuar.

– Tienes un culo bonito, y un culo es un culo.

– Vamos, que te pone mi culo.

– Si, me lo follaria, si a eso te refieres.

– Soy completamente pasiva dijo.

El se acercó y la cogió del trasero, y comenzó a acariciarselo. Ella quiso sacar su polla, pero fue el quien sacó su enorme trasto.

– Que me la chupen me gusta.

Y cogiéndola de la cabeza se la acercó a la boca. Ella lo hacía bien y pronto sintió ganas de correrse.

– Si consigues que me corra comiendomela, tienes premio, pero antes hacemos otra cosa.

Le dio ma vuelta, la tumbó en la cama y le quitó las braguitas. Con sus dos enormes manos empezó a separar sus nalgas y a meter poco a poco sus dedos. Puso su enorme polla sobre su trasero, y pensó en lo mucho que iba a dolerle. Poco a poco metió su punta por el agujero prohibido. Entró mejor de lo esperado, pero tuvo que hacérselo con cuidado. Pronto estaba destrozándole aquel pequeño trasero.

Ella gemía en silenciode forma suave y placentera. La puso a cuatro patas, y continuó dándole por el culo de forma salvaje.

– A ti te gusta por aquí no?- Se la había sacado del culo y metido un poco en el coño.

– Siiiii

– Lástima.

Volvió a penetrarle el culo y vio como se extremecia de deseo y chorreaba de placer. Ella, ansiosa, se masturbaba el coño y se metía los dedos.
El también estaba deseando follarsela por el coño, pues lo tenía muy sabroso, pequeño e increíblemente húmedo.
Continuó follandola por el culo hasta que sintió que ella tenía un fuerte orgasmo y caía rendida en la cama. Ella parecía sudar más que él.
No la dejó descansar. La dejó tumbada, pero le hizo levantar ligeramente las caderas. En aquella posición totalmente sumisa con todo su culo a su disposición, no pudo reprimir sus ansias. Agarró su trasero con las dos manos y apuntó hacia su coño. De un solo golpe la metió en toda su longitud.

– Dios que polla!!! -Grito ella.

– Esto te gusta eh!!! – la metió profundamente unas cuantas veces y sintió como su cuerpo se estremecía.

Realmente la chica estaba deseando aquello, pero él había interpretado un papel y quería llegar al final.

– si te gusta mucho, puede ser tu premio.

Ella entendió a la perfección y salió de golpe y comenzó a comérsela con desesperación. El con tanta penetración y excitación no tardó en correrse. Ella no se inmutó y continuó comiendo, tragándose todo el semen.

– Ves como no es tan sencillo como ser activo y pasivo?- los dos se sonrieron

– vale, pero quiero mi premio.

– Vale, te follaré el coño.

Ella lo miró alegrándose pero preguntó.

– No eres gay verdad?

– ya era hora que te dieras cuenta.- Dijo besandola- Pero guárdame el secreto.

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