Una noche maratónica de sexo interaacial

Una noche maratónica de sexo interaacial
Con mi amiga Laura nos reuníamos a almorzar algunas veces a la semana; ya que nuestras oficinas estaban cerca una de la otra.
Generalmente íbamos a un pequeño restaurante que nos quedaba a medio camino a ambas.
Allí atendía un mozo bastante apuesto: un negro dominicano.
Por supuesto, yo estaba bastante caliente con ese negro; pero el tipo no respondía a mis atenciones; más de una vez le había rozado la mano con mis dedos y ya eso me había hecho humedecer.
Me imaginaba que ese negro tendría una verga descomunal, ya que se adivinaba un bulto interesante dentro de sus pantalones. La turra de Laura se reía al verme tan caliente; pero yo sabía que ella estaba igual; que su marido no la estaba cogiendo como ella lo merecía. Lo mismo que estaba haciendo Víctor conmigo…
Un mediodía finalmente, este negro, cuyo nombre era Dominic, nos vio tan calientes a ambas que se animó a invitarnos a una fiesta que daban unos amigos suyos; esa misma noche.
Laura y yo aceptamos encantadas; no nos vendría nada mal un poco de joda nocturna, aunque no cogiéramos…
Al llegar esa noche a la fiesta encontramos al menos unas cincuenta personas. La mayoría de los hombres eran negros dominicanos y casi todas las mujeres eran rubias oxigenadas, con alianzas de casadas y mucha cara de putas…
Enseguida un par de morochos elegantes nos invitaron a Laura y a mí a bailar. La fiesta pintaba estar divertida…
Al rato, nos encontramos con Dominic; sorprendido porque no esperaba que nos animaríamos a asistir. Le dijimos que lo estábamos pasando realmente bien…
Cerca de media noche, me sacó a bailar Dominic. Yo estaba encantada, ya que por fin iba a poder tocar de cerca ese cuerpo negro que tanto me excitaba a diario.
Un rato después Laura se acercó a decirme que había conseguido compañía y que se iba a la casa de ese hombre. La observé mientras salía del brazo de un enorme hombre negro; Laura por fin iba a tener una buena noche de sexo… sin ayuda de su esposo.
Dominic me miró mientras bailábamos apretados y me dijo que me había quedado sola. Le respondí que eso dependía de él.
Entonces me miró con cara de sorpresa, pero enseguida me comió la boca en un beso húmedo. Continuamos bailando, tocándonos y besándonos; hasta que él me invitó a un lugar más cómodo, lo cual acepté encantada.
Fuimos a un telo discreto y apenas entramos a la habitación nos desnudamos, sin dejar de tocarnos y besarnos.
Quedé sin aliento cuando me mostró su verga. Era algo enorme, de más de veinticinco centímetros de largo y bastante gruesa. Me asusté; pensando que, si me dejaba coger por esa cosa tan grande, iba a terminar lastimada…
Dominic sonrió al ver mi cara de desesperación; opté por empezar a jugar con esa tremenda verga negra y a practicarle una buena dosis de sexo oral. Empecé lamiendo de a poco la gruesa punta y muy despacio fui metiendo esa verga ya dura en mi boca…
El negro me preguntó si me animaba a más y entonces lo empujé de espaldas sobre la cama. Monté sobre su pubis y aferré esa cosa gigantesca con mi mano. Muy despacio descendí sobre su cuerpo; sintiendo que su verga endurecida se abría paso entre mis labios vaginales bien lubricados.
Gimiendo de placer, sentía cómo esa pija enorme me llenaba la concha por completo y me levantaba en el aire.
Dominic no tuvo paciencia para dejarme regular a mí la penetración. Aferró mis glúteos con sus pesadas manos y me hizo caer sobre su verga, empalándome a fondo.
Esta vez aullé de dolor, pero enseguida comencé a sentir placer; mientras el negro me hacía subir y bajar sobre esa cosa enorme.
Continué gimiendo y jadeando hasta alcanzar mi primer orgasmo.
Apenas Dominic notó que yo había acabado, se salió de mi vagina y me dio la vuelta, poniéndome en cuatro.
Me lamió toda la raja, deteniéndose en mi estrecha entrada anal. Le dije que ni se le ocurriera metérmela por el culo; pero el negro dejó escapar una carcajada que me distrajo por un instante.
Entonces se incorporó y comenzó a deslizar la punta de su gruesa pija por el borde de mi puerta trasera; le supliqué que no lo hiciera; pero entonces empujó y con un solo golpe de caderas me la metió por el culo hasta casi la mitad.
Pensé que el dolor iba a matarme; porque aullé como loca al sentir su verga invadiendo mi apretado ano. Víctor no me había cogido la cola en bastante tiempo y me sentía muy, muy estrecha…
Pero el negro me sujetó por las caderas para que no pudiera escaparme y comenzó a bombearme el culo con toda su potencia. Yo gritaba y aullaba de dolor sin parar, hasta que de repente sentí un poderoso orgasmo que recorría mi cuerpo.
Dominic se rió al verme acabar, pero siguió empujando sus caderas contra mis glúteos, sodomizándome con todas sus ganas.
Me llegaron a caer lágrimas mientras esa verga se hundía en mi apretado ano; pero al final terminé gritando y jadeando de placer; suplicándole que me rompiera el culo y que no se detuviera…
De pronto sentí un calor interior y supe que el negro había acabado dentro de mi ano. Siguió bombeándome por un rato más, aprovechando ahora la lubricación que me daba ese semen…
Se salió de mi cuerpo y nos recostamos a descansar. Pensé que iba a ser todo por esa noche, pero estaba muy equivocada…
Después de un rato recuperando el aliento fui a ducharme al baño. Estaba disfrutando del agua tibia, cuando Dominic entró conmigo a la ducha y me preguntó si estaba lista.
Antes de que pudiera contestar, hundió sus gruesos dedos en mi vagina y comenzó a masturbarme; mientras su verga endurecida empujaba contra mis glúteos.
Comencé a excitarme y a humedecerme otra vez. Mis rodillas casi no me sostenían. Iba a pedirle que me diera tregua, cuando él me empujó contra la pared y me penetró sin piedad por el trasero otra vez.
Aullé en un glorioso alarido de placer; sintiendo que el negro me daba y me daba sin descanso; su gruesa verga entraba y salía de mi culo ahora con facilidad, dándome mucho placer.
De repente se salió y me hizo girar. Sin darme tiempo a nada me penetró por la concha y me levantó en el aire.
Enredé mis largas piernas en su cintura y él comenzó a bombearme la concha apoyándome contra la pared de la ducha.
Tuve otro tremendo orgasmo mientras cabalgaba esa hermosa pija negra. Pero Dominic todavía quería más…
Así mojados y sin secarnos, me llevó a la habitación y se sentó en un sillón. Yo seguí cabalgando su verga negra, haciendo unos movimientos circulares, lo cual a él le encantó.
Luego de un rato se salió y me giró para dejarme en cuatro sobre el sillón.
Volvió a penetrarme desde atrás y así me cogió durante mucho tiempo; al punto que llegué a perder la cuenta de todos los tremendos orgasmos que me hizo tener…
Dominic acabó un par de veces dentro de mi agradecida vagina.
Más tarde volvimos a compartir una ducha y esta vez, luego de secarnos, hicimos un excitante sesenta y nueve sobre la cama…
Después me dijo que yo era una perra hermosa y muy puta.
Entonces me puso en cuatro y me la metió por el culo otra vez.
Nunca nadie me había dado tanto por el culo; yo le suplicaba que no se detuviera, que me diera más y más, mientras gemía, aullaba como loca y sentía explotar incontables orgasmos…
Al salir el sol todavía estábamos cogiendo…
Finalmente Dominic me llevó de regreso a mi casa.
Mi adorado Víctor ya estaba despierto y esperándome.
No hizo falta decirle a mi esposo dónde y cómo había pasado la noche; mi cuerpo lo delataba por sí mismo…
Sentía el semen del negro todavía salir de mis orificios; tenía magullones en todo el cuerpo y marcas de mordidas en mis muslos y mis pezones.
Víctor sonrió al ver todo eso y yo le dije que todavía tenía ganas…

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