sonríe a la cámara

sonríe a la cámara
Manuel era actor porno desde hacía dos años. Todo había comenzado con una apuesta entre amigos. La típica apuesta de “ a que no te atreves a…”. Ahora, gracias a una veterana actriz porno a punto de retirarse, Manuel era toda una celebridad en el mundo del cine para adultos. Poco a poco se había construido un buen nombre gracias al dinero de su gran amiga. Su pseudónimo, por cierto, eraYes, Sir. Había hecho tríos, interraciales, orgías, gangbangs, había jugado con vírgenes y con Milfs, había tenido felaciones de media hora, lo había hecho por delante, por detrás….. No había prácticamente nada que no le quedara por hacer. Salvo grabar una porno con Silvia, su novia del instituto. Llevaban juntos demasiado tiempo y, aunque Silvia era un poco celosilla, había que reconocer que el nivel de vida de ambos había aumentado considerablemente desde que Manu había conseguido ese trabajo.
Ahora, después de varias sesiones en el gimnasio, varias fotos y vídeos porno caseros…tocaba hacerlo oficial, delante de las cámaras y para miles de espectadores.
Varios actores, o incluso el mismo director, ofreció a Silvia sus…servicios sexuales; pero ella explicó bien alto y desde el primer momento que ella estaba allí para follar con su novio, Manuel, y sólo con él.
Dicho esto, varias asistentas de imagen se la llevaron, la maquillaron, le lavaron el pelo, se preocuparon de depilarle bien las ingles, las axilas….y se volvieron completamente locas por qué ropa le iban a poner hasta que ella dijo:
-Sólo quiero llevar puesto el collar que Manu me regaló por mi último cumpleaños. Seré como Marilyn Monroe, pero en vez de gotitas de Channel nº 5, llevaré una gargantilla de plata.
Dicho y hecho. Sólo llevó eso. La verdad es que tampoco necesitaba de nada más. Con un cuerpo de escándalo, y a sus 24 añitos, Silvia era toda una diosa griega rubia y de curvas interminables. Sus pechos no eran demasiado prominentes, su punto más fuerte era su trasero, duro, redondito y respingón. Si en algún momento quería provocar o seducir a Manu, sólo tenía que mover ese culito y él estaría a sus pies.

La escena comenzaba con ella entre unas sábanas blancas. Le dijeron:
-Tócate como si estuvieses haciéndote una paja en casa.Y sobretodo, mira y sonríe a la cámara de vez en cuando.
Así lo hizo. Comenzó lamiéndose un dedo, el índice para ser más exactos. La cámara abusaba del encanto de sus enormes ojos verdes, y enfocaba hacia ellos cada rato. A continuación, el aparato de deslizaba hacia abajo para mostrar sus labios, unos diminutos volcanes en el pecho, luego el vientre plano (en el que se refugiaba un sensual piercing)… para acabar enseñando cómo unas manos suaves y delicadas jugaban con los labios mayores del juguetito tan tentador que Silvia tenía entre las piernas. Manuel, entre bambalinas, comenzaba a tocarse la polla, tal y como le habían enseñado a habituarse. Sólo que esta vez ya estaba caliente desde un primer momento: no todos los días se folla uno a su novia delante de todos. El sexo en público era una de las fantasías comunes de ambos, llevaban intentándolo desde hacía mucho tiempo. Eso explicaba por qué Silvia estaba tan feliz y relajada: estaba cumpliendo su sueño.
Silvia empezó a abrir su boca en forma de jadeos. Sus movimientos eran lentos y embrujaban a todo aquél que la mirase. Manuel no quería cerciorarse, porque le cabrearía, pero seguro que más de uno del rodaje se estaba haciendo una paja por su novia.
Las manos femeninas y delicadas de Silvia acariciaron su cuerpo durante unos minutos más, haciendo todo tipo de movimientos para enseñar todos sus agujeros posibles. Sabiendo que él le estaba viendo, se puso de rodillas y de espaldas a la cámara y, sólo para Manuel, empezó a contonear su cuerpo y a provocarle con sus nalgas, moviéndolas animadamente. Mientras, en los rostros de ambos se vislumbraba una sonrisa de lo más picarona y traviesa.
Cuando ya empezaba a tocarse el miembro, le dijeron:
-Manu, entra ya.
-No hace falta que me lo digas dos veces, chaval- afirmó entre risas.
Desnudo tal y como vino al mundo, Manu se acostó en la cama, junto al amor de su vida, y empezó a llenarle todo el cuerpo de besos tiernos y cariñosos. Sus lenguas se entrelazaban, al igual que sus manos, y la pasión y la excitación iba en aumento con cada segundo que pasaba. Se besaban y manoseaban como si ése fuera cualquier pasatiempo de una tarde domingo. Lo suyo parecía un rompecabezas indescifrable: la cámara apuntaba a cada zona que no sabías si era el codo de él o la rodilla de ella. Silvia le despeinaba y jugaba con su cabello mientras Manu apretaba fuertemente sus nalgas. Con cada roce, ella soltaba un gemido de placer.
-Oh, sí, nena. Cómo me encantas.
Ella sonreía, y cualquiera que la viera se podría sentir perfectamente en el paraíso. Empezó a contonear sus caderas, de izquierda a derecha, jugando y a modo de burla. Pero Manu también estaba dispuesto a vacilar un poco: le lamió las orejas, algo que sabía que la ponía a 100 en cero c***, y le susurró:
-Nos están mirando todos. Démosles un buen espectáculo.
Dicho esto, ella se abalanzó sobre él, ronroneando, y se montó tal cual amazona sobre las caderas de él. Su polla, absolutamente erecta, se balanceaba entre las deliciosas nalgas de ella, como si fuera un péndulo. Dando una buena panorámica de su trasero a la cámara, Silvia no podía dejar de besarle. Manu, con ambas manos, tiraba de las nalgas para atrás para que los espectadores pudieran ver el orto de su chica.
Jugando y mordisqueando los labios, Manu le dijo:
-Haz que tu culo baile para mi polla.
Y volvió a contonearse, esta vez de adelante hacia atrás. Con la alegría de una adolescente en un parque de atracciones, le suplicó:
– Quiero tener esa preciosidad dentro de mi. ¿Qué tengo que hacer?
-Mmmmm… Déjame que te lleve al cielo por unos instantes.
Los del estudio se quedaron impresionados: era todo tan natural, espontáneo y… excitante. Nadie podía abrir la boca. Algunos, de hecho, tuvieron que bajase la bragueta porque ya no podían contener la emoción.
Manu penetró con la lengua el coño de Silvia. Estaba sabroso, recién lavado, olía a flor de lavanda…adoraba a esa chica. Le lamió todo el perímetro, jugó a comerse sus labios mayores, como si se los quisiera tragar. Su mano izquierda, aprisionada por la de su novia, respondía a los deseos de ésta, permitiendo que los labios de Silvia jugaran con su dedo índice. Con la otra mano, Manu intentaba mantener la coordinación entre dos dedos: con el pulgar masajeaba la zona justo unos milímetros encima por el clítoris, y con el dedo corazón simulaba penetrarla. Silvia jadeaba y su piel, erizada, pedía más de ese dulce veneno. Con la mano que le quedaba libre, empezó a tirar de sus pequeños pezones tiesos. Estuvieron así un rato, pasándoselo bien mientras otros luchaban por que no se le cayeran los focos (o los pantalones jejeje).
-Manu…- le susurró al oído.
-Dime princesa.
Una sonrisa perfecta y de dientes blancos y sanos fue suficiente para expresar lo que quería.
-Como ordenes, princesa. Yo sólo quiero complacerte.
Manu se incorporó, alcanzó ambos pies de Silvia y puso sus pantorrillas sobre sus hombros mientras la espalda de ella descansaba sobre la cómoda cama. Empezó a introducirse muy lentamente, y fue aumentando el ritmo gradualmente. Ella gemía, sintiendo sus huevos golpear contra su cuerpo. El impacto era inevitablemente satisfactorio. No quería desprenderse de él, se amarró a sus musculosos bíceps. Las manos de él estaban próximas al lugar donde Silvia apoyaba su cabeza.
Le habían dicho que sonriera a la cámara, pero joder, en esa postura era imposible. Sólo podía, sólo quería, sonreírle a él. Porque sabía que con una de sus sonrisas le haría saber que todo iba bien, que lo estaba saboreando, que le gustaba todo aquello. Con cada sonrisa que recibía, Manu intensificaba las embestidas. Esa era su postura favorita. Ella lo sabía. Pero si quería hacerle gozar más, si quería arrancarle un tremendo orgasmo, tendría que innovar. A Silvia le chiflaba la innovación, los cambios, el huir de la rutina. Cualquier director le diría que fuera a lo fácil, a lo clásico, pero él hoy no estaba con una chica cualquiera, estaba con Silvia, y ella nunca quería ir a lo fácil, ni a lo clásico.
-Vamos a probar una cosa, bebé.
-¿Cómo? ¿Aquí y ahora?
-Sí. Cuando yo te diga, me cabalgas, vale.
Ella asintió con la cabeza.
Sabía que probablemente le echarían una reprimenda por lo que estaba a punto de hacer, era rizar demasiado el rizo, pero al cuerno con eso. Él quería demostrarles a todos que esa fierecilla salvaje era sólo suya, que era muy difícil de complacer, y él lo había logrado desde muchos años atrás.
Se arrodilló, echando su cuerpo hacia atrás, apoyándose con las muñecas, como si fuera a estirar los cuadríceps. Era importante apoyar bien las manos, o lo más probable era que sufriera un esguince.
-Ahora, muñeca. Soy todo tuyo. Móntame como montarías a un semental.
Con cuidado, ella se arrodilló, colocando sus piernas paralelas a las de Manu. Los pies de Silvia estaban junto a las rodillas de Manu, y viceversa. Ella no llegaba a dejar caer todo su peso sobre él, tenía miedo de hacerle daño, pero le rodeó con el cuello con los brazos. Con su polla dentro, comenzó a moverse y él, asimismo, impulsaba su pelvis hacia arriba. A ritmos muy lentos y sensuales. Era una postura un poco incómoda, pero satisfactoria. No dejó indiferente a nadie.
Ella cerraba los ojos y jadeaba, luchaba por no desplomarse: era realmente peor que unas sentadillas convencionales, puesto que tenía que levantar, con sólo sus muslos, todo su peso. Sin duda esas sesiones de gym le habían hecho bien. Sonreía y respiraba entrecortadamente. Él le susurró:
-Quiero follarte las nalgas y luego correrme en ellas.
De repente, su semblante cambió: la sorpresa dio paso a la negación. Y olvidando todas las cámaras y las personas que le rodeaban, le dijo:
-No, ya sabes que por detrás no me gusta.
Él sonrío.
-Ya lo sé boba- Soltó una pequeña y silenciosa carcajada.-. No me refería a eso.- Y añadió- Tú confía en mí. Será divertido.
Resignada, Silvia respiró hondo y aceptó.
-Está bien, ¿cómo quieres que me ponga?
Lo había logrado. Unas palabras dulces y tiernas siempre lograban domarla y hacer que obedeciese.
-Boca abajo, por favor.

Con la polla entre las nalgas, que no en el culo, empezó a moverse suavemente. Incrementó el ritmo y el efecto que se produjo fue el mismo que si se hubiera pajeado con las manos. Unos instantes después, toda la espalda de Silvia, y sus nalgotas, estaban llenas de semen. Había sido como un masaje final.
Cuando Manu le aseguraba que podía confiar en él, lo decía en serio. Nunca defraudaba.
Un último beso en los labios bastó para gritarles a los demás que esa hembra era la mujer con la que deseaba compartir su vida… y su trabajo. En todos los sentidos posibles ; )

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