Su timidez me sedujo I

Su timidez me sedujo I

La clase de gimnasia se desarrollaba rutinariamente, un grupo de cerca una vientena de personas de ambos sexos compartíamos la clase horaria de expresión corporal. Cómodas ropas de deportes y todos sin calzado alguno seguíamos un protocolo a cargo de una Instructora, trabajo sobre la barra, baile, meditación juegos entre nosotros, algunos los cuales nos llevaba al contacto corporal con nuestros eventuales compañeros de clase, sin distinción de sexo y edad. No pocas veces un masaje corporal nos aliviaba las tensiones dentro de la clase o las tríadas de la calle.

Todas las tardes cada hora entera empezaban la clases, hasta la última que empezaba a las 2100 ó 2200 horas. Los grupos humanos varían según la oportunidad y se iban desarrollando relaciones interpersonales de todo tipo y de todo tipo de compromiso.
Aunque público mixto, en más del sesenta por ciento éramos mujeres, en su mayoría mayores de cuarenta años.
No era poco común ver nuevas caras, como que hubiera una rotación de alumnos y alumnas. Una tarde cualquiera de esas mientras esperaba la clase sentada en unos taburetes veo a una mujer de unos cincuenta años, la cual sin duda era la primera vez que venía a clase.

Se sacó un tapado y las zapatillas quedando descalza, las cuales colocó en su bolso, una malla de gimnasia cubría su cuerpo y unas calzas cubrían sus piernas hasta su media pierna.
De mirada esquiva, a la vez que inquisitoria, como que quería ver quiénes éramos, qué nos decíamos, qué hacíamos, como nos comportamos. Intercambiamos unas sonrisas y pocas palabras antes de la clase y luego que el anterior grupo dejara la clase entramos nosotros.

Ya sobre las barras la Instructora nos convocó a que hiciéramos un circulo donde nos tomamos de las manos en cruz, y empezamos una serie de movimientos, que incluyó un baile en conjunto tomados de la mano. Notaba yo en ella cierta rigidez y falta de soltura.
Ella de unos cincuenta años, pelirroja, de pies pequeños, pelo cortado a la altura de la nuca, de senos firmes y cola parada sin duda me despertaba algo, que no podía definir. En un momento de la clase la Instructora nos hizo bailar y movernos en pareja y me tocó con ella. El contacto personal aumentó mi química con ella, en un momento nos hizo cerrar los ojos y que con nuestras manos recorríeramos el cuerpo de nuestra eventual pareja. El trabajo se hacía de a uno, comenzó ella, sus manos casi paralizadas, apenas se movían, yo se las tomé y le hice recorrer la geografía de mi cuerpo, cuando me tocó mi lugar, lo hice sin drama sobre su cuerpo, con soltura sin tocarle ni sus senos ni sus glúteos.

Mis ojos cerrados querían ver, y apenas los entreabría para ver una cara tiesa, con una inexpresiva actitud. Luego la Instructora nos hizo tender en el suelo y en forma alternativa dar una masaje a la otra, en particular cuando tomé sus pies y masajeé sus plantas ella sonrió con cierta dulzura, ya sentadas, siempre siguiendo las instrucciones de la profesora comenzamos a masajearnos cara, nuca y cabeza. Sin duda una erótica sensación invadía mi cuerpo, como el de todos en la clase.
Luego de unos minutos de meditación la clase terminó casi como empezó, en círculo, todos tomados de los hombros y con nuestras manos masajeando a nuestros compañeros de clase de izquierda y derecha.

Nuestras mallas de gimnasia demostraban el esfuerzo realizado, manchas de transpiración se dejaban ver, ella y yo teníamos nuestros cuellos mojados y un hilo de transpiración bajaba hasta la unión de nuestros senos. Ya con nuestros bolsos y mochilas en las manos ambas quedamos conversando unas palabras, mientras la marea humana que había participado de la clase subía a los vestuarios separados por sexo.

Por último lo hicimos nosotras dos, tomamos un vaso de agua en el bebedero y entramos el vestuario. Unas diez o quince mujeres en diversos estados de desnudez estaban en el mismo, algunas en las duchas conversando con otras, otras ya vistiéndose, otras desnudas esperando una ducha libre. El espacio no era grande, dos cuadrados uno que hacía las veces de vestuario, el otro donde una seis duchas estaban a la vista de todas.

Ví un espacio vacío en un banco coloqué mi bolso a la vez que en forma mecánica y sin pensar me desnudada, dando mis espaldas a todas, entre ellas la nueva alumna, tomé mi toalla me dí vuelta y ahí estaba ella, con el bolso en sus manos sobre su pecho con una mirada paralizada viéndonos a todas.

La miro y le señalo el banco para que lo utilizara, se acercó y tímidamente, casi susurrando me dice_No hay duchas individuales ni cambiadores? La miré y con la mirada le dije que no, sin duda el vestuario era tan chico que todo estaba a la vista.
_Entonces no me baño me dijo. Su cuerpo transpirado lo necesitada, era evidente y le dije
_Te da vergüenza?
_Nunca usé un vestuario así, nunca estuve desnuda delante de nadie excepto mi esposo y mi médica.

A sus cincuenta años la desnudez era un tabú para ella, pero también era algo contrario a su cultura no bañarse luego de la clase.
Le sugerí que esperara que todas terminaran y cuando se quedara sola se bañara, con la excusa de buscar algo en el bolso, de hacer una llamada con su celular, de chalar conmigo y así lo hicimos. Yo desnuda cerca de ella, mientras ella mantenía su cabeza baja aunque no podía dejar de ver al grupete de mujeres desnudas, que se colocaban crema para el cuerpo, que se secaban el pelo, que conversaban con absoluta normalidad.

Cuando sólo quedábamos pocas y ya había lugar en las duchas me encaminé hacía ellas, mientras ella empezaba a sacarse la ropa con suma lentitud. Se envolvió en una toalla de baño y se fue desnudando sin descubrirse. A las pocas que todavía estaban en el vestuario no les llamó la atención, yo me estaba bañando y la miraba.

Cuando las dos quedamos solas la invité a venir a las duchas, se sacó la toalla ya en ellas y colocó su toalla en un perchero que
estaba en una pared. Se colocó en un ángulo de las duchas y dejó que el agua cayera sobre ella, no dejaba de ver la pared y sus manos recorrían con torpeza su cuerpo pasándose el jabón.

Me acerqué y le pedí que me ayudara con el shampú, no me miraba, le dí el frasco y tomé su mentón mientras le decía_Quedate tranquila estamos las dos solas,por un rato no viene nadie, hasta que termine la clase que empezó cuando terminamos la nuestra.
Me enjuagué el pelo, cerré mi ducha y me sequé en el cuadrado de las duchas mientras ella se bañaba, dándome la espalda.
Cerró la ducha y de espaldas a mi me pidió su toalla, que le dí. Rapidamente se secó y se envolvió en la toalla, y casi sin sacársela se vistió en ropa interior, un conjunto de tanga escueta y corpiño negro realzaba una hermosa figura que denotaba el paso de los años, pero que me hacía tremar.

Luego tomamos un café juntas y nos contamos la vida, sobre lo del vestuario ella era una típica mujer de clase media argentina, casada con su primer novio, usuaria de un club de renombre donde las mujeres no se ven desnudas en el vestuario, empleada jerarquizada de una empresa, con hijos que habían dejado el hogar y que el marido a los casi 60 años había abandonado.
Ella ya jubilada con tiempo de sobra había caído en manos de una buena analista que le había sugerido hacer movimiento vital expresivo y así llegó a la clase.

Vivíamos muy cerca y fuimos caminando a nuestras casas, quedamos en vernos y nos despedimos.
Días después suena el portero eléctrico de mi casa en la mañana, era ella, la hice entrar y con la escusa de no desayunar sola lo hicimos juntas. Yo estaba en bata cubriendo mi cuerpo desnudo, con seguridad partes de mi cuerpo ella veía.
Me acompañó al dormitorio me desnudé y seguí mi rutina de maquillaje, arreglo y vestimenta, noté algo en sus ojos, una luz cuando yo estaba desnuda.

En el gym las cosas en el vestuario se fueron aflojando, sin perder su timidez de vez en cuando me hacía algún comentario sobre el físico de las otras o de sus desnudos cuerpos, de a poco dejó de ver la pared y a bañarse con todas, participando de nuestras desnudas charlas.

A sus visitas a mi casa se sucedieron las mías a las de ella, un día me confesó que hacía años que no tenía sexo, ya que con el ex esposo casi no había tenido los últimos años de convivencia.
Le pregunté si había tenido sexo con mujeres, no me respondió, bajó su cabeza.

Le tomé de las manos y le dije_Vení
El resto será parte de otro relato.

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