Historia 14 El Alumno

Historia 14 El Alumno
Había notado su forma o manera de mirarme.

Se sentaba siempre en la fila última, en el rincón del lado del escritorio.

Tenía poco tiempo trabajando ahí. Quizá un par de meses así que era la maestra nueva. Pertenecía al grupo de las maestra de recién ingreso y jóvenes. De poca experiencia ante el grupo, pero con la ventaja de que la modalidad mezclaba personas desde las 18 hasta los 50 años o más.

Él tenía 20. Fue de mis primeros alumnos. Desde la primera materia me di cuenta de que le gustaba. Note con el tiempo que se tocaba mientras daba la clase.

La tercera ocasión que me toco darle clase, pase por su fila un par de ocasiones observando como hacían sus actividades, volteaba incluso con su compañero de al lado dejando que mi trasero estuviera a su vista y fuera de la vista de todos sus compañeros.

Siempre he sido fantasiosa y miedosa también. Generalmente soy sumisa y por lógica dejo que el hombre sea quien lleve las riendas de todo. Esa ocasión sería un cambio en mi vida.

Contaba yo con 27 años. Como ya habrán leído en todas mis historias, y como podrán darse cuenta, me gusta la verga.

Esa ocasión me di cuenta de que iniciaría clases con él, así que durante esas dos semanas tenía que hacer algo pero no sabía que.

La materia comenzó y realice lo común, caminando por su pasillo y volteando con su compañero de al lado para que el me viera el trasero.

Ese jueves puse una actividad y les dije que la hicieran. En tanto me puse a hacer el examen que aplicaría al día siguiente como evaluación de esa semana.

Un alumno de la primera fila me hizo saber que me hablaba un compañero suyo. Me levante y camine por el primer pasillo, justo donde estaba el. Quien me llamaba era su compañero de la fila de al lado. Había algo que no entendía del ejercicio, me quede parada ahí de espaldas a él, estaba segura de que me veía las nalgas y que se estaría tocando, para mi sorpresa, la duda de su compañero me atrajo. Me desconecte de todo y tome la libreta de mi alumno, revise lo que había avanzado de actividad y me incline al detectar el error. Tome el lápiz y le señale los errores. Estaba inclinada con mi trasero expuesto hacia él, debe haberlo saboreado como nunca. Yo seguí con mi explicación a su compañero y de repente me di cuenta de la posición en que estaba. Me recupere enseguida y seguí explicando ya consiente de todo.

Hice una pausa incorporándome mirando hacia todo el grupo, nadie miraba donde yo estaba, de reojo mire hacia él. Su mano izquierda apretaba su pene.

Me incline de nuevo separando un poco mis piernas. Debo decir que soy alta, mido 1.66, delgada y de piernas largas. Regularmente uso pantalón de gabardina o algodón. Sentí algo de pronto en mi trasero, un roce muy suave. Mire hacia el frente y hacia los lados, todo seguía igual.

Sentí que algo rozo mis nalgas. Demasiado tarde. La explicación ya la había terminado así que me incorpore y fui hacia el escritorio.

Llego el examen del viernes y él fue el último en entregarlo. Al acercarse al escritorio note la extraña forma en que traía el examen. Yo estaba sentada normal cuando llego y lo extendió hacia mí. Lo tome con la mano y vi como subía un poco su playera. Traía unos jeans ajustados que dejaban marcado su pene erecto.

– Al fin termino.
– Tanto como eso no, respondió
– Ah, externe dejando ver que había entendido el doble sentido del comentario, pues si necesita ayuda…
– Pues, fue todo lo que dijo.

Nos retiramos. La siguiente semana inicio normal, solo que el martes, él se acercó para decirme que por cuestiones de trabajo faltaría martes y miércoles, le respondí que no había problema y que nos veíamos el jueves.

El jueves llego y pase por su fila algunas ocasiones dejando que me viera las nalgas. El viernes día ultimo de la evaluación la mayoría del grupo quedo exento y solo once alumnos hicieron examen, el entre ellos.

Empezaron a salir algunos, me acerque a su lugar ya que era el único en su fila y para ese momento ya solo quedaban otros dos alumnos.

– Ya va a terminar?
– No maestra, todavía me falta. Pero si me ayuda termino pronto.

No respondí y me fui al escritorio. Cinco minutos más tarde, me entregaba el examen uno de los alumnos, apenas lo califique cuando el otro también me hacía entrega del examen, me di prisa y en menos de cinco minutos ya los había evaluado. Estaba sola con él en el aula.

Por cuestiones de organización y logística, la materia se impartía en el último salón. El horario nocturno es mu benévolo en ocasiones ya que permite que salgan los alumnos y maestros y la escuela se va quedando lentamente desocupada.

Ese viernes no fue la excepción. Al quedar solos, me acerque a la puerta, Salí un poco al pasillo y pude notar por la luz que salía de la parte baja de las puerta de las aulas y la que pasaba por los ventanales superiores que había seis aulas desocupadas antes de llegar a la mía. En eso estaba cuando vi pasar a la señora del aseo quien al verme me saludo con la mano y aproveche para señalar las aulas a manera de pregunta que pasaba. A manera de respuesta obtuve la señal de ya se fueron todos. Confirmado por el grito “Ya nada más las de recepción y los de los salones de enfrente”.

Señale el reloj diciendo que aún era temprano, solo hizo un gesto y se fue. Vi de nuevo mi reloj y eran apenas las 9, faltaba una hora para salir. Me di la vuelta y me metí al aula.

– Te falta mucho?
– Algo, respondió.
– Pásate aquí, dije señalando una butaca de delante de la fila pegada a la puerta.

Se levantó y camino hacia el lugar indicado. Se acomodó estirando las piernas casi recostándose en la butaca.

– Que tanto te falta para terminar?
– Pues todavía no empiezo, respondió
– Pues deja te ayudo, dije al momento en que me acercaba a él y me daba la vuelta quedando de espaldas justo frente a él. Así está bien o mejor así? Dije al momento en que me inclinaba un poco dejando que mi trasero con la piernas abiertas quedara frente a él.

Hubo un instante de silencio. Me incorpore y regrese a mi posición recargada en la pared y mirándolo.

– No vas a contestar?
– No este jugando maestra, ya sabe que me gusta pues.
– Si he visto como me ves y también sentí el otro día que me tocaste el trasero.
– Pues si pues. Dijo mientras se acomodaba en su butaca
– Ya se te paro?
– Si, dijo al tiempo que se la agarraba. Era divertido verlo nervioso, no sabía qué hacer, que decir. Aquello me excitaba, el salón, el alumno, la maestra.
– Y que vas a hacer?
– Pues que, dijo al momento en que sacudía su mano en señal de masturbarse.
– Sucio. Piensas en mi cuando lo haces?
– Si maestra, dijo todo nervioso, cuando llegue a la casa le doy.

Me asome al pasillo y vi la soledad de esa parte de la escuela. Mi entrepierna estaba caliente y mojada.

– Para que te esperas, hazlo aquí

Se quedó sin moverse un instante. El silencio se hizo eterno. Me miro. Su respiración se aceleró un poco y la mía también. Sentía mis mejillas rojas y calientes al igual que mis oídos. Sentí que mis pezones endurecían un poco.

Se levantó. Desabotono su pantalón y saco de su ropa interior su verga. Estaba bonita. Media unos quince centímetros. Estaba dura completamente y de la cabeza hacia la izquierda. Su piel blanca permitía ver el dibujo de sus venas y lo rosado de su cabeza la hacía verse apetitosa.

Por un momento paso por mi cabeza el mamársela pero me contuve. Quería ver como se satisfacía.

Su mano derecha fue a su verga y la tomo entre sus dedos índice y pulgar. Le daba despacio. Su cabeza estaba brillosa.

Acelero el movimiento un poco. Yo seguía viéndolo y movía mis labios mojándolos incluso para generarle más excitación. Me asome de nuevo al pasillo y solo la soledad estaba presente en él.

De pronto se detuvo rodeando su verga en la base de la misma y apretándola, entendí que eso le hacía bajar su excitación.

– Le gusta?
– Si esta bonita, te la jalas mucho?
– A veces, la verdad me gusta. Dijo al tiempo en que bajaba la intensidad de su manipulación. Claro que meterla o que me la mamen es más rico.
– Claro. A qué edad te la mamaron?
– Estaba en segundo de secundaria, ya hace siete años. Usted debe mamarla muy chido. Qué edad tenía cuando chupo una
– Fue hace 19 años, tengo 27 sácale cuentas.
– Ah de veras?, bien chiquita, a quién?
– A un tío. Pero la verdad es que dos años antes ya lo hacía con un vecinito y su medio hermano. Pero ya una de a de veras fue la de mi tío. Mote que eso lo había puesto más caliente aun. Había soltado su verga y la había tomado con su mano izquierda pero con la palma de la mano hacia afuera. Su movimiento era más rápido.
– Entonces le gusta mucho la verga.
– Así es, confirme.
– Ya casi
– Ya vas a terminar?
– Si. Me ayuda?

Me asome de nuevo al pasillo. Me acerque a él y tome su verga con mi mano. La cabeza y un poco más quedaba fuera solamente. Empecé a mover mi mano jalándosela, fuerte. Apretando mis dedos, empezó a gemir.

Hice que se moviera y tome el examen. Me coloque por un lado y seguí haciéndolo. Gimió y su leche salió impactándose en el examen. Estaba muy liquida, parecía agua pero se sentía calientita. Todo quedo en el examen y en parte de mi mano.

Se acomodó la ropa. Doble el examen y lo metí en mi bolso, salimos y deje en coordinación a lista con calificaciones.

– No me califico?
– No te preocupes

Salimos de la escuela y cada quien tomo su rumbo.

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